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Internacional

Salvini viajó a Estados Unidos y se autoproclama “el mejor aliado europeo de Trump”

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Un inmigrante observa una portada sobre Salvini en el metro de Milán.
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El ministro del Interior italiano,Matteo Salvini, visitó esta semana Washington para presentar a Italia, y a sí mismo, como el mejor aliado en Europa del presidente estadounidense, Donald Trump.

Salvini se reunió con el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, pero no llegó a entrevistarse con Trump, o al menos no se hizo público ningún encuentro entre ambos.

La mano dura en materia de inmigración es un punto en común entre Salvini y Trump, que en mayo ya elogió esa política en el caso del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, al recibirle en la Casa Blanca.

En una conferencia de prensa después de reunirse con Pompeo, el ministro italiano aseguró que ambos habían conversado sobre “valores” y cultura, y que había defendido que Italia está más alineada con el Gobierno de Trump que Francia o Alemania, según recogió la revista The Atlantic.

“En un momento en el que las instituciones de la Unión Europea (UE) son frágiles y están cambiando significativamente, Italia quiere ser el socio más sólido, efectivo, coherente y creíble para Estados Unidos, aseguró Salvini.

El ministro italiano llegó a Washington en un buen momento para su partido, la Liga, que fue el más votado en las elecciones europeas con el 34 % de los sufragios, y confiaba en que las reuniones con el Gobierno de Trump le ayuden en su pugna con el antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S).

Pompeo informó del encuentro a través de su portavoz, Morgan Ortagus, y no se refirió a las medidas migratorias de Salvini ni a su política de puertos cerrados a las ONG que rescatan inmigrantes en el Mediterráneo.

“Ambos reiteraron el valor de la relación estadounidense con Italia, incluido como aliados de la OTAN y miembros del G7”, indicó Ortagus en un comunicado.

 


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Internacional

Irán anuncia la detención de 17 supuestos espías de la CIA y la condena a muerte de algunos de ellos

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La Inteligencia de Irán ha anunciado este lunes la detención de 17 ciudadanos iraníes que trabajaban como espías para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Entre los detenidos, algunos han sido ya condenados a muerte. Los espías formaban parte de una red de espionaje cibernético de EE.UU. que fue desmantelada por Irán hace más de un mes, según revelaron las autoridades iraníes.

El jefe del antiespionaje del Ministerio de Inteligencia de Irán, cuyo nombre no es público, ha afirmado este lunes en una rueda de prensa que aquellos que «habían colaborado consciente y deliberadamente (con la CIA)» fueron entregados al Poder Judicial y condenados a muerte o a «largas» penas de prisión. El agente ha indicado que los sentenciados a la pena capital, de los que no ha ofrecido una cifra exacta, fueron encontrados culpables de «corrupción en la Tierra», un cargo que la jurisprudencia islámica castiga generalmente con la horca.

Algunos de los detenidos, que, según el responsable del antiespionaje, «interactuaron con plena honestidad con la Inteligencia (iraní) y se aprobó su arrepentimiento», fueron utilizados para conseguir información sobre EE.UU. Los 17 detenidos no estaban en contacto entre ellos, sino que cada uno se comunicaba directamente con un agente de la CIA, y eran empleados en «centros del sector privado sensibles y vitales» del país, como por ejemplo del área nuclear y militar, explicó el agente.

Relación al borde del conflicto

Todos ellos recopilaban «información clasificada» y habían sido entrenados por oficiales de la CIA sobre cómo establecer una comunicación segura desde el interior de Irán hacia el extranjero. Las herramientas de comunicación seguras y de espionaje fueron enviadas a su red en Irán incrustadas en el interior de piedras, que eran dejadas en la calle o en los parques, agregó el responsable de la Inteligencia iraní. La CIA se acercó a los iraníes en conferencias científicas celebradas en África, Asia y Europa o les contactó por las redes sociales e internet, prometiéndoles dinero y visados o residencia en EE.UU.

Los espías contaban con documentos de identidad falsos, que la CIA ha dado la orden de eliminar tras ser desmantelada la red de espionaje, según los servicios secretos iraníes. La Inteligencia iraní publicó, asimismo, fotografías de los espías y documentos que les fueron incautados. Todos estos nuevos datos han sido revelados después de que el pasado 17 de junio el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamjaní, anunciara que habían acabado con una red de espionaje cibernético.

Esta red tuvo «un papel importante en las operaciones de la CIA en diferentes países», según Shamjaní, quien citó la cooperación con otros países y la detención de un número de espías, pero sin ofrecer detalles. Las acusaciones de espionaje son comunes entre Teherán y Washington, que mantienen una relación al borde del conflicto desde que el año pasado EE.UU. decidiera retirarse de modo unilateral del acuerdo nuclear de 2015 y volver a imponer sanciones económicas a Irán.

La tensión se ha extendido al golfo Pérsico, donde en los últimos meses se han producido varios ataques a barcos, el derribo de drones y la captura el pasado viernes por parte de Irán de un petrolero británico.


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Internacional

(VÍDEO CON IMÁGENES DE MUERTE REAL) Justicia carcelaria: el eficaz método con el que se eliminan los pederastas

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Brasil, ese lugar tan idílico, no es precisamente el mejor sitio del mundo para ingresar en una prisión siendo culpable de violar a una niña pequeña.

Como nos muestran las siguientes imágenes, los presos, que evidentemente estaban informados de la llegada de este recluso -o quizá habría ingresado hace días- ya han tomado toda clase de medidas para ejecutar la llamada “justicia carcelaria” que no es otra cosa que condenar a muerte y ejecutar a los que ellos consideran “basura”: pederastas; maltratadores y secuestradores de niños y de mujeres.

Por ello, cuando estos individuos ingresan en la cárcel, suelen estar incomprensiblemente protegidos por el sistema “occidental” que pretende a todo trance “recuperar” para la sociedad a estas alimañas que todos saben que son totalmente irrecuperables.

Y los primeros que lo saben son los reclusos, por eso se ocupan de ellos de la forma correcta y ejemplar. No es que sea brutal; es que no tienen una manera más delicada o menos sangrienta de proceder.

Piensen ustedes que los ejecutados por inyección letal tardan muchísimo más en morir. A veces hasta 50 minutos. Aquí el ejecutado fallece en cuestión de minutos. Y muy pocos.

Y háganse un favor a ustedes mismos, si me permiten el consejo: si sienten pena, piedad, horror o lástima por el hombre que muere en el suelo acuchillado hasta morir, intenten en sentir lo mismo por la niña de dos añitos a la que violó. Piensen en ella. Y piensen que, aunque la justicia hubiera dejado libre a ese animal, nunca más volverá a tocar a una niña.

A mí, pensar eso me reconforta. ¿A ustedes no? Seguro que sí.


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Internacional

Dentro de cien años, Europa será un conjunto de taifas tercermundistas, pero Rusia seguirá siendo una nación blanca, cristiana, civilizada y pujante

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Vladimir Putin se definió como una "persona corriente" que escucha a Mozart y vive una vida ordinaria
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Andrés Palomares.- El 18 de marzo de 2018, Putin ganaba las elecciones presidenciales y se aseguraba un cuarto mandato.

Otro disgusto para la moralla politiquera del Occidente todo. Las calumnias y la intoxicación antirrusas se estrellan una y otra vez contra la realidad. Vivimos inmersos en un sistema de mentiras y falsedades.

En el patio de colegio de la política enana de nuestras insignificantes y ridículas naciones es imposible entender nada de la vida real, fuera del deprimente escenario de nuestra decadencia.

Putin “El Envenenador” (el último de sus alias, por ahora, por el caso Skripal), ha arrasado en las elecciones, con el 76% de los votos, algo nunca visto y sin embargo esperado. Un sueño fuera del alcance de esa tropilla de grises dirigentes y pequeños funcionarios europeos: la casta desalmada, depredadora e inoperante de un continente que se va por el retrete emitiendo partes de victoria y cantando himnos de alegría. El ardor estomacal de los enemigos y detractores de Putin va a ser de larga duración. Los teólogos de la democracia y los popes del pensamiento único van a revolcarse en su lecho de víboras por mucho tiempo, acompañados en sus retortijones por la variada colección de sus acólitos y mentores: los charlatanes de los organismos internacionales, las grandes corporaciones financieras, la quinta columna del islamismo, los zánganos subvencionados de las ONGs, los sátrapas de Bruselas, los “filántropos” judíos, el establishment mediático, los negreros de la invasión organizada de los “refugiados”…

A diferencia de los europeos, el pueblo ruso no quiere desaparecer, no siente la menor tentación de suicidarse y de favorecer una Gran Sustitución, como sucede en la Europa en manos de la casta depredadora y desalmada que rige sus destinos, unos perros que responden dócilmente a la voz de sus amos.

El gobierno de Putin fomenta la natalidad y está superando el hundimiento demográfico de los primeros lustros postsoviéticos de Gorbachov y Yeltsin. Una aberración para la Europa de Conchita Wurst y del “Welcome Refugees”. Este monstruo de Putin quiere llenar de niños los hogares rusos y de hogares rusos la inmensa e inacabable Rusia.

Está claro que no se ha dado cuenta de la ventaja que supone abrir las fronteras a flujos masivos de mano de obra barata, mientras la población nativa se dedica a comprar niños de colores en los mercados mundiales de la carne humana y a casar hombres con hombres y mujeres con mujeres (y pronto a hombres y mujeres con hamsters, taburretes de tres patas, mondas de patatas o corrientes de aire).

Dentro de cien años, si nada lo remedia, Europa será un conjunto de taifas tercermundistas, donde el canibalismo y la pedofilia serán las lacras más suaves de esa maravillosa era que ya está asomando las orejas, pero Rusia seguirá siendo una nación blanca, cristiana, civilizada y pujante. Frente a la imparable tribalización de Occidente, a su retroceso irrefrenable hacia a la barbarie, a su vertiginosa pudrición, a su babosa decadencia, Rusia se mantendrá unida y cohesionada, fuerte y orgullosa, vencedora y viva.

Otra diferencia entre Rusia y Europa Occidental es que el gobierno ruso no es cristofóbico, como los de las oligarquías europeas, masónicas y sionistas hasta la médula: satánicas en una palabra. Al revés, en los últimos decenios la defensa de la fe ortodoxa (la única de las iglesias cristianas que sigue viva y no se ha traicionado a sí misma) y su fomento como factor decisivo de la identidad nacional rusa han contado con el apoyo incondicional de Putin. Y eso no ha impedido que las demás religiones de la Federación Rusa (islam, budismo…) sean respetadas y defendidas. La afirmación de la ortodoxia de Rusia no supone la persecución o el maltrato de los fieles de otras creencias con medidas discriminatorias. Basta observar algunos gestos de Putin o de sus ministros y generales para comprender que no se trata de un cristianismo de fachada, blandengue y sentimentaloide, como el de los presidentes norteamericanos (de los dirigentes europeos ni hablemos), sino de la fe milenaria de la popular tradición ortodoxa rusa.

Los primeros tiempos de la era soviética, bajo la férula de Stalin, supusieron una persecución implacable de la fe ortodoxa y un destrozo enorme del patrimonio artístico religioso de Rusia, con la destrucción y voladura de miles de iglesias y monasterios, el saqueo de joyas y relicarios, la quema masiva de iconos y la aniquilación de la herencia artística y cultural de la iglesia nacional. Desde los años 90 en Rusia la ortodoxia ha experimentado una espectacular resurrección tras siete décadas de ese terrible experimento antirreligioso llevado a cabo en la extinta Unión Soviética.

Stalin y sus excesos han quedado lejos. Los rusos han sacado las oportunas lecciones de esos turbulentos años.

Mientras tanto, entre nosotros, Bruselas y el mundialismo pretenden llegar a idéntico fin, pero de un modo más insidioso: mediante la corrupción moral, el materialismo más grosero y el culto omnipresente a Mammón, dios único y verdadero de la Unión Europea. Y lo han conseguido: los comisarios de Bruselas triunfan donde fracasó Stalin. Sólo desterrando el cristianismo, anulando toda espiritualidad, se pueden implementar las medidas antinatalistas de la plutocracia dominante entre los europeos nativos, condición imprescindible de la Gran Sustitución, es decir de la desaparición pura y simple de Europa, inundada por una marea multicolor de la que sólo hemos visto los prolegómenos, pues es una quimera imaginar que pueda haber una Europa sin europeos.

Los rusos tienen una mentalidad colectiva mucho más fuerte que cualquier otro pueblo. Su manera de pensar en el “nosotros” más que en el “yo” les ha permitido resistir lo irresistible y vencer a enemigos poderosos e implacables. Tienen un fuerte amor a la patria y un no menos intenso sentido del Estado, sienten la necesidad de un ser colectivo que organice la vida común y evite esas calamidades que de tanto en tanto han agitado Rusia a través de los siglos, los disturbios, las épocas convulsas de discordia y caos, la última de las cuales empezó hace un siglo con la guerra civil de 1918-1920. Los años 80, los 90 y el inicio del siglo actual fueron algo parecido, aunque en una escala mucho más benigna. Los rusos saben lo importante que es un Estado fuerte y una comunidad nacional que tenga conciencia de su cohesión.

La difícil herencia del régimen anterior se superó en cuanto Putin y las instituciones que lo apoyan recuperaron el poder, apartaron a los aventureros mundialistas del control político (Yeltsin y su camarilla de oligarcas judíos) y se restauró el sentido del Estado. Hoy los rusos son más ricos y libres de lo que nunca lo han sido sin duda en toda su historia: es lógico que la popularidad de Putin alcance cotas estratosféricas. El presidente de Rusia es un hombre que llegó al gobierno de la Federación después de una larga y difícil experiencia de estadista en medio del desastre de los años 90 y de comprobar qué tipo de “ventajas” trae abrirse a Occidente y a sus “valores”.

El patriotismo ruso, inagotable e indoblegable, ha servido a los dirigentes del Kremlin para marcar unos objetivos y un espíritu. De esta manera, la Rusia nihilista y empobrecida de hace un par de décadas está hoy unida, se siente orgullosa de sus logros y disfruta de un nivel de vida decente, sobre todo si se compara con lo que se llegó a sufrir hace veinte años. No es Putin el que ha resucitado a Rusia, han sido los rusos (el pueblo que ha generado un Putin), bajo un mandatario inteligente, entregado a su pueblo y a su Estado y no a los lobbies mundialistas y sus intereses antinacionales y antihumanos.

El éxito de Putin es una bofetada a nuestra miserable decadencia. Hoy los rusos viven mucho mejor que sus padres o sus abuelos, mientras los europeos sabemos que nuestros hijos vivirán peor que nosotros y que nuestros nietos serán esclavos de un sistema como la humanidad no ha conocido otro de tan despiadado y bárbaro, y eso a pesar de esas misteriosas y maravillosas leyes del mercado y una inevitable y beneficiosa globalización que nos iban a llevar a Shangri-Lá en primavera, todos cogidos de la mano cantando “We are the World”.

Las campañas de odio de la prensa occidental contra el presidente de la Federación Rusa son continuas. Ni que decir tiene que los rusos las ignoran. Los rusos, un pueblo culto y endurecido, inteligente y viril, sabe muy bien de qué les ha librado su líder, al cual van a reelegir dentro de poco. Pero la mentira permanente sobre Putin busca ante todo fomentar un prejuicio en la opinión europea, para que crea que su degradada ratonera moral, apadrinada por los peores poderes del planeta, es un paraíso. Lo será para las grandes fortunas, para los miembros de la casta gobernante y su rastrero y entregado servicio doméstico, pero no para los millones de europeos apartados de ese festín, para los que sólo hay empleos cada vez más precarios y sueldos cada vez más miserables gracias a la competencia a la baja de los “nuevos europeos” y a la apertura hacia nuevos mercados, eso que sus beneficiarios llaman mundialización.

¿Qué pasaría si cundiera el ejemplo ruso? En principio es difícil que eso suceda en Europa, dada la mentalidad individualista y la moral degenerada que impera, fruto venenoso del 68 que ahora es regla a seguir. Un continente que ha hecho de la corrupción moral un modo de vida y que pisotea con su legislación las instituciones básicas de la sociedad y el orden natural, difícilmente podrá regenerarse sino es a través de una muy dura penitencia. La inversión de los valores es tan irremediable, su perversión tan absoluta, que no se puede esperar un resurgir moral, material y político sin un profundo cambio en la forma en que los occidentales ven el mundo. Pero la Historia tiene sus imprevistos. Y más vale prevenir. Por eso, para conjurar el contagio, hay que desacreditar a Putin y lo que representa. Putin desestabiliza, es un mal ejemplo, un modelo peligroso, una tentación que hay que evitar.

De ahí la persistente campaña de insidias, mentiras y calumnias, un torrente de baba y odio contra el hombre que ha derrotado en Siria y antes en Chechenia a un enemigo que la casta política de la UE y sus peones locales nos están metiendo en casa. Es peligroso que descubramos que la Patria, el Estado, la Soberanía Nacional, la Familia, la Tradición y la Espiritualidad existen y que son fuerzas sociales constructivas, que no hay en realidad nada constructivo fuera de ellas. Eso es lo que ha descubierto Rusia tras setenta años de conmociones y desgarros, pero nuestro Sistema necesita átomos disgregados al máximo para poder sobrevivir en el caos que necesariamente producen sus rapiñas.

Rusia es justo todo lo contrario de lo que es Occidente: su resignada caída, su sometimiento a la tiranía, su autosatisfecha degeneración, su adoración de la inferioridad, su culto de la muerte. Por eso la atacan y por eso la defendemos.

¡Spasiba Vladimir Vladimirovich Putin, spasiba bolshoi!


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