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España

Veinte preguntas de indignación sobre el pucherazo del 28-A y un llamamiento desesperado (y 2)

Redacción

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Franco en Ceuta, 19 de julio de 1936.

Laureano Benítez Grande-Caballero.- En la tarde del 17 de julio de 1936, sobre las 16,20 horas, un comando sublevado irrumpió en las dependencias de la Comisión Geográfica de Límites de África, y desde allí cursó un telegrama anunciando el triunfo de la rebelión contra la República.

A la una de la madrugada del 18, mientras Franco descansaba en la habitación nº 3 del Hotel Madrid, de Las Palmas de Gran Canaria, ―donde había llegado desde Santa Cruz de Tenerife para asistir al entierro del general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria, fallecido el 16 de julio―, sus ayudantes le hicieron entrega del telegrama, reexpedido desde Tenerife, con el siguiente texto: «Jefe Circunscripción Melilla a Comandante General Canarias. Este ejército levantado en armas se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del mando en este territorio. La tranquilidad es absoluta. ¡Viva España!: Coronel Soláns».

En esa misma habitación nº 3 me hospedé la fatídica noche del colosal pucherazo en las elecciones del 28-M. Viví varios años en Las Palmas en mis años mozos, y luego he vuelto allí en ocasiones, pero nunca se me había ocurrido alojarme en ese hotel y en esa habitación, dado que, además de que desconocía que Franco se hubiera alojado allí, mi ideología política pertenecía más bien al ámbito de la izquierda hasta no hace mucho.

Sin embargo, tuve mi «camino de Damasco», que me llevó a movilizarme desde junio del año pasado contra la pretendida profanación de la tumba del Caudillo, y contra la blasfema pretensión roja de desacralizar el Valle donde yace el Generalísimo.

Será un guiño del destino, una casualidad o una recompensa a mis esfuerzos por defender su causa, pero lo cierto es que la primera noche que dormí en la habitación de Franco en el Hotel Madrid fue la del golpe de Estado del 28-M.

Se dice que Franco, al llegar al hotel, exigió una habitación donde hubiese un escritorio y una lámpara, que le fueron prontamente suministrados.

La habitación se conserva prácticamente igual, con cambios mínimos, de modo que hospedarse en ella es como hacerlo en un museo, en un monumento histórico. El escritorio y la lámpara siguen ahí, como mudos testigos del lugar donde posiblemente redactó el Manifiesto de las Palmas ―aunque éste aparece fechado en Santa Cruz de Tenerife el día anterior―, documento en el que el General llamaba al Alzamiento contra una República en manos de las hordas bolcheviques, que amenazaba la supervivencia de la Patria.

Era un llamamiento desesperado a una Patria en ruinas, destrozada por huelgas, asesinatos, persecución a los católicos, incendio de iglesias, violencia contra las derechas, separatismos, y una creciente amenaza de convertir a España en una dictadura bolchevique de cuño soviético.

El Manifiesto, el llamamiento desesperado, se difundió a partir de las 5 y cuarto horas del día 18 de julio de 1936 por las emisoras locales ―Radio Las Palmas y Radio Club Tenerife―, nada más Franco declaró el Estado de Guerra en las islas Canarias en la Comandancia Militar de las Palmas, a poca distancia del hotel, y fue recogido en su versión íntegra inicial por el diario Hoy de la isla de Tenerife tres días después.

Desde 1975, los izquierdistas herederos de los rojos del 36 han estado conspirando para volver al frentepopulismo de 1936, con el fin de retrotraer a España a la situación anterior a la Guerra Civil que perdieron, para tomarse cumplida venganza de la España nacionalcatólica que les derrotó, y para reanudar su proyecto de destruir nuestra Patria mediante una revolución emanada del marxismo luciferino, con la diferencia de que ahora no se la van a entregar a una Rusia soviética, sino al Nuevo Orden Mundial.

Aquí los tenemos otra vez, a los cojoneros milicianos insepultos, desenterrando momias, blasfemando desencadenadamente, acosando y persiguiendo a los patriotas, apoyando los separatismos, rasgando nuestras banderas, destruyendo nuestros principios y valores, traicionando nuestra Patria, censurando a las derechas, levantando su grotesco puño…

… Y ejecutando sus alevosos pucherazos, sus fraudes electorales, como el que les permitió acabar con la monarquía en el 31, o el que llevó al poder al Frente Popular en el 36, fraude apoteósico.

Han pasado más de 80 años, y aquí los tenemos nuevamente, dando un golpe de Estado con el pavoroso fraude del 28-A, formando un Frente Popular con los mismos partidos que conformaron «la chusma que se apoderó de la República» ―en palabras de Azaña―: PSOE, comunistas de Podemos, ERC, PNV…

Hoy como ayer, por eso, ante la situación de emergencia nacional que estamos viviendo después del pucherazo, cuando se avista otro en las elecciones del 26-M, en esta hora de trágicas tinieblas que devasta nuestra Patria, amenazándola con su disolución, he vuelto en mi imaginación a la habitación nº 3, para dejarme arrebatar por la ensoñación de qué bando, qué Manifiesto escribiría hoy Franco, ante unas circunstancias que son prácticamente idénticas a las que provocaron el Alzamiento.

Y ahí, en la cómoda que le sirvió de escritorio, a la luz de la lámpara, escribiría posiblemente este Llamamiento Desesperado:

«¡ESPAÑOLES!

A cuantos sentís el santo amor a España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la Patria, a los que jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la Nación os llama a su defensa.

La situación de España es cada día que pasa más crítica. La anarquía reina en algunas Comunidades Autónomas, donde el Estado ha desaparecido, y bandas violentas de independentistas se han enseñoreado de sus campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas. Los partidos patrióticos son perseguidos, acosados y censurados, alevosa y traidoramente, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia.

Los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas luciferinas, que con sus blasfemias mancillan la catolicidad de nuestra Patria, con la complicidad o negligencia de gobernadores monteriles.

Los más graves delitos contra la Patria se cometen en Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Baleares, obedeciendo ciegamente a gobernantes que intentan deshonrar a España. El Ejército, la Marina y demás Institutos armados son blanco de los soeces y calumniosos ataques, precisamente por aquellos que deben velar por sus prestigios.

La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la Ley, ni libertad ―aherrojada por la tiranía―, ni fraternidad ―cuando el odio y las amenazas han sustituido al mutuo respeto―, ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial más que por regionalismos, que los propios poderes fomentan; ni integridad y defensa de nuestras fronteras, que son asaltadas por miles de ilegales que luego son agasajados por autoridades traidoras.

El Poder Judicial español, que la Constitución garantiza, igualmente sufre persecuciones que la enervan o mediatizan, y recibe los más duros ataques a su independencia.

Pactos electorales, hechos a costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los pucherazos que falsean las elecciones presuntamente democráticas, formaron la máscara de la legalidad que nos preside. Nada contuvo la apetencia de Poder: falseamiento de las elecciones y glorificación de la separación catalana, una y otra quebrantadoras de la Constitución que, en nombre del pueblo, era el Código fundamental de nuestras Instituciones.

Al espíritu ignorante e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes globalistas, que ocultan la sangrienta realidad de los regímenes comunistas que sacrificaron para su existencia a más de 100 millones millones de personas, se unen la malicia y negligencia de Autoridades de todo orden que, amparadas en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer el orden y el imperio de la libertad y la justicia.

¿Es qué se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo?

¿Es qué podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con un proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia?

¡Eso no! Que lo hagan los traidores, pero no lo haremos quienes juramos defenderla.

Es la hora de luchar por la justicia e igualdad ante la Ley, por la paz y amor entre los españoles, por trabajo para todos, por la unidad de la Patria, sin enconos ni violencias.

Es la hora de defender a España de los explotadores de la política, de los engañadores del obrero honrado, de los extranjerizantes que directa o solapadamente intentan destruir a España.

En estos momentos es necesario que los españoles nos movilicemos pidiendo paz, fraternidad y justicia.

Nuestro impulso no se termina por la defensa de unos intereses bastardos, ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia, porque las Instituciones, sean cuales fueren, deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos que, no obstante las ilusiones puestas por tantos españoles, se han visto defraudadas, pese a la transigencia y comprensión de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica, cuya realidad es imponderable.

Como la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político-social, y el espíritu de odio y venganza no tiene albergue en nuestros pechos, del forzoso naufragio que sufrirán algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales en nuestra Patria, la unidad y la paz.

Españoles: ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!, ¡¡¡VIVA EL HONRADO PUEBLO ESPAÑOL, Y MALDITOS LOS QUE EN LUGAR DE CUMPLIR SUS DEBERES TRAICIONAN A ESPAÑA!!!».

Este llamamiento lo completaría con otro bando, cuyo contenido sería muy parecido al que proclamó el sábado 18 de Julio de 1936, conocido como el Manifiesto de Melilla:

«Don Francisco Franco Bahamonde, General de División y Jefe de las Fuerzas Armadas de África, Tetuán, 18 de julio de 1936 (Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, Tetuán, 25 de julio de 1936).

Bando de declaración del estado de guerra en Marruecos.

Hago saber:

Una vez vemos con amargura infinita desaparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común: España.
Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la Patria, no solamente en sus apariencias o signos exteriores, sino también en su misma esencia; para ello precisa obrar con justicia, que no repara en clases ni categorías sociales, a la que ni se halaga ni se persigue, cesando de estar dividido el país en dos grupos: el de los que disfrutan del poder y el de los que eran atropellados en sus derechos, aun tratándose de leyes hechas por los mismos que las vulneraron; la conducta de cada uno guiará la conducta que con relación a él seguirá la legalidad, otro elemento desaparecido de nuestra Nación y que es indispensable en toda colectividad humana. El restablecimiento de este principio de legalidad exige que el pueblo español se movilice sin titubeos ni vacilaciones.

Espero la colaboración activa de todas las personas patrióticas, amantes del orden y de la paz, sin necesidad de que sean requeridas especialmente para ello, ya que siendo sin duda estas personas la mayoría por comodidad, falta de valor cívico o por carencia de un aglutinante que aunara los esfuerzos de todos, hemos sido dominados hasta ahora por unas minorías audaces sujetas a órdenes de internacionales de índole varia, pero todas igualmente antiespañolas. Por esto termino con un solo clamor que deseo sea sentido por todos los corazones y repetido por todas las voluntades. ¡VIVA ESPAÑA!».

Franco confió la situación de las Canarias al general Luis Orgaz Yoldi, y a las once y veinte de la mañana subió en un automóvil en el patio interior de la comandancia, que le llevó a un pequeño embarcadero en la plaza de San Telmo, en la cual también se encontraba la Comandancia Militar.

Al despedirse de sus subordinados, les dijo: «Fe, fe, fe; disciplina, disciplina, disciplina». Eran poco más de las dos de la tarde cuando embarcó en un remolcador civil, que le transportó hasta el aeródromo de Gando, donde le esperaba un avión De Havilland, Dragon Rapide, de siete plazas, matrícula G-ACYR.

Tras escalas en Agadir y Casablanca ―donde pernocta―, al amanecer del 19 de julio el avión llega a Tetuán: donde se pondrá al frente del Ejército de África: la guerra había comenzado.

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España

El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!

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Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa

La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid

Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.

Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.

Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.

Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.

Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.

Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.

Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.

Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.

La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

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