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Religión

La aniquilación de la vida y el pueblo cristianos: ¿dónde está la indignación de Occidente?

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Funeral de una de las víctimas del atentado del 21 de abril, Domingo de Pascua, en Sri Lanka.
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Por Giulio Meotti.- Sri Lanka, tras la masacre, no es sólo una terrible sucesión de madres que lloran y pequeños ataúdes. Por desgracia, también nos dice mucho del desalentador estado de Occidente. En la imagen: Funeral de una de las víctimas del atentado del 21 de abril, Domingo de Pascua, en Sri Lanka. (Foto de Carl Court/Getty Images).

“¿Dónde está la solidaridad con los cristianos de Sri Lanka?”, preguntó el académico británico Rakib Ehsan, musulmán.

Las diferencias en el tono y la naturaleza entre las condenas de los atentados de Christchurch y de Sri Lanka son muy llamativas. Después de lo de Christchurch, no hubo dudas a la hora de afirmar el carácter religioso de las víctimas y dirigir la emoción y el afecto hacia las comunidades musulmanas. Los políticos no tuvieron problemas para categorizar los sucesos de Christchurch como terrorismo.

En cambio, las palabras “terrorismo” y “cristianismo”, junto a otros términos relacionados, no se han incluido hasta ahora en buena parte de la reacción a los atentados en Sri Lanka.

Lo que es evidente no son sólo unos claros reparos a especificar el carácter religioso de los asesinados en Sri Lanka, también una falta de sincera solidaridad con las comunidades cristianas de todo el mundo, que siguen sufriendo graves formas de persecución a causa de su fe.

Rakib Ehsan hizo la pregunta correcta. Pero se podría reescribir: ¿Dónde está la solidaridad occidental por los cristianos asesinados en Sri Lanka?

Este es un drama en tres actos. El primer acto consiste en que los cristianos y otros pueblos nativos no musulmanes están siendo violados y asesinados. El segundo acto consiste en los extremistas musulmanes que crean este genocidio. Y el tercer acto consiste en la indiferencia de Occidente, el cual mira a otra parte.

La cifra de víctimas asesinadas en los atentados yihadistas del 21 de abril, Domingo de Pascua, en Sri Lanka, es demasiado terrible incluso para pensarla: 253 muertos. Entre las víctimas, fueron asesinados 45 niños. Sus caritas y sus historias han empezado a conocerse. Los terroristas islámicos sabían que había muchos niños en las tres iglesias, y las atacaron deliberadamente con sus bombas. Los videos muestran como los terroristas daban palmaditas en la cabeza a un niño pequeño antes de entrar en la iglesia de San Sebastián en Negombo, donde “todo el mundo ha perdido a alguien”.

La familia Fernando había tomado una foto en el bautismo de su tercer hijo, Seth. En Negombo, estaban todos enterrados juntos. El padre, la madre y los tres niños, dos de 6 y 4 años y otro de 11 meses. Según el New York Times:

“Fabiola Fernando, de 6 años, era alumna de preescolar. En una foto publicada en la página de Facebook de su madre, presumía de una medalla de oro con una pequeña sonrisa en la cara. Leona Fernando, de 4 años, la mediana de la familia, estaba aprendiendo a leer y en la foto sostenía un ejemplar de La bella durmiente. Seth Fernando, de 11 meses, era el recién llegado a la familia Fernando. Fue enterrado junto a sus padres y sus dos hermanas”.

El silencio del mundo intelectual y los medios occidentales es particularmente ensordecedor. La nueva conciencia humanitaria parece ver sólo dos grupos: los que tienen derecho a la compasión y la protección de la comunidad internacional, y los que, como los cristianos, no son dignos de ayuda ni solidaridad.

El asesinato de un bebé de 8 meses, Matthew, en una iglesia de Sri Lanka, al parecer no molestó ni heló a Occidente, y no se hizo viral, no se convirtió en un hashtag, no empujó a los europeos a abarrotar sus plazas públicas, no presionó al mundo islámico para que hiciera examen de conciencia, no indujo a los políticos y opinadores occidentales a reflexionar seriamente sobre quién mató a ese niño, o sobre aquellos que fomentan y financian el odio islamista a los cristianos.

Sudesh Kolonne estaba esperando delante de la iglesia de San Sebastián cuando oyó la explosión. Corrió al interior y buscó a su mujer y a su hija. Le llevó media hora encontrar sus cuerpos.

Los atentados también mataron a tres niños de un multimillonario danés. Otra mujer perdió a su hija, a su hijo, a su marido, a su cuñada y a dos sobrinas. Un padre británico tuvo que elegir a cuál de sus dos hijos salvar. Otra familia británica quedó destruida. Para sumar al horror, la mujer embarazada de uno de los terroristas, cuando los policías entraron en su casa, detonó un chaleco explosivo matando a sus propios hijos.

El duque de Cambridge, el príncipe Guillermo, acababa de visitar a los supervivientes musulmanes del atentado en las mezquitas de Christchurch, en Nueva Zelanda, incluidos los niños que se recuperaban en los hospitales. Fue un gesto de humanidad y compasión. ¿Por qué no mueve la misma compasión a la familia real británica y pararse en Sri Lanka, su antigua colonia, para ver a los supervivientes cristianos, antes de volver a Inglaterra? Familias cristianas enteras quedaron diezmadas en el atentado.

¿Dónde está la rabia de Occidente por la aniquilación de la vida y el pueblo cristianos? Parece como si no hubiera indignación, sólo silencio, interrumpido por las bombas y los gritos de “Alá Akbar”. Los libros de historia del futuro no condonarán esta traición occidental. Si Occidente se hubiese tomado en serio las persecuciones de los cristianos, ahora las campanas no estarían repicando por la muerte de la presencia cristiana, no sólo en los territorios históricos del cristianismo, también por Occidente. Los extremistas islámicos han visto que Occidente no se ha movilizado para impedirles oprimir a los cristianos, como sin, inconscientemente, hubiese una extraña convergencia entre nuestro silencio y el proyecto de limpieza étnica del Estado Islámico, que se propone erradicar a los cristianos.

La escritora británica Melanie Phillips ha llamado a esta persecución de los cristianos “nuestro secreto culpable”.

La libertad religiosa, el valor central de la civilización occidental, está siendo destruida en grandes áreas del mundo. Sin embargo, Occidente, al negar con miopía esta guerra religiosa, está apartando la mirada de la destrucción de su credo fundacional en Oriente Medio y del intento de erradicarlo en otras partes. Por lo tanto, no sorprende que, frente a la barbarie yihadista en el extranjero y las incursiones culturales en casa, el mundo libre esté resultando ser tan poco ineficaz.

El atentado yihadista en Sri Lanka no sólo fue el “ataque más mortífero a los cristianos en el sur de Asia de la memoria reciente”. Fue también la mayor masacre de niños cristianos. Pero ningún periódico ha lanzado una campaña para generar conciencia entre la opinión pública europea, no ha surgido ningún movimiento de solidaridad con los cristianos, ningún líder occidental ha visitado al parecer una iglesia como gesto de solidaridad, ningún líder de las iglesias occidentales han tenido el valor de señalar a los culpables llamándolos por su nombre, ningún alcalde occidental ha colgado las fotografías de los 45 niños despedazados, ninguna plaza pública se ha llenado de miles de personas que digan “Je suis chrétien”.

Hace unos años, en el apogeo de la crisis migratoria en Europa, una foto conquistó a la opinión pública de Occidente. Fue la famosa foto de Aylan Kurdi, el niño sirio de tres años que se ahogó en la costa de Bodrum, en Turquía. Ese pequeño inmigrante conmovió a Occidente. Su imagen se hizo viral. El New York Times lo llamó “la Europa de Aylan Kurdi”.

“Por razones históricas, Angela Merkel temía las imágenes de la policía alemana enfrentándose a civiles en nuestras fronteras”, escribió Robin Alexander, principal periodista de Die Welt, en su libro Die Getriebenen (Los conducidos). Si las fotografías de los inmigrantes llevaron a los líderes europeos a abrir sus fronteras, las fotos de los niños cristianos asesinados, como los 45 de Sri Lanka, les ha dejado al parecer indiferentes.

Las peticiones de ayuda de las hijas de Asia Bibi fueron recibidas con la sordera de Occidente. Reino Unido se negó a ofrecer asilo a esta familia paquistaní cristiana y aceptar a los cristianos perseguidos.

“Es con indiferencia como estamos presenciando una catástrofe de la civilización sin precedentes”, escribió el historiador francés Jean-François Colosimo, al hablar de la destrucción del cristianismo oriental. Ninguna religión, ninguna comunidad, está hoy más perseguida que los cristianos. ¿Por qué, entonces, este silencio de Occidente? ¿Nos hemos enajenado tanto, de nuestras raíces y nuestra historia, que podemos contemplar este estallido de violencia yihadista sin pestañear? ¿O es que somos tan cortos de miras que esperamos comprar la “paz” con los extremistas musulmanes por el precio de abandonar a esos cristianos? La misma ideología yihadista que asesinó a los niños cristianos en Sri Lanka atacó a los niños europeos en Niza, Mánchester y Barcelona.

Sri Lanka, tras la masacre, no es sólo una terrible sucesión de madres que lloran y pequeños ataúdes. Por desgracia, también nos dice mucho del desalentador estado de Occidente.

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Religión

Los obispos alemanes plantan cara al Vaticano y siguen con su sínodo

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Tras una reunión a puerta cerrada de dos días de duración y celebrada este fin de semana, un grupo de unos 20 obispos alemanes junto a otros tantos representantes laicos, firmaron ayer una carta al Papa Francisco, que contesta a la enviada el pasado 29 de junio por el Pontífice y en la que insisten en que seguirán adelante con el emprendido «camino sinodal».

En él serán debatidos el celibato sacerdotal, la consagración de mujeres sacerdotes y la revisión de la moral sexual de la Iglesia. Allí donde el Papa les pedía que no perdieran de vista la unidad de la Iglesia, le responden que no perderán de vista «ni la unidad de la Iglesia ni la realidad sobre el terreno».

«La Iglesia no está ahí solamente para sí misma», han sido las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Reinhard Marx, decidido a llevar adelante el camino sinodal como un «proceso espiritual».

En una carta fechada el 4 de septiembre, el cardenal Marc Ouellet, jefe de la Congregación de los Obispos del Vaticano, había advertido a los obispos alemanes que no tienen ningún poder de decisión sobre asuntos que solo se abordarían a nivel de la iglesia universal, anotando que los procesos de votación que están pensando adoptar en el proceso sinodal no están en sintonía con el derecho canónico.

Esos procesos de votación, sin embargo, serán mantenidos de acuerdo a lo decidido en la reunión de este fin de semana, que deberá todavía ser ratificado por la plenaria de otoño de la conferencia Episcopal Alemania. «Se trata de recuperar la confianza para hablar con credibilidad de nuestra fe», ha justificado el presidente del Comité Central Católico de Alemania (ZdK), Thomas Sternberg, asociación laica que toma parte activa en el proceso.

El papel de las mujeres

También este fin de semana han sido aprobados preliminarmente los informes de los cuatro foros preparatorios: poder, vida sacerdotal, moral sexual y papel de las mujeres. Excepto el tema de las mujeres, el resto ya fue objeto de un día de estudio y reflexión por parte de los prelados alemanes en marzo y ya se hizo evidente entonces que la mayoría de los obispos en Alemania consideran insostenible el status quo en estos campos. A finales de agosto, fue votado el estatuto que ha de guiar el proceso sinodal en una votación secreta cuyo resultado fue de 21 votos a favor, tres en contra y tres abstenciones.

A pesar de que algunos de los obispos alemanes no son partidarios de una reforma del calado que avanzan los informes a debate, lo cierto es que la apertura del camino sinodal fue votada por unanimidad de la Conferencia Episcopal, al final de un proceso de reflexión que comenzó tras el estallido del escándalo de los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia, que dio lugar a una auditoría interna que proponía estos cambios.

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Internacional

Los cristianos, masacrados, mientras los medios apartan la vista

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En la imagen: Sobame Da, una población de mayoría cristiana en Mali, después del ataque de pistoleros fulani en junio de 2019, donde fueron masacrados 100 hombres, mujeres y niños.
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En la imagen: Sobame Da, una población de mayoría cristiana en Mali, después del ataque de pistoleros fulani en junio de 2019, donde fueron masacrados 100 hombres, mujeres y niños.

Por Giulio Meotti.- “En la selva amazónica, que es de vital importancia para el planeta, se ha desatado una profunda crisis por la intervención sostenida del hombre, en la que prevalece la ‘cultura del desperdicio’ (LS16) y una mentalidad extractivista”, ha declarado el Vaticano.

“El Amazonas es una región rica en biodiversidad, multiétnica, multicultural y multirreligiosa. Es un reflejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, necesita que los seres humanos, los países y la Iglesia hagan cambios estructurales y personales”.

Por esta razón se ha programado un Sínodo de Obispos para la Amazonia, que se reunirá en Roma desde el 6 al 27 de octubre. En una entrevista con el periódico italiano La Stampa, el papa Francisco dijo que uno de los mayores problemas para la región amazónica es “la amenaza a la vida de las poblaciones y el territorio que se derivan de los intereses económicos y políticos de los sectores dominantes de la sociedad”.

El programa del sínodo para la Amazonia en Roma habla de “vida amenazada”, “inculturación e interculturalidad”, “destrucción extractivista” y “pueblos indígenas”, entre otros asuntos. Sin embargo, hay otro grupo de “pueblo indígena” cuya vida ha sido “amenazada” y que vive sometido a la “destrucción” física y existencial. Son los cristianos perseguidos, y a ellos debería el Vaticano dedicarles el próximo sínodo.

“Le pidieron que negara a Cristo, y cuando se negó, le cortaron la mano derecha; cuando se negó [otra vez], le cortaron el codo. Como se negó, le dispararon en la frente, el cuello y el pecho”, relató hace poco Enoch Yeohanna, cristiano nigeriano, sobre el asesinato de su padre en 2014. Las tribulaciones de los cristianos nigerianos se ha descrito como “una pesadilla global”, pero está sucediendo en muchos países.

“La persecución de los cristianos en todo el mundo es uno de los grandes males de nuestro tiempo”, escribió hace poco el padre Benedict Kiely, fundador de Nasarean.org, que se dedica a paliar la persecución de los cristianos.

Los guardan un llamativo silencio sobre los ataques a los cristianos. En la misma semana en que se produjo el terrible atentado a la mezquita de Christchurch en Nueva Zelanda —un crimen atroz e inconcebible—, mataron a más de doscientos cristianos en Nigeria. Apenas se mencionó lo segundo en las noticias. No hubo marchas por los cristianos martirizados, ningún gobierno mandó tocar ninguna campana, ni hubo camisetas de “Je suis Charlie” ni ninguna indignación pública.

Los terroristas de Boko Haram les cortaron las orejas a las mujeres cristianas tras sacarlas de sus casas en una redada nocturna en una población de mayoría cristiana al norte de Camerún. La organización Barnabas Fund explicó que “los extremistas islamistas irrumpieron en las casas, agarraron a las mujeres y las arrastraron a las afueras de Gagalari, en el distrito de Yagoua, donde le cortaron una oreja a cada víctima”. Unos días más tarde, también en Camerún, Angus Fung, traductor de la Biblia, fue asesinado y le cortaron el brazo a su mujer. Después, fue asesinado David Tanko, un sacerdote católico en Nigeria, y le prendieron fuego a su cadáver y a su coche. El mes pasado, fue asesinado otro sacerdote nigeriano, Paul Offu. El año pasado, hubo dos sacerdotes católicos y 13 fieles entre las víctimas de un atentado en Nigeria.

Cuatro cristianos fueron asesinados hace poco en Burkina Fasso por llevar crucifijos. “Llegaron los islamistas y obligaron a todo el mundo a tumbarse en el suelo boca abajo”, relató el obispo Laurent Birfuoré Dabiré, de la Diócesis de Dori.

Después los registraron. Cuatro personas llevaban crucifijos. Así que los mataron porque eran cristianos. Después de asesinarlos, los islamistas advirtieron a todos los demás aldeanos que si no se convertían al islam, también los matarían.

Cientos de cristianos, entre ellos 433 niños, se “enfrentan a atentados a tener que huir de la violencia de los extremistas islamistas en Mali”, donde en junio, 100 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en Sobame Da, una aldea de mayoría cristiana.

David Curry, presidente de Open Doors, un organización no gubernamental (ONG) que vigila la persecución de los cristianos, ha establecido que las mujeres cristianas son “el grupo más perseguido del mundo”. Sufren unos pasmosos niveles de opresión y mutilación. En Nigeria, Boko Haram mantiene secuestrada a una niña, Leah Sharibu. Pudo haber sido puesta en libertad junto a sus compañeras de clase, pero Leah se negó a renunciar a su fe cristiana. También en Pakistán se secuestra y esclaviza a las mujeres cristianas. “Cada año, secuestran al menos a mil niñas, las violan y las obligan a convertirse al islam, e incluso las fuerzan a casarse con sus torturadores”, dijo Tabassum Yousaf, abogado católico vinculado a la ONG italiana St. Egidio. Es un patrón recurrente también en Egipto, donde las mujeres cristianas se enfrentan a una “epidemia de secuestros, violaciones, palizas y torturas”.

La cristiana perseguida más famosa, Asia Bibi, pasó injustamente casi una década en una cárcel paquistaní por “blasfemia” —buena parte de ese tiempo en el corredor de la muerte— antes de ser puesta en libertad. En mayo, fue trasladada a Canadá, donde se reunió con su familia. Según Bibi:
“Cuando mis hijas me visitaron en la cárcel, nunca lloraba delante de ellas, pero cuando se iban, solía echarme a llorar yo sola, llena de dolor y pena”. Pensaba en ellas todo el tiempo, en cómo estarían viviendo”.

Los satélites de la NASA observaron los incendios en el Amazonas, lo que llevó a los líderes mundiales a comprometerse a proteger la selva tropical. Pero los satélites no observan la quema, desmembramiento y asesinato de los cristianos, ni su sufrimiento se ve en las televisiones y periódicos. En realidad, en Occidente parece como si no hubiese ninguna persecución contra los cristianos. El Vaticano, el papa Francisco, otros clérigos y los medios tienen que elegir: o arrojan luz sobre estos cristianos perseguidos, o ser acusados de ceguera voluntaria.

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Religión

Los socios del PSOE en Navarra proponen modificar la Constitución para eliminar la asignatura de Religión

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Unxue Barkos
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La coalición Geroa Bai, que gobierna en Navarra junto al PSOE, ha registrado dos proposiciones de ley dirigidas al Congreso de los Diputados para “garantizar la laicidad de la escuela pública”. Estas medidas quieren reformar la ley orgánica de Libertad Religiosa, la de Educación, en relación con la enseñanza de religión, y la modificación del artículo 27 de la Constitución.

El gobierno de Navarra está a cargo de María Chivite, del Partido Socialista, que gobierna junto a Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra. El grupo parlamentario Geroa Bai, ha registrado estas iniciativas para su debate en pleno, ya que, aunque ambas fueron aprobadas la anterior legislatura, decaen con el nuevo inicio de sesiones.

Para Geroa Bai, “la necesidad de avanzar hacia un sistema educativo laico hace imprescindible emprender una reforma constitucional y las modificaciones legales necesarias para no impartir religión confesional en el currículo escolar”. El grupo parlamentario ha añadido en una nota que “la religión en las aulas es un debate de legislación básica y, como tal, debe resolverse donde corresponde, que es en el Congreso de los Diputados”.

En concreto, en las iniciativas registradas, se propone la modificación de una serie de disposiciones legales, vigentes actualmente en España, que, según Geroa Bai, “colisionan con la necesidad de avanzar hacia un sistema educativo laico, para dar solución a un debate, desde el lugar en el que corresponde, sin parches, ni medidas provisionales que lejos de suponer una verdadera solución, no resuelven el verdadero problema de fondo”.

Entre las medidas que pactaron PSN, Podemos, Izquierda-Ezkerra y Geroa Bai para el gobierno navarro se encuentran: despenalizar la eutanasia o retirar el concierto a los colegios del Opus Dei que apuestan por la educación diferenciada.

Geroa Bai es una coalición política española navarra integrada por el Partido Nacionalista Vasco (PNV), Atarrabia Taldea y la asociación Zabaltzen. Uxue Barkos es la líder más destacada, que gobernó la pasada legislatura en Navarra gracias al pacto con EH Bildu, entre otros partidos de izquierda.

Actualmente en Navarra, esta coalición ocupan los puestos de la Vicepresidencia Segunda, la Consejería de Desarrollo Económico y Empresarial, la Consejería de Desarrollo Rural y Medio ambiente y la Consejería de Relaciones Ciudadanas.

Esta última Consejería la ocupa Ana Ollo Hualde. Política y periodista, provocó muchas críticas su entrada en el gobierno, ya que equiparó -cuando era portavoz del Gobierno de Navarra en la legislatura anterior- a los asesinados por ETA, con las víctimas de la Guerra Civil española y “otras violencias”, por lo que tuvo que comparecer ante el Parlamento.

Defensa de la asignatura de religión

La Conferencia Episcopal Española se ha reiterado en multitud de ocasiones la preocupación que supone no solo la asignatura de religión sino toda la educación de los niños españoles. El pasado 30 de agosto el obispo de Barbastro -esta vez en Aragón- ya denunció el “atropello” que se está cometiendo contra la religión ante las medidas que propone el Gobierno para ‘marginar’ la asignatura reduciendo arbitrariamente las horas de clases.

“En la vida hay cosas que pueden ser ‘legales’ pero al mismo tiempo injustas”, expresó mons. Ángel Javier Pérez Pueyo. “Ésta es, a mi humilde entender, una de ellas. No me voy a resignar. Está en juego el derecho y la dignidad de los padres de los alumnos y la de los docentes de religión”.

“En nuestra diócesis son 21 los profesores afectados, en su mayoría mujeres. En todo Aragón alrededor de 300. Su sueldo, al cobrar por horas, queda muy reducido. Humildemente creo que es un atropello innecesario”.

Los grandes perjudicados por estas medidas contra la asignatura en España -además de los propios niños- son los profesores de religión que ejercen en todo el país. En Aragón han sido cuatro los sindicatos que han dununciado esta situación. ANPE, Apprece, CSIF y USO han firmado un documento que han presentado en el registro de educación con puntos “básicos e irrenunciables” para defender los derechos de los docentes.

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