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Salud

Médicos… y falsos médicos

Redacción

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Ramiro Grau Morancho.- Todo el mundo se gana la vida como puede, faltaría más. Pero sin “invadir” el campo de actuación de profesiones existentes, y legalmente reconocidas, que no todo el monte es orégano, ni hemos convivido en la misma casa.

Viene esto a cuento de un falso médico, extranjero, sudamericano, para más señas, del que me reservo el nombre y apellidos, por ahora, si bien es cierto que oculta su primer apellido con la primera letra del mismo, seguida de un punto, lo que dificulta la localización de datos sobre el personaje –más bien personajillo-, en esa moderna portería universal que es Internet.

Pero a poco que escarbas ves que va dejando un reguero de deudas por donde pasa, lo que incluye demandas judiciales, ejecuciones, publicación de edictos en los boletines oficiales, dado su “ignorado” paradero, etc. Vamos, un pájaro de cuidado, de mucho cuidado.

El hombre se las da de médico, se hace llamar doctor, y tiene un diplomado colgado en la tienda donde atienda a los incautos que pican, de “Post-Grado en Medicina Naturista” por la Universidad de Zaragoza, 1999-2001.

Supongo que ese postgrado se impartiría en la Facultad de Medicina, aunque también pudiera ser en Veterinaria, o incluso en la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo, dada la afición de los centros a crear “estudios propios”, con los recaudar dinero y poder enchufar a más aspirantes a profesores, que la mies es mucha, y los alumnos, pocos.

Pero, ¿es lo mismo haber cursado un postgrado que una carrera de seis años, como era la antigua licenciatura en medicina?

Desconozco los requisitos de acceso a ese postgrado, e incluso no sé si actualmente se sigue impartiendo o no, y qué nivel de estudios o formación previa exigía o exige para su realización, pero lo que si tengo claro es que este señor se dedica a dar masajes, en un local del que dice ser “director” (a fantasma no le gana nadie), aunque no he visto allí trabajando a nadie más que a él, y a una hija suya, que hace funciones de recepcionista.

Y que no da recibo alguno por el servicio prestado, con lo cual todos los ingresos son en “b”, o dinero negro. Cincuenta euros por masaje, dicho sea de paso. Eso como mínimo.

Este señor no es médico; mucho menos, médico rehabilitador. Ni fisioterapeuta titulado. Al menos no hay título alguno que lo acredite, únicamente el famoso postgrado en medicina naturista, por la Universidad de Zaragoza, repito.

La Universidad de Zaragoza, ¿no debería reflexionar sobre estos postgrados que lo único que sirven es para favorecer el intrusismo en las profesiones sanitarias de médico y fisioterapeuta de unos simples “prácticos”, llamados masajistas, pero que se rodean de toda la parafernalia propia de los hospitales, con su bata blanca, su auto denominación de doctor, médico, etc?

Por último, pero no menos importante: ¿los colegios de médicos y fisioterapeutas no deberían investigar estos casos, y actuar en consecuencia? ¿O es que solo sirven para recaudar unas cuotas, cada día más elevadas, a cambio de nada, o casi nada?

*Abogado, profesor universitario de Derecho y académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

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2 Comments

2 Comments

  1. Avatar

    Adolfo

    07/07/2019 at 13:38

    Por desgracia, y en el mundo sanitario, hay muchos aprovechados, que no son del gremio, ni tienen estudios, formación o preparación, Y SE DEDICAN ÚNICAMENTE A SACARLES EL DINERO A LA GENTE.
    Los colegios profesionales respectivos, y la propia policía,guardia civil, etc., DEBERÍAN ACTUAR EN CONSECUENCIA.

  2. Avatar

    Adolfo

    26/10/2018 at 16:08

    Por desgracia, y en el mundo sanitario, hay muchos aprovechados, que no son del gremio, ni tienen estudios, formación o preparación, Y SE DEDICAN ÚNICAMENTE A SACARLES EL DINERO A LA GENTE.
    Los colegios profesionales respectivos, y la propia policía,guardia civil, etc., DEBERÍAN ACTUAR EN CONSECUENCIA.

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Salud

Qué puede cambiar en una familia cuando se trabaja desde dentro

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Cuando una familia repite los mismos conflictos una y otra vez, no es porque no se quieran o no se esfuercen. Muchas veces, es porque no logran ver qué está pasando realmente. Las emociones se cruzan con los roles, las rutinas con las expectativas, y lo no dicho empieza a pesar más que lo que se habla. En esos casos, acudir a terapia familiar en Madrid puede marcar una diferencia real.

Especialmente cuando se hace en espacios profesionales como Sampai Salud, donde el acompañamiento es cercano, sin juicios, y enfocado en desbloquear dinámicas que ya no funcionan.

Qué es realmente la terapia familiar

A diferencia de otros enfoques, la terapia familiar no se centra solo en un miembro del grupo. Trabaja con el sistema completo: padres, hijos, parejas, incluso miembros que ya no viven en casa pero que siguen influyendo. Se exploran los vínculos, los patrones de comunicación, los silencios, los síntomas y las historias que se arrastran.

No se trata de buscar culpables, sino de entender por qué se repiten ciertos choques, qué emociones no encuentran lugar y qué necesidades no están siendo vistas. En muchos casos, un problema visible (como la rebeldía de un adolescente o la ansiedad de un niño) es la forma que tiene la familia de expresar algo que no se puede decir de otro modo.

Cómo trabaja un centro como Sampai Salud

El equipo profesional trabaja desde una mirada sistémica, que permite ver el problema como parte de una red más amplia. No se busca reparar lo roto, sino fortalecer lo que sí funciona, lo que ya está disponible.

Las sesiones pueden ser con todos los miembros o en formato individual, según la etapa del proceso. Se trabaja con la escucha activa, con preguntas que abren, con ejercicios sencillos que ayudan a tomar perspectiva. También se acompaña en momentos de transición: separaciones, mudanzas, duelos, llegada de un nuevo miembro, enfermedad o cambios escolares.

La intervención es respetuosa, sin forzar, y siempre adaptada a las particularidades de cada núcleo familiar.

Cuándo es útil buscar apoyo

Muchas familias esperan a que el conflicto escale. Pero también se puede acudir cuando hay tensión no resuelta, cuando la comunicación se ha vuelto cortante o cuando uno de los miembros empieza a mostrar señales de malestar sostenido: insomnio, irritabilidad, tristeza, aislamiento.

Otros motivos comunes para iniciar un proceso de terapia familiar en Madrid incluyen dificultades en la convivencia, rivalidad entre hermanos, límites difusos entre padres e hijos o diferencias educativas entre los progenitores.

No hace falta tener una crisis para pedir ayuda. A veces, lo que hace falta es un espacio neutral donde escucharse de otra forma.

 

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