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Europa

“Suecia está en guerra”

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En marzo, el Centro Forense Nacional de Suecia calculó que, desde 2012, el número de tiroteos en el país clasificados como asesinatos o intentos de asesinato habían aumentado casi un 100%
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Por Judith Bergman.- En 2018, Suecia experimentó una cifra récord de disparos mortales, 306 en total. Cuarenta y cinco personas fueron asesinadas y otras 135 heridas en todo el país, y la mayoría de las muertes se produjo en la región del sur, donde se encuentra Malmö. En marzo, el Centro Forense Nacional de Suecia calculó que, desde 2012, el número de tiroteos en el país clasificados como asesinatos o intentos de asesinato habían aumentado casi un 100%. El Centro también descubrió que el arma más común en los disparos fue el rifle de asalto Kalashnikov. “Es una de las armas más fabricadas en el mundo y se usa en muchas guerras”, dijo el jefe de equipo del Centro, Mikael Högfors. “Cuando ya no se necesitan… se meten de contrabando en Suecia”.

Según la policía, en los seis primeros meses de 2018, uno de cada dos disparos tuvieron lugar en un “área vulnerable”, también llamadas “zonas de exclusión”. En 2017, un informe de la policía sueca, “Utsatta områden 2017” (“Áreas Vulnerables 2017”), reveló que hay 61 áreas como estas en Suecia. Abarcan 200 redes criminales, compuestas por una cifra estimada de 5.000 delincuentes. La mayoría de sus habitantes son inmigrantes no occidentales y sus descendientes.

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La policía escribió en el informe de 2017 que los conflictos étnicos globales se están reproduciendo en las áreas vulnerables:

“… el poder judicial [sueco] y el resto de la sociedad [sueca] no entienden estos conflictos ni tienen respuestas sobre cómo resolverlos. La policía, por lo tanto, necesita tener un mejor conocimiento del mundo y comprender los sucesos para poder interpretar lo que está pasando en esas áreas. La presencia de los retornados, simpatizantes de organizaciones terroristas como el Estado Islámico, Al Qaeda y Al Shabab, y los representantes de las mezquitas de orientación salafista, contribuyen a las tensiones entre estos grupos y otros residentes de las zonas vulnerables. Desde el verano de 2014, cuando se proclamó un califato en Siria e Irak, han aumentado los choques sectarios, en especial entre los suníes, los chiíes, los cristianos levantinos y los nacionalistas de origen kurdo” (p. 13)”.

El 3 de junio, la policía hizo pública una nueva lista donde informaba de que ahora hay 60 áreas, en vez de las 61 de antes. Eso no significa, sin embargo, que haya mejorado mucho la cosa. Al contrario.

En 2019, el ritmo de los disparos se mantuvo alto. En Malmö —una ciudad de más de 300.000 habitantes, de los cuales un tercio es “nacido en el extranjero”, según las estadísticas municipales—, un hombre de 25 años murió por disparos delante de una oficina de servicios sociales el 10 de junio, y el mismo día, en la Estación Central de Malmö, un policía disparó a un hombre que llevaba una bomba en su bolsa y al parecer se había comportado de manera amenazante. Esa noche, dos hombres fueron disparados en la zona de Lorensborg, de Malmö. Más tarde, esa misma noche, dos explosiones conmocionaron a la ciudad.

A causa del aumento de la cifra de disparos, los funcionarios municipales están al parecer tan incómodos en su trabajo en la ciudad que el Ayuntamiento de Malmö ha emitido unas directrices sobre cómo los empleados municipales —en especial los que trabajan en asistencia a domicilio, rehabilitación y alojamiento temporal— pueden proteger su seguridad en la ciudad cuando van a trabajar.

Bajo el encabezado: “Seguridad personal: pistas y consejos para evitar verse en situaciones indeseadas”, el Ayuntamiento aconseja a sus empleados: “Planifica tu itinerario, conoce tu zona […] intenta minimizar el tiempo desde que aparcas tu bicicleta/coche hasta que entras [en el destino]”. También: “Antes de salir de un edificio, echa una ojeada a tu alrededor y evita verte en una situación indeseada […] mantente alejado de personas que sean consideradas potencialmente amenazantes o peligrosas y aumenta la distancia si no hay otras personas cerca”.

Un funcionario municipal, que recibió las directrices, acusó al Ayuntamiento de hipocresía: “A los medios, el Ayuntamiento dice siempre que todo está bien, aunque no lo esté. Después mandan este tipo de correo electrónico a sus empleados”.

Las directrices sobre seguridad del gobierno municipal parecen apropiadas para una zona en guerra civil, como lo fue Beirut, en vez de la antaño pacífica ciudad de Malmö.

Beirut también viene a la cabeza en la ciudad sueca de Linköping, donde a principios de junio una explosión arrasó un edificio de viviendas, hasta el punto de que parecía haber sido atacado en una guerra. Milagrosamente, nadie murió en la explosión, pero 20 personas resultaron heridas. La policía sospecha que el incidente tiene que ver con las bandas de delincuentes. Unas semanas más tarde, dos hombres fueron disparados en el distrito de Skäggetorp en Linköping, que está en la lista de la policía de “áreas vulnerables” o “zonas de exclusión”.

Después de eso, el 30 de junio, en nuevos incidentes relacionados con bandas criminales, se produjeron tres tiroteos en tres suburbios distintos de Estocolmo. Dos personas, de las cuales una había recibido un disparo en la cabeza, murieron. Uno de los hombres asesinados, un rapero llamado Rozh Shamal, había sido condenado anteriormente por asalto, robo y otros delitos relacionados con las drogas, entre otras cosas. Este año, sólo en Estocolmo, once personas han muerto por disparos, la misma cifra que en todo 2018. Este año, en Suecia, más de 20 personas han muerto hasta ahora por disparos.

“Esta tendencia es inaceptable”, dijo Mats Löfving, jefe del departamento operativo de la policía nacional (Noa). “En muchos casos, se utilizaron armas automáticas militares. Estamos viendo una reducción en los heridos por violencia con armas de fuego, pero el número de muertos no baja”.

El 1 de julio, el jefe de la Policía Nacional, Anders Thornberg, dijo que la situación es “extraordinariamente grave”. Afirmó, no obstante, que la policía no ha perdido el control de las bandas y que la principal tarea es parar el aumento de la cifra de jóvenes delincuentes. “Por cada joven que disparan, hay entre 10 o 15 preparados para unirse”, dijo. Sin embargo, sólo unos días después, añadió que los suecos tendrán que acostumbrarse a los disparos en el futuro cercano:

“Creemos que esto [los disparos y la extrema violencia] podrían continuar cinco o diez años en las áreas especialmente vulnerables”, dijo Thornberg. “También tiene que ver con las drogas. Las drogas están consolidadas en la sociedad, y la gente corriente las compra. Hay un mercado por el que las bandas van a seguir peleándose”.

Ulf Kristersson, líder del partido de la oposición, Moderaterna, dijo que la situación era “extrema para un país que no está en guerra”.

Los edificios atacados y los disparos no son lo único que está plagando Suecia. Además, se suele prender fuego a los coches. La pequeña y pintoresca ciudad universitaria de Lund, cerca de Malmö, ha sufrido hace poco una ola de coches incendiados. La policía no ha identificado aún a los sospechosos. “Estamos viendo que cada vez se queman más coches, y es claramente preocupante”, dijo Patrik Isaacson, jefe de área de la policía municipal de Lund. Notó que se incendiaban más coches en los meses de verano, pero también que han aumentado a lo largo de los años. “No sabemos quiénes son los atacantes, así que sólo puedo especular, pero este tipo de piromanía suele ser cosa de gente joven. Eso pasa en época de verano porque la gente joven no trabaja y sale mucho”.

“Desde luego, creo que estos son jóvenes que no han encontrado su lugar en la sociedad, que saben que no son aceptados —dijo Ingela Kolfjord, socióloga del derecho de la Universidad de Malmö—, que el ambiente se ha endurecido y que son constantemente vistos como ‘el otro’. Incendiar coches no es sólo su forma de mostrar su descontento, también es una manera de expresar que están frustrados, desesperados y enfadados”.

El escritor sueco Björn Ranelid discrepó. “Suecia está en guerra y los responsables son los políticos”, escribió en Expressen:

“Durante cinco noches seguidas se ha prendido fuego a los coches en la ciudad universitaria de Lund. Esos actos dementes se han producido en cientos de ocasiones en varios lugares de Suecia durante los últimos quince años. Desde 1955 hasta 1985, no se quemó ni un solo coche en Malmö, Gotemburgo, Estocolmo o Lund. […] Cuando una socióloga de la Universidad de Malmö explica los delitos [como una consecuencia de que] los jóvenes estén frustrados […] está diciendo cosas sin sentido […]. Repite las cosas que podría haber dicho un loro. Ninguno de esos delincuentes se está muriendo de hambre o no puede acceder a agua potable. Tienen un techo sobre sus cabezas y se les ha ofrecido colegio gratuito durante nueve o doce años. No viven en casas dilapidadas. Todos ellos […] han tenido unos materiales en casa de una calidad superior que los varios miles de niños y jóvenes que crecieron en Ellstorp, en Malmö, donde yo vivía con mis padres y dos hermanos, en 47 metros cuadrados con dos habitaciones y una cocina, desde 1949 a 1966”.

Ranelid concluía: “Se le llama educación, y esto es lo que les falta a miles de chicos y chicas en los hogares suecos de hoy. No tiene que ver con el dinero ni con cuál sea el lugar del mundo donde hayas nacido. No tiene nada que ver con la política o la ideología. Se trata de la ética, la moral y la convivencia entre las personas”.

Los coches incendiados, frecuentes y generalizados, son sólo uno de los nuevos aspectos de la vida en la antes idílica ciudad de Lund. En enero, Sadeq Nadir, un llamado “menor sin acompañante” de Afganistán, quiso matar a varias personas de la ciudad embistiendo contra ellas con un coche robado.

Aunque dijo que se había convertido al cristianismo, el material que se encontró en su apartamento demostró que quería librar la yihad y convertirse en mártir. Le dijo a la policía que su intención había sido matar. El suceso se clasificó al principio como intento de crimen terrorista, pero después se cambió a la acusación de diez intentos de asesinato. Aunque Sadeq ha admitido que su intención era matar, el juzgado de distrito sueco no consideró que Sadeq pudiese ser condenado ni por terrorismo ni por intento de asesinato. El tribunal alegó que no había conducido “lo suficientemente rápido” para causar un riesgo de muerte concreto. Asimismo, a pesar de que se descubrió que Sadeq había escrito textos sobre la yihad y el martirio y afirmaba que estaba actuando por Alá, el tribunal no consideró que hubiese actuado por ningún motivo de terrorismo religioso. Fue condenado sólo por causar un peligro para los demás y amenazarlos.

¿Cuál es la valoración del Gobierno sueco de la situación violenta y volátil? El primer ministro sueco, Stefan Löfven, condenó los recientes tiroteos:

“Hemos endurecido considerablemente las sanciones, incluido el castigo por posesión ilegal de armas y explosivos como las granada de mano. También le hemos dado más competencias a la policía para […] vigilancia con cámaras y recopilación de información”.

El 2 de julio, el Gobierno presentó una serie de propuestas para combatir la violencia armada, incluidas unas sanciones más duras por posesión de explosivos y nuevas competencias para los funcionarios de aduanas para que puedan bloquear paquetes de los que sospechen que contienen armas o explosivos.

Según la oposición, las propuestas han llegado demasiado tarde. “Esto se podría haber hecho hace un año, también. Nunca ha habido tantos disparos en Suecia. Creo que para la mayoría de la gente es obvio que el Gobierno no ha hecho lo suficiente”, dijo Johan Forssell, del partido de la oposición, Moderaterna.
Sin ir más lejos, el 6 de julio, el Día Nacional de Suecia, el primer ministro, Stefan Löfven, aunque reconoció que Suecia “sigue teniendo graves problemas sociales”, declaró: “Pocas cosas estaban mejor antes en Suecia”. “Aunque podamos pensar en los viejos tiempos como unos tiempos idílicos cabañas rojas y prados verdes, pocas cosas estaban mejor antes. En la celebración de una fiesta nacional, creo que deberíamos celebrar justo eso, lo mucho que hemos logrado como país. Hemos construido un país fuerte, donde cuidamos unos de otros. Donde la sociedad asume la responsabilidad y no se deja a nadie abandonado”.

Lamentablemente, es probable que muchos suecos se sientan terriblemente solos en un país que parece cada vez más una zona de guerra.

Fuente: Gatestone Institute


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Europa

Hungría, faro moral de Europa: prohíbe a las personas transexuales registrar oficialmente su cambio de sexo

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El Parlamento húngaro ha aprobado este martes una ley que impide modificar el sexo con el que los ciudadanos aparecen identificados en los documentos oficiales, bloqueando así el reconocimiento legal del cambio de sexo, en una medida que afecta a unas 30.000 personas trans en el país.

El cambio legal, impulsado por el Gobierno húngaro, ha sido aprobado gracias a la mayoría absoluta de que dispone el Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán. La ley determina que en los documentos oficiales debe registrarse el sexo biológico, determinado por los cromosomas, y que ese dato no puede ser modificado nunca.

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Organizaciones europeas de defensa de los derechos de las personas de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales), como ILGA-Europe y Transgender Europe habían pedido que se retirara la propuesta al entender que aumentará la «discriminación y violencia» que sufren las personas transexuales.

También habían protestado la comisaría de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic; el Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, y diversas ONG y partidos de la oposición húngaros.

Las críticas se centran en que la nueva legislación dificultará la vida de mucha gente, que tendrán que explicar las contradicciones entre sus documentos y su identidad o que, por ejemplo, serán hospitalizadas en alas que no corresponden con su identidad sexual. El Gobierno de Orbán afirma que, pese al cambio legal, las personas trans podrán vivir su vida y expresar su identidad tal como lo han hecho hasta ahora.

La Sociedad Háttér, de defensa de los derechos LGBTI, ha denunciado que se trata de una ley inconstitucional y que pedirá al presidente que no firme la ley y la recurra ante el Tribunal Constitucional. Aseguran también que contradice la normativa internacional en derechos humanos. Amnistía Internacional ha calificado la reforma de «escandalosa» y ha denunciado que «empuja a Hungría de vuelta a la Edad Media».


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Europa

(VIDEO HIJAS DE EUROPA) Tommie Lindh: el héroe de 19 años que murió apuñalado evitando la violación de una niña de 14 años y del que la #PrensaAmaestrada no habla

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Tommie Lindh ha muerto.

Y a nadie parece importarle: solo a unos pocos a los que la prensa mansa, apesebrada, aleccionada, mamporrera y obediente del poder socialista en boga en toda Europa califica de “fascistas”, “ultraderechistas” y “racistas”. ¿No les suena de algo?

Tommie Lindh tenía 19 años y vivía en Suecia, en la ciudad de Härnosand. Una ciudad que debido al perenne y corrupto Gobierno izquierdista sueco, se ha visto, como casi toda Suecia, invadida por lo peor de la inmigración islámica radical, como aquí el innoble animal Abubaker Mohamed, el asesino y violador con antecedentes de agresión, violencia y asalto sexual. Gracias a las bondades del Gobierno Sueco, se movía en completa libertad. 

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Abubaker Mohamed

Aquí tienen el enlace directo al muro público del asesino en Facebook: no sabemos cuanto durará, pero no parece que la policía sueca quiera o haya pedido suspenderlo, suponemos que para no “coartar” los derechos de Abubaker Mohamed.

Cuando vio lo que ocurría, se lanzó valientemente contra el agresor, que intentaba violar a una muchacha de apenas 14 años. El perro sarnoso, loco de rabia, apuñaló repetidamente a Tommie Lindh, hasta que cayó muerto, y ni las asistencias ni los médicos pudieron hacer nada por el.

La policía sueca tiene órdenes políticas de ocultar a la prensa y a la sociedad estos crímenes, para así no “provocar odio”. Enferma y nauseabunda es la sociedad que, para evitar el odio, silencia los crímenes ¡En lugar de impedirlos!

Hoy, la Hermandad Española de las Hijas de Europa le dedican un vídeo a su memoria imperecedera: nos unimos al pésame a su familia y honramos la memoria de este joven mártir sueco, que dio la vida por defender la de una inocente.


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Europa

En Bélgica caen como moscas: “Coronavirus: la masacre belga”

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Ministro belga (el que protege a Puigdemont, por cierto) demuestra su absoluta incapacidad para ponerse una mascarilla.
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Por Drieu Godefridi.- (*)

Aún es muy pronto para hacer una evaluación definitiva sobre la gestión del covid-19 en cada país, pero una cosa está clara: Bélgica está viviendo una auténtica masacre.

Todo empezó en 2015, cuando el Gobierno del primer ministro Charles Michel (actual presidente del Consejo Europeo) decidió destruir todo el ‘stock estratégico’ del país –63 millones de mascarillas, entre las cuales figuraban las tan valiosas FFP2–, cuidadosamente almacenado por el Ejército en un cuartel de Belgrade (Namur), porque estaba «desfasado», según declaró la ministra de Sanidad, Maggie de Block, que aún sigue en el cargo. «Para nada», afirmó el principal sindicato del Ejército; «esas máscaras fueron incineradas… para hacer sitio a los refugiados». En 2015, Bélgica y Europa se vieron inundadas de inmigrantes por la invitación a acudir al continente que les cursó la canciller alemana, Angela Merkel, y tanto las leyes de la UE como la Convención Europea de Derechos humanos hicieron materialmente imposible rechazarlos.

Todo el stock estratégico fue incinerado, sí; y nunca fue reemplazado, otra decisión de De Block que, dada la frecuencia con que se producen epidemias y pandemias, equivale a un crimen. «Gobernar es prever», que dijo Emile de Girardin.

Así que cuando la pandemia del coronavirus se extendió por Bélgica, este desgraciado país apenas tenía máscaras: ninguna para los ciudadanos, ninguna para la Policía, ninguna para las residencias de ancianos y casi ninguna para los hospitales.

La pandemia hizo erupción mucho antes en Italia que en Bélgica. El norte de Italia, tan ligado a China por medio de las industrias textil y de la moda, fue el epicentro de la pandemia en Europa. El 31 de enero Italia prohibió los vuelos procedentes de China, decisión lamentablemente tardía, y el 21 de febrero varias localidades del país transalpino quedaron completamente confinadas.

Muchos belgas tienen raíces italianas, especialmente en el sur (Valonia), y muchos más adoran Italia. De ahí que, pese al brote, entre el 22 y el 23 de febrero decenas de miles de belgas partieran a Italia para festejar el Carnaval. Y el Gobierno belga no abrió la boca.

Cuando esa gente regresó, principalmente por los dos mayores aeropuertos del país –el de Bruselas Sur (Charleroi) y el de Bruselas (Zaventem)–, no fue sometida a ningún chequeo. Sí lo fue cuando arribó a Italia, pero no cuando regresó a Bélgica. En ese entonces la ministra De Block manifestó que tomar la temperatura a la gente era inútil, y que cerrar la frontera no tenía sentido: «Un virus no se detiene en una frontera», dijo. Cuando el doctor Marc Wathelet trató de advertirle de los riesgos, De Block le llamó, en un tuit que posteriormente borró, «histérico».

Parece que la epidemia hizo eclosión en Bélgica, mayormente, de la mano de esos viajeros no chequeados.

A primeros de marzo, el Gobierno de la primera ministra Sophie Wilmès –del mismo Movimiento Reformador centro-izquierdista que su predecesor, Charles Michel– no veía problema en que los belgas asistieran a acontecimientos de masas, como el Salón Batibouw (una feria inmobiliaria), la Feria del Libro y, por supuesto, la manifestación por el Día de la Mujer del 8 de marzo. Para ese día, en Italia ya habían muerto 366 personas como consecuencia del virus.

Cuando Wilmès decidió finalmente ponerse en acción, por medio de unas directivas fechadas el 23 de marzo, lo hizo principalmente para proscribir cualquier iniciativa privada relacionada con las mascarillas y los medicamentos: el Gobierno se iba a hacer cargo.

Por desgracia, esos políticos profesionales y sus expertos no tenían la experiencia necesaria en el campo del comercio internacional. El primer cargamento de mascarillas solicitado por el Gobierno belga jamás llegó; las mascarillas del segundo cargamento eran muy eficaces… para hacer cafés, y cuando un emprendedor local tomó la iniciativa y encargó millones de mascarillas para que les fueran entregadas a las autoridades, fue demonizado –sin la menor justificación– como un «bandido». Pero, «hey, esto es una emergencia, ¡no tenemos tiempo para aportar pruebas!».

A principios de abril, dos meses después de que la pandemia se extendiera por Europa, en Bélgica aún no había mascarillas prácticamente, ni siquiera para los profesionales sanitarios que se exponen a diario al contagio, así que imagínense para el ciudadano del común.

Como no había máscaras, el Gobierno decidió anunciar que las máscaras no eran necesarias. La muestra suprema de la ineptitud gubernamental aún se puede ver en la web personal de la ministra de Sanidad: «Llevar máscaras para protegerse del coronavirus no tiene demasiado sentido».

Junto con las máscaras, el otro elemento imperativo para combatir al virus son los tests; hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha reconocido. Los tests son bastante sencillos de producir y el primer requisito para una respuesta eficiente ante cualquier pandemia. Los recursos sanitarios belgas son notables –hospitales, médicos, laboratorios públicos y privados, una enorme cantidad de compañías químicas privadas–, y el gasto público en sanidad belga es uno de los más elevados del mundo. Así las cosas, el Gobierno tenía la oportunidad de maquillar su ineptitud criminal con los tests.

Por desgracia, ocurrió todo lo contrario. Premió con el monopolio de facto sobre los tests al laboratorio de un tal Marc van Ranst, de la Universidad Católica de Lovaina. No hay razón concebible alguna para esa decisión, y las consecuencias fueron exactamente las mismas que con las mascarillas: la exclusión del sector privado y el racionamiento de los tests, de los que ha habido una cruel carestía desde el primer día.

La decisión es aún más sorprendente cuando uno se entera de que Van Ranst es no sólo médico sino un activista político. Declarado comunista e israelófobo, llegó a hablar un día del «Gazacausto», y se quedó tan a gusto con la palabreja. Este es el tipo al que se ha coronado Míster Test de toda Bélgica.

Cuando compañías privadas desarrollaron nuevos métodos de chequeo, el Gobierno belga publicó inmediatamente una nueva orden para proscribirlos, con el pretexto de que quizá no fueran 100% fiables.

Sin máscaras, rastreos y con apenas tests: esta viene siendo la situación en Bélgica en medio de la peor pandemia desde la gripe española de 1918. Es una situación dramática enteramente debida a las ominosas decisiones del Gobierno. Cuando Wilmès rompió el monopolio de facto que ella misma había creado, permitiendo tests de empresas privadas como GSK, ya era demasiado tarde.

Desafortunadamente, no acaba aquí esta triste historia de incompetencia criminal. Lo peor estaba aún por llegar. En vista de lo que sucedía en Italia y Alsacia (Francia), donde algunos hospitales se han visto temporalmente desbordados con los pacientes del coronavirus, el Gobierno belga tomó la que, en perspectiva, puede que sea la peor decisión adoptada desde 1945: los residentes en residencias de ancianos infectados tendrían que permanecer en las propias residencias. Así pues, no hubo hospitalización para esa pobre gente anciana.

Junto con la práctica total ausencia de máscaras y tests, esta directiva tuvo consecuencias cataclísmicas: muertes, muertes y más muertes. Bélgica habla ahora no de una sino de dos epidemias: la de la población en general y la de las residencias de ancianos. Trágicamente, prácticamente la mitad de las muertes por coronavirus en Bélgica han tenido lugar en asilos. Pese a los esfuerzos heroicos de sus trabajadores, los asilos belgas son de hecho trampas mortales. Para evitar contagios, a los moribundos que yacen en sus habitaciones no se les permite siquiera ver a sus familias una última vez; otra decisión del Gobierno belga que se ha proclamado, cancelado y vuelto a proclamar.

Sin máscaras, sin tests y con los asilos convertidos en trampas mortales: ahora entiende uno por qué Bélgica es el país del mundo con más muertes por coronavirus per cápita, con una cifra diez veces superior a la de Alemania [1].

La masacre belga es completamente debida a la trágica incompetencia de las elites gobernantes, y era completamente evitable.

NOTA:

[1] La inefable Maggie de Block ha anunciado que «recontará» las muertes en las residencias de ancianos porque algunos de los incluidos en las estadísticas sólo eran «sospechosos» de tener el coronavirus. Ahora bien, numerosos países, empezando por EEUU, han incluido los casos sospechosos en sus conteos.

(Gatestone Institute) Drieu Godefridi, escritor liberal, es el fundador del Instituto Hayek de Bruselas. Tiene un doctorado en Filosofía por la Sorbona de París y gestiona inversiones en varios países europeos.


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