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Un Análisis de la situación actual. Por J.G.L.

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No soy un analista político, no poseo conocimientos geoestratégicos, no soy politólogo ni sociólogo, ni economista y, gracias a Dios, no pertenezco a la clase política. Es decir, estoy en las mejores condiciones para hacer un análisis que se acerque un poco a la situación tan complicada que nos está tocando vivir.

Hace ya unos tres o cuatro años, en un programa argentino de televisión, le preguntaban a Javier Milei, cuando comenzó a involucrarse en la política, cuál era el problema de la Argentina. Y cuando sin vacilación alguna respondió: «el problema de la Argentina es un problema moral», me dije: «este tipo es un fenómeno. Si pudiera llegar a la presidencia del gobierno, Argentina cambiaría radicalmente». Y como no soy analista político, ni politólogo, ni sociólogo, ni economista, ni nada de eso, acerté. Así que ahora me atrevo a lanzar algunas reflexiones sobre la complejísima e inédita situación en la que nos encontramos.

Los expertos son los que con más frecuencia se equivocan. Saben tanto y analizan tantos datos y variables, estadísticas, antecedentes históricos, aspectos socioeconómicos… que es muy difícil que acierten. Alguien dijo que la economía es la ciencia en la que se puede dar un premio Nobel a dos expertos por decir uno, todo lo contrario de lo que dice el otro. Me parece que esto es aplicable a bastantes más campos y no solo al de la economía. De modo que con la autoridad de quien no es un experto, doy mi visión de lo que está sucediendo.

La respuesta de Javier Milei sobre el problema de Argentina, pone de manifiesto algo que me parece fundamental. Hay que tomar distancia suficiente para tener una perspectiva que no se quede en el detalle sino que vea todo el conjunto y detectar el aspecto central. Milei hizo eso. Jamás escuché a ningún economista decir algo tan sensato y acertado. Milei no se quedó en la perspectiva , meramente económica, de los datos, de la inflación, de la subida del dólar, de la emisión del Banco Central, de los movimientos de los mercados, de la deuda, del ahorro y de la inversión. Conoce muy bien todas estas cuestiones, pero no se quedó pegado a ellas. Tomó distancia. Bastante distancia. Y eso le permitió ver no solo la economía sino todo lo que afecta a la economía y todo lo que afecta a Argentina. Por eso pudo visualizar cuál era realmente el problema.

Ya estoy viendo y escuchando a los especialistas y a los expertos sonreírse y hacer jocosos comentarios despectivos sobre lo que estoy planteando. Y por eso se equivocan y se vuelven a equivocar una y otra vez y se seguirán equivocando. El problema de la compleja situación actual que atravesamos es un problema moral. Quien pretenda dar explicaciones y hacer análisis más concretos y detallados, no encontrará el camino de la solución.

Hay muchos, demasiados expertos, demasiados científicos, cada vez más especializados, muy inteligentes que saben mucho pero de una pequeñísima parte de la realidad. Lo que faltan son sabios. Hombres y mujeres con sabiduría.  Estos sabios no conocen a penas una mínima parte de lo que conocen los inteligentísimos expertos y científicos sobre cada uno de los campos concretos que estudian, pero conocen lo más importante del ser humano y poseen la capacidad de ver la realidad con distancia, con perspectiva, porque poseen sabiduría.

Buscar soluciones con estrategias de alianzas políticas, sinergias ideológicas, cambios estructurales, capacidad económica, proyectos financieros, control de la opinión pública, organismos globales, equilibrios de intereses, capacidad de imposiciones, dominio de avances tecnológicos como la inteligencia artificial, afán y pretensiones de repartos de influencias, y otras muchas cuestiones por el estilo, puede resolver ciertos problemas, pero no «el problema».

Y como ya he señalado antes, el problema es moral. Pero lo primero que hace falta es reconocerlo. De lo contrario no se podrá intentar resolverlo. Reconocerlo es difícil porque supone en cierto modo humillarse, es decir, reconocer que la ciencias, que la técnica, el hacer, no es lo decisivo para el ser humano. Estamos ante la distinción clásica de los griegos entre praxis y poiesis. No es lo mismo hacer que actuar. Los latinos también distinguen entre el hacer y actuar, entre el facere y el agere.

El hacer connota un obrar humano que tiene su fin fuera de él. Mediante su hacer, el hombre transforma el mundo. El actuar, por el contrario, connota un obrar humano que tiene en el hombre su fin.

El problema moral es muy sencillo de describir. Consiste en aceptar la realidad tal y como es, no como quisiéramos que fuera. Y esto es el reconocimiento de que no nos hemos dado el ser y que, por tanto somos criaturas. Aceptando esto podremos afrontar el principio clásico de la metafísica que dice: Agere sequitur esse (el actuar se sigue del ser). Se trata de algo muy sencillo que supone volver al sentido común, saber tratar y aceptar la realidad tal y como es, obrar de acuerdo al ser de las cosas. Es la realidad, el esse, el que nos guía en cuanto al agere. Eso nos permitirá  llamar bien a lo que es bueno, y llamar mal a lo que es malo. Solo los necios se sonreirán escépticos ante esta afirmación. Pero será mejor que tengan en cuenta una advertencia llena de sabiduría: ¡Ay de los que al mal llaman bien, y al bien mal; que de la luz hacen tinieblas, y de las tinieblas luz; y dan lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

Sí, el problema de la humanidad actual es moral por eso «la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad. No hay excusa. La humanidad se ha extraviado en vanos razonamientos y se ha quedado en la oscuridad. Cuando el mundo y las naciones rechazan a Dios se atraen sobre sí toda suerte de calamidades. La realidad de lo que está ocurriendo ya la describió hace casi dosmil años Pablo de Tarso con una precisión que asombra: «dejándolos [a los hombres] abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe. Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones. Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres, insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen».

Hoy la situación ha empeorado porque son los mismos gobernantes, los dirigentes de las naciones quienes se comportan así, legislan así, y aplauden toda esta inmundicia. Cuando los que rigen las naciones hablan de respeto, de paz, de honestidad, de solidaridad, de justicia, de igualdad y resulta que ellos son mentirosos, cinicos, en corruptos, ladrones, explotadores y viven entregándose a todo tipo de bajezas, abusos, vilezas y maldades ¿qué tipo de sociedad se va a construir?

Sí, el problema fundamental ante el que nos encontramos es moral. No es un problema que tiene solución en lo técnico sino en lo ético. Hay que educar en el bien y la verdad. La educación en las virtudes propuesta en el siglo IV por Aristóteles en su Ética a Nicómaco, es la que puede y debe formar personas honradas e íntegras, que fomenten la concordia y que motiven a los jóvenes desde niños a buscar la «vida excelente». Aristoteles señala que el modelo que hay que seguir para alcanzar esa «vida excelente» es el hombre virtuoso. Son los hombres y mujeres virtuosos los que pueden guiar con prudencia el destino de las naciones.

Cuando la virtud es denostada, y es ensalzado el vicio, la sociedad concibe la vida de un modo puramente materialista y hedonista, y deviene pronto en toda esa serie de vicios que señala Pablo de Tarso: iniquidad, envidia, crímenes, arrogancia, avaricia… En definitiva, una sociedad corrupta y depravada. Es necesario volver al sentido común que posee todo ser humano en su interior y por el que reconoce lo que está bien y lo que está mal. Y hay que exigir, especialmente a la clase dirigente, a los gobernantes, que sean personas honradas, honestas, justas, que asuman sus funciones como un verdadero servicio y no como una posibilidad de beneficios, ventajas, enriquecimiento y ejercicio del poder por el poder. Hay que buscar mecanismos rápidos y eficaces para controlar a los políticos y para desalojarlos de sus puestos cuando se comporten de manera indigna, cuando mientan o se beneficien personalmente de los cargos que ocupan. Los políticos están al servicio de la sociedad y no para servirse de ella. La mayor parte de los gobernantes que tenemos han confundido la «vida excelente», la «vida buena», con darse la buena vida. Y así nos va.

 

J.G.L. 

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Opinión

Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

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