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Opinión

Laura Borràs ya está amortizada. Por Jesús Salamanca Alonso

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La formación que abanderó el 1-O está rota, dividida en bloques y llorando por las esquinas tras la suspensión de Laura Borràs como presidente del Parlamento catalán.

Cuando hablamos de políticos despreciables, incluimos ahí varios infravalores entre los que se encuentra la resistencia a marcharse del cargo, renunciar al sueldo, prescindir de numerosos privilegios, prebendas y un largo etcétera. El último caso con el que hemos tropezado es el de Laura Borràs quien, hasta ayer, era presidenta del Parlamento catalán. «Tendrán que matarme», dijo el «caballito de mar», como popularmente se la conoce entre sus compañeros de formación o simplemente «percherón» en el decir de la oposición españolista, aunque de forma cariñosa.

Borràs es presuntamente culpable hasta para sus compañeros de aventuras secesionistas, de ahí que no dudaran en su cese el PSC, la CUP y ERC. Tan solo sus compañeros de Junts, pero con gran división en la formación, mostraron su apoyo a la ya expresidenta. Y no todos. Parece que no hay más cera que la que arde: ha sido suspendida por su acusación judicial, sin más, y la apertura de juicio oral. La reacción de la ‘amiguita’ de Carlos Puigdemont ha sido más ridícula  que el peruano, Pedro Castillo, con su sombrero de cowboy trasnochado, y que ha llegado a formar cuatro gobiernos en pocos meses.

¡Qué mal llevan los políticos jóvenes eso de dimitir! Me da la impresión de que no saben conjugar el verbo, acción ésta que deberían dominar antes de tocar poder porque ellos exigían la dimisión a las primeras de cambio y si se trataba de alguien ajeno a su ideología; es más, muchos de ellos, de lo primero que informaban a los medios de comunicación era eso de «no voy a dimitir». Miren atrás y recuerden a Irene Montero, la ‘bandolera’ cuasiterrorista, Isa Serra, el propio corrupto y condenado por abuso laboral, Pablo Echenique, Mónica García, Ábalos tras la aventura aeroportuaria con Delcy Rodríguez, el amortizado Marlasca, Belarra tras su enfrentamiento con Sánchez y la exigencia de no enviar armas a Ucrania, Ramón Espinar (chico «Black»)…y así podríamos completar una amplia lista.

Hoy es un hecho que los herederos del prófugo Puigdemont están en plena guerra civil. No parecen entender que en apenas un año estarán en elecciones municipales y, si no cambian las cosas o pillan a ERC con las manos en el cajón, la formación republicana tiene una mayoría asentada en todos los sondeos elaborados. Por mucho que la CUP o el PSC se esfuercen, son los herederos de Terra Llivre quienes cortan el bacalao en Cataluña. Hasta el «botifler» Rufián acabará de concejal en su pueblo.

Quien piense que Junts puede recuperarse es que no entiende nada de la realidad. La formación que abanderó el 1-O está rota, dividida en bloques y llorando por las esquinas tras la suspensión de Laura Borràs como presidente del Parlamento catalán. Pintan bastos para la derecha catalana que se echó al monte apoyando a independentistas y formando parte del golpismo represivo catalán.

Y si la expresidenta Borràs está imputada por corrupción –delitos de prevaricación y falsedad documental, al fraccionar contratos de la Institución de las Letras Catalanas (ILC) para adjudicárselos a un amigo—añadan a ello la evidente incertidumbre que tiene en Bélgica el huido Puigdemont, incapaz de asumir sus reiteradas irresponsabilidades como lo hicieron sus consejeros y vicepresidente, además del fracaso tremendo que está cosechando en Europa su abogado, Gonzalo Boye.

La distancia ha hecho que Puigdemont haya perdido todo protagonismo en su partido, ni siquiera muchos de los suyos le apoyan ya y la Caja de Resistencia se resiente. Añadamos a ello la nula credibilidad que le otorga el Parlamento europeo. No se sorprendan si en octubre lo tenemos en España, sobre todo si se confirman las noticias llegadas ayer de Bruselas. Y dudo que, para este cobarde huido en el maletero de un utilitario, haya indulto. Ha demostrado que tiene una pedrada soberana tras conocerse su barato discurso antiespañol y golpista. «Puchi» tiene más conchas que un galápago; es decir, su hipocresía lo es en grado sumo.

Nadie puede negar los reinos de taifas existentes en Junts, como no puede negar las disputas de poder entre la amortizada Borràs y el expresidiario golpista, Jordi Turull, cada día más distantes y en disputa permanente. Lo miremos como lo miremos no se entienden la presidenta del partido y el secretario general.

Si piensan que no hay más cera que la que arde, se puede asegurar que ya ha ardido toda. La linde se ha agotado y las burradas de Laura no tienen más recorrido. Explíquenme de qué ha servido que la presidenta de la Cámara llegara a pedir la recusación del magistrado que la investiga. Fue una forma de perder y ganar tiempo, incluso un abuso innecesario. Y el colmo fue exigir que fuera juzgada por un jurado popular.

Laura Borràs está donde debe estar. Si alguien piensa que sobre ella hay algún tipo de «persecución judicial», entonces es que no se quiere enterar de la realidad. Quien la hace que la pague, se llame Laura Borràs, Pedro Sánchez o pato «Lucas».

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España

Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso

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«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»

 

Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.

Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.

¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.

Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.

Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.

Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.

Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.

Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.

Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.

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