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Liberan a la cristiana Asia Bibi de la cárcel donde estaba retenida en Pakistán

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Las autoridades de Pakistán han liberado este miércoles a Asia Bibi, una mujer cristiana condenada a muerte por «blasfemia» y absuelta la semana pasada por el Tribunal Supremo, según fuentes citadas por la cadena de televisión local Geo TV.

Bibi fue condenada a muerte por hacer presuntamente comentarios despectivos sobre el islam después de que unos vecinos se quejaran de que bebiera agua de su vaso porque no era musulmana. La mujer siempre ha negado haber blasfemado y sus representantes han defendido que mantenía una disputa con sus vecinos y que quienes la acusaron han entrado en contradicciones.

Por contra, el abogado que representa al demandante reiteró que Bibi utilizó palabras «blasfemas» para hacer referencia al profeta Mahoma. «Estas (palabras) son las mismas que los cristianos suelen usar», dijo.

Su caso ha generado malestar en los cristianos de todo el mundo y ha sido una fuente de división en Pakistán, donde dos políticos que mostraron su apoyo a Bibi fueron asesinados, uno de ellos el gobernador de Punyab, Salman Tasir, asesinado por su propio guardaespaldas.

Durante la jornada del 8 de octubre, el TLP, que tiene en el castigo de la blasfemia uno de sus principales objetivos e idolatra al guardaespaldas que asesinó a Tasir, advirtió al Supremo de que no debía mostrar «indulgencia» con Bibi. «Si hay un intento de entregarla a otro país, habrá terribles consecuencias», señaló.

Insultar al profeta Mahoma es punible con la muerte en virtud de la legislación paquistaní y las acusaciones de blasfemia provocan reacciones tan graves en la sociedad que en muchos casos es muy difícil defenderse frente a la reacción. Decenas de personas han sido asesinadas tras acusaciones de blasfemia, en ocasiones por turbas.

 

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A la Unión Europea: los mulás de Irán nunca serán vuestros amigos

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En la imagen: el centro de enriquecimiento de uranio de Isfahán en Irán
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Por Majid Rafizadeh / Gatestone Institute.- Es incomprensible hasta qué punto está dispuesta la Unión Europea a apaciguar a los mulás que gobiernan Irán. Es estupefaciente ver como la UE se alinea con el Gobierno fundamentalista de Irán en vez de apoyar a su viejo socio transatlántico, Estados Unidos.

Desde que el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del defectuoso acuerdo, el Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), los líderes de Irán han estado constantemente presionando a Europa para que hiciese más para apaciguarlos, más de lo que es capaz de ofrecer.

Primero, la UE salió con un mecanismo llamado Apoyo al Intercambio Comercial (INSTEX, por sus siglas en inglés). Su objetivo era blindar al Gobierno iraní frente a las sanciones económicas, con el fin de ayudar a sus clérigos en el gobierno —y a Europa— a obtener más ingresos.

Después, Irán se volvió más agresivo y vulneró el límite de los 300 kg de uranio enriquecido, entre otros actos malignos (aquí, aquí y aquí). El aumento del nivel de enriquecimiento era una violación flagrante del acuerdo de Irán y contrario al deseo común internacional —salvo para los ayatolás iraníes— de reducir las tensiones regionales.

La Administración Trump, clasificó con razón este acto como “chantaje nuclear”, un ejemplo de lo que equivale a un esfuerzo cada vez más desesperado y apenas velado de obligar a los europeos a convencer a Estados Unidos de que levante las sanciones contra él.

Aunque Irán ha vulnerado claramente el PACC, y aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica declaró que Irán había vulnerado el PACC, la respuesta de Europa ha sido el silencio. Tras una reunión con los ministros de Exteriores, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, dijo que EU sigue concentrada en “mantener en vigor el acuerdo”, diciéndoles a los periodistas que Europa considerará que Irán “cumple plenamente” con el acuerdo nuclear.

En vez de reaccionar al hecho de que Irán representa una enorme amenaza para sus intereses de seguridad nacional, la UE, muy probablemente, intentará trazar otras vías para ayudar a los mulás que gobiernan Irán. En los últimos años, desde que se alcanzó el PACC entre los P5+1 (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos más Alemania) y la República Islámica, el rastro de una serie de asesinatos y tramas terroristas —algunas con éxito y otras no— ha conducido a Teherán.

Una tarde de noviembre de 2017, cuando Ahmed Mola Nissi volvía andando a su casa en La Haya (Países Bajos), un asesino lo abatió a tiros delante de su casa. Nissi, ciudadano holandés de origen iraní, tenía 52 años y era una destacada figura del Movimiento de Lucha Árabe para la Liberación de Ahvaz, una organización activista que lucha por la creación de un Estado independiente en el oeste de Irán.

Por primera vez, las autoridades holandesas anunciaron públicamente que fue el Gobierno iraní quien había encargado el asesinato. Por la resistencia de Nissi al gobierno tiránico de Irán, se le puso una diana en la espalda, y se puso fin a su vida para que los gobernantes autócratas de Irán —a los que la UE apoya y protege— pudieran avanzar en sus objetivos.

La muerte de Nissi no es un caso aislado. Otro opositor político de Teherán, Alí Motamed, fue asesinado en circunstancias similares en Ámsterdam en 2015.

Las autoridades europeas también frustraron un plan terrorista cuyo objetivo era un multitudinario congreso de Free Iran en París, al que asistieron en junio de 2018 muchos oradores de alto nivel, entre ellos Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes de EEUU, Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York y John Baird, exministro de Exteriores canadiense.

Un diplomático iraní y otros individuos de origen iraní fueron enseguida detenidos en Francia, Bélgica y Alemania. Después de una exhaustiva investigación, las autoridades francesas llegaron a la conclusión de que el régimen iraní estaba detrás del plan terrorista. De haber triunfado el atentado, se habrían perdido muchas vidas humanas, pero el devastador peaje que se habría cobrado de la comunidad que lucha por los derechos humanos habría sido inconmensurable. Ahora está claro que los que defienden la libertad y los derechos humanos llevan una diana en la espalda.

Esto no fue desde luego una trama puntual en Europa. También se detectaron ataques de Irán en 2018 en Dinamarca, donde las autoridades acusaron a Teherán de intentar asesinar a uno de sus ciudadanos.

El ministro de Exteriores, Anders Samuelsen, hizo hincapié en la gravedad de la trama diciendo: “Una agencia de inteligencia iraní ha planeado un asesinato en suelo danés. Esto es completamente inaceptable. De hecho, es difícil describir la gravedad del asunto. Esto se le ha dejado cristalino hoy al embajador iraní en Copenhague”.

A pesar de estos ataques, e intentos de ataques, y a pesar de que la UE siempre está sentando cátedra moral, ésta sigue suavizando su tono hacia Irán, presumiblemente por afán por hacer negocios incluso con un país clasificado como el principal Estado patrocinador del terrorismo.

Cuanto más apacigua la UE al Gobierno iraní, más poder le da para llevar a cabo sus actividades agresivas y terroristas.

La UE tiene que dejar de apaciguar a los mulás que gobiernan Irán que se dedican constantemente a las actividades terroristas en Europa, y unirse a su viejo socio transatlántico, EEUU, para presionar aún más al Gobierno fundamentalista de Irán.

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Asia

Turquía amenaza con reactivar la crisis migratoria europea

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En la imagen, el campo de refugiados de Adiyamán en Turquía (Fuente: UNHRC).
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Por Soeren Kern / Gatestone Institute.- Turquía ha amenazado con reabrir las compuertas de la migración masiva a Europa a menos que a los ciudadanos turcos se les permita viajar sin visado a la Unión Europea. La UE accedió a la liberalización de los visados en un acuerdo migratorio con Turquía en marzo de 2016, por el que Ankara se comprometía a contener el flujo de migrantes a Europa.

Las autoridades europeas insisten en que, aunque Turquía ha reducido el flujo de migrantes, no ha cumplido todos los requisitos para la liberalización de los visados. Además, los ministros de Exteriores de la UE decidieron el 15 de julio paralizar las conversaciones de alto nivel con Ankara como parte de las sanciones por la perforación petrolífera y de gas en la costa de Chipre.

En una entrevista con el canal de la televisión turca TGRT Haber el 22 de julio, el ministro de Exteriores turco, Mevlut Çavuşoğlu, dijo que Turquía estaba dejando de cumplir el acuerdo migratorio porque la UE no había honrado su promesa de conceder el acceso sin visado a los ciudadanos turcos para los 26 países europeos. “Hemos suspendido el acuerdo de readmisión. No nos vamos a quedar esperando en las puertas de la UE”, dijo.

Un día antes, el ministro del Interior turco, Süleyman Soylu, acusó a los países europeos de abandonar a Turquía a su suerte con el problema migratorio. En unas declaraciones publicadas por la agencia de noticias estatal, Anadolu, advirtió: “Nos estamos enfrentando a la mayor ola migratoria de la historia. Si abrimos las compuertas, ningún gobierno europeo podrá sobrevivir más de seis meses. Les aconsejamos que no pongan a prueba nuestra paciencia”.

El acuerdo migratorio, que entró en vigor el 1 de junio de 2016, fue negociado apresuradamente por los líderes europeos, desesperados por controlar una crisis en la que más de un millón de inmigrantes entraron en Europa en 2015.

Bajo el acuerdo, la UE se comprometió a pagar a Turquía 6.000 millones de euros, conceder la exención de visado para viajar a Europa a los 82 millones de ciudadanos turcos y reiniciar las conversaciones sobre el ingreso de Turquía en la UE. A cambio, Turquía accedió a frenar el flujo de inmigrantes a Europa, además de volver a aceptar a todos los inmigrantes y refugiados que llegaron ilegalmente a Grecia desde Turquía.

Turquía acoge actualmente una cifra estimada de 3,5 millones de inmigrantes y refugiados, principalmente sirios, iraquíes y afganos. Muchas de estas personas, presumiblemente, emigrarían a Europa si les dieran la oportunidad de hacerlo.

En respuesta a los comentarios de Çavuşoğlu, la portavoz de la UE, Natasha Bertaud, insistió en que el cumplimiento de Turquía de su acuerdo con la UE sigue siendo una condición para la liberalización de los visados.

Las autoridades turcas han acusado varias veces a la UE de no cumplir su parte del trato, especialmente en lo relativo a la liberalización de los visados y el acceso a la UE.

Bajo el acuerdo, los funcionarios europeos prometieron tramitar por la vía rápida la exención de visados para el acceso de los ciudadanos turcos a la zona Schengen, de libre tránsito, antes del 30 de junio de 2016, y reiniciar las conversaciones paralizadas sobre el ingreso de Turquía en la UE para finales de julio de 2016.

Para poder acceder a la exención del visado, Turquía tenía hasta el 30 de abril de 2016 para cumplir 72 condiciones, entre ellas: adaptar los pasaportes europeos a las normas de seguridad de la UE; compartir información sobre documentos falsificados y fraudulentos para viajar a la UE; y conceder permisos de trabajo a los inmigrantes no sirios en Turquía.

Los funcionarios europeos dicen que, aunque Turquía ha acatado la mayoría de las condiciones, no ha cumplido la más importante: suavizar sus rigurosas leyes antiterroristas, que se están utilizando para silenciar a los críticos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Desde el fallido golpe de Estado turco el 15 de julio de 2016, más de 95.000 ciudadanos turcos han sido arrestados y al menos 160.000 funcionarios públicos, profesores, periodistas, policías y soldados han sido despedidos o suspendidos en varias instituciones gubernamentales.

En respuesta a la purga, el Parlamento Europeo pidió, el 13 de marzo de 2019, que se suspendieran las negociaciones entre la UE y Turquía sobre el ingreso de ésta. “Aunque el proceso de ingreso en la UE fue al principio una fuerte motivación para las reformas en Turquía, se ha producido una absoluta regresión en los ámbitos del Estado de derecho y los derechos humanos durante los últimos años”, según el texto adoptado.

A Turquía se le prometió por primera vez el ingreso en la UE en septiembre de 1963, cuando firmó un “Acuerdo de asociación” con el objetivo de establecer una unión aduanera para allanar el camino a un futuro ingreso en la UE. Turquía solicitó oficialmente el ingreso en la UE en abril de 1987, y las conversaciones empezaron en octubre de 2005.

Las conversaciones sobre el ingreso de Turquía en la UE llegaron a un punto muerto en diciembre de 2006, después de que el Gobierno turco se negara a abrir los puertos y aeropuertos turcos al comercio de Chipre. Desde entonces, las conversaciones han sido intermitentes, pero el proceso se ha estancado a causa de la oposición política de Francia y Alemania, entre otros.

Si Turquía se uniera a la UE, superaría a Alemania como mayor país de la UE en términos de población. En consecuencia, el mayor Estado de la UE sería musulmán. Algunos funcionarios europeos han advertido de que el ingreso de Turquía causaría una “implosión” en Europa y su “islamización”.

El expresidente francés Nicolas Sarkozy ha dicho que Turquía no tiene cabida en la UE. En una entrevista en febrero de 2016 con el canal informativo francés iTélé, expresó una opinión presumiblemente compartida por muchos europeos:

“Turquía no tiene cabida en Europa. Siempre me he adherido a esta postura, se basa en el sentido común. Esto no significa que yo tenga nada contra los turcos. Los necesitamos, son nuestros aliados en la OTAN. Pero si empezamos a explicarlo —que Turquía está en Europa—, habrá que decirles a los alumnos de los colegios europeos que las fronteras de Europa están en Siria. ¿Qué sentido tiene eso? No es sólo eso. ¿Cuál es la idea que explica Europa? Europa es una unión de países europeos. La pregunta es muy simple, incluso en sentido geográfico: ¿es Turquía un país europeo? Turquía sólo tiene una orilla del Bósforo en Europa. ¿Puede considerarse Turquía un país europeo en términos culturales, históricos y económicos? Si decimos eso, es que queremos la muerte de la Unión Europea”.

El 9 de mayo de 2019, Erdogan dijo que Turquía estaba comprometida en unirse a la UE. Un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores turco decía:

“Turquía sigue comprometida con su objetivo de ser miembro de la UE y prosigue en sus esfuerzos en este respecto […] Lo que esperamos de la UE es que trate a Turquía en pie de igualdad con otros países candidatos y que elimine las barreras políticas que se interponen en las negociaciones de lo que se supone que es un proceso técnico […]

Aunque las negociaciones sobre nuestro ingreso están bloqueadas políticamente, Turquía sigue decidida en sus esfuerzos para alinearse con las normas de la UE. En la reunión de hoy, hemos expuesto los actuales desarrollos en Turquía y acordado los pasos que se tomarán en el próximo periodo.

El término del proceso de liberalización de los visados que permitirá a nuestros ciudadanos viajar a la zona Schengen sin visado es nuestra prioridad”.

Aun si Turquía cumpliera con todas las demandas de la UE, parece improbable que los ciudadanos turcos vayan a conseguir la exención de los visados en un futuro próximo. El 15 de julio, los ministros de Exteriores de la UE vincularon oficialmente el progreso de las relaciones entre Turquía y la UE a Chipre. Una medida adoptada por el Consejo Europeo el 15 de julio establece:

“El Consejo lamenta que, pese a los reiterados llamamientos de la Unión Europea para que Turquía ponga a fin a sus actividades ilegales en el Mediterráneo oriental, ese país ha continuado con sus operaciones de perforación al oeste de Chipre y ha iniciado una segunda operación de perforación al nordeste de Chipre en aguas territoriales chipriotas. El Consejo reitera las graves consecuencias negativas que tales acciones ilegales tienen de forma inmediata para el conjunto de las relaciones entre la UE y Turquía. El Consejo vuelve a hacer un llamamiento a Turquía para que se abstenga de tales acciones, actúe con espíritu de buena vecindad y respete la soberanía y los derechos soberanos de Chipre de conformidad con el Derecho internacional […].

En vista de las constantes y renovadas actividades ilegales de perforación realizadas por Turquía, el Consejo decide suspender […] las reuniones ulteriores de los diálogos de alto nivel entre la UE y Turquía.

El Consejo aprueba la propuesta de la Comisión de reducir la ayuda preadhesión a Turquía correspondiente a 2020”.

Quizá esté justificado que los funcionarios europeos adopten una postura dura contra Turquía, pero Ankara está en condiciones de generar un caos para la Unión Europea si opta por hacerlo. De hecho, Europa parece atrapada en una situación de la que no podrá salir airosa.

Si la UE aprueba la exención del visado, decenas de millones de turcos obtendrán inmediatamente un acceso sin trabas a la zona de libre tránsito de Europa. Los críticos de la liberalización del visado temen que millones de ciudadanos turcos puedan acabar emigrando a Europa. La revista austriaca Wochenblick informó de que 11 millones de turcos están viviendo en la pobreza y que “muchos de ellos están soñando con mudarse a la Europa central”.

Otros creen que Erdogan ve la exención del visado como una oportunidad para “exportar” el “problema kurdo” turco a Alemania. Markus Söder, líder de la Unión Social Cristiana, partido bávaro hermano de la Unión Demócrata Cristiana de la canciller Angela Merkel, advirtió de que millones de kurdos están preparados para aprovechar la exención de visado para huir a Alemania y escapar de la persecución a manos de Erdogan. “Estamos importando un conflicto interno turco. Al final, llegarán menos inmigrantes por barco, pero llegarán más por avión”.

Por otra parte, si la UE rechaza la exención del visado, y Turquía se venga reabriendo las compuertas migratorias, son potencialmente cientos de miles de inmigrantes de África, Asia y Oriente Medio los que podrían volver a fluir hacia Europa.

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La nueva y violenta cultura política de Turquía

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En la imagen, Kemal Kılıçdaroğlu.
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Por Burak Bekdil.- En la mayoría de los países civilizados, los ciudadanos acuden a las urnas el día de las elecciones —sean al Parlamento, a la presidencia o municipales—, votan, se van a casa y ven los resultados y se van a trabajar al día siguiente, algunos contentos y otros decepcionados, a vivir en paz hasta las elecciones. No en Turquía, donde cualquier competición política parece una guerra en vez de una simple contienda electoral.

Una de las razones es el dominio de la política identitaria en un país muy arraigado en la década de 1950, cuando Turquía se convirtió en un sistema multipartidista. La lucha entre “nosotros” y “ellos” se ha mantenido desde entonces. En el núcleo de la cuestión se encuentra una cultura que programa a unas masas poco educadas (en Turquía la tasa de escolaridad es de 6,5 años) para a) convertir al “otro”, y si eso no es posible, b) herir físicamente al “otro”. La profunda polarización social desde que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del presidente Recep Tayyip Erdogan llegó al poder en 2002 ha crecido a unos niveles escalofriantes.

Ninguno de los incidentes que denuncian los periodistas de la oposición hoy es una coincidencia. En septiembre de 2015, por ejemplo, un enfurecido grupo de seguidores del AKP atacó la redacción de Hürriyet, el principal periódico de Turquía, en aquel momento un medio de la oposición. Destrozaron las ventanas del edificio con palos y piedras, y la muchedumbre coreó: “Alá Akbar” (Alá es grande), como si estuviesen en una guerra religiosa. De hecho, pensaban que lo estaban, porque en aquel momento, Hürriyet era un periódico laico crítico con Erdogan. Durante mucho tiempo, las fuerzas de seguridad vigilaron los incidentes con un solo cuerpo de policía. La multitud retiró la bandera del Grupo Doğan (entonces propietario de Hürriyet) y la quemó. Tras pedirlo varias veces, se mandaron refuerzos policiales. El vicepresidente AKP en Estambul y el líder de la sección juvenil del partido, Abdürrahim Boynukalın, estaban entre la multitud. Anunció en su cuenta de Twitter: “Estamos protestando contra las noticias falsas delante del Hürriyet y estamos recitando el Corán por nuestros mártires”. Era una yihad: atacar un periódico…

Un mes después, Ahmet Hakan, destacado columnista de Hurriyet y presentador de CNN Turquía, estaba delante de su casa. Cuatro hombres en un coche negro lo habían seguido desde el estudio de televisión antes de ser atacado cerca de su domicilio. Hakan tuvo que ser atendido porque le habían roto la nariz y algunas costillas. Sólo un mes después de estos incidentes, Erdogan había acusado al propietario de Hürriyet de “amar los golpes de Estado” y tachó a sus periodistas de “charlatanes”.

En octubre de 2016, el Directorio de Asuntos Religiosos de Turquía, o Diyanet, emitió una circular para la formación de “secciones juveniles” que se asociarían a las decenas de miles de mezquitas del país. Al principio, esas secciones juveniles se formaban en 1.500 mezquitas. Pero, con el nuevo plan, 20.000 tendrían secciones juveniles para 2021, y al final 45.000, en lo que parece ser una “milicia de mezquitas”.

Después está el curioso caso de Alperen Hearths, una organización apasionadamente pro Erdogan que aúna el racismo panturquista con el islamismo, el neootomanismo y el antisemitismo. En 2016, Alperen amenazó con violencia contra el desfile del orgullo gay de Estambul. El líder de Alperen en Estambul, Kürşat Mican, dijo:

“No se va a consentir que los degenerados lleven a cabo sus fantasías en esta tierra […]. No somos responsables de lo que suceda a partir de ahora […]. No queremos que la gente vaya por ahí medio desnuda con botellas de alcohol en la mano en esta ciudad sagrada regada por la sangre de nuestros antepasados”.

La oficina del gobernador de Estambul prohibió después el desfile.

En otra ocasión, en 2016, varios miembros de Alperen protestaron delante de una de las sinagogas más importantes de Estambul para condenar las medias de seguridad de Israel tras un atentado mortal en el Monte del Templo que dejó dos policías israelíes muertos. “Si impedís nuestra libertad de rezar allí [en la mezquita Al Aqsa de Jerusalén], entonces os impediremos a vosotros la libertad de rezar aquí [en la sinagoga Neve Shalom de Estambul]”, decía un comunicado de Alperen. “Nuestros hermanos [palestinos] no pueden rezar allí. Poner detectores de metales es hostigar a nuestros hermanos”. Algunos jóvenes de Alperen dieron patadas a las puertas de la sinagoga y otros tiraron piedras al edificio.
Los últimos tiempos no han sido más pacíficos. El 31 de marzo, cuando los turcos fueron a las urnas para elegir a sus alcaldes, la violencia de un solo día se cobró seis vidas y dejó 15 heridos por palos, cuchillos, bates y armas de fuego. Unos días después aumentó el número de muertos.

En una muestra de violencia de lo más espectacular, los admiradores de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, casi lincharon en abril a Kemal Kılıçdaroğlu, el líder del principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP). En abril, Kılıçdaroğlu fue a una pequeña localidad de las afueras de Ankara para asistir al funeral de un soldado que murió en combate durante un enfrentamiento con milicianos kurdos separatistas. Durante el funeral, fue atacado por una muchedumbre nacionalista y tuvieron que llevarlo a una casa cercana para protegerlo. En un vídeo del incidente que circuló en las redes sociales, se veía a una turba empujando y dando puñetazos a Kılıçdaroğlu cuando se abría paso entre la multitud. Después de que se lo hubieran llevado a un lugar seguro, la tuba lo rodeó y gritó: “¡Quememos la casa!” El hombre que le dio el puñetazo al líder de la oposición resultó ser un miembro oficial del AKP.

El atacante, Osman Sarıgün, estuvo brevemente detenido y fue puesto en libertad de inmediato. Al día siguiente, era un héroe. Los seguidores de Erdogan fueron en masa a su granja para besarle las manos a la manera siciliana, baccio la mano, para presentarle sus mayores respetos por atacar físicamente a un líder de la oposición.

Al parecer, cada caso de violencia política impune cometido en nombre de la ideología estatal predominante (el islamismo) y su sacrosanto líder (Erdogan) anima al siguiente. En mayo, un periodista crítico con el Gobierno de Erdogan y sus aliados nacionalistas fue hospitalizado tras ser atacado delante de su casa. El periódico Yeniçağ dijo que cinco o seis personas dieron una paliza al columnista Yavuz Selim Demirağ con bates de béisbol después de salir en un programa de televisión. Los atacantes huyeron del lugar en un vehículo.

Todo le iba milagrosamente bien a Göknur Damat, una especialista en belleza de 34 años a la que le había sido diagnosticado un cáncer de mama. En 2017, salió en un programa de televisión y, sollozando, le contó al público que los médicos le habían dicho que no iba a vivir más de seis meses. Se ganó la simpatía de Erdogan (y otras personas) y la invitaron a conocer al presidente, que desde entonces la llamó su “hija adoptada”. Ahora es la niña mimada de todos los seguidores del AKP. Su negocio prosperó y, aún mejor, ganó milagrosamente su batalla contra el cáncer. Sin embargo, hace poco cometió un error.

Donó 20 liras (unos 3,5 dólares) a la campaña electoral del candidato de la oposición que se presentaba a la alcaldía de Estambul. Y lo que es peor: de algún modo la opinión pública se enteró de su donativo, y miles de seguidores de Erdogan preguntaron: “¿Cómo es que la hija adoptiva de nuestro presidente ha donado a la campaña de la oposición?”. Hace poco, al salir de su casa, un desconocido se le acercó y le preguntó: “¿Conque eres tan valiente?” y la apuñaló en la pierna. El atacante, como la mayoría de los demás, sigue sin ser localizado.

Turquía nunca fue Dinamarca o Noruega en madurez política, tolerancia y cultura, pero se está acercando peligrosamente a uno de sus vecinos del sur o del este.

Fuente: Gatestone Institute

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