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Opinión

La Sanidad Militar puede estar politizada para las Clases de Tropa con problemas psicofísicos

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Las bajas médicas protagonizan una discriminación que denuncian algunos militares de tropa temporal.

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Así, la ley da sólo seis meses a los soldados temporales para recuperarse de cualquier baja médica antes de perder el destino, mientras que los militares de carrera disponen de un año en las mismas circunstancias.

Los militares ‘temporales’ — tropa y marinería— disponen de seis meses para recuperarse de cualquier baja médica antes de que se inicie el expediente que conlleva perder el destino. Esto contrasta con las condiciones de los militares con servicio de carácter permanente, los de ‘carrera’, a los que se les da el doble de tiempo para la recuperación sin pérdida de destino, es decir, un año. No obstante, COPERFAS rechazó abrir ese debate amparándose en el artículo 121 de la Ley de Carrera Militar, que precisamente consagra esa discriminación.

La oficina del Defensor del Pueblo, ante la denuncia de colectivos presentes en el COPERFAS envió una respuesta “decepcionante”. Para este organismo, la desigualdad planteada “no puede motivar, por sí sola, la intervención de la institución” —la asociación pedía que se instase al Congreso una modificación de la ley— porque “supondría una intromisión en la potestad legislativa que corresponde a las Cortes Generales”.

El Real Decreto 944/2001 permite que Defensa pueda rescindir el compromiso, aunque esté en vigor, si los médicos militares consideran que el evaluado no reúne las condiciones psicofísicas necesarias para el servicio. Que esta decisión no dependa de un organismo independiente, y la tome la sanidad castrense, es una de las críticas que plantean las asociaciones y que, dada la casuistica, debemos plantearnos todos los militares profesionales.

Daré un ejemplo de esta casuística que no deja de ser más que un caso de la generalidad:

24% de discapacidad para Defensa, 65% para la Comunidad de Madrid

Dos años después de sufrir un accidente que le podía haber costado la vida en Afganistán, Iván Ramos se llevó una bofetada psicológica al conocer que el Ministerio de Defensa consideraba que su discapacidad era leve, valorada en un 24%. Se quedaba a un punto de poder tener acceso a una pensión y estaba muy alejada del 65% que le había concedido la Comunidad de Madrid.

“Iba en la posición de tirador, un camión embistió al vehículo, comenzamos a dar vueltas de campana y yo salí despegado. Se me reventó el bazo y el riñón, los he perdido. Y desde entonces he tenido que someterme a 11 operaciones para que me reconstruyan la espalda, el brazo y el pie”, así rememora el accidente aunque tenga pocos recuerdos de ese momento ya que perdió la conciencia tras el impacto.

Este legionario explica que tras la dura recuperación se hundió al recibir la valoración de su discapacidad emitida por Defensa: “Pensé que no valía la pena todo el dolor y el sufrimiento que había aguantado para aferrarme a la vida y poder seguir en mi equipo operativo”.

Como este, existen infinidad de casos en los que las Juntas de médicos militares del Gomez Ulla otorgan discapacidades muy por debajo de lo que lo hacen otros facultativos de las Comunidades Autónomas.

El caso no es baladí porque no sólo afecta al interesado para su futuro profesional y de jubilación, sino porque se presenta a la Tropa que se encuentra de baja ante los Mandos como individuos que quieren evitar cumplir sus obligaciones militares aduciendo males supuestos por haber una discordancia entre unos y otros peritajes médicos que hay que ganar en los Tribunales de Justicia, con el consiguiente gasto en abogados en unas economías ya mermadas, junto a unos procesos judiciales de larga duración.

Me pregunto, como lo harán muchos profesionales de carrera, ¿cómo es posible que existan estas disparidades, estas injusticias, y que no se le conceda a la Tropa que se ha jugado la vida en operaciones e Instrucción un pago que por derecho les corresponde?

Me viene a la memoria un trabajo que realicé en los años 1990 respecto a la incorporación a filas de los militares de reemplazo en el que estudié la exención, objeción e insumisión. Los datos fueron facilitados por la Subdirección de Reclutamiento y Enseñanza Militar y están publicados como Base de Datos en mi sitio web “www.defensa-nacional.com” en el apartado descargas, Base de datos que hoy en día ya contiene 1328 registros y 450.000 datos relativos a las variables que he seguido estudiando.

Pueden consultarla todo el que esté interesado en esta casuística. Del análisis de la citada Base se deduce que, para paliar el alto número de objetores, se pudo cerrar la mano en el número de exentos de tal manera que, gracias a los Servicios Médicos se pudo mantener el cupo de las Unidades con personal que anteriormente se hubiera tenido por exento.

¿No puede estar ocurriendo esta casuística ahora, pero en sentido contrario? ¿El empleo político de los profesionales de la medicina para evitar que aquellos que tendrían unos derechos por causas médicas en cualquier organización civil, no lo tuvieran en la vida militar, a pesar de su dedicación, mella adquirida en el ejercicio de sus funciones y misiones y un deterioro psicológico individual y social dado que se crea la opinión entre la tropa, y en la sociedad, que quedan desasistidos si tienen algún problema psicofísico fundamentado, incidiendo en la moral de los Ejércitos?.

Jesús Acuña, abogado especializado en Derecho Militar, explica que los militares con compromiso permanente no hacen frente a esta situación ya que no tienen los mismos derechos que los profesionales con contratos temporales. Por ejemplo, si encarasen el mismo accidente y secuelas parecidas, el que no es de plantilla sería indemnizado en función del porcentaje de discapacidad que le asignen, los de carrera recibirían la pensión íntegra con independencia del porcentaje que les otorguen.

Por eso, las asociaciones militares coinciden en señalar que entre los profesionales de carrera no se producen bajas al mismo ritmo que en el caso de los temporales. “La patología debe ser muy grave para que les concedan la no aptitud. En el caso de un militar con contrato permanente implica hacer frente a una pensión e indemnización. En los casos de personal temporal sale gratis”, apunta un portavoz de la Organización de Apoyo a las Fuerzas Armadas (OATM).

Resumen de alistados, exentos y objetores durante el decenio de los 1990 en Vascongadas. Como se puede apreciar, hay una disminución drástica del número de exentos a lo largo del decenio que no puede ser causado por una mejora en la salud de los reemplazos estadísticamente. (Elaboración propia)
Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca


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La mentira como método

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Hemos recreado de tal manera, desde el afecto y la añoranza, la figura de Pérez Rubalcaba que a día de hoy recordamos parcialmente la movilización que organizó en 2004 a cuenta de los atentados islamistas de Madrid. Hace 16 años que un socialista creó aquella efectiva frase que ha pasado a formar parte del lapidario político español: merecemos un gobierno que no nos mienta. Analizada desde el paso de los años y depurando su oportunismo cínico, el aserto que motivó una movilización sin precedentes se ha transformado en una paradoja viva y campanuda, utilizable de nuevo ante el ejercicio permanente de falta a la verdad del ejecutivo reciente y su también reciente anterior encarnación. La mentira gubernamental se ha hecho carne en la vida política española mediante el método del amontonamiento. Siempre se mintió, como es evidente, ora por esconder procedimientos defectuosos, ora por proteger estructuras sensibles, ora por despistar a algunos enemigos; pero no recuerdo demasiadas ocasiones en las que una mentira sirviera para disipar a una anterior y así, sucesivamente, hasta crear un depósito acumulado de diferentes versiones sobre un hecho real.

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La mentira, decía el filósofo Ciorán, es una forma de talento, pero como afirma un viejo proverbio judío, con ella se va muy lejos aunque sin esperanzas de volver. En el caso que nos ocupa, el talento parece estar agazapado. Sánchez es, sin temor a innecesarias exageraciones, una mentira permanente dicha con el desahogo de los que confían irresponsablemente en su buena estrella. Su llegada al doctorado se produjo mediante la mentira de una tesis plagiada a la que se sumaron otras sucesivas para desviar las evidencias. Su llegada a la presidencia se estructuró desde la mentira introducida en una sentencia por un juez prevaricador. Su campaña electoral se basó en afirmaciones que desmintieron sus pactos posteriores. Su Gobierno está plagado de individuos que faltan a la verdad y a la decencia de forma contumaz. Sófocles dejó dicho que una mentira nunca vive lo suficiente hasta hacerse vieja: habrá que colegir que el griego estaba en lo cierto ya que las mentiras del gobierno que no merecemos se evidencian como tales nada más nacer. Valga el caso Ábalos como muestra. Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa, y, en virtud de esa afirmación del austríaco Adler, habremos de colegir que este Gobierno ha preferido cargar con el inconveniente de las mentiras encadenadas antes que asumir la verdad que vienen ocultando desde que pasearon a Miss Delcy por las instalaciones del aeropuerto de Barajas. ¿Qué «peligrosa» verdad se oculta tras la estancia indebida de la mano derecha de Maduro en España? ¿Qué cuestión se aparca en el fondo del asunto como para asumir el riesgo de las decenas de mentiras encadenadas?

Entre bufidos y desplantes chulescos, el abrasado ministro de Fomento, -al que le asignaron el marrón desde Interior en lugar de actuar como mandan las normas europeas y despejar el asunto de forma expeditiva-, ha ido amontonando embustes encadenados sin que ese ejercicio inverosímil haya sido objeto de autocrítica alguna. Nadie parece reparar en la gravedad de que, sobre un mismo asunto, un gobierno acumule mentiras superpuestas obviando aquello que escribió Jacinto Benavente -y perdón por la reiteración de citas que he ido curioseando esta tarde- acerca de la verdad y su circunstancia: la peor verdad solo cuesta un gran disgusto, mientras que la peor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y, al final, uno grande. Efectivamente, al final de este sainete, alguien experimentará el áspero escozor de la vergüenza, si es que la tienen, y se apercibirán conjuntamente de que una mentira te obliga a crear veinte más para sostener la certeza de la primera.

No sé, por fin, qué gobierno nos merecemos, pero a buen seguro uno que no es el presente.


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Opinión

Habrá que volver algún día sobre esta sabiduría

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Como de muchas aflicciones más, de que pasara esto alguna vez tiene la culpa la impropiedad del lenguaje habitual. Que la palabra, en vez de servir al hombre para entenderse con los demás sea en ocasiones instrumento eficaz de confusión, es una de las innumerables manifestaciones de la imperfección humana. Pero en tal caso, parejo de la torpeza y, aún de la rebeldía en el uso de la palabra, suele ser la misma palabra como una fuerza propia de tan sutil naturaleza que manda muchas veces sobre las acciones y sobre los pensamientos, llenándolos de su propio contenido, en lo que no se corre poco riesgo que te tachen de fascista, homófobo, xenófobo o cualquier otro epíteto propio de dirigentes intransigentes que piensan que están en posesión de la verdad sólo y solamente para adoctrinar a las masas de alfa betas.

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Si para declarar que la vida está sujeta a normas de conducta estrictas, y la conducta a reglas que hagan de la vida milicia, como acertadamente afirmaban nuestros padres y abuelos, debo decir que hay que imprimir a la vida un estilo militar, que no es sólo de formas y modos.

No hay muchos espectáculos más penosos y bochornosos que el de los hábitos y modos de cortesía castrense, empleados sin responsabilidad y vacíos de contenido espiritual como el de los representantes de la extrema izquierda en países y aún en ideologías antimilitaristas que en cuanto llegan al poder hacen ostentación de paramilitarismo.

Quizá este riesgo se hubiera evitado sólo con hablar, más propiamente, de espíritu militar; y con tratar de que fuera este espíritu militar el que diera sentido a la vida. Porque mientras las formas, el estilo, parecen inconvenientes y fuera de lugar en más de un caso y dos, no hay ninguno en que el espíritu no sea deseable. El espíritu militar es amor a la profesión, sea cual fuere, entusiasmo, energía, amor a la gloria, valor en todos los aspectos de la vida, desprendimiento, abnegación que deben relucir en cualquier ejercicio de profesión donde la vocación es sinónimo de servicio a la sociedad; sin olvidar la diligencia que es remedio de la tibieza, del desánimo, la desgana y la inconstancia, flacos que acuitan a los “que valen poco para el servicio a la sociedad”; ni, menos, la paciencia, que triunfa siempre sobre el desaliento nacido de la fatiga moral: “Sed pacientes, dice San Lucas, y tendréis señorío de vuestras almas”. Mas a lo profano, Calderón pintaba al soldado de su tiempo con exacto colorido:

“Estos son españoles. Ahora puedo

Hablar encareciendo estos soldados

Y sin temor, pues sufren a pie quedo

Con un semblante, bien o mal pagados:

Nunca la sombra vil vieron del miedo,

Y aunque soberbios son, son reportados;

Todo lo sufren en cualquier asalto,

sólo no sufren que les hablen alto.”

El entusiasmo es una disposición, hija, a veces, del propio genio, que es la aptitud innata que un hombre posee para ejecutar desembarazadamente faenas que a los demás parecerían difíciles; otras le llegan por distintos caminos de los que no es, ciertamente, el menos frecuentado el de la tradición familiar, hoy vilipendiada por los progresismos que, conocedores de la importancia de la familia, la intentan minar en sus bases más fundamentales.

Otro gallo nos cantaría si mantuviéramos encendida en nuestras familias la llama del amor al servicio a la sociedad en cualquier profesión en vez de dedicar ingentes partidas de dinero a organizaciones, que se dicen no gubernamentales pero que se nutren del dinero de nuestros gestores nacionales y, por tanto, de los gobiernos de turno, que se dedican a minar los valores morales de la familia, las profesiones vocacionales y la pertenencia a una Unidad llamada España, base para llegar a una verdadera conciencia de identidad nacional.

Habrá que volver algún día sobre esta sabiduría.

*Teniente Coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca.


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¿Será el coronavirus el cisne negro de la Globalización?

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“La crisis es la mejor bendición que le puede suceder a personas y países porque la crisis trae progresos” (Albert Einstein).

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El khaos y el coronavirus

Shakespeare, por boca de un asustado Enrique IV expresa el miedo y la impotencia del hombre debido a la ausencia de certezas ante el caos de la mudanza : “¡Dios mío, si tuviésemos la opción de leer en el libro del destino y ver del tiempo las revoluciones, ver cómo la ocasión se burla y cómo llena el cambio la copa de Mudanza con diversos colores”. Así, el Brexit significó el finiquito del “escenario teleológico” en el que la finalidad de los procesos creativos eran planeadas por modelos finitos que podían intermodelar o simular varios futuros alternativos y en los que primaba la intención, el propósito y la previsión y su sustitución por el “escenario teleonómico”, marcado por dosis extrema de volatilidad y por la instauración del khaos o vacío que ocupa un hueco en la nada cósmica.

Por khaos entendemos algo impredecible y que se escapa a la miope visión que únicamente pueden esbozar nuestros ojos ante hechos que se escapan de los parámetros conocidos con lo que inevitablemente recurrimos al término “efecto mariposa” para intentar explicar la vertiginosa conjunción de fuerzas centrípetas y centrífugas que terminarán por configurar el puzzle inconexo del caos ordenado que se está gestando. El citado” efecto mariposa” trasladado a sistemas complejos como la Demoscopia, la Meteorología, la Detección y Prevención de Epidemias, los Flujos Migratorios y la Bolsa de Valores tendría como efecto colateral la imposibilidad de detectar con antelación un futuro mediato. Así, los modelos cuánticos que utilizan serían tan sólo simulaciones basadas en modelos precedentes, con lo que la inclusión de tan sólo una variable incorrecta o la repentina aparición de una variable imprevista provoca que el margen de error de dichos modelos se amplifique en cada unidad de tiempo simulada hasta exceder incluso el límite estratosférico del cien por cien, de lo que sería paradigma la previsible globalización del coronavirus.

¿Es el coronavirus el cisne negro de la Globalización?

La teoría del Cisne Negro fue desarrollada por Nicholas Taleb en su libro “El Cisne Negro (2010) en el que intenta explicar “los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al rol masivo del suceso extraño en los asuntos históricos”, lo que explicaría el sentimiento de incertidumbre de la sociedad global ante la irrupción del coronavirus. Así, el proteccionismo económico implementado por Donald Trump, el cisne negro del coronavirus y la posibilidad de un Brexit traumático podría provocar que la crisis sistémica acabe lastrando la incipiente y frágil recuperación económica mundial y desemboque en escenarios de estancamiento económico secular (secular stangantion), ya que el fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la tercera ola de la recesión económica que se avecina será global y vinculante y tendrá como efecto colateral el irreversible ocaso de la economía global.

La posibilidad real de un nuevo crash bursátil estaría pasando desapercibida para la mayoría de Agencias de Calificación debido a la desconexión con la realidad ( epidemia del coronavirus) que les llevaría a justificar la exuberancia irracional de los mercados, con lo que se cumpliría la famosa frase del iconoclasta John Kenneth Galbraiht. “Hay dos clases de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso”. Dicho estallido bursátil tendrá como efectos colaterales la consiguiente inanición financiera de las empresas, la subsiguiente devaluación de las monedas de incontables países para incrementar sus exportaciones y como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras, la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.


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