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Ciencia Y Tecnología

Retiran los títulos honoríficos al Nobel de Medicina James Watson por asociar etnias e inteligencia

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James Watson, en una imagen de archivo.
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La corrección política llega a la ciencia. El laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL, por sus siglas en inglés) de Nueva York retiró el título de rector emérito, profesor emérito y consejero honorario al ganador del Premio Nobel de Medicina James Watson por unos comentarios calificados de “xenófobos” en los que asociaba raza e inteligencia.

En un comunicado que recogen este lunes los medios locales, la sociedad científica deploraba las declaraciones del científico de 90 años en un documental de la cadena PBS titulado “American Masters: Decoding Watson”, en las que insistía en relacionar etnias e inteligencia, afirmando que las diferencias en el cociente intelectual entre los caucásicos y otras razas estaban reflejadas en el ADN.

“CSHL rechaza inequívocamente las opiniones personales no corroboradas y temerarias del doctor James Watson”, señala la misiva difundida en la página web de la institución, que asevera que esas afirmaciones son “reprobables, no sostenidas por la ciencia y que de ninguna manera representan las opiniones de CSHL, sus consejeros y demás miembros”.

No se trata de la primera vez que emite comentarios racistas Watson, ganador junto a Francis Crick en 1962 del premio Nóbel de Fisiología y Medicina por descubrir la estructura de doble hélice del ADN, el ácido desoxirribonucleico.

En una entrevista con el rotativo inglés Sunday Times en 2007, Watson se declaró “pesimista” sobre el desarrollo económico en África.

“Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra… cuando todos los estudios dicen que no es así. (…) La gente que tiene que tratar con empleados negros se dan cuenta de que no es verdad”, explicó entonces.

Si bien se retractó de estas declaraciones, la institución considera que lo afirmado en el documental emitido el pasado 2 de enero insisten en sus ideas racistas, por lo que retiran el valor de su disculpa.

Aunque el CSHL reconoce el importante legado de Watson, uno de los descubridores de la estructura en hélice del ADN, “sus afirmaciones en el documental son total y completamente incompatibles con nuestra misión, valores y políticas y se requiere cortar de raíz cualquier vestigio de su intervención” en la institución.

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Cara a Cara

Juan Carlos Izpisúa: “Estamos a las puertas de una revolución biomédica donde podremos hacer otro ser humano, otra especie”

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Desde que terminó su doctorado en Bioquímica y Farmacología, Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), ha recorrido el mundo trabajando en el campo de la biología del desarrollo. Desde su laboratorio, contribuye a la creación de nuevas fronteras en la regeneración de órganos y tejidos y en frenar el envejecimiento.

¿Envejecer es completamente inevitable?

No, digamos que es negociable según la manera en la que interaccionamos con el medioambiente. El genoma de una persona hace cien años es el mismo que ahora, pero ha habido un aumento de treinta años en la esperanza de vida.

Si miramos una colonia de hormigas, la reina y las obreras tienen el mismo genoma, pero su comportamiento, su interacción con el ambiente, lo que comen –lo que marcaría su epigenoma– es distinto; de ahí que vivan una cantidad de tiempo muy diferente.

Gracias a la reprogramación celular, en 2016 consiguió alargar la vida de ratones, ¿en qué punto se encuentra la investigación para frenar el envejecimiento?

Todo va muy despacio. Aunque llevamos muchos años tratando de ralentizar el envejecimiento, no pensábamos que se podía revertir –es decir, rejuvenecer–. Quizás nuestro experimento de 2016 fue la primera vez. Sin embargo, todavía nos falta tiempo para entender bien qué fue lo que hicimos exactamente.

De momento, parece que cambiamos la epigenética del animal, no su genética. De ahí que hoy pensemos que esta información es fundamental para entender el envejecimiento.

El concepto de inmortalidad es ciencia-ficción hoy, pero ¿viviremos más y mejor?

No se trata de vivir más tiempo, sino de que nuestra vida sea más saludable, especialmente en los últimos años. Las estadísticas son claras: la cantidad de dinero que gastamos en nuestro último año de vida en la Seguridad Social equivale a todo lo que hemos gastado en los años anteriores.

El envejecimiento es el mayor factor de riesgo de enfermedad, así que si entendemos mejor ese proceso de degeneración, haremos que las patologías tarden más en aparecer o no sean tan drásticas.

¿Y será posible una vacuna contra el envejecimiento?

En un plazo no muy largo tendremos el conocimiento sobre aquellos factores que contribuyen a un envejecimiento más saludable. Y se podrán modificar en el laboratorio. No será tanto como una inyección o una vacuna, sino algo mucho más complejo. Pero estoy totalmente convencido de que en los próximos años vamos a poder mejorar el proceso del envejecimiento y retrasar la aparición de la enfermedad en la especie humana.

España es un país donde la donación de órganos es modélica y se empiezan a tener datos sobre cómo los órganos pueden vivir más de cien años gracias a los trasplantes. Se están haciendo experimentos consistentes en trasplantar en serie el mismo riñón en animales para ver cuánto tiempo pueden vivir y se está viendo que el ambiente influye muchísimo sobre la salud y el envejecimiento del órgano y, por lo tanto, del organismo. Y se trata de mejorar ese aspecto, no de ser inmortales.

¿Y cómo estamos en España en ese sentido?

La esperanza de vida aquí es mucho más alta que en EE UU. Uno de los motivos es que posee uno de los mejores sistemas sanitarios, que permite ir al médico sin tener que costearlo de forma privada. Eso hace que diagnóstico, prevención y tratamiento sean mucho más accesibles que en otras sociedades donde la seguridad social no es la misma.

La ironía es que en cuanto a la investigación –y la cura empieza en los laboratorios– es uno de los países donde hay menos apoyo. Es algo muy difícil de entender para mí ya que desarrollo mi actividad principalmente en EE. UU. donde la investigación desempeña un papel importante. Apoyar la investigación básica necesita de una cultura que nuestra generación desgraciadamente no ha experimentado. Esto no pasa con la investigación aplicada, en la que todos somos conscientes de su función.

Ya tenemos por primera vez en nuestro planeta dos niñas que poseen capacidades que están ausentes en la población. ¿Esperaban que pasara algo así en China?

Hace dos años en nuestro laboratorio hicimos el mismo experimento pero no lo llevamos a un ser humano. Fuimos los primeros en hacer esa modificación para prevenir la muerte súbita pero decidimos que esos embriones no se implantarían en la madre. Dos años después se han implantado. Era previsible que ocurriera.

Pertenece al comité de la Academia de Ciencias de EE.UU. ¿Será suficiente el aplazamiento global de cinco años para las aplicaciones clínicas de la edición genética en óvulos, espermatozoides y embriones humanos?

Hace un par de años elaboramos una serie de normas y me di cuenta de la diversidad cultural al llevarlo a otras sociedades. Estoy de acuerdo que en que se debe regular, pero el conocimiento no lo para nadie. Por eso estoy convencido de que modificaremos nuestras capacidades físicas e intelectuales. Y si se usa apropiadamente no será un problema sino un beneficio para la humanidad.

¿Qué se puede hacer para que la sociedad entienda la importancia de CRISPR (secuenciación del ADN) y no tenga miedo de su investigación?

Tecnologías como CRISPR ya están ayudando a que personas que iban a morir mañana, dejen de hacerlo. Pero no sabemos todavía todas las consecuencias que conlleva cortar el ADN; cualquier acto médico tiene riesgos y hay que poner en la balanza lo positivo y lo negativo.

Si no se toca la línea germinal no veo ninguna barrera ética que superar. Pero si se hace, es decir si se va a quedar permanente y pasar a las próximas generaciones, entonces desconocemos totalmente qué es lo que ocurrirá.

¿Se llegarán a curar algunas enfermedades?

Estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir. En mi campo concreto estoy convencido de que vamos a vivir un poco más tiempo y lo vamos a hacer con mejor salud.

¿Seremos capaces de regular los baremos éticos y morales?

La primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético.

Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados.

En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros.

Pero sí se espera que se generen desigualdades con la aplicación de CRISPR…

Cualquier progreso ha traído desigualdades al principio. Pero después se han equilibrado. Quizás uno de los avances más importantes en el mundo biomédico son las vacunas, que ahora mismo están extendidas por todo el mundo (y los países que más se benefician son precisamente los más pobres).

Pero si no se hace apropiadamente, estoy convencido que el poder modificar nuestro genoma generará unas desigualdades y una sociedad mucho peor que la que se está intentando arreglar hoy en día.

Obviamente en principio lo que se genere va a ser un conocimiento privado. ¿Y cómo nos vamos a beneficiar las personas que no podamos pagar por ese tratamiento? Es un problema que no soy capaz de resolver. Quizás en un país como España, en el que la sanidad es pública, deberíamos ser más conscientes de que el conocimiento tiene que ayudarnos a todos por igual.

El pasado año la revista Time le reconoció como una de las 50 personas más influyentes de 2018 en salud.

No sé bien lo que significa ‘ser influyente’. Lo más importante es que hagamos nuestro trabajo lo mejor que podamos. Lo que opinen otros es irrelevante. Uno tiene que estar a gusto con lo que hace.

En su ciudad natal le han puesto su nombre a un instituto, ¿qué les diría a los chicos y chicas en España que se plantean una carrera investigadora?

La educación de los niños es muy importante. Son ellos los que van a decidir qué va a ser la humanidad en 20 años. Hay que decirles lo que está ocurriendo en el laboratorio para que los políticos o administradores que salgan de esa generación puedan regular toda esta tecnología de forma adecuada. En sus manos está el futuro de la humanidad.

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Ciencia Y Tecnología

Científicos españoles informan de que han creado embriones de mono con células humanas

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Investigadores españoles dirigidos por el bioquímico Juan Carlos Izpisúa aseguran haber creado embriones de mono con células humanas, según ha informado el diario El País. Según este medio, la investigación se habría realizado en China para sortear los impedimentos legales que hubiera tenido en EE.UU. (donde trabaja actualmente Izpisúa) o en España (donde trabajan los coautores del trabajo, de la Universidad Católica de Murcia o UCAM). El objetivo último del proyecto es obtener órganos para trasplante, sostiene María Estrella Núñez, colaboradora de Izpisúa en la UCAM, en declaraciones a El País. Pero el experimento se habría interrumpido antes de que el mono con células humanas llegara a nacer.

La investigación de Izpisúa y Núñez habría empezado con una modificación genética de embriones de mono para inhibir genes esenciales para la formación de órganos. Posteriormente se les habrían inyectado células madre humanas con el potencial para generar cualquier tipo de tejido del cuerpo. Los datos difundidos hasta ahora no precisan si estas células madre proceden de embriones humanos o son células iPS, que se obtienen a partir de tejidos no embrionarios. En cualquier caso, se habrían obtenido quimeras, es decir, seres vivos formados por células de dos tipos distintos. De este modo, se habrían podido llegar a formar tejidos humanos sobre un sustrato de células de mono.

Según recoge el diario La Vanguardia, la investigación de tejidos y órganos para trasplante a partir de animales quiméricos con células humanas ha sido autorizada este año en Japón, donde había estado prohibida hasta ahora. Según informó la revista Nature la semana pasada, los primeros experimentos se realizarán con embriones de rata y de ratón y estarán dirigidos por Hiromitsu Nakauchi, investigador de las universidades de Tokio en Japón y de Stanford en California.

Nakauchi demostró hace dos años el potencial de esta línea de investigación cuando presentó en Nature un roedor quimérico que combinaba células de rata y de ratón –en aquel caso, por lo tanto, sin células humanas-. Obtuvo células de páncreas que después trasplantó a un ratón diabético, lo que le curó.

También en Estados Unidos se han realizado experimentos con animales quiméricos que combinan células humanas y de otras especies, aunque los Institutos Nacionales de Investigación dejaron de financiar este tipo de estudios en 2015.

En una entrevista realizada recientemente por la Agencia Sinc, Izpisua explicaba que “estamos realmente a las puertas de una verdadera revolución biomédica donde podremos hacer que el ser humano sea mejor o hacer otro ser humano, otra especie. Aunque perfectos nunca vamos a ser y se van a cometer errores. Pero no es el científico el que debe opinar si eso se debe o no aplicar. Es la sociedad la que debe decidir”.

En esta conversación, Izpisua también recordaba que la primera persona que realizó un trasplante de riñón tuvo muchos problemas e incluso estuvo a punto de ir la cárcel. “Han pasado 50 años desde entonces y no creo que haya alguna persona en el planeta que crea que salvar una vida gracias a este procedimiento no es ético. Los baremos éticos cambian en función de los datos alcanzados, que demuestran que algo es bueno, pero también de las circunstancias personales. Modificar la línea germinal es algo que, en este momento, solo lo concibo para enfermedades mitocondriales para las que no existe una cura y condenan a muerte a los niños afectados. En los otros casos todavía tenemos vías de seleccionar in vitro aquel embrión que no tiene la mutación. Por eso me pregunto la utilidad real de hacer ese cambio en la línea germinal. En el futuro, modificar el genoma para ser mejor y para tener una vida más saludable es una alternativa que va a convivir con nosotros”.

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La ONU quiere ahora imponernos lo que debemos comer con la excusa de salvar el planeta

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Cambiar la forma en la que la población mundial se alimenta, con más legumbres, frutas, verduras y frutos secos y con carne producida de forma sostenible, podría evitar para 2050 el equivalente a multiplicar por ocho las emisiones anuales de efecto invernadero que genera el transporte de toda la Unión Europea. Hasta 8 gigatoneladas de CO2. Esta es solo una de las contribuciones en las que, cambiando el sistema alimentario, el planeta estaría más cerca de no superar los 2ºC de calentamiento fijados en el Acuerdo de París, la barrera a partir de la cual se muestra la peor cara del cambio climático.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU ha publicado este jueves un informe especial con recomendaciones sobre el uso del suelo. En él, los científicos hacen un llamamiento a aumentar la masa forestal, reducir el uso de tierra para cultivos y ganadería, aplicar mejoras técnicas en su gestión y avanzar hacia dietas bajas en emisiones, así como reducir el desperdicio alimentario. Porque, dice el texto, mantener el calentamiento global por debajo de los 2º solo se puede lograr reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores, incluido el uso de la tierra y el sistema alimentario.

No se trata de ser vegano, sino de lograr una dieta baja en emisiones, en donde también se actualice la forma de producción alimentaria y se reduzca el desperdicio. «Algunas opciones dietéticas requieren más tierra y agua, y causan más emisiones de gases que atrapan el calor que otras», dice Debra Roberts, copresidenta del Grupo de trabajo II del IPCC.

Se ha duplicado el consumo de carne

El crecimiento de la población mundial y los cambios en el consumo de alimentos, piensos, fibra, madera y energía han causado tasas sin precedentes de uso de la tierra y agua dulce, dice el informe. Solo la agricultura aglutina el 70% del uso mundial de agua dulce. Desde los años 60, el consumo de aceites vegetales y carne se ha más que duplicado y la aportación de calorías en la dieta ha aumentado en aproximadamente un tercio, a la vez que entre un 25 y un 30% del total de alimentos producidos se pierde o se desperdicia.

El informe muestra cómo la gestión sostenible de los recursos de la tierra puede ayudar a abordar el cambio climático. «La tierra que ya está en uso podría alimentar al mundo en un clima cambiante y proporcionar biomasa para energía renovable, pero se requiere una acción temprana y de gran alcance en varias áreas», dice por su parte Hans-Otto Pörtner, copresidente del Grupo de trabajo II del IPCC. «También para la conservación y restauración de ecosistemas y biodiversidad».

La agricultura, la silvicultura y otros tipos de uso de la tierra representan el 23% de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben dióxido de carbono equivalente a casi un tercio de las emisiones de dióxido de carbono de los combustibles fósiles y la industria.

Seguridad alimentaria

Según los expertos, la acción coordinada para abordar el cambio climático puede mejorar simultáneamente la tierra, la seguridad alimentaria y la nutrición, y ayudar a acabar con el hambre. El informe destaca que el cambio climático está afectando los cuatro pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición) y estabilidad (interrupciones en la disponibilidad).

Porque según aumente la temperatura del planeta (y por tanto aumente la magnitud y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos), la seguridad alimentaria irá disminuyendo: caerá el rendimiento de la tierra, especialmente en los trópicos, aumentarán los precios, se reducirá la calidad de los nutrientes y serán más probables las interrupciones de la cadena de suministro.

Por ejemplo, en un escenario con un crecimiento medio de la población, con la aplicación de ciertos avances tecnológicos y un consumo en la línea de la tendencia actual, los modelos económicos y de cultivos mundiales proyectan un aumento medio del 7,6% en los precios de los cereales en 2050 debido al cambio climático, lo que llevaría un mayor riesgo de inseguridad alimentaria.

El IPCC apunta a que hay ciertas prácticas aplicables no solo al consumo, sino también al uso de la tierra que pueden ayudar a la adaptación y mitigación del cambio climático. En los cultivos, estas incluirían medidas como una mejor gestión de los fertilizantes y de cultivos (con la introducción de variedades con mejoras genéticas para resistir mejor el calor y la sequía, por ejemplo). Para la ganadería, las opciones incluyen una mejor gestión de las tierras de pastoreo, una mejor gestión del estiércol, una alimentación de mayor calidad y el uso de razas con mejoras genéticas. «El potencial técnico total de mitigación de las actividades agrícolas y ganaderas, y la agrosilvicultura se estima en 2,3-9,6 gigatoneladas de CO2 para 2050», estima el informe. Según la ONU Medio Ambiente, en 2017 se alcanzaron 53,5 gigatoneladas de CO2, y el objetivo es reducirla a unas 42 para 2030.

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