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Economía

¿Salario Mínimo Interprofesional?, ¡No, gracias!

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Carlos Aurelio Caldito.- “El sentido común es el conjunto de prejuicios acumulados a través de los siglos, que generalmente la gente suele alcanzar alrededor de los 18 años de edad…” Reflexión atribuida a Albert Einstein. Supongo que sabrán que el Gobierno de España ha decidido que el salario mínimo pase de los 735 euros actuales a 900 en 2019. Si se acaba produciendo, será una subida de 164 euros, la más alta de la historia. Una de las prioridades que Pedro Sánchez manifestó, hace unos meses, que tendría su gobierno, una vez destituido Mariano Rajoy, era –lo decía entonces sin ruborizarse- “luchar contra el paro” el compromiso de mejorar una situación trágica e indeseable: alrededor de 3,5 millones de españoles están desempleados (es decir, no están produciendo los bienes y servicios necesarios para sustentar sus vidas). Es relativamente frecuente que algunos economistas hagan una sugerencia concreta para cambiar esa situación que, aunque no sea la única, reduciría en mucho el actual desempleo en España: La sugerencia es eliminar el salario mínimo interprofesional. Por supuesto, si alguno tiene tal osadía, corre el riesgo de ser linchado, demonizado y propuestas aún más ocurrentes, por cuestionar uno de los tabúes más importantes del llamado Estado del Bienestar. Una de las formas más frecuentes de intervencionismo gubernamental es la fijación de salarios mínimos. En algunos países los tipos de salario mínimo, como el caso de España, los decreta directamente el gobierno. En otros lugares los gobiernos no intervienen directamente en la fijación de los salarios. Le dan carta blanca a los sindicatos, permitiéndoles que coaccionen a los patronos y empleados recalcitrantes. Como pueden comprender, si no fuera así, las huelgas no lograrían nunca los fines que los sindicatos persiguen. Si el patrono estuviera en libertad de sustituir a los huelguistas, las huelgas no conseguirían forzarles a aumentar los salarios. Esencialmente, la política sindical actual consiste en la aplicación o la amenaza de violencia bajo la benévola protección del gobierno. Los sindicatos representan, pues, una parte vital del aparato estatal de coacción. Cuando los sindicatos imponen salarios lo hacen en nombre y por delegación del Gobierno. (Es más, en España de una u otra manera tales formas de actuación están reconocidas en la Constitución como actuaciones legítimas…) Cuando los sindicatos de trabajadores consiguen forzar a los empresarios a aumentar los salarios, consiguen a su vez que una gran cantidad de trabajadores, parte considerable de la potencial mano de obra, estén desempleada, sufra paro permanente –o casi permanente-. Con la elevación forzosa de salarios, los empresarios se ven obligados a restringir la producción, y la demanda de mano de obra se reduce. Rara vez se preocupan los sindicatos, o los gobiernos como el de España, del inevitable resultado de sus actividades; no les importa lo que les pueda suceder a quienes no están afiliados. Estos lamentables efectos de los salarios mínimos se han hecho cada vez más perceptibles a medida que se han ido afirmando los sindicatos. Mientras sólo una parte de la mano de obra, en su mayoría trabajadores especializados, estaba organizada en sindicatos, el aumento salarial obtenido por los sindicatos no condujo al paro, sino a un aumento de oferta de mano de obra en aquellos sectores industriales en los que no había sindicatos eficientes o la presencia sindical era nula. Los trabajadores que perdían su empleo como consecuencia de la política sindical pasaban al mercado de los “sectores libres”, provocando en ellos el correspondiente descenso de los salarios. La consecuencia, y la secuela, de la subida de salarios para los trabajadores organizados, era un descenso de salarios para los trabajadores no organizados.
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Pero las condiciones acabaron cambiando con la difusión del sindicalismo. Ahora, a los trabajadores que pierden el empleo en un sector de la industria les resulta más difícil emplearse en otros. Sencillamente “son sacrificados”. Evidentemente el desempleo existe, incluso cuando no intervienen el gobierno o los sindicatos. Pero en un mercado laboral libre prevalece la tendencia a hacer que el paro desaparezca. El hecho de que los desocupados busquen trabajo deberá llevar a la fijación de tipos salariales a un nivel que permita a los empresarios contratar a todos aquellos que quieren trabajar y ganar un salario. Pero si los salarios mínimos impiden un ajuste de los tipos salariales a las condiciones de la oferta y la demanda, el desempleo tiende a convertirse en un trágico fenómeno de masas permanente. Por supuesto, la experiencia demuestra sobradamente que el gasto público no es un medio adecuado para acabar con el paro. Si el gobierno financia sus gastos mediante impuestos o mediante empréstitos, restringe la capacidad de inversión y de gasto del ciudadano particular en la misma medida en que aumenta su propia capacidad de gasto. Si el gobierno financia sus gastos mediante la inflación (emisión de papel moneda adicional o petición de préstamos a bancos comerciales) provoca una subida general de precios. Si entonces los salarios no suben, o no suben tanto como los precios de los bienes de consumo, es posible que desaparezca el paro. Pero desaparece precisamente porque los tipos salariales reales se han reducido. El progreso tecnológico aumenta la productividad del trabajo humano. Con la misma cantidad de capital y de mano de obra se puede producir hoy más que antes. Se puede disponer de un excedente de capital y de mano de obra para la expansión de las industrias existentes o para la creación de otras nuevas. Se puede producir un «paro tecnológico» como fenómeno transitorio. Pero el parado puede encontrar pronto nuevo empleo bien en las nuevas industrias o en las existentes en vías de expansión. En la actualidad están empleados millones de trabajadores en industrias creadas en las últimas décadas. Y los principales compradores de los productos de las nuevas industrias son los propios asalariados. Sólo hay un remedio para el paro duradero de grandes masas: el abandono de la política de subida de salarios por decreto gubernamental o mediante la violencia o la amenaza de violencia de los sindicatos. El salario mínimo es una cantidad de dinero por debajo de la cual ningún individuo, empresa o entidad -llamémosle “empresario”- puede legalmente contratar a otro individuo -llamémosle “empleado-. En estos momentos, en España ese valor es aproximadamente 750€ al mes, incluyendo las pagas extraordinarias. Contratar o ser contratado por un sueldo inferior es un delito. Quienes defienden la existencia de los salarios mínimos parten de dos premisas: a) sería deseable que todo trabajador ganase por lo menos esa cantidad; cantidad que se considera a su vez como renta mínima para atender a las necesidades básicas de cualquier persona; y b) si no hubiera un salario mínimo, podrían llegarse a pagar sueldos mucho más bajos, lo cual conduciría a la explotación de los más débiles. Como veremos a continuación, tales afirmaciones son absolutamente mendaces, puras falacias. Indudablemente, es loable, nobilísimo, deseable que nadie gane menos de una determinada cantidad de dinero, pero ese “deseo” no es algo que se pueda conseguir mediante la coacción, de manera forzosa. Indudablemente, sería “deseable” que todos los españoles ganaran un mínimo de 750€ al mes; ¿y por qué no 1.000, o 5.000? ¿No sería todavía mejor? ¿No es apetecible que todos los españoles tuvieran plena salud física y mental, que comieran de forma sana e hicieran ejercicio diario? ¿No sería deseable que todos trabajáramos menos y ganáramos sueldos superiores? También sería deseable -¿No?- que cada español tuviera casa en propiedad, con piscina, garaje, criados, e incluso “jakuzzi” (bañera con una instalación que emite chorros de agua a presión para hidromasaje), y que todos pudiéramos veranear en Eurodísney, pongo por caso… ¿No sería “deseable”? E insisto, ¿por qué 750€ y no 700€? ¿O 650€?
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Indudablemente no existe argumento alguno para determinar qué es y qué no es deseable… El salario mínimo interprofesional (como la pensión mínima y máxima de jubilación) es resultado de una decisión arbitraria de políticos profesionales, burócratas… que imponen a los demás sus decisiones a la fuerza. La otra cuestión a la que se suele acudir para “argumentar” a favor de establecer un salario mínimo, es la necesidad de proteger a la gente vulnerable, a quienes están en situación de ser víctimas de abuso por parte de empresarios malvados, perversos, desalmados… Pero entremos en el asunto: imaginemos que un posible empresario acuerda un contrato con un trabajador, por 700€, y el empleado está encantado de trabajar por 700€ – si ambos consideran que les beneficia realizar ese compromiso, si llegan a la conclusión de que a ambos les conviene (que conste que en España, actualmente está prohibido hacerlo),.. y el empresario sólo necesita a alguien para que le vigile su negocio, pongo por caso, y cuide a su perro… y no tiene posibilidades de pagar más; e incluso, puede que el empleado viva con su madre, o esté estudiando y le interese ganarse un sueldo adicional, y considere suficiente lo que está dispuesto a entregarle el empleador… ¿No sería legítimo, lógico que ellos dos, solo ellos, decidieran voluntariamente llegar a tal convenio, si se pudiera, si la legislación laboral no lo prohibiera? Como resultado de la actual normativa laboral, en España el empleador se queda sin recibir un servicio (al precio que puede pagar), y el empleado se queda sin un trabajo que aceptaría de buena gana al precio de mercado. O sea, al trabajador se le prohíbe, se le impide trabajar, y se le obligará a seguir desempleado. ¿Cuál es la causa de que no tenga trabajo? No es la “maldita crisis”, o el capitalismo salvaje, o los malvados empresarios, egoístas irracionales… Es una legislación absurda, estúpida e inmoral la que se lo impide. Resultado: el empresario (el posible contratador) no puede adquirir un servicio que él considera necesario para administrar su empresa (su proyecto productivo), y el trabajador (el posible contratado) no puede obtener ingresos, ya que no se le permite trabajar para ganarse la vida. Si el empresario no tiene a nadie que le vigile la tienda, tal vez tenga que reducir las horas de apertura,… o, incluso, cerrarla completamente y dedicarse a otra cosa; si el empleado no tiene ingresos, tendrá que vivir a costa de otros, sufrir, pasar hambre – o robar. Ambos individuos han sido seriamente perjudicados por la intervención del gobierno, por una institución cuya única misión y razón debería ser proteger los derechos individuales, o sea: el derecho de cada individuo a su propia vida, el derecho a actuar para ganarse la vida. Claro, me dirán que “queda otro camino, otra opción”: la economía sumergida, contratar al personal de forma clandestina, ilegal (tal como ocurre en la actualidad) a riesgo de ser sancionado, la posibilidad de dar de alta al empleado en la seguridad social, y etc. Establecer un salario mínimo legal es exactamente igual que si el gobierno decide que se deben pagar 5 euros por un kilo de tomates, (por poner un ejemplo) considerando que esa cantidad le permitirá al vendedor conseguir una renta razonable, una vida digna, una vivienda digna, la posibilidad de alimentar conveniente a su familia, etc. Según ese “razonamiento” quien quiera comprar o vender tomates por menos de ese precio estará incurriendo en delito, y correrá el riesgo de ser castigado.
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¿Qué acabaría ocurriendo en tal caso? Pues lo mismo que está pasando ahora con el empleo. El tendero se quedaría sin vender sus productos, y el cliente se quedaría sin comer tomates; uno no podría seguir regentando su negocio, y el otro pasaría hambre. Si el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el gobierno frentepopulista, desean pasar a la Historia como héroes, si el PSOE realmente quiere eliminar las causas del paro, pueden empezar por una de ellas: derogar la absurda legislación del salario mínimo. Evidentemente tendría que ir contra corriente, tendría que enfrentarse a una tremenda oposición, tendría que explicar, educar y convencer; pero los hechos y la lógica acabarían triunfando, porque de ese tipo de decisiones depende que millones de personas sigan desempleadas o que consigan trabajar para sustentarse. Si lo consigue, la actividad económica se reactivará, la producción y la inversión crecerán, el empleo y los salarios aumentarán, la bolsa se disparará, el círculo vicioso de la crisis se acabará. Ese tipo de decisiones es lo que la economía necesita — lo que España necesita — y lo que acabaría mostrando la diferencia entre prosperidad y pobreza. Si se eliminara el salario mínimo no veríamos a millones de personas muertas de hambre por las calles, sino todo lo contrario: a millones de personas a las que se les ha devuelto la esperanza, la posibilidad –nada más y nada menos- de ganarse la vida. El gobierno actual, los anteriores, y los que les sucedan, hablarán y hablarán hasta aburrir que les preocupa el paro juvenil, que les preocupa que los jóvenes españoles mejor preparados acaben yéndose al extranjero, debido a que no encuentran posibilidades de trabajar en España, pues bien, esos mismos que hablan de que están “preocupados” (que no es lo mismo que estar ocupados) olvidan que el SMI es un “hándicap” importantísimo que, impide el acceso de los más jóvenes al mercado laboral, pese a que los miembros del consenso socialdemócrata lo presenten como un logro, un signo de progreso… Cuando se sube el SMI se deja fuera del mercado laboral a los trabajadores menos productivos y con menor experiencia. Como reacción a la subida del SMI, como a las restantes imposiciones de costes laborales por parte del gobierno, el empresario suele contestar sustituyendo empleos por máquinas, reduciendo el número de empleados, o simplemente dejando de contratar. Y si hablamos de los trabajadores autónomos que, junto con las pequeñas y medianas empresas, emplean a la mayoría de los trabajadores españoles, la subida del SMI les obligará, también a aumentar los costes de su producción, empezando por tener que pagar más dinero por la “cuota de autónomo”. Evidentemente, o lo repercuten en sus clientes, o acaban pasándose a la economía sumergida, o prescindiendo de trabajadores a los que tienen empleados… Éstas son algunas de las “bondades” de que los gobiernos decidan cuál debe ser el Salario Mínimo Interprofesional. Y, permítaseme una última reflexión: Es hora de que acabe de entrarle en la cabeza a muchos españoles, cuantos más mejor, que los gobiernos no crean empleos, no crean riqueza, solamente crean burocracia (para la cual se necesitan funcionarios), y por lo tanto más impuestos; y que las que crean empleo son las empresas privadas, y evidentemente la iniciativa privada se retrae si no se la motiva, se la incentiva y se la deja de poner obstáculos… Claro que los estatistas e intervencionistas seguirán vendiéndonos que la alternativa es el empleo público… Hacia esa dirección nos encaminamos, hacia ese horizonte nos conducen quienes nos hablan de más y más subsidios, rentas básicas, y un largo etc. y ¡Ojo, no se olvide que hasta el PP, Ciudadanos y VOX se han acabado apuntando a esta corriente de opinión, que por muy mayoritaria que sea no puede ser más destructiva y perversa, aparte de suicida!
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Economía

¿Les extraña? Descubren a la directora del FMI manipulando el informe Doing Business para favorecer a China

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kristalina georgieva081019
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Arabia Saudí también habría salido beneficiada de estas manipulaciones. Tras el escándalo, el Banco Mundial dejará de publicar el informe.


El Banco Mundial anunció la pasada semana que pondrá fin al proyecto Doing Business, un influyente informe anual cuyo objetivo declarado era medir las facilidades para hacer negocios en los distintos países del mundo. La noticia tendrá implicaciones significativas para las decisiones de la entidad, que a menudo vinculaba sus programas de apoyo económico a países en vías de desarrollo al resultado que obtenían en el informe.

Las dudas sobre el proyecto comenzaron hace tres lustros. Uno de los mayores críticos del informe ha sido el catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, Benito Arruñada, quien ya en 2007 alertaba sobre las carencias del proyecto e informaba sobre la importancia de entender la facilidad para hacer negocios de manera más integral y menos simplista.

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Durante la década siguiente, las dudas sobre el Doing Business siguieron creciendo. En 2018, el entonces Economista Jefe del Banco Mundial, Paul Romer, declaró al Wall Street Journal que el estudio tenía una metodología «errónea» e «injusta». Romer, que ese mismo año recibió el Premio Nobel de Economía, presentó su dimisión y abandonó la institución.

Tras lo ocurrido con Romer, el Banco Mundial se vio obligado a encargar una auditoría independiente que ha revelado, por ejemplo, que, entre los años 2017 y 2020, la actual directora del Fondo Monetario Internacional y entonces consejera del Banco Mundial, Kristalina Georgieva, se aseguró de «presionar» a los investigadores involucrados en el proyecto para «mejorar» la puntuación asignada a China.

La auditoría, conducida por el bufete internacional Wilmer Hale, ha incluido el análisis de 80.000 documentos internos, además de cuarenta entrevistas con trabajadores de la entidad. El documento resultante deja muy mal parada a Georgieva, quien se habría «involucrado directamente en el empeño de mejorar la clasificación de China». Algo similar habría ocurrido con Arabia Saudí, cuyos resultados habrían sido manipulados para trasladar la impresión de que se trata de un país donde sí es fácil hacer negocios.

Para lograr sus objetivos, Georgieva sugirió todo tipo de cambios en el proceso metodológico o la composición del ranking que jerarquiza a los países según su respectiva evaluación. Según uno de los técnicos entrevistados por los auditores, la entonces consejera del Banco Mundial y hoy directora del Fondo Monetario Internacional le trasladó a sus subordinados que, a base de manipular los datos para beneficiar a China, estaban «aportando su granito de arena al multilateralismo». De igual manera, la auditoría revela que el presidente de la institución, Jim Kim, estaría al tanto de estas malas prácticas.

Las informaciones que ahora salen a la luz afectan al proceso de elaboración del informe en 2017 y 2019, de modo que los estudios que están en la picota son los publicados en 2018 y 2020. Precisamente en estos años, el Banco Mundial estaba inmerso en una campaña de ampliación de capital para la cual esperaba contar con el apoyo de China.

Entre los muchos desafíos que tiene por delante el mundo, la Unión Europea y, por supuesto, España para las próximas décadas, sin duda uno de los más fundamentales, sino el que más, es la descarbonización de la energía. Pese a los esfuerzos y la fuerte reconversión que ya está impulsando el sector energético, la realidad es que aún queda mucho por hacer para electrificar la economía.

En este sentido, la Unión Europea es especialmente ambiciosa al proponerse la reducción en al menos un 55% —en comparación a 1990— de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 y la neutralidad del carbono para 2050. Para cumplir con estos objetivos, la electrificación no solo es importante, es imprescindible.

Así, las compañías de los sectores energético y eléctrico, incluidas las distribuidoras, están inmersas desde hace tiempo en un proceso de transición que pasa principalmente por la generación basada en energías renovables y el consumo dirigido hacia la electrificación de la demanda. En definitiva, la electricidad, basada en energía renovable, es la solución más eficiente y rentable: limpia, barata y de alto rendimiento.


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Prepárate para el Black Friday 2021

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Ya llegó El Corte Inglés Black Friday y con él, los mejores descuentos para comprar productos de calidad este próximo 26 de noviembre. Desde hace varios años, esta empresa se ha comprometido con sus clientes a participar en el mejor día de descuentos del año. Con todas las promociones que se hacen disponibles para este año, podemos asegurar que es un excelente momento para comprar. Pero, ¿Por qué El Corte Inglés? Aquí te damos todas las razones.

Descuentos del Black Friday desde ya

La tienda El Corte Inglés ya ha habilitado las ofertas para el Black Friday. Y durante todos los días que faltan hasta el 26 de noviembre, podremos disfrutar de bajos precios. Pero imagínate cómo será ese día. Puedes pedir más información sobre estos descuentos en Black Friday Deals, sitio web que se ha aliado con El Corte Inglés para traerte buenas ofertas para este año.

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Con el Black Friday, todos tienen la oportunidad de comprar productos de moda, aquellos que se encuentran en tendencia. Sin duda, una ventaja que cualquier consumidor valora, sobre todo, aquellos que son clientes frecuentes de la marca. Y que, de otra forma, no serían capaces de comprarlos. Así que es un beneficio que solo El Corte Inglés te dará en 2021.

Por supuesto, en Black Friday podrás comprar todo tipo de productos, pueden incluso cambiar todo tu armario ya que los descuentos de los que disfrutarás, sobre increíbles. Y no olvides que la calidad de todo lo que esta marca vende, es la mejor del mercado. Así que no puedes desaprovechar esta ganga que te espera en el Black Friday 2021.

Compra segura y económica con el Corte Inglés

La pandemia nos dejó muchas cosas malas, más en el aspecto económico. No es de extrañar que este año se nos hiciera imposible adquirir los productos a los que estábamos acostumbrados, pero que no son considerados de primera necesidad. Pensando en esta situación, El Corte Inglés nos ofrece una oportunidad de comprar todos lo que promociona a precios bajísimos.

Con más de 500.000 artículos en oferta, la plataforma se ha posicionado en los primeros lugares de popularidad. Hoy, ha alcanzado su mayor número de ventas, pero esperan que esto se dispare aún más el día del Black Friday. Y es que los descuentos que ya se están aprovechando, no serán ni la mitad de buenos de los que se habilitarán el 26 de noviembre.

Ahora bien, es posible que, para ese día, la plataforma esté colapsada. Pero aquí hay una solución para ti. Black Friday Deals tiene cupos disponibles para que tú hagas tus compras en El Corte Inglés de forma sencilla y segura. Además, a través de este sitio web encontrarás otras empresas en donde puedes comprar con descuentos de hasta 70%.

¿Cómo aprovechar tus compras en El Corte Inglés?

Teniendo en cuenta todo lo bueno que se viene para el Black Friday y El Corte Inglés, no hay forma que esta no sea tu mejor opción para comprar barato y con alta calidad. Pero antes de tomar cualquier decisión, presta atención a algunas sugerencias que tenemos para ti, a saber:

Pensar bien antes de comprar

Muchas personas se vuelven locas comprando en Black Friday, pero esto solo termina en compras innecesarias e insatisfactorias. Por eso, desde ya te recomendamos analizar bien qué comprarás ese día, si lo necesitas en verdad, o los descuentos son suficientes con respecto a los precios que tienen normalmente.

Hacer una lista breve te ayudará a organizar tus prioridades, y así comprar lo más importante de primero, dejando aquellas cosas que son puro lujo o un capricho para el final. De esa forma, si no te da tiempo, no habrás perdido el tiempo y tu dinero.

El mejor lugar para comprar en Black Friday

También es un aspecto que debes considerar muy bien, porque no todos los sitios web te ofrecen buenos descuentos. En Black Friday Deals encuentras todo lo que necesitas, a precios increíbles. Y lo mejor es que dentro de las empresas que se unen a esta iniciativa, se encuentra El Corte Inglés.

Tenemos calidad y buenos precios para ti en Black Friday. Podrás ahorrar hasta un 30% en El Corte Inglés, si nos eliges como tu centro de compras para el día de los descuentos increíbles. Este 2021, nos hemos preparado para que tengas todo lo que no pudiste comprar en todo el año.


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8 Trucos para Combatir la Caída de Productividad en Verano

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Nov19 04 1044672050
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8 Trucos para Combatir la Caída de Productividad en Verano
Infografía ofrecida por Wrike – Software Gestión Proyectos
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Hasta Estonia iguala ya a España en renta. ¿Por qué? Porque han salido de la ruina socialista y no desean volver a la miseria

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Estonia (como también la República Checa) lleva años creciendo por encima de España, de modo que resultaba esperable que nos terminaran igualando y superando. (Archivo)
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Juan Ramón Rallo señala cómo Estonia ha logrado igualar en renta a España y considera que esto se debe a su sistema tributario, diseñado para alentar la atracción del ahorro externo y amasar el ahorro interno para capitalizar al país.

Estonia, esa república báltica que durante tanto tiempo estuvo aplastada por el imperialismo de la Unión Soviética, acaba de igualar en renta per capita a España (una vez ajustamos por el diferencial de poder adquisitivo). Hace un año ya logró una gesta similar la República Checa (y en su momento ya advertimos de que Estonia sería justamente la siguiente en lograrlo). Y aunque es verdad que este hito se ha acelerado con la pandemia (España fue el país del mundo desarrollado que más se hundió en 2020), la tendencia viene de atrás: sin pandemia, quizá no se habría logrado en 2021, pero sí en el año 2023 o en 2024.

A la postre, Estonia (como también la República Checa) lleva años creciendo por encima de España, de modo que resultaba esperable que nos terminaran igualando y superando. Pero, ¿a qué se debe ese mayor crecimiento de Estonia? Causas las habrá diversas, mas desde luego una ha sido decisiva: su sistema tributario.

Desde hace años, esta república báltica encabeza el ranking de mejores sistemas fiscales del mundo, elaborado por la Tax Foundation. Para muestra cuatro botones. Primero, el Impuesto sobre Sociedades de Estonia tiene un tipo del 20% (cinco puntos por debajo del español), pero es que además sólo grava los beneficios cuando son distribuidos a sus accionistas, incentivando consecuentemente que éstos sean reinvertidos internamente para incrementar la capacidad productiva de la compañía.

Segundo, Estonia disfruta de un tipo impositivo único en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) del 20%. Todos los trabajadores abonan el mismo tipo impositivo nominal, aunque no el mismo tipo efectivo (pues la existencia de deducciones contribuye a generar una progresividad efectiva). Este reducido IRPF incentiva a que los trabajadores incrementen su predisposición a trabajar, generando una mayor riqueza para el conjunto de la economía. Tercero, Estonia cuenta con un tipo prácticamente único de IVA, igualmente en el 20 % (existe un tipo reducido del 9 % para una cesta muy reducida de bienes, como los libros), lo que contribuye a no dañar en exceso los incentivos a ahorrar. Y cuarto, el IBI de Estonia solo grava el valor del suelo y no de los edificios construidos sobre él, lo que consiguientemente no desincentiva la inversión en vivienda o en locales comerciales.

En conjunto, pues, Estonia es un país amigable para el ahorro y para la inversión: justamente, el motor del progreso de una sociedad es la transformación del ahorro en inversión productiva. La sociedad estonia entendió desde un comienzo que necesitaban atraer ahorro extranjero y amasar ahorro interior para transformarlo después en estructuras empresariales que capitalizaran el país. Crearon, pues, un sistema tributario que favoreciera el ahorro y su ulterior conversión en inversión. Acertaron y hoy ya son tan ricos como nosotros. ¿Aprenderemos la lección?


Juan Ramón Rallo es Director del Instituto Juan de Mariana (España) y columnista de ElCato.org.


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