Internacional
Una periodista «blanca» declara en «Time» que la «libertad de expresión» es una «obsesión enfermiza» del «hombre blanco»… por supuesto, tras la compra de Twitter por Elon Musk
Nuestras élites NO están felices: su descontento con las decisiones electorales de los pueblos, tan a menudo irritantemente contrarias a lo que nos preparan nuestras oligarquías, y sus planes para eliminar o, al menos, restringir el voto. Pero no es en absoluto el único pilar de nuestras democracias que está bajo ataque de los lacayos del sistema. Más aún que el sufragio lo está la libertad de expresión.
En medio del debate que se ha creado en Estados Unidos en torno a la creación de un «Ministerio de la Verdad» dependiente del Departamento de Seguridad Nacional, los columnistas a sueldo de los plutócratas han encontrado que, después de todo, eso de que cualquiera puede decir lo que le dé la gana en la palestra pública es un disparate. Lo asombroso es que los encargados de atacar la libertad de expresión sean periodistas, el gremio que tradicionalmente la ha defendido con uñas y dientes.
Y para denigrar esa base esencial de nuestras democracias se ha encontrado la más cansina de las asociaciones: la libertad de expresión es racista. En concreto, y según la periodista de la revista «Time» Charlotte Alter, la libertad de expresión es una «obsesión» del hombre blanco.
El ataque de Alter, en forma de columna, se centra, naturalmente, en Elon Musk, el magnate que acaba de comprar la red social Twitter, presuntamente para convertirla en una plataforma realmente libre y eliminar las prácticas de totalitarismo «woke» que la han hecho famosa con sus censuras, expulsiones y manipulaciones varias.
A Alter sencillamente no le entra en la cabeza cómo nadie puede poner un montón de dinero encima de la mesa para respaldar la libertad de expresión de otras personas, de cualquier persona. No tiene sentido. Si se trata de dar dinero a causas altruistas, se pregunta Alter, ¿por qué no dedicarlo a la justicia social o a la no discriminación?
La idea de que cualquier pelagatos esté autorizado a dar su opinión en la arena pública le parece a la periodista una extravagancia repugnante como comprar huevos Fabergé. “¿Por qué Musk se preocupa tanto por esto? ¿Por qué a un tipo que ha superado los límites de la fabricación de vehículos eléctricos y sondeado los límites de los vuelos espaciales comerciales le importaría quién puede decir qué en Twitter?”.
Pero Alter tiene la respuesta a su propia pregunta, más que nada porque es la respuesta estándar en Estados Unidos a cualquier pregunta: el privilegio blanco.
Cita a Jason Goldman, uno de los primeros responsables de diseñar la censura política en Twitter antes de entrar en la Administración Obama. La libertad de expresión, llegó a declarar Goldman, “se ha convertido en una obsesión de los miembros masculinos de la élite tecnológica, en su mayoría blancos”, que “preferirían que las cosas volvieran a ser como antes”. También cita al profesor de comunicación de la Universidad de Stanford, Fred Turner, quien explica que la libertad de expresión es solo «una obsesión dominante entre la mayoría de la élite… [y] parece ser una obsesión mucho mayor entre los hombres».
La censura, para los nuevos mandarines, lejos de ser la supresión de ideas disidentes que amenazan a los poderosos, es un simple mecanismo de control para eliminar ideas nocivas o narraciones falsas. “Desinformación”, como el título que han propuesto para el nuevo Ministerio de la Verdad.
Por supuesto, quién decreta qué idea es nociva y qué narrativa es la correcta es el mismo estamento interesado en suprimir todo lo que ponga en peligro su poder, como entendieron hace siglos quienes redactaron la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos y los defensores de ese mismo principio fundamental en el mundo entero.
Pero lo que convierte en noticia la columna de Alter es que no es una francotiradora aislada: ya los principales medios de comunicación de Estados Unidos se han abonado a esa tendencia que aborrece la libertad y que, como ha sucedido con tantas otras que han acabado en nuestras instituciones, ofrecen un ominoso panorama de nuestro futuro inmediato.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
