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Juan José Padilla, Premio Nacional de Tauromaquia

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El torero Juan José Padilla ha sido galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia que concede el Ministerio de Cultura y Deporte “en reconocimiento a una extraordinaria carrera de veinticinco años, en la que ha alcanzado incontestables triunfos en las principales plazas del mundo”.

El jurado ha querido reconocer su figura “en el año de su retirada de los ruedos” y ha ensalzado también los valores de “esfuerzo, entrega y capacidad de superación dentro y fuera de los ruedos” que encarnan la personalidad y trayectoria de Padilla.

El Premio Nacional de Tauromaquia, que este año cumple su sexta edición y está dotado con 30.000 euros, reconoce la labor meritoria de una persona, entidad o institución durante la temporada española de 2018 en el ejercicio de las diferentes actividades y manifestaciones de la Tauromaquia.

Padilla, que se encuentra en México donde pondrá fin a la temporada de su adiós a los ruedos, se une a la nómina de otros premiados en la que también figuran los diestros Paco Ojeda (2013) y Enrique Ponce (2017), el fotógrafo taurino Francisco Cano ‘Canito’ (2014), la Escuela de Tauromaquia de Madrid, Marcial Lalanda (2015) y el ganadero Victorino Martín Andrés (2016).

El jurado ha estado presidido por Román Fernández-Baca, director general de Bellas Artes. Ha actuado como secretario, Antonio Amorós Mayoral.

Asimismo, han formado parte del jurado: Teresa Belmonte, profesora de la Universidad de Almería; Juan Diego, presidente de la Unión de Toreros; Anabel Moreno, presidenta la Real Maestranza de Sevilla; David Prados, secretario general de la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros o Mar Gutiérrez, secretaria técnica de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos.

También Manuel Ángel Fernández, director-gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM; Beatriz Badorrey, profesora de Historia del Derecho y de las Instituciones (UNED); Secundino Ortuño, veterinario de la plaza de toros de Las Ventas; Rosario Pérez, periodista; Joaquín Moeckel, abogado; y la torera Cristina Sánchez.

Padilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) ha sido uno de los toreros más importantes de las últimas décadas gracias, sobre todo, a su cariz mediático, su entrega más absoluta en el ruedo y, también, por haber sido uno de los diestros más castigados por los toros, con 39 cornadas que recorren su cuerpo, la más grave, la que sufrió en Zaragoza en 2011 y le costó la pérdida del ojo izquierdo.

Tomó la alternativa en la plaza de toros de Algeciras el 18 de junio de 1994 de manos de Pedro Castillo y en presencia del Niño de la Taurina.

Torero gladiador en sus primeros 18 años como matador, encasillado siempre en las corridas duras y todo un especialista en miuras, su vida dio un vuelco de 180 grados cuando un toro de Ana Romero le corneó en la cara en 2011 en Zaragoza, percance en el que perdió el ojo izquierdo.

Pero lejos de suponer el final de su carrera, Padilla volvió pocos meses después a los ruedos, ya ataviado con un parche en el ojo para cumplir otros siete años más de profesión, un tiempo en el que ‘el Pirata’ ha podido disfrutar de la cara más amable de toreo, con ganaderías más cómodas y compartiendo cartel con muchas de las figuras actuales.

Algunos galardones recibidos por el torero son: I Premio Carrusel Taurino de Canal Sur 2012; Medalla de la Provincia de Cádiz, dos veces líder en la lista de triunfadores de las temporadas taurinas de 2013 y 2014 y la Oreja de Oro Especial de Radio Nacional de España.

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Toros

Cornada mortal a un hombre en el toro de cuerda de Chiva (Valencia)

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Un hombre de mediana edad ha muerto este sábado tras ser corneado por un toro en la primera de las ocho tradicionales carreras de la fiesta del Torico de la Cuerda de Chiva, celebrada a primera hora de la mañana.

El presidente de la Peña El Torico, Javier Tarín, organizadora de los festejos taurinos junto el Ayuntamiento, ha confirmado a Efe que la cogida mortal se ha producido en la última parte del recorrido, en la misma zona donde también ha resultado herido otro hombre por el mismo astado, que ha sido trasladado al hospital y dado de alta.

Tarín ha lamentado el suceso y ha informado de que la organización de las fiestas, que finalizan el próximo día 25 de agosto, ha programado dos minutos de silencio antes de la celebración de los festejos vespertinos.

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Toros

El portavoz de Vox en Fuengirola denuncia a una antitaurina por desear que los toreros queden tuertos

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Nuevo caso de odio antitaurino. El concejal de Vox en la localidad de Fuengirola (Málaga), Antonio Luna, ha presentado una denuncia en la Comisaría de Policía contra la usuaria de una página de noticias del municipio por un presunto delito de odio.

Coincidiendo con la celebración de una corrida de toros en Fuengirola, la citada usuaria escribió el siguiente comentario: “a ver si dejan tuerto a más de uno como a Padilla”. Se refería a la cogida sufrida por el diestro de Jerez en el coso taurimo de Zaragoza y a resultas del cual perdió un ojo.

El odio de los antitaurinos

No es la primera vez que los antitaurinos expresan su degradada condición. Hasta bien entrado el siglo XX, cuando las corridas eran aún el gran espectáculo nacional de masas, la polémica sobre la lidia formaba parte del eterno debate sobre el ser de España. De Larra, Unamuno o Benavente a Ferrater Mora o Pániker, los detractores de la fiesta, eran gente docta que discutía con otros intelectuales en pie de igualdad; ilustrados que denostaban la tauromaquia como símbolo de una mentalidad anclada en el pasado. Hasta el más inflamado de aquellos propagandistas, como el bizarro Eugenio Noel, sustentaba su diatriba en un fundamento ético. Más que la lidia impugnaban la esencia del casticismo, un código de valores que mantenía al país varado en un atraso histórico. Esa controversia estaba inscrita en un contexto de reflexión patriótica y formaba parte de la preclara tradición filosófica del regeneracionismo.

El menos profundo de esos escritores o ensayistas se sonrojaría ante la majadera liviandad de los actuales antitaurinos, ese ejército de desaprensivos mequetrefes tuiteros, de payasos antisistema y de ecologistas talibanes cuya compasiva bondad animalista inhibe cualquier atisbo de empatía por la muerte de un ser humano. Un oponente del toreo con mediana lucidez encontraría en la tragedia de Juan José Padilla una elemental munición lógica contra la continuidad de la fiesta; lo que a ninguno se le ocurriría es celebrarla como un triunfo de la res, una especie de acto de justicia poética. Semejante simpleza es algo casi peor que una felonía moral; constituye una clamorosa demostración de estupidez, un monumento de estulticia rencorosa y banal que desarma al movimiento prohibicionista no ya de razón sino de respeto. Con el exhibicionismo de su desnudez mental estos zascandiles deshonran la seriedad de su propia causa; no existe la mínima posibilidad de mantener una discusión racional con seres impregnados de una frivolidad tan mentecata, con tan fundamentalistas botarates de pensamiento (?) enfermizo.

Existen muchos españoles a los que la fiesta de toros aburre tanto como un partido de béisbol o que contemplan las corridas como vestigios de arqueología antropológica, reliquias vivas del patrimonio cultural. Lo que estos contemporáneos indiferentes –y mucho menos aquellos honestos críticos novecentistas– no podían, o no podíamos, siquiera imaginar era que llegaría un momento en que la defensa de la tauromaquia se convirtiese en un ejercicio de oposición a la intolerancia, en un compromiso necesario con la libertad. Menos aún, que acabaría relacionada con la simple salvaguardia de la compasión, con la reclamación imprescindible de la primacía de la condición humana frente a la indigencia ética de una sociedad envilecida. Y lo que es más grave, una primordial reivindicación de la inteligencia frente al inquietante imperio de la memez».

He aquí que se nos presenta la ocasión de poner en entredicho a esta gente carcomida por el odio, de proclamar en voz alta su consumada arbitrariedad y naturaleza sectaria. Resulta muy sospechosa la estrecha conexión entre el movimiento antitaurino y algunas organizaciones de la izquierda radical que trabajan incansablemente para que la sociedad española sea un espacio cada día más irrespirable. La base de su fundamento es siempre el mismo: el rechazo a cualquier cosa que para nosotros tenga un valor emocional, que forme parte de la tradición o que durante años nos haya vertebrado como comunidad nacional.

 

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Toros

Multado con cuatro mil euros un mozo por agarrarse al cuerno del toro en los Sanfermines

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Un joven de 26 años, natural de Valencia, ha sido sancionado por un doble incumplimiento de la ordenanza del encierro en dos días diferentes. En ambos, el mozo ha agarrado al toro por el cuerno o por el lomo, aspecto que está prohibido según la ordenanza del Encierro.

Por ello, se le han impuesto dos sanciones, una de 1.000 euros por agarrar al toro en el encierro del día 10 de julio y otra de 3.000 euros, por reincidir en su conducta en el encierro del pasado 12 de julio. El joven ha sido identificado este sábado cuando se disponía a correr el encierro.

No es el único corredor que ha cometido tales imprudencias. En las imágenes de televisión y en las fotos de las agencias se puede apreciar como cada día algún mozo comete la imprudencia y temeridad de acariciar un toro de lidia, con el único objetivo de sacarse una foto que le puede salir muy cara: cuatro mil le va a costar al mozo valenciano.

No solo es un peligro para él, sino para los corredores de alrededor y, sobre todo, para los toreros que luego se tienen que jugar la vida delante del bravo en la corrida vespertina, que al fin y al cabo es el fin de su crianza.

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