Opinión
Méritos de la Falange
De los cuatro partidos o familias del franquismo es probable que haya sido la Falange el que ha sufrido mayores ataques, debido a que sus afinidades con el fascismo (italiano) la hacían más vulnerable después de la guerra mundial. Sin embargo gran parte de esos ataques son puras calumnias o explotan defectos y fallos que ocurren en cualquier sistema social, de modo que si hacemos un balance, creo que los méritos pesan mucho más que los defectos. La Falange era quizá la familia o partido con mayor sensibilidad social, muy endeble en los demás y mayormente reducida a lo que llamaban caridad. No podemos despreciar esa caridad, puesto que se manifestaba en la red de asilos, orfanatos y hospitales mantenidos por la Iglesia, pero también es verdad que aceptaba una inferioridad de posición y condiciones de gran parte de la población, que no mejoraba al conjunto de la sociedad. El propósito de la Falange era una mejora de las condiciones generales contra, precisamente, los aspectos más viciosos y paralizantes de ese concepto de la caridad, denostado no sin razones.
Destacaré tres grandes méritos de la Falange, entre otros: 1) La Seguridad Social, a ella debida principalmente, y una de cuyas manifestaciones fue un aumento espectacular de la esperanza de vida al nacer, que a su vez condensaba otras mejoras diversas, como la de la vivienda. 2). La gran labor de la Sección femenina en la promoción profesional, el nivel de estudios, la higiene y los conocimientos generales de millones de mujeres, y la rápida caída de la mortalidad infantil. 3) La División Azul, que protagonizó la mayor gesta militar exterior española de los últimos dos siglos, combinando un espíritu realmente heroico, cada vez más reconocido, con una conducta humanitaria hacia la población civil. La Falange destacó también en las duras condiciones de posguerra en mantener el espíritu que terminó por derrotar las presiones y el aislamiento exterior.
No deja de sorprender la escasísima capacidad de los falangistas, desde la transición, para recordar estas y otras cosas, permitiendo que fueran sus enemigos quienes escribieran a su modo la historia del movimiento, a base de destacar los elementos más negativos. José Antonio, muy consciente de la importancia de la lucha cultural e ideológica, trató de formar en torno a él un círculo intelectual de alto nivel, cosa que no logró del todo, aunque sí en parte. Creo que él mismo lamentable el estilo algo ramplón de muchos de sus seguidores, poco dotados para la poesía o el pensamiento. La literatura, y en general la labor intelectual falangista, mejor o peor, espera un tratadista ecuánime.
Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
