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La superioridad moral de la izquierda

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Inocencio Arias.- Hay cuestiones que cuando uno va teniendo cierta edad no acaba de entender. Axiomas, dichos populares y «verdades» incontrovertibles que empiezas a cuestionar.

Una de ellas es la superioridad moral de la izquierda; muy extendida aunque, si uno mira a su alrededor, no se tiene en pie.

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En los sesenta, cuando estudiaba Historia para entrar en la diplomacia, tuve la osadía de preguntarme por qué Hitler era un malvado cabrón y Stalin un político con aspectos censurables pero aceptable. Y pensé: ¿acaso no eran dos figuras políticas execrables, dos tiranos similares en sus atrocidades?

Ya entonces, con más audacia aún y temor de que me llamasen de todo, empecé a preguntarme si podía ser verdad que el bando franquista en la Guerra Civil cometiese toda clase de tropelías sistemáticas, mientras que en el republicano fuesen unas poquitas aisladas y siempre obra de elementos incontrolados.

En el campo de la diplomacia tampoco entendía por qué la intervención de Estados Unidos en Irak era espantosa, violadora de principios del derecho internacional, mientras que la de la Unión Soviética en Afganistán, aunque no elogiable, podía resultar comprensible, neutra. Igual ocurría con el apoyo de Putin al régimen actual de Siria, que, por cierto, gasea a su población con armas químicas. No aplaudimos, pero nos resbala; no nos indignamos, como sí ocurre con los estadounidenses.

En España también me deja perplejo escuchar de adultos bien formados que no se puede comparar el caso Gürtel pepero con los ERE sociatas. El primero, te argumentan con seriedad, muestra que la corrupción es algo sistémico, innato en la derecha, mientras que los ERE son cosas aisladas, con cifras que han sido muy exageradas y, ¡acojónate, Pereira!, el dinero de los ERE «se repartía entre mucha gente, no iba a parar al bolsillo de unos cuantos burgueses aprovechados» (sic).

Hay un jeroglífico que también tiene miga, y no poseo las luces para desentrañarlo: ¿por qué Vox es un partido fascista y Podemos es plenamente democrático? No logro verlo. El grupo de Abascal quiere meterle mano a las autonomías, localizar miles de emigrantes ilegales y, eventualmente, enviarlos a su país. No he leído, sin embargo, que quiera recurrir a las armas para limar las autonomías ni castrar a los emigrantes varones y levantar la toca de las emigrantes islámicas para pelarlas al cero. El grupo de Podemos llama a la gente a las barricadas al ver que Vox saca pacíficamente 400.000 votos en Andalucía, no acaba de ver clara la separación de poderes y, entre otras cosas, estaba encantado al nacer cuando en la Puerta del Sol se exhibía aquella frase inmortal de que «la soberanía no está en las Cortes sino en esta plaza». Aserto este que te pone un pelín los pelos de punta: huele a frase de las Juventudes de Hitler o de los sóviets rusos.

(…) Las diferencias pueden ser inexistentes, y a lo mejor resulta que Vox no es más fascista que Podemos. (Que los «pacíficos» demócratas de la CUP bramen contra el fascismo agresivo de Vox, mientras zarandean, acosan e intentan abortar una conferencia de la pepera Cayetana Álvarez de Toledo, me plantea asimismo problemas de comprensión. Una vez más, esto es fascismo de izquierdas.)

El ejemplo de Vox y su fulminante descalificación me convenció de nuevo de que la sociedad española actual es mucho más permisiva con los pecadillos de la izquierda, mucho más intransigente con los de la derecha, y más importante aún: es una confirmación de que mucha izquierda está imbuida de la convicción, casi religiosa, de que la base ética de su actuación es normalmente elevada, de que su constante superioridad moral no admite discusión.

Es una creencia totalmente pueril, absurda, desmentida a diario rotundamente por los hechos, pero profundamente arraigada incluso en mentes muy sensatas de la izquierda. Recuerdo el comentario de un honrado y lúcido exministro socialista cuando alguien le reprochó que, si Aznar había estado asesorando a Iberdrola, también González lo había hecho con Endesa. El exministro contestó que los dos casos no eran comparables, que «sólo había que mirar el pasado y la trayectoria de Felipe González para darse cuenta…».

(…) Esta negación o interpretación pro domo de los hechos es frecuente en cualquier partido político. Los demás no están exentos de culpa. Para nada. Ahora bien, son menos proclives a restregarte, con absoluta fe, su superioridad moral. De ahí que le dediquemos un capítulo.

Examinemos tres períodos: nuestra Guerra Civil y el franquismo; la Guerra Fría, y la situación actual en España.
Guerra Civil

(…)Una de las razones por las que decidí redactar este capítulo es por dos hechos de los que tuve conocimiento en estos años y que he mencionado en otro libro: el inexplicable bombardeo de Cabra, un objetivo demostrado no militar, por dos aviones rusos republicanos bastante al final de la guerra y que causó más de cien muertos. El ABC de Córdoba titularía: «Un centenar de muertos y otro de heridos, ancianos, mujeres y niños en su mayoría. El Mercado de Abastos, un Colegio de niñas y un barrio modesto, bombardeados y ametrallados».

La diferencia narrativa con Guernica es pasmosa. El bombardeo de Cabra simplemente no existe, es ignorado. Hugh Thomas, el especialista británico que escribió que «nuestra guerra fue una serie de acontecimientos lamentables en los cuales nadie de importancia actuó correctamente», no menciona Cabra en su monumental obra. Mientras tanto Guernica es, con mucha diferencia, el hecho militar más comentado de nuestra contienda. Ha influido el cuadro de Picasso, que, por cierto, no lo regaló. Cobró por hacerlo.

(…) Las tesis actuales sobre la Guerra Civil están llenas de simplificaciones o trolas similares. Empezando por el millón de muertos, cifra que ahora se redondea al alza para estigmatizar más al franquismo, que fue el que inició la contienda y al que se hace responsable de casi la totalidad. (Durante el franquismo se la citaba igualmente para denigrar a los malísimos rojos.) La cifra real, para muchos, sería de 500.000 muertos, e imputables a los dos bandos. Resulta ocioso y delicado enzarzarse en quién mató a más gente. Sin embargo, en la versión actual de moda, Franco asesinó a muchos más, sin comparación, se alega, y nadie razona a cuántos habría fusilado el Frente Popular si la República hubiera ganado la guerra. ¿A menos que Franco? Es dudoso (…)

(…) Hay una memoria histórica que señorea los relatos y otra que no tiene credibilidad o legitimidad. La izquierda es superior y no puede cometer desmanes.

(…) En la contienda la superioridad moral de la izquierda lleva pareja la superioridad cultural. Según la versión divulgada, la inmensa mayoría de los escritores estaban con el bando republicano. Andrés Trapiello, en su documentado y ameno libro Las armas y las letras (Península, 2002), demuestra que no, pero el dogma es difícil de rebatir con un volumen. Trapiello, si insiste, será considerado un cavernícola.

(…) El malabarismo en el lenguaje utilizado por los discípulos de la memoria histórica queda patente en las siguientes descripciones: la represión franquista en Badajoz ha pasado ya a ser el «genocidio» franquista, mientras que las catorce religiosas que fueron torturadas y asesinadas en noviembre del 36 por los republicanos se ha transformado en que «las monjas desaparecieron».

Como conclusión, volvamos a Trapiello: «De modo que unos y otros, entre los pocos que quedan vivos o sus herederos directos, siguen teniendo una memoria prodigiosa para los errores y crímenes de sus contrarios, y poca o ninguna para los suyos».
Guerra Fría

(…) ¿Cómo se explica la ceguera generalizada de los intelectuales progres europeos? El régimen soviético era maestro en tapar sus desnudeces y adular a los intelectuales, pero éstos, aquí está de nuevo la madre del cordero, estaban dispuestos a engullir todas las falsedades porque un régimen de izquierdas no puede¡ hacer barbaridades por sistema. Es moralmente superior.

(…)La convicción, obsesión que entra en el ridículo, que tiene la izquierda con su superioridad está bien reflejada en la reacción de Juan Benet cuando Solzhenitsyn vino a España. Al reflexionar el ruso sobre la realidad española y la soviética dijo algo así como que estábamos mucho mejor de lo que creíamos. Benet soltó: «Mientras existan personas como Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. […] Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas —cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo— busquen la manera de liberarse de semejante peste».

¿Cómo pudo una persona culta y demócrata decir algo tan miserable? ¿Llevaba tres copas encima? ¿Alguien le había dado una tortilla de espinacas en la que habían puesto marihuana? ¿Podía completamente ignorar que en los gulags soviéticos murieron millones de personas —más de un millón en 1937-1938—, que las condiciones de vida de los prisioneros eran inhumanas, que el guardia que disparaba y mataba a uno de los reclusos que se salía del camino marcado cuando iban a la cantera era recompensado con un par de días de permiso?

(…) La conducta de los propagandistas de izquierda —silencio, tergiversación— sobre Katyn es similar a la que la propaganda franquista empleó después del bombardeo de Guernica paraocultar que era obra de los alemanes. Intentó culpar a los vascos. Un cinismo que fue rápidamente desmontado. El de Katyn,en cambio, tardó décadas.

(…) En la España actual es complicado encontrar algo más miserable que el cambalache del izquierdófilo Carod-Rovira con los enviados de ETA para desviar los asesinatos de los terroristas a otros lugares de España, dejando ilesa a Cataluña.

Situación actual

La corrupción. Hablemos de España. Esta lacra ha salpicado, a veces abundantemente, a muchas formaciones políticas. Los catalanes tenían la comisión de las empresas del 3 %, que fue pronto silenciada pasmosamente, el escándalo del Liceo, Banca Catalana, el señor Pujol con abundante dinero no declarado en el extranjero… Los jóvenes de Podemos tienen asimismo sus pecadillos, claramente menores: cobros de estudios, becas y trabajos poco justificables, subvenciones de un régimen no exactamente presentable como el venezolano, escamoteo de pagos a la Seguridad Social… Deslices muy frecuentes en nuestra sociedad (¿cuántos miles de españoles emplean a alguien y no declaran al operario?, muchos miles) pero de los que ellos no están impolutos.

(…) Con todo, es inevitable detenerse en los casos más sonados de los últimos veinte años que afectan a los dos grandes partidos: la trama Gürtel, de un lado, y los ERE andaluces (más los cursos de formación), de otro. Uno de ellos es un entramado en el que empresarios, a través de la adjudicación de servicios, nutren la caja de un partido o los bolsillos de miembros de la agrupación. El segundo es simplemente detraer dinero destinado en principio a los parados con destinatarios parecidos al anterior.

Sonrojantes ambos. Punibles. Pero es difícil no percatarse de que hasta en las sinvergonzonerías hay clases. El caso de los ERE es el más vergonzante de la democracia. Cuantitativa y cualitativamente. Se trata de ingentes cantidades de dinero que se embolsa alguien y que estaba destinado a los parados de la comunidadautónoma con más desempleados de España. Esto durante años.

La superioridad moral de la izquierda, una vez más, es una farsa, una jaculatoria para militantes obcecados o para niños.

El despilfarro (…) Comilonas con mariscos caros, viajes postineros a grandes hoteles, delegaciones que podrían ser de cuatro personas y viajan once, o de ocho y viajan veinticuatro, regalos de postín para asistentes a un congreso… La lista es amplia y la izquierda en este apartado tampoco puede dar lecciones de ética y buen manejo de los fondos del contribuyente.

Como ejemplo de este despilfarro gratuito y elitista citaré un viaje de la señora de Zapatero a París. (…) A doña Sonsoles, como a una princesa del siglo XVIII, le apetece que la acompañe alguien de su confianza, quiere estar relajada, no sabe si las cónyuges de los diplomáticos son unas cursis y, además, muy de derechas (?). Eso incomoda. La solución es principesca: Moncloa dice a Exteriores que ordene que un joven diplomático (…) se traslade¡ a París para servir de guía y acompañante de la segunda dama.


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Carta a Pedro Sánchez de un médico sevillano despidiéndose de su larga militancia socialista

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(Remnitido) Hola, Pedro, hola Presidente:

Te saludo en estos momentos tan duros para todas y todos nuestros compatriotas y para mandarte ánimos, fuerza y serenidad, eso es lo que debo hacer y lo que creo que se debe hacer en estos momentos.

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Llevo votando Socialista, al PSOE desde las primeras elecciones democráticas, recién empezados mis estudios de medicina, allá por los años 70s, y desde entonces la medicina pública en la que creo, ha sido la espina dorsal de mi vida. He ido creciendo como profesional y como persona en la sanidad pública andaluza, concretamente en la provincia de Sevilla mayoritariamente tras el MIR, en pueblos pequeños y grandes, haciendo sustituciones del único médico del pueblo cuando éste se iba de vacaciones o enfermaba, porque los médicos también enfermamos, muchas veces contagiados por nuestros pacientes, pero no pasa nada, porque forma parte de nuestra profesión y lo aceptamos de buen grado, cuando en muchos pueblos era EL médico, no, UN médico más, donde no había horarios.

Luego fui intentando ser selectivo con mi especialidad, pero la bolsa de trabajo manda y hay que comer y vivir, Presidente.

Luego ya me fui asentando a base de puntos y antigüedad, en puestos acordes a mi especialidad, pero sin olvidar que ante todo soy médico, médico de toda la persona, de todo el cuerpo humano.

Seguí votando Socialista una y otra vez, primero a Felipe González a nivel nacional y a Escuredo, Chaves, Griñán etc en las autonómicas, y a los diferentes socialistas candidatos en los ayuntamientos donde viví, voté en las municipales, autonómicas o nacionales, los que pusiese el partido, sin rechistar ni discutir sus nulas valías a veces, y fueron pasando los años.

No quise aunque me lo propusieron mil veces, estar en ninguna lista electoral, yo estudié medicina durante más de 10 años para ser médico, sin incluir el doctorado, mi ilusión y mi vocación, y siempre tuve claro que o era político o era médico. En esas listas electorales de todo tipo en las que no quise estar ví los nombres de muchos compañeros y compañeras junto a los que participé en manifestaciones contra Franco mientras aún vivía en su último año de vida cuando éramos casi unos niños.

Muchos de aquellos compañeros de estudios no acabaron la carrera, otros la acabaron, como si hubiese sido ingeniería, historia o derecho, daba igual porque no las iban a ejercer nunca. Ya entraron en nómina en el partido socialista aún en los años 1970 unos, y en los 1980 y siguientes años, otros, y allí siguen, en la órbita del partido, si no es en fundaciones, en empresas públicas del INMENSO entramado económico y de poder del PSOE.

Otros compañeros de partido, que lo fueron aunque nunca estuve afiliado al PSOE, sí lo estuve y lo estoy a la UGT, nuestro sindicato-espejo, y aún así incansables cada cierto tiempo me ofrecían puestos dentro del SAS, del Servicio Andaluz de Salud, pero que nunca acepté, a pesar de los jugosos pluses económicos que suponían doblar el sueldo, y mucho más incluso.

Pero verás, Pedro, me permito tutearte por edad y como compañero de partido, aún necesitándolo y mucho, ese dinero, no pude, me pareció INDECENTE enriquecerme a costa de presionar a compañeros y a recortar “gastos”, pero siempre en personal, haciéndolos redoblarse para no contratar a nadie para completar turnos, y a ahorrar gastos en los pacientes, en obligar a compañeros a prescribir medicamentos de gama económica y procedencia y control casi desconocida, un acto de fe creer en esos principios activos.

Me pareció indecente enriquecerme a costa de forzar altas y liberar camas o atrasar cirugías para ahorrar en “gastos superfluos” y en recortar servicios para la población, y LO PEOR DE TODO, en nombre del “Socialismo”, ¿qué socialismo es ese, Pedro?

He seguido siendo un médico que ha querido estar dentro de los turnos de guardias y hacerlas para no perder el contacto con la realidad de mi profesión.

Pedro, compañero presidente, desde niño oía aquello de que más sabe el demonio, por viejo que por diablo, y con curiosidad por saber cuándo seré lo suficientemente viejo para ello, y ahora, aunque creo que no soy viejo, lo debo parecer bien pasados los 60 años, porque así oigo a mis alumnos y/o discípulos describirme. El caso es que veo a jóvenes idealistas entre mis alumnos y compañeros de trabajo, como yo lo fui, pero verás, Pedro.

He ido viendo durante muchos años de todo en el SAS y en La Junta de Andalucía, he ido viendo tanta corrupción y tanta suciedad en la sanidad, que ya no puedo más, Pedro, viéndote nombrar a ineptos y a tontos útiles con tragaderas tan Grandes como su ansia de poder a toda costa al mando de la sanidad, viendo lo que está pasando. PERO AHORA YA NO, AHORA ESTÁN MURIENDO CIENTOS DE PERSONAS DIARIAS.

La vida me ha llevado a venir a Madrid, donde mi mujer y yo, ambos médicos, hemos venido a ayudar a nuestra hija con los preparativos de su boda, con un excelente joven, y además, los dos médicos al igual que nosotros. Una boda que iba a haber sido a mediados de abril, para lo que nos vinimos a la capital a principios de marzo entre vacaciones y algunos días de libranza de los muchos que nos debían y que nunca nos iban a pagar.

No creo necesario decirte, Pedro, que cuando la situación se agravó nos pusimos a disposición de nuestros puestos en el SAS, pero ni nuestras especialidades ni la situación de Sevilla lo requerían, así que nos pusimos a disposición de la sanidad Madrileña, donde sí nos aceptaron, y así hemos llegado a la situación de convivir 4 médicos en una misma vivienda, cada uno en una habitación para evitar contagios, como cuando hicimos nuestras carreras, unos hace unos años y otros, mi esposa y yo desde los años 80s.

Pedro, esta carta la estoy escribiendo llorando, si las lágrimas que están cayendo sobre el teclado hubiesen caído sobre un papel escrito, sería un gran borrón de tinta difuminada por las lágrimas, lo que he visto aquí y lo que ya llevaba visto en Andalucía durante toda mi carrera, me han llevado a perder mi fe en el socialismo, durante años he querido vota con la nariz tapada, votando a lo que creía lo menos malo, pero ya votando al PSOE sin ilusión los últimos años. Pero Pedro, Presidente, nunca pensé decir esto, pero ya no voy a poder votar nunca más al PSOE, has conseguido que pierda la fe en el socialismo, viendo a tanta gente indigna, mediocre, trepa a tu alrededor, aferrados a sus cargos, y tú el peor de todos, Pedro, además de tus socios catalanes y vascos, me has llevado a romper políticamente con mi partido de siempre.

Porque, Pedro, oigo tus largos discursos estudiados y preparados, llenos de impostación y teatralidad vana, pero carentes de humanidad ni dignidad, y me avergüenzo de ti, de nuestro partido, el PSOE, y de mí mismo por haberte votado y haber pedido el voto para ti a muchas personas. Vergüenza, siento mucha vergüenza y arrepentimiento por ello, porque Pedro, incluso algunas de esas personas a las que pedí el voto para ti, han fallecido víctimas del covid-19, y de tu inacción, Pedro.

Esto dicho anteriormente me duele y mucho, pero más aún me ha dolido ver como en vez de dar pasos para salvar vidas, dabas pasos para salvar tu puesto. Como me dijo otro viejo descorazonado compañero del partido en Madrid, de los de siempre, el día 5 de marzo: “Este tío (tú, Pedro) hace lo que haga falta por mantener su presidencia, el disparate de las manifestaciones del día 8 con esta crisis sanitaria es una locura, pero no hubo cojones para parar aquello, aquellas lobas feministas lo habrían crucificado políticamente”, y a sabiendas de que las horas eran vitales y así se lo decían y hacían saber los expertos desde hace mucho. Mucho antes del día 8.

Cuando acabe de escribir esta carta, irán cerca de 4.000 personas fallecidas.

He visto más cadáveres en estos días en Madrid que en toda mi carrera profesional durante 40 años, incluyendo las prácticas en el anatómico forense.

Es una pesadilla absoluta.

Pedro, Presidente, nombra un comité de expertos, de expertos de verdad y dimite. Convoca elecciones para después del verano, pero vete ya. Ten, por una vez en tu vida, TEN DIGNIDAD Y SALVA VIDAS DEJANDO A LOS VERDADEROS EXPERTOS.

He podido tragar como Socialista, con corrupciones, con golfos con vicios, con ansias de poder infinitas, y he querido creer que era lo menos malo, pero Pedro, no puedo más, nunca esperé ver cientos, muchos miles de muertes de personas en apenas unas semanas que se podrían haber salvado con unas decisiones políticas valientes que no hubo nadie capacitado para tomar.

-¡Presidente!

-¡Te hablo de miles de muertes por Dios!

-¡Que tienes hasta a familiares directos infectados, mucho más que la media!

-¡Pedro! ¡que tus familiares han estado expuestos por la soberbia de tu mujer, gritando “que el machismo mata más que el coronavirus”!

Dios no quiera que falleciesen ninguno de tus seres queridos y cercanos por haberse contaminado gracias al 8-M.

Pedro, horas después de terminar esa manifestación, con muchas de las asistentes llegando a sus casas borrachas y contagiadas, te apresuraste a empezar a hablar abiertamente la alerta sanitaria que callaste ese mismo día 8-M, eso podría y debería tener repercusiones legales, porque hay ya casi 3.000 muertes, y los muchos más que por desgracia vendrán, miles de muertes más.

No, no podré votar nunca más al PSOE, has ido demasiado lejos, ¡porque coño! ¡Que esto no es el Prestige soltando chapapote!, ni las mariscadas, ni los ERES falsos! ni los cursos de formación falsos para parados. ¡Que esto no es lo del perro muerto del ebola!

¡Que son y van a ser muchos miles de personas muertas, coño!

¡POR DIOS! ¡SOCORRO!

¿QUÉ COJONES HACE EL REY Y JEFE DEL ESTADO?

¡ALGUIEN TIENE QUE PARAR ESTO!

Pedro, te podría insultar como fruto de mi frustración y dolor, pero creo que lo peor que puedo decirte es algo que es una triste y desgraciada realidad:

HAS SIDO NEGLIGENTE,?HAS SIDO Y ERES UN PRESIDENTE INDIGNO, pero lo peor es que LO SIGUES SIENDO a pesar de tener ya miles de muertos en tu haber, de los que a muchos los podrías haber salvado. Cada hora DE INACCIÓN supone más muertes.

Se te podría acusar de haber actuado mal y tarde, tarde y mal, y podrías defenderte diciendo que no supiste hacerlo mejor, pero Presidente, SIGUES ACTUANDO TARDE Y MAL, Y SIGUES SIENDO INDIGNAMENTE NEGLIGENTE a pesar de que oigo a verdaderos EXPERTOS en sanidad en los hospitales siendo ninguneados desde las altas instancias por aquellos compañeros nuestros de carrera de medicina que NUNCA EJERCIERON porque se dedicaron a servir a nuestro partido, el tuyo y el mío, Pedro, el PSOE, desde hace ya 40 años.

Gente tan preparada para ejercer la medicina hoy como el Gran Wyoming, o sea, nada, están al frente de altos cargos relacionados con el control de esta PANDEMIA.

Toda EspaÑa se ha recluido en sus casas respetando la cuarentena solidariamente, salvo los típicos cuatro imbeciles inevitables de siempre, incluyendo en esos cuatro imbeciles al vicepresidente Iglesias y su ansia de de protagonismo con el que te has aliado, que conviviendo con una enferma confirmada y hasta en la duda de que él mismo también esté infectado, sea como sea, pone en peligro a todo su servicio de seguridad, choferes etc para poder aparecer en los telediarios a tu lado, Pedro, que también deberías estar en cuarentena estricta e imponiendo consejos de ministro por vía teleconferencia, pero no, ni para eso tienes autoridad.

Ya hay miles de muertos, Pedro, en Madrid usan ya a modo de gigantesco frigorífico el palacio de hielo para conservar a tantos muertos a los que no se da abasto para poder incinerar.

Pedro, como te dije al principio, te mando ánimos y serenidad, pero sobre todo FUERZA Y DIGNIDAD para tomar las decisiones correctas, INCLUIDO DIMITIR Y NOMBRAR A UN COMITÉ DE EXPERTOS DE VERDAD, sin servidumbres políticas ni compromisos adquiridos. Creo que sería el único gesto que te podría salvar como persona y como ser humano. Pero, Pedro. No lo vas a hacer.

Ya nunca vas a tener mi voto, y presiento que como el mío, muchos españoles más. No quiero hablar de política, pero es inevitable hacerlo cuando sois los políticos de los que dependen tantas vidas.

Permíteme que no te diga mi nombre, porque aún me quedan unos años para la jubilación, y en el SAS, aunque ya no esté el PSOE, las redes de mando y clientelares de 40 años aún perduran amenazantes con su vuelta, y quiero tranquilidad en mis últimos años, cuando mi mujer y yo volvamos a Sevilla, si sobrevivimos y volvemos.

Adiós, Presidente, adiós, Pedro, adiós PSOE.

Un humilde médico español


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El comunismo chino tiene miedo

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Ramón Pérez-Maura.- En medio de la pandemia del coronavirus, la República Popular China ha dado una nueva muestra de la singularidad de ese régimen político. Una singularidad que demuestra la debilidad del gigante.

Esta semana hemos visto cómo el Gobierno del Partido Comunista de China ha ordenado la expulsión de aquel país de los periodistas que tenían destacados allí tres grandes diarios norteamericanos: «The New York Times», «The Wall Street Journal» y «The Washington Post». En total aproximadamente una docena de informadores. La razón sería que el régimen de Pekín acusa a los tres medios de ser agentes del Gobierno americano y esbirros del presidente Trump. Creo que lo de que el Times y el Post son esbirros de Trump es algo que la inteligencia china tiene que analizar con mucho cuidado. Eso sí que es novedad. Ése es el nivel de la verdad que difunde el régimen de Pekín. Y al tiempo que China expulsa a esos periodistas, exige un trato respetuoso y profesional para los corresponsales en Estados Unidos de los medios estatales chinos. Porque en la mejor tradición comunista, hay que respetar a quienes son los portavoces de la verdad del Estado. Y los que cuentan «la verdad» de acuerdo con los intereses de ese Estado.

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Es evidente que los corresponsales de esos tres medios norteamericanos estaban contando lo que veían en China al margen de los intereses de la Administración norteamericana. Y eso le puede parecer muy bien al Gobierno chino. Lo que no pueden soportar es que cuenten la verdad de lo que ocurre dentro de su país. El capitalismo salvaje que aplica el régimen comunista chino no alcanza a la libertad de expresión. Eso es simplemente inimaginable porque si un solo periodista chino intentase hacer al presidente Xi cualquiera de las preguntas que se hace cada día al presidente Trump, ese periodista dejaría de serlo. Puede que incluso dejase de consumir oxígeno.

Como muy bien ha dicho el columnista Walter Russell Mead («Beijing Escalates the New Cold War» WSJ. 19-03-2020) «en el pasado los comunistas se conformaban con impedir que la población china leyese lo que tiene que decir la prensa libre. Eso hoy no basta. Hoy están trabajando en construir un nuevo Telón de Acero que impida conocer lo que está ocurriendo dentro de las fronteras de China.» Porque cada vez es más difícil de mantener el equilibrio entre una pujanza económica, que permite a la población reclamar algún derecho, y la falta total de libertades que sigue poniendo el régimen chino. Es cierto que el chino es un pueblo extremadamente sumiso, que rara vez habla de sus libertades. Pero lo está haciendo de forma incansable en Hong Kong y saben que no va a renunciar a ellas en Taiwan. El afán de la China unida de reprender crea incertidumbres. Y la única forma de contestar a ellas no es con mayor libertad o escuchando a la población.

La respuesta siempre es la de la fuerza y la opresión del Estado. Y con ella se intenta imponer que la mayor sabiduría del partido debe ser reconocida siempre. Pero los medios extranjeros han estado contando e investigando errores que se han puesto de manifiesto en Wuhan, donde empezó esta pandemia todavía pendiente de una explicación. Y la solución de esta pandemia sólo se explica –hasta ahora– con la mentira. Mentira en sus orígenes y mentira en su resultado, porque por mal que lo estemos haciendo en algunos países europeos, no es creíble que ya haya más muertos en Italia que en China. Lo que hay en Italia es más medios de comunicación libres que pueden decir la verdad. Y el comunismo chino tiene mucho miedo a la verdad.


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La profecía cumplida

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Dardo Gasparre (R) El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el “problema malthusiano”.

Al filo del siglo XIX un clérigo, economista, sociólogo, demógrafo, académico y estudioso de la historia, contertulio del filósofo David Hume y seguidor de Rousseau formuló una predicción archiconocida: como la población universal aumentaba en proporción geométrica y la producción de alimentos lo hacía aritméticamente, de la proyección de las curvas surgía claramente que el hambre y las enfermedades diezmarían la sociedad.

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El libro de Thomas Robert Malthus, An Essay on the Principle of Population, logró por un tiempo preocupar y ocupar a algunos sectores intelectuales porque el argumento parecía tremendamente sólido en ese momento. Pero otros intelectuales contemporáneos del curita, como Adam Smith y David Ricardo, habían empezado a sembrar simultáneamente la semilla del Capitalismo y a predicar las ventajas de la libertad de comercio. Justamente Ricardo, amigo del autor, sostuvo con él algunos debates que anticipaban lo que luego ocurriría: la potencia del liberalismo económico haría que la innovación y el empuje empresario resolvieran el problema.

La revolución industrial trajo también la mecanización del agro, a la que se le agregó la fertilización sofisticada, que luego darían paso a la producción científica de alimentos. Los logros impresionantes de la tecnología, los primeros agroquímicos, la biogenética, el geoposicionamiento y los estudios de clima y suelo, el intercambio entre las naciones y finalmente la globalización escarnecieron al pitoniso inglés y su teoría fué sólo usada como ejemplo de fracaso, casi una burla académica, durante dos siglos.

AL BORDE DE LO IMPOSIBLE

Pero de a poco, en los últimos 70 años, comenzaron a evidenciarse síntomas de que el demógrafo podría no haber estado tan errado. Si bien la hambruna no asoló a la humanidad, las necesidades de una población creciente y demandante fueron aumentando hasta el borde mismo de lo imposible. Porque junto a los avances en la producción de alimentos, los avances del hombre lograron prolongar la vida. De 37 años en 1800, cuando escribió el reverendo Thomas su libro, a casi 80 de hoy. Y la población total pasó de menos de mil millones a 7 veces y media esa cifra. Esto agravado porque el propio Capitalismo aumentó los niveles de bienestar y acostumbró a las sociedades a un estándar de vida veinte veces superior al de fines del siglo XVIII.

Ya el problema no es comer, solamente. Véase lo que ocurre con los sistemas jubilatorios, a punto de estallar globalmente, y con todas las sociedades insatisfechas con lo que perciben. O los sistemas de salud, también saturados, mal financiados, chupándose una parte substancial de los presupuestos de todos los países, o en su defecto, desatendiendo a masas cada vez más grandes de enfermos. O la atención de los ancianos, un problema de costo y también ético tanto para el Estado como para las familias, que se ven en la disyuntiva permanente de condenar sus viejos a la extinción o atenderlos a un altísimo costo.

Las dos grandes guerras disimularon y postergaron la percepción de la gravedad del cambio, al reducir el crecimiento vegetativo de modo brutal y al paralizar las expectativas y reclamos de bienestar ante la imposibilidad de lograrlos. Pero el sendero se retomó en cuanto volvió la paz y el progreso y el crecimiento fácil cambiaron el foco de los gobernantes y gobernados.

La posterior globalización, tan poderosa y positiva en muchos aspectos, multiplicó los problemas de población, ante el desequilibrio que plantean las migraciones, una muestra extrema del problema del crecimiento demográfico y del derecho a la búsqueda del bienestar. Habrá que imaginar la visión malthusiana de estos cambios y su opinión sobre el efecto arrollador del Principle of Population.

El punto donde mejor se sintetiza ese principio es el calentamiento global y la destrucción del ecosistema, que el británico economista ni imaginó siquiera. Los recursos para la alimentación se consiguieron. Su teoría fue superada. ¿Pero a qué costo? Al oponer al poder de la naturaleza animal la fuerza de la inteligencia humana, el resultado fue la virtual quiebra del medio ambiente. Porque, además, a la necesidad elemental de alimentarse, se sumaron las necesidades creadas, la salud, la inmortalidad, el derecho al bienestar, cuando no al lujo. Los lectores que consumen árboles o kilovatios, viajeros que queman carbón y consumen oxígeno y producen monóxido, bienestar que hace subie los mares, aumenta el calor y seca las tierras, o mata las especies.

EL CORONAVIRUS

El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el problema. Pero la del covid-19, pese a no ser de las peores, amplifica la combinación de todos los efectos poblacionales. La aglomeración, las migraciones, el turismo masivo, la globalización, la velocidad, facilidad y baratura de los desplazamientos de personas, la libertad de circulación. También la pérdida de escala de los sistemas de salud, que son y serán excedidos por la fuerza de la masa humana, como temía el pastor inglés. Para peor, encuadrado en sistemas democráticos que también se prostituyeron y deterioraron hasta la ineficacia y la inutilidad a medida que las sociedades se transformaron en masas por la sola fuerza del número y los políticos en burócratas que las manejaban con pura dialéctica por conveniencia e incapacidad.

Ocurre que los recursos también han crecido geométricamente, como otrora la población, pero las necesidades ahora crecen exponencialmente. La ecuación malthusiana se está planteando nuevamente doscientos años después, pero en otra dimensión.

Encerrado en su casa y en su miedo, tigre cautivo e impotente en su jaula de zoológico decretada, el ser humano se siente de pronto inmensamente pequeño e inmensamente frágil y delega su libertad en las manos de cualquier gobierno que parezca más o menos decidido. Aflora lo peor y lo mejor de cada uno, como en toda tragedia. De pronto, hasta se siente culpable del virus, porque finalmente, el virus avanza porque hay gente, y avanzará más cuanta más gente haya.

Como si la furiosa admonición bíblica: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás a tus hijos con dolor”, en realidad no hubiera sido el auténtico castigo divino; sino que el verdadero castigo se hubiera plasmado en otra frase del Génesis: “Creced y multiplicaos”. O exponenciaos.

En algún lugar de la eternidad en la que él creía, Thomas Robert Malthus sonríe amargamente.


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