Sociedad
La pedofilia: una plaga en crecimiento
BD.- En junio de 1998, un grupo de pedófilos se reunieron para crear el Internacional Boy Love Day (IBLD), que se celebra desde entonces el 24 de junio. Según ellos, esta jornada del «orgullo pedófilo» sirve para reivindicar el «derecho de los hombres adultos a tener relaciones sexuales con niños». Esta campaña navega por Internet y para celebrar este día, los pedófilos encienden velas azules que les permiten reconocerse en el mundo entero, desde Holanda hasta Argentina, pasando por Bélgica, Egipto, Sudáfrica, Méjico, Canadá y los EEUU.
Las reacciones contra la IBLD no se hicieron esperar. Una parte de la sociedad ha preferido no tomar posición, al encontrar el tema desagradable. Pero otros, particularmente en Europa, han argumentado, invocando la protección de las tendencias progresistas, que todos los individuos deben tener el derecho de expresar sus opiniones políticas, sexuales e ideológicas. Algunas organizaciones de la sociedad civil y de defensa de los derechos del niño han llamado la atención sobre las consecuencias negativas de esa práctica, que consiste a obligar a los niños a someterse para satisfacer a algunos adultos.
El 30 de mayo de 2006, un grupo de pedófilos creó un nuevo partido político registrado ante las autoridades holandesas, el Charity, Freedom and Diversity Party (CFDP). Inspirado en los movimientos de legalización de la prostitución, este organismo pide que la libertad de pensamiento y de expresión, garantizada por la Constitución holandesa, pase por delante de los tratados internacionales de defensa de los derechos de los niños. El CFDP afirma que entre sus miembros hay hombres políticos holandeses importantes, empresarios, padres de familia, profesores, sacerdotes y todo tipo de hombres libres que han elegido expresar su sexualidad y su vida erótica a través de las relaciones libres con niños y niñas.
En su manifiesto, el CFDP pide rebajar la edad legal para tener relaciones sexuales consentidas de los 16 a los 12 años. También piden la legalización de la zoofilia, la pornografía infantil y, claro está, todas las formas de violencia sexual contra los menores de edad. Cada día más y más hombres de países desarrollados como España, Noruega, EEUU, Canadá, Australia, Gran Bretaña y Francia se unen a este movimiento.
Siempre es bueno volver las definiciones. La palabra «pederasta» viene del griego «paiderastos», compuesto de «paidos, que significa «niño», y de «erastos», que significa «amante». Originalmente, en la Grecia antigua, la pederastia correspondía a las relaciones sexuales iniciáticos entre un adolescente y un hombre adulto. Hoy el término «pederasta» ha quedado antiguo y mucha veces peyorativo, y ha tomado el sentido de homosexualidad entre hombres adultos. En cambio, la pedofilia, que viene de «paidofilia», es la atracción sexual de los adultos por los niños.
La siquiatría y la sicología actuales consideran que el individuo que abusa de niños sufre unas patologías a menudo provocadas por traumatismos. Sin argumentos muy sólidos, algunos investigadores explican la pedofilia como la consecuencia de un traumatismo ocurrido en la infancia. Así, los pedófilos habrían sido a su vez víctimas de abusos sexuales en su niñez. Otros científicos, como R.J. Kelly y R. Lusk, subrayan que las preferencias sexuales del pedófilo pueden ser debidas a una reminiscencia de la época en que los primeros juegos sexuales ocurren con otros niños.
Según la teoría del aprendizaje social, los pedófil0s podrían en efecto conocer una activación sexual precoz en ese momento, lo que explicaría el hecho de que no se sientan atraídos más que por los atributos físicos de los niños, como la ausencia de vello corporal o el pequeño tamaño de los órganos genitales. En cambio, esos especialistas no mencionan la eventual situación de responsabilidad del pedófilo respecto de su víctima que confía en él y sobre el cual ejerce un cierto poder. Por otra parte, ha sido demostrado que la mayoría de los pedófilos son hombres y mujeres con un funcionamiento social normal, capaces de asumir responsabilidades en todos los terrenos de su vida pública.
El sicólogo clínico argentino Jorge Garaventa, uno de los especialistas más renombrados en América Latina en el campo del abuso sexual infantil, afirma que «los malos tratos y los abusos sexuales cometidos contra niños tienen lugar en una situación de desigualdad, en la cual el adulto dispone de una autoridad y utiliza esa autoridad para satisfacer el placer que le procura su víctima, que es destruída y sometida». Y puntualiza: «El abuso sexual cometido por un adulto contra un menor, al igual que la violación, no es una necesidad ni una pulsión sexual, sino un acto de dominación y sometimiento que se traduce en una expresión erótica».
Distintos especialistas de las nuevas corrientes de la sicología humanista, que trabajan sobre la cuestión de los menores víctimas de violencia sexual, refutan los viejos argumentos que consideran la pedofilia como una patología incontrolable. Según ellos, es peligroso pretender que los individuos que cometen estas prácticas son prisioneros de una cultura. En efecto, existe necesariamente un momento en la vida en que hay que elegir una vía, y esta elección es a veces dolorosa. Si es cierto que en las culturas griega y romana, la pederastia estaba socialmente aceptada y que durante siglos el dominio patriarcal contribuyó a disimular esta forma de violencia, es sin embargo indispensable reconsiderar esta manera de pensar dominante y escuchar a los especialistas que están elaborando nuevas teorías y modelos eficaces de asistencia a las víctimas.
A día de hoy no existe ningún estudio científico que demuestre que los tratamientos siquiátricos contra la pedofilia funcionen a largo plazo. El encarcelamiento por un tiempo limitado tampoco es un medio eficaz: la mayoría de los casos de violencia sexual más conocidos en EEUU y más recientemente en Austria, han sido cometidos por hombres encarcelados por crímenes sexuales, que reinciden en cuanto salen de prisión con una mayor animosidad y violencia. Varios países han optado por la castración química para desactivar la parte del cerebro que controla la libido. A pesar de ello, todavía no ha quedado demostrado que el control de las pulsiones libidinales impidan las agresiones contra los menores.
Mientras que los pedófilos se organizan en asociaciones, partidos políticos y grupos de presión y crean redes de promoción de las relaciones sexuales infantiles, se calcula que sólo una ínfima parte de los abusos sexuales contra menores son denunciados. Los informes de UNICEF hablan de cerca de 1.500.000 niños explotados sexualmente en el mundo. ¿Hacia dónde nos dirigimos si no se frena este movimiento que tiende a una normalización de los abusos y violaciones de menores?
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
