Opinión
Unidas Podemos, una anomalía democrática. Por Jesús Salamanca Alonso
No ha gustado al comunismo que Pilar Alegría le pusiera banderillas negras en lo alto del morrillo, allí donde el picador planta la garrocha.
Unidas Podemos continúa a piñón fijo en temas relacionados con la enseñanza y la educación. Lo demostró con la Ley Celaá y lo vuelve a demostrar en sus atrabiliarios ataques a Pilar Alegría por las declaraciones de ésta sobre la enseñanza concertada. No hay duda de que la ministra de educación, maestra recién estrenada, ha dado una lección y un soplamocos en los morros a la extrema izquierda, anclada en un pasado oscuro y sin valores democráticos; eso sí, siempre con esputos dialécticos de gente como Pablo Echenique: cualquier día el Papa Francisco extenderá su perdón, en nombre del pueblo argentino, por enviar a España a tan calamitoso aventador de odio y esperpéntico aspirante a equilibrado político.
La ministra Alegría ha expresado sin complejos que «es firme defensora del trabajo de colaboración entre la enseñanza pública y la concertada» Con tales declaraciones ha puesto una pica en Flandes, cuando el comunismo de torcida ringlera demuestra que ni siquiera ha sabido colocar el palillo en una aceituna o elegir el canuto adecuado para hacer la «o». No entiende la ultraizquierda «bombonera» que la enseñanza concertada juega un papel fundamental dentro del sistema educativo; un sistema al que parece molestar hasta el lenguaje de valores democráticos, recurriendo a la risible y confusa mezcolanza entre género y sexo. Vulgaridad que ya se ha extendido a la propia LOMLOE.
No parece haber gustado al comunismo en el Ejecutivo que una jovencita le pusiera banderillas negras en todo lo alto del morrillo, allí donde el picador aprovecha para colocar su garrocha. Por eso le ha faltado tiempo al socio comunista para, apuntando a la ministra de educación, decirle que «el Gobierno apuesta por un modelo público y de calidad, donde la concertada no puede tener trato de favor». Y es que el odio tan propio de lo que es «Hundidas Podemos» o «Unidas Pandemias», y que tanto afán tiene por extender en la sociedad adormilada, no tiene cabida en países desarrollados, mucho menos si lleva un envoltorio de sectarismo, despropósito, envenenado resentimiento y torpeza.
Me sorprende que, el sector más siniestro del Gobierno presidido por Pedro Sánchez, pueda pensar que existe o ha existido trato de favor hacia la enseñanza concertada. Ni siquiera lo tuvo cuando Felipe González recurrió a esa fórmula ante la imposibilidad de abordar la plena escolarización en ese momento. Lo que se calla ese siniestro ala del Ejecutivo es que incluso el Gobierno actual ha intentado destrozar tal variante del sistema educativo; el propósito del socialismo de taburete y tumbona es ahogarlo, mentir a los padres y atentar contra la libertad de elección hasta que pueda ejecutar puntualmente a la concertada.
Es un hecho la reducción del concierto a centros, recortes de concierto a determinados niveles educativos, así como eliminación de dotaciones y elección de cuantas trabas ha podido para su desarrollo. Eso sí, desde las filas del socialismo y de otras siniestras corrientes se ha utilizado el tirón de los conciertos cuando ha interesado y convenido; es más, muchos ministros con bandera de sectarios han cursado sus estudios en centros privados y concertados, empezando por el propio presidente del Gobierno. Y es la fecha que eligen para sus retoños la misma variante a la que manipulan y distorsionan siempre que pueden.
Parece que su torpeza los lleva a pensar que toda la concertada está regentada por curas, monjas y otras figuras religiosas. Una torpeza, pero en otro sentido, fue de la que en 1931 ya hizo gala la socialista, Victoria Kent, contraria al voto femenino y obsesionada con que los sacerdotes influenciaban a todas las mujeres desde el confesionario: pocas veces la torpeza y el egoísmo de una mujer hizo tanto daño a las demás; claro que, siempre nos quedará la sensatez manifiesta de Clara Campoamor.
Todas esas absurdeces en las que se ha centrado el sector más radical del Gobierno, con el apoyo de algunos desnortados socialistas, se han diluido como azucarillos porque Sánchez no ha entrado al trapo. El PSOE sigue buscando que se aprueben los presupuestos para 2023 aunque sea con antifaz y mascarilla; su desquite busca el momento y la estrategia para desmarcarse del comunismo más cuadriculado y a quienes los sondeos funden casi por completo. Si Izquierda Unida es una rémora insalvable dentro de Unidas Podemos, esta última formación también lo es dentro del actual Ejecutivo.
En pleno siglo XXI no se entiende que el PSOE se haga acompañar por un modelo anquilosado y cavernario como es el de Unidas Podemos, salvo en el caso español que únicamente representa un bastón para sujetar la segunda pata del Gobierno, también reforzada por otros sectores «Frankenstein».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
