Winston Galt: "El pensamiento políticamente correcto es la censura más eficaz que se ha inventado jamás" - ALERTA NACIONAL
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Winston Galt: “El pensamiento políticamente correcto es la censura más eficaz que se ha inventado jamás”

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Frío monstruo, una novela de suspense, geopolítica y ciencia-ficción recientemente publicada en la red mundial de Amazon, se ha convertido en una de las primeras grandes distopías literarias en español que tratan de adivinar y dibujar cómo será el futuro próximo de Europa. Y lo que puede entreverse sobre nuestro porvenir entre las páginas de Frío monstruo no es especialmente agradable porque la novela, firmada por W. Galt y levantada sobre una narración trepidante que se desarrolla en el año 2050, esboza un continente convulso, dramático e irreconocible arrasado por la corrección política, la islamización, la censura, el auge de los movimientos populistas de extrema-izquierda, el terrorismo, el integrismo ecológico y la dictadura de la ideología de género.

W. Galt, que firma Frío monstruo y que también es el nombre del protagonista de la novela, es el pseudónimo de un experimentado escritor español que cuenta en su haber con una decena de obras ya publicadas, algunas de ellas en editoriales reconocidas, y que ahora ha decidido escudarse bajo un alias.

“El pseudónimo provoca una abstracción respecto al autor que me parecía interesante. Cuando un escritor utiliza su nombre, quienes están familiarizados con su obra no pueden evitar cierto prejuicio respecto a lo que esperan de ese autor, y los que no están familiarizados con su obra observarán la novela desde lejos y con los prejuicios que les provoque el autor a través de referencias. Usar un pseudónimo evita todo esto y pone de relieve únicamente el texto. El valor o disvalor del texto será el único criterio de los lectores, lo que, en cierto sentido, “purifica” la obra, opción a considerar cuando, además, la novela trata cuestiones políticas espinosas y difíciles que pueden incluso molestar a muchas personas de determinadas ideologías o lugares de procedencia. Finalmente, utilizar como pseudónimo el nombre de un personaje es un juego novelesco que me apetecía utilizar”.

¿Cómo surge la idea de escribir una novela tan corrosiva, políticamente incorrecta y demoledora comoFrío Monstruo? ¿Es esta su primera obra? ¿Qué otras obras inspiran su novela?

En absoluto es la primera obra. He escrito más de diez novelas y publicado algunas de ellas en editoriales tradicionales, algunas de ellas muy importantes. Ya entonces tuve algún problema con una de esas editoriales por unos comentarios sobre el terrorismo de ETA.

Es difícil aprehender el momento en que surge una idea. Seguramente fue hace muchos años, cuando leí por primera vez 1984, de George Orwell, una novela imprescindible. Me impresionó cuando era muy joven. Seguramente es la novela que más veces he leído. La idea, que rondaba por ahí, fue madurando a lo largo de los años y a través de muchas lecturas, siempre muy heterogéneas. Soy autodidacta y leo a impulsos según el interés del momento y, sobre todo, según el tema a tratar en la siguiente novela. De modo que es imposible decir un momento en que surge la idea, aunque seguramente el desencadenante fue el descubrimiento de La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, una novela impresionante que se convirtió, durante el siglo XX, en una “Biblia” para muchos librepensadores liberales americanos. Por desgracia, parece que en Europa no ha tenido la misma relevancia, lo que no es extraño dado el pensamiento políticamente correcto y socialista que impregna la cultura europea desde hace décadas con unos resultados más que discutibles.

Su novela presenta una Europa en 2050 arrasada por el totalitarismo socialdemócrata, por la corrección política, por los movimientos de extrema izquierda y por la islamización. De hecho, hay páginas de su obra que parece ser más un ensayo que una ficción. ¿Así ve nuestro futuro colectivo a medio plazo o todo es ficción?

Espero no haber caído en el error de haber dejado sin trama literaria la novela. Pero lo que entendía que debía decir tenía que decirlo. Para ello, es necesario que los personajes hablen y expliquen. He intentado imaginarlos en ese marco que describes e intentado comprender cuáles serían sus impresiones y sus reacciones y mover a los personajes en ese mundo imaginado.

En cuanto a si he acertado, el tiempo lo dirá. Espero equivocarme. Como dice la frase de Wells que da inicio a la novela: “No hay un modelo de lo que está por llegar”, de modo que estamos a tiempo de evitarlo. Otra cuestión es si queremos evitarlo y, sinceramente, no veo a los ciudadanos europeos con la voluntad de hacerlo. Esto tampoco significa que inexorablemente vayamos a una Europa como la que describo en la novela, pero lo cierto es que hay indicios de que podemos llegar a esa Europa horrible si no rectificamos a tiempo.

En este momento, esa rectificación, como digo, no se ve: los partidos socialdemócratas que conocíamos hace veinte o treinta años, que aceptaban sin reservas el sistema capitalista y la democracia liberal, están pereciendo o mudando de piel arrasados por el populismo de izquierdas. Véase los resultados electorales de la socialdemocracia alemana; en Francia, prácticamente ha desaparecido, al igual que en Italia. En el Reino Unido está en manos de un individuo que se parece más a Pablo Iglesias que a Willi Brant; en España, el PSOE se ha radicalizado tras el surgimiento de Podemos y defiende políticas de ingeniería social que arrasan con la igualdad de los ciudadanos y con la igualdad de los territorios, aliado de un nacionalismo decimonónico. Lógicamente, nadie puede ya esperar de estos movimientos, que representan a millones de europeos, oponiéndose a las políticas de discriminación que ellos mismos defienden o intentando volver a los principios que hicieron de Europa la civilización más avanzada de la historia hace apenas unas décadas. Tampoco nadie puede imaginar a esos movimientos oponiéndose a una islamización que avanza lenta pero inexorablemente con su enorme peso demográfico. Alguien puede pensar que esa invasión silenciosa es programada según algunas noticias que filtran informaciones de los servicios secretos alemanes o que es meramente casual, pero lo cierto y verdad es que se espera que en Europa haya en 2050 unos 150 millones de musulmanes. ¿Será Europa entonces Europa y podrá sostenerse sobre los mismos principios que ahora cuando una tercera parte de su población sustente unos principios incompatibles con nuestra cultura y nuestra idea de libertad y democracia?

Basta mirar a la historia para adivinar la respuesta.

Frío monstruo es una distopía que presenta un futuro de Occidente cuyos primeros esbozos podemos observar ya mismo, simplemente prestando atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Por qué cree que estas cuestiones, claves para el futuro de nuestra civilización, apenas se tratan actualmente en la literatura de ficción occidental?

Hace 100 años el comunismo llegó al poder en Rusia y desde el primer momento se tuvo conciencia por parte de algunos de la verdadera faz del monstruo. Personas cultas, como Zamiatin, seguramente conocían utopías como la de Tomás Moro. Adaptar, dándole la vuelta al argumento, esos textos previos a la situación real de la Rusia comunista sólo necesitó una vuelta de tuerca de un autor inteligente. Unos años después, Huxley vio la oportunidad de crear otra distopía, pero en un marco completamente diferente, en las entonces ya prósperas democracias occidentales británica y estadounidense y ve que el mundo artificialmente feliz puede ser real. Sobre las ruinas de Europa, Orwell crea 1984 con el modelo soviético.

Por tanto, podemos ver que fue la realidad la que inspiró a esos autores. En la Europa actual, mucho más próspera que la de hace cien años, la literatura de las últimas décadas ha girado en torno a la indagación introspectiva del individuo o en la metaliteratura, ejercicio inteligente pero absurdo e implicado sólo en la consideración íntima del individuo, literatura, al final, lógica en unas sociedades de la opulencia, como las nuestras, en las cuales el individuo vuelve la mirada a su egocéntrico interior: por otra parte, los autores que se consideran comprometidos, que siempre son de izquierdas, critican sin contención alguna la mejor civilización jamás creada por los hombres. Esta crítica siempre se basa en los mismos principios socialistas, aunque en muchos casos no se diga expresamente porque, imagino, a algunos les da vergüenza reconocer que la alternativa que podrían plantear es la que ha fracasado reiteradamente llevando ruina y opresión por donde se ha aplicado.

De este modo, criticar el capitalismo se ha convertido en un lugar común, dando la impresión de que vivimos en el peor de los mundos posibles, cuando es evidente que es el mejor creado hasta ahora. La corriente subterránea del socialismo más radical y del comunismo nunca ha dejado de trabajar en ese sentido. Por supuesto, ni que decir tiene que han ganado la batalla del lenguaje, pues se denomina progresista a las ideologías precisamente más nocivas para la humanidad. Como también la izquierda ha ganado la batalla de la opinión pública (una presentadora muy guapa y muy tonta dijo hace poco que ella era de izquierdas porque era buena persona) hasta el punto de que el pensamiento políticamente correcto trabaja como la censura más eficaz que probablemente se haya inventado jamás, pues funciona desde fuera, como presión frente a quienes piensan de forma diferente, pero también es interiorizada por los autores, que se limitan de este modo en sus críticas (salvo que sean contra el capitalismo y la democracia, claro).

Aunque Frío Monstruo transcurre en diversas capitales europeas, España, con una Cataluña independizada y vendida al mejor postor, desempeña un papel central en la trama. ¿Será España uno de los primeros países en caer ante el Leviatán totalitario que dibuja en su ficción?

Sin duda. España cometió el error de otorgar excesivas concesiones a los movimientos nacionalistas y ahora mismo está en el primer puesto en la carrera en Europa por la secesión. Sabemos que hay movimientos secesionistas en Europa desde hace mucho tiempo: flamencos, bávaros, corsos, por no mencionar Escocia e Irlanda del Norte. No obstante, lo que parecía imposible hace unas pocas décadas, que un territorio español estuviera más cerca de la independencia que Irlanda del Norte, por ejemplo, se ha cumplido. Ya los estatutos de autonomía españoles son excesivamente generosos, y España fue demasiado confiada y generosa en la autonomía concedida a las regiones. No se tuvo en cuenta que el poder localista, para subsistir, necesita convertir el localismo en su esencia. Así, las tensiones nacionalistas han ido a más, lo que es evidente. Cataluña ostenta unos niveles de autogobierno como no existen en ningún otro territorio de Europa. Pero desde el principio, como antes apuntaban algunos entre las recriminaciones generales, y luego han confirmado los hechos, trabajó para crear un país independiente de la nada. Bastaba con controlar, como sabe cualquier marxista, los medios de comunicación y la educación, de modo que en pocas décadas han conseguido una desafección total respecto al resto de España de la mitad de su población. Si algún territorio se independiza en Europa en los próximos años será, salvo sorpresa mayúscula, Cataluña. A ello contribuye que una izquierda que se quedó en los años ochenta sin discurso, se ha apuntado al discurso nacionalista bajo falsas banderas como la autodeterminación y el falso derecho a decidir. Esto ha contribuido a que no sólo la mitad de Cataluña desee la independencia, sino que parezca no importar, o que se comprenda dicho anhelo por amplias capas de la población española. En este marco, esperar que dentro de unos años, diez o quince, como dijo Iceta, el porcentaje de población que desee la independencia sea algo mayor de la mitad actual, no sólo es esperable, sino que parece una situación inexorable. En tal caso, como muchos tememos, si dentro de unos años ocurre una situación aún más seria que la octubre de 2017, nadie apoyará a España si ésta decide utilizar la violencia para sofocar la independencia. La vía eslovena será un hecho porque Europa no permitirá que se use la violencia, aunque sea legítima.

La independencia sería un juego de dominó. Si lo hace Cataluña, inmediatamente detrás hará lo mismo el País Vasco. Y en algunas otras regiones, como Baleares y Valencia, se está trabajando desde los grupos de izquierda en la misma línea de creación artificial de identidades nacionales. Por tanto, unos años después, éstas también podrían solicitar un estatus independiente con alguna variante de colaboración para maquillar una independencia de facto.

Ahora mismo no veo esto como un futuro impensable, sino como la secuencia lógica de los acontecimientos a la luz de lo que ahora vivimos.

Como decía, no veo ninguna otra región de Europa más cerca de la independencia que Cataluña, ni siquiera Escocia.

En su Europa distópica, el Estado es una maquinaria que lo arrasa todo a su paso, mientras los ciudadanos europeos le ceden dócil y alegremente el paso…

El verdadero enemigo de una sociedad libre es el subsidio. Evidentemente, no me refiero a las ayudas públicas a las personas más desfavorecidas, utilidad que ya proclamaban los primeros liberales, sino a esa manera de concebir la vida política y social que consiste en subsidiar la sociedad para construir una industria política que permita la vida fácil a una élite inepta y parasitaria que, de este modo, va garantizándose durante décadas su pervivencia a costa de la sociedad productiva. Sólo se puede sostener la industria política desde la creación artificial de conflictos inexistentes y desde la mentira, y para eso se cuenta con todos los resortes del Estado, en manos de los dirigentes de esa industria política. Basta comprobar el nivel medio de los políticos para comprender que no son precisamente lo mejor de la sociedad española. La industria política necesita ingentes cantidades de recursos, lo que parasita la sociedad y, al mismo tiempo, le hace creer en la necesidad de sostener esa ficción. Más de la mitad del Estado y de la Administración que sostenemos es completamente artificial, innecesaria desde el punto de vista de la política real y de las necesidades reales de la sociedad. Pero nos hacen creer lo contrario para incrementar cada vez más ese monstruo.


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Robert Steuckers, impulsor de la “Nueva Derecha” en Europa: “La derecha tradicional ha desaparecido”

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Nacido en Uccle, localidad cercana a Bruselas, en 1956, Robert Steuckers formó parte en su juventud del Movimiento GRECE, que lanzó a los teóricos de lo que se conoce como “Nueva Derecha”. En 1981 abandonó este grupo y fundó el grupo EROE (Etudes, Recherches et Orientations Européennes), así como la revista de cultura pluridisciplinar “Vouloir” en 1983.

Muy activo en la difusión de la ideas de la “Nueva Derecha”, Steuckers también fundó la red europeísta Synergies Européennes, que contó con un boletín informativo muy dinámico (“Nouvelles de Synergies européennes”), y mantuvo una muy dinámica actividad política, tanto en Bélgica como en Francia. A lo largo de las últimas tres décadas, Steuckers ha publicado numerosas obras, entre las que destacan algunas como “Idee per una geopolitica europea”, “La Révolution conservatrice allemande”, “The European Enterprise: Geopolitical Essays”, “Valeurs et racines profondes de l’Europe” y la más reciente trilogía “Europa”. En español, la editorial EAS ha publicado una recopilación de sus artículos en la obra titulada “Sinergias identitarias”.

En esta entrevista en exclusiva concedida a la revista Naves en Llamas, Steuckers repasa los orígenes del movimiento de la “Nueva Derecha”, reflexiona sobre la actual realidad geopolítica de Europa y profundiza en una de sus grandes ideas-fuerza: su noción de “Imperio”.

Con el fin de dar a conocer mejor al público español su obra y su trayectoria, díganos: ¿Cómo se define usted a sí mismo?, ¿Un combatiente?, ¿Un pensador?, ¿Un revolucionario?, ¿Un tradicionalista?, ¿Un fiel continuador de la “Revolución Conservadora?

¿Definirse a uno mismo? Dilthey dijo que uno no se definía hasta que estaba muerto. La posteridad me definirá cuando haya completado mi ciclo en esta Tierra. Creo que soy un combatiente a nivel metapolítico, sabiendo que todas las metapolíticas son revolucionarias y que para mí lo son en el sentido etimológico del término, ya que “re-volver”, en latín, significa “volver a los primeros principios”; así, toda verdadera revolución implica un retorno a la tradición. Germanista de formación, es obvio que extraje muchas lecciones del corpus de la “revolución conservadora alemana”, tal y como la ha definido Armin Mohler.

¿Podría explicar brevemente a nuestros lectores el motivo de sus desavenencias y reencuentros con otros pensadores de la “Nueva Derecha”, como, por ejemplo, Guillaume Faye o Alain de Benoist?

Primera precisión: Yo trabajo en el territorio belga que formaba parte del Imperio de Carlos V, “Keiser Karel”, como lo llamamos. Faye y Benoist por su parte, trabajaron y trabajan en el ámbito francés. Aprecié las posiciones de Alain de Benoist en la década de 1970, cuando despegó el movimiento de la “Nueva Derecha”. La gran diferencia entre mi forma de ver las cosas y la de De Benoist es la siguiente: en mi caso, como también lo hacía Venner, anclo mis posiciones en la historia, especialmente en la historia imperial alemana y española, de la que la historia belga es tributaria. Alain de Benoist se estanca en el debate parisino y busca hacerse un lugar ahí, un gesto que considero inútil. Faye siempre ha sido, para mí, un excelente compañero; su enfoque siempre me ha seducido en la medida en que era un virtuoso de la ciencia política, un excelente analista de los fenómenos del declive, de la “des-politización” que afectó a las políticas europeas desde el final de la II Guerra Mundial. Hoy, Faye ve al IUslam como el principal enemigo. Yo, por mi parte, considero que el principal enemigo es Washington, que telegrafía y manipula el extremismo salafista para socavar los cimientos de Europa de hoy.

Usted fue –y es- una figura clave de la “nouvelle droite” (Nueva Derecha): ¿Qué queda detrás de esta etiqueta. ¿Sigue en pie un movimiento metapolítico que pueda reclamarla?, ¿Qué deberíamos entender por “metapolítica” en ese espectro filósofico e ideológico?

Alain de Benoist descubrió la metapolítica en los años setenta cuando una profesora universitaria italiana, activa en Francia, Maria-Antonietta Macciocchi (1922-2007), popularizó, en un pequeño volumen, las tesis “metapolíticas” de Antonio Gramsci. La metapolítica tiene otros “antepasados”: la metapolítica schopenhaueriana y nietzscheana del socialista austriaco Engelbert Pernerstorfer y la definición dada por el conservador estadounidense Peter Viereck (1916-2006), justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Para mí, la metapolítica ya no es exactamente el trabajo defendido por Gramsci: socavar con una estrategia “cultural” los cimientos del estado burgués. Se trata más bien de socavar las bases del estado festivo y social que ya no ejerce sus funciones soberanas y hunde a nuestras sociedades en la crisis económica y social. La metapolítica, hoy, debe servir no solo para socavar este estado festivo y social, sino especialmente para recuperar todos los valores tradicionales que ha reprimido constantemente haciendo un uso extensivo de los medios de comunicación, farmacias culturales nacidas de la efervescencia del “Mayo 68”. Por lo tanto, la metapolítica tiene actualmente una doble tarea que cumplir: luchar incansablemente contra los modos de funcionamiento del festival estatal y social y trabajar para lograr el gran retorno de la verdadera cultura europea, para que ésta se transmita en todo momento. La metapolítica debe hacer posible nuevamente esta transmisión.

Sabemos que usted es un buen conocedor de la cultura e historia de España, así como de su actualidad política y metapolítica. ¿Qué figuras individuales, publicaciones o grupos de acción y metapolítica, de entre los que usted conoce, considera relevantes en España dentro del ámbito próximo a la Nueva Derecha española?

Tengo un conocimiento parcial porque, en Bélgica, lo que sabemos sobre la historia de España es especialmente lo que compartimos de esa historia, especialmente en los siglos XVI y XVII. Esto no ayuda precisamente al conocimiento de las noticias de actualidad. Las relaciones hispano-belgas se han visto profundamente dañadas durante los últimos dos años debido a la cuestión catalana, muy mal entendida por mis compatriotas, que tomaron posiciones ideológicas puras, etéreas y poco realistas, sin tener en cuenta las lecciones reales de la historia. Tanto Bélgica como España están sufriendo un colapso del pilar político católico que no considero solo desde un ángulo religioso sino también desde un punto de vista político e imperial, en el sentido de una tradición común: el tacitismo, forjado en Lovaina, donde estudié, por Juste-Lipse.

Para mí, el catolicismo no es teológico o incluso cristiano (o evangélico), quizás simplemente porque no soy un sacerdote, sino lo que Carl Schmitt llamó la “forma romana”, el recordatorio constante de “el contenedor romano”. El legado de Roma se transfirió al Sacro Imperio Romano de la nación germánica, pero también a través de la política dinástica de Maximiliano I, la Gran Alianza de los Habsburgo y la Casa de Borgoña, por un lado, y las Casas de Castilla y Aragón, por otra parte. El catolicismo, desde el siglo XIX, ha ido olvidando gradualmente esta columna vertebral imperial sin la cual no hay nada, absolutamente nada. La tragedia del Partido Católico belga y del PP español, que se han alineado con todos los modernos, los más impolíticos y los más descabellados, ha provocado una crisis moral sin precedentes desde la década de 1930. Adoptar las modas del momento significa olvidar voluntariamente las lecciones de la historia. Por eso considero que José Javier Esparza tiene el mérito de devolver, cada año, a los españoles, con libros de gran atractivo, su historia real, devolviendo las epopeyas reprimidas para construir una obra muy bonita de metapolíticas, sin comparación en el resto de Europa.

¿Las ‘nuevas derechas’ europeas son el “ejército” de una gran revolución conservadora sobre el continente?

Atención: las “nuevas derechas” son empresas metapolíticas y no partidos políticos. Sin embargo, hemos sido testigos durante algunos años del colapso del edificio neoliberal que ha estado en vigor desde la victoria de Margaret Thatcher en 1979 en Gran Bretaña. Los partidos dominantes, en toda Europa, querían emular este neoliberalismo de origen estadounidense. Incluidos, precisamente, los partidos democristianos, representados por el PP en España. Al adoptar esta moda estadounidense, traicionaron los fundamentos mismos de la doctrina social católica y las visiones económicas tradicionales que deberían haber defendido contra el neoliberalismo. Habrían sido incluso más efectivos que los socialistas en esta lucha, que han descuidado. Todo el pueblo, a veces la mayoría, como en Flandes y las Ardenas, se dispersó por todo el espectro político y vagó por muchos años. La crisis de 2008 fue, al principio, frenada en sus efectos más destructivos con todo tipo de estrategias falaces. Este trabajo de retoque y obstrucción ya no funciona y comienza a producirse un cambio hacia formas políticas contenciosas, de las cuales Italia fue pionera. La Liga Lombarda, y luego la Liga Norte, abrió el camino a principios de la década de los años noventa del pasado siglo, especialmente sobre la base de las ideas bien elaboradas del profesor Gianfranco Miglio, cuya relevancia debe ser recordada. El Movimiento de Cinco Estrellas de Grillo utilizó técnicas antiguas, como el teatro callejero de las décadas de 1910 y 1920, que Gramsci también había querido promover, para socavar los cimientos de la corrupta partitocracia que descansaba todo su peso muerto en el pueblo italiano. Un ejército se levantó en Italia, al igual que otro se está levantando hoy en Francia con los “chalecos amarillos”.

En su opinión, ¿sobre qué tradición filosófica, política e ideológica se asientan lo que se conoce como ‘nuevas derechas’ europeas?

Innumerables tradiciones políticas o intelectuales se encuentran detrás de los proyectos que están germinando hoy en Europa. Personalmente, creo que Ortega y Gasset, con su idea de las naciones invertebradas (cuando éstas olvidan sus tradiciones y su historia), y Carl Schmitt, constituyen un corpus de donde poder extraer municiones ideológicas.

Un aumento importante del peso de las ‘nuevas derechas europeas’ en los diferentes parlamentos de la UE, ¿podría implicar cambios geopolíticos de calado en Occidente?

En las próximas elecciones europeas, el peso del populismo (en lugar de las “nuevas derechas”) aumentará. Sin embargo, en el ámbito de la política internacional, las ideas geopolíticas de los diferentes grupos populistas de Europa no convergen necesariamente. Pueden hallarse atlantistas, europeístas y eurasiáticos, que tienen la intención de mantener intactas las buenas relaciones comerciales con Rusia, China e India. Es particularmente notable este caso en Alemania, donde esta orientación geográfico-económica no sólo es evidente en los discursos de la AFD sino también entre los socialistas y democristianos.

En la década de los noventa, en política internacional, yo no confiaba en que la Liga y el FPÖ austríaco (que desde su lanzamiento era claramente pro-europeo), no mostraran una lealtad incondicional a los Estados Unidos. Las cosas han cambiado en una dirección pro-europea, pero demasiado poco para mi gusto: observo, con amargura, que los países de Europa central y oriental son conservadores cuando rechazan toda la mezcolanza “social”. Se oponen a la inmigración incontrolada pero siguen siendo atlantistas en la política internacional, mientras que la invasión ideológica de la sociedad es, en última instancia, una fabricación de los think tanks y los medios de comunicación estadounidenses. Sólo puede haber grandes cambios geopolíticos si hay un rechazo de la sociedad, un deseo de controlar la inmigración anárquica y un europeísmo pragmático en las relaciones internacionales.

Como profundo conocedor e impulsor de la ciencia de la geopolítica, ¿qué aportaciones podría ofrecer esta disciplina ante el auge de un mundo cada vez más multipolar y el creciente predominio de Rusia y China, entre otros actores, en este continente nuestro en detrimento de los EE.UU.?

En España, tienen al coronel Pedro Baños, que está popularizando la geopolítica de manera inteligente, con dos libros que tienen un éxito inimaginable en otras partes de Europa para este tipo de obras. En el momento de la bipolaridad nacida de las conversaciones de Yalta, Europa estaba dividida y, por el efecto mismo de esta división, totalmente impotente. Cuando cayó el telón de acero, Europa se reunió teóricamente al mismo tiempo que Alemania, pero no se benefició de la situación. Sigue siendo una enana política, a pesar de un gigantismo económico que también se está erosionando peligrosamente.

No podemos mantener un poder económico sin independencia y poderío militar. Ante el ascenso de China, que aún no está garantizado plenamente a largo plazo, frente a la resistencia de Rusia, y ante el lento pero seguro aumento de la influencia de la India, Estados Unidos ya no puede reclamar la unipolaridad que sostuvieron, sin un rival, en la década de 1950. Europa se enfrenta a una elección: o bien permanece fiel al atlantismo aislándose al oeste de la masa terrestre euroasiática, o bien se conecta a las redes de comunicaciones promovidas principalmente por China y a los gasoductos rusos que le proporcionan energía barata. Alemania, que es y sigue siendo, lo quiera o no, el motor y el corazón de Europa, se ve sacudida por debates incesantes en este sentido: ¿debemos permanecer anclados en la “comunidad atlántica de valores”, en detrimento de sus vínculos tradicionales con Europa del Este y Rusia (y también con Ucrania), debemos tener una política energética conectada a los gasoductos rusos North Stream 1 y 2, debemos acentuar el tropismo chino, mientras que China es ahora el principal socio comercial de Alemania? Estamos asistiendo a una vuelta a los problemas de la era de Weimar, donde se mencionó una tríada entre Alemania, Rusia y China. La escuela geopolítica de Haushofer y los teóricos revolucionarios nacionales (entre ellos Ernst Jünger) participaron en el debate, del lado de los rusos y los chinos.

¿En qué se diferencian las ‘nuevas derechas’ de la derecha tradicional europea?

La derecha tradicional ha desaparecido: el pilar partitocrático católico ya no es tradicional en el sentido habitual de la palabra. Es, como denunció Carl Schmitt, quien por un momento creyó en una resurrección del Demócrata Cristiano Zentrum en un sentido imperial (‘Reichisch’), un ejemplo de delicuescencia como los demás, todos ellos avatares del modernismo impolítico. Las derechas residuales, de una naturaleza diferente a las del catolicismo demócrata-cristiano, generalmente no toman en cuenta la transición a la multipolaridad y, a menudo, cultivan opiniones anticuadas o anacrónicas. Me coloco aquí ideológicamente y no políticamente. Los partidos populistas, que parecen llamarse “nuevas derechas”, todavía están divididos en varios niveles: ¿son todos inmunes al neoliberalismo?, ¿Son todos europeos sin más nostalgia por el atlantismo? No, por supuesto. Frente a las derechas residuales, las “nuevas derechas populistas” todavía tienen un abrigo de Arlequín, por lo que es difícil diferenciarlos de cualquier cosa: ¿Salvini y Wilders buscan los mismos objetivos?, ¿Blocher y Gauland?, ¿Strache y Van Griekem?, ¿Le Pen y Farage?

¿Cuál es su posición sobre el euroasianismo?; ¿Podría explicar de manera sencilla sus ideas sobre el eurasianismo frente a posiciones como las de Alexander Dugin, Guillaume Faye o Alain de Benoist?

Dugin está incrustado en el mundo ruso, que naturalmente debe jugar una carta euroasiática. Me mantengo escéptico cuando Dugin mezcla los residuos del mesianismo religioso en su definición de euroasianismo. Faye habló de Euro-Siberia, enfatizando la necesidad de combinar el conocimiento tecnológico de la Europa occidental franco-alemana (según él) con las materias primas siberianas. Después de un fructífero debate con el ideólogo ruso Pavel Tulaev (también hispanista de formación), comprendió que Siberia nunca fue un tema político y que esta vasta región del norte de la masa euroasiática tenía Rusia, y exclusivamente Rusia, como sujeto político. Ahora está hablando de Euro-Rusia, esperando que no haya más conflictos que opongan a los europeos con los rusos. Alain de Benoist nunca pensó realmente en esta cuestión. Sigue a Dugin a ciegas porque Dugin lo adula. Personalmente, concibo la visión eurasista de la historia como la epopeya de una triple reconquista: Europa estaba sin salida al mar en la Edad Media y tuvo que explotar todas las cerraduras que la cerraban para no estallar; los pueblos ibéricos reconquistaron su península y emprendieron la ofensiva en el Atlántico, el Mediterráneo y todos los océanos; los húngaros y los austriacos reconquistaron el curso del Danubio contra los otomanos; los rusos volvieron a capturar el curso del Volga y se lanzaron a la ofensiva en Siberia y continuaron hasta las costas del Pacífico. La historia de Europa es la historia de su apertura al comercio con la India (especias) y China.

Estas relaciones comerciales sin trabas ahora son posibles si limitamos la interferencia estadounidense en nuestras relaciones internacionales. Este euroasianismo, que es el mío, es compatible con los puntos de vista de Faye y con seguridad con la geopolítica de Leonid Savin, amigo de Dugin también. El eurasianismo turco que a veces se traslada al de Dugin no es el mío, simplemente porque no soy turco, y porque durante las reconquistas europeas yo habría sido consejero de Carlos V o del emperador de Austria. Dicho esto, todas nuestras visiones contribuyen a establecer una multipolaridad o una nueva tríada, como Ernst Jünger quiso en su juventud.

¿Es Donald Trump un ejemplo de ‘nueva derecha’?

Trump u Obama o Clinton son lo mismo porque, al final, siempre es el ‘Estado Profundo’ el que controla. Lo hemos visto con la dilación de Trump, las retiradas y los retrocesos. Esto último es sobre todo una indicación de que ya no es posible llegar a la presidencia de los Estados Unidos apostando por los discursos de los medios de comunicación y, por lo tanto, hasta ahora, por el Estado profundo. El pueblo americano, víctima, como nosotros los europeos, de la crisis de 2008 y del colapso de la “clase media”, ya no cree en el desorden de la corrección política y de las izquierdas establecidas o marginales. También deberíamos prestar atención parcial a las críticas de los críticos de la derecha alternativa estadounidense (y no sólo de AltRight) y de la izquierda, así como de los populistas, sobre todo porque ponen en marcha proyectos de política internacional alternativa y se levantan contra la rusofobia impuesta por los medios de comunicación dominantes. Tenemos muchas lecciones que aprender aquí. Trump es un ejemplo de “neodroitismo” al estilo americano, pero sólo en los márgenes. El triunfalismo es un filete raro: el interior permanece rojo como el rojo deseado por el ‘Estado profundo’. Sólo está dorada por fuera, en unos pocos milímetros.

¿Cree que el aumento importante de apoyos que están teniendo diferentes partidos europeos que se engloban en el ámbito de lo que se conoce como “nueva derecha” es un fenómeno puntual o es una reacción de fondo que puede llevarnos a una nueva forma de entender Europa?

Evola dijo: no creas pero sé (o ve). No soy Madame Soleil para afirmar, después de leer los posos de café, que los partidos populistas ganarán en las próximas elecciones legislativas o europeas e instalarán un nuevo mundo en nuestra Europa a la deriva. Sin embargo, las recientes elecciones italianas y el fenómeno de los ‘chalecos amarillos’ en Francia muestran que el rechazo de las ideologías dominantes y la partitocracia es ahora una cuestión de fondo y ya no un epifenómeno efímero.

Sin embargo, no es en Francia o Italia, franjas meridionales o peninsulares de Europa, donde las cosas se decidirán alfinal.

La clave está en Alemania: el ‘Estado profundo’ de Estados Unidos y las redes de George Soros lo saben muy bien. Es por eso que organizan la subversión de este país llevando a la ruina su sistema de seguridad social, que fue ejemplar, para crear de forma continua trastornos sociales inmanejables que operen una mutación étnica que en última instancia alumbrará una Alemania no “pastoreada”, tal y como se quiso en 1945 con el Plan Morgenthau, pero indiferente a la cultura científica e industrial que había sido su fuerza. Una Alemania neutralizada significa una Europa neutralizada, impotente y vasalla.

¿Está presente la idea “imperial” en estas nuevas derechas europeas? ¿Cómo podría incardinarse la fuerte tradición imperial hispana, proyectada en el pasado en las Américas, fundamentalmente, pero también el Extremo Oriente, y en el Norte de África, con un proyecto “imperial” europeo alternativo a esta fallida “Unión Europea”?

La idea imperial está ahí. Ella siempre estará allí, incluso si Europa está en un estado de latencia. La idea imperial es eterna. Pero no está presente en los movimientos populistas que sacuden actualmente a Europa en este momento. Los populistas no preparan un verdadero Imperio. En Francia, la idea imperial es derrotada por este resurgimiento antiimperial que se llama pomposamente “soberanismo”, que se manifiesta en un antigermanismo patológico, que se creía muerto y enterrado desde los acuerdos forjados entre De Gaulle y Adenauer en 1963. Es una germanofobia que hace que una Francia debilitada se lance contra una Alemania en decadencia, pero que sigue siendo el centro neurálgico de Europa, para el deleite de los estrategas del “Estado profundo” estadounidense. La idea imperial que usted menciona es la de Carlos V: solo puede resucitarse en Bélgica, Alemania, Austria y España, o en el norte de Italia (Miglio era un “imperial”) y tiene un efecto dominó en el resto de Europa. La UE fracasará no porque sea europea sino porque sus líderes establecidos querían que funcionara con el combustible adulterado del neoliberalismo. Si no se hubieran sentido los efectos negativos del neoliberalismo (reubicación, desindustrialización, emergencia de regiones en recesión perpetua, dominación hipertrofiada del sector bancario, etc.). Si se hubiera mantenido el proyecto normativo de los padres fundadores, no se habría producido la desafección con Europa que estamos experimentando actualmente. Pero la idea imperial es compatible con una forma de solidarismo regulacionista. Debemos trabajar para unir estas dos visiones políticas, para revivir la idea imperial en los corazones de las masas y evitar que Europa se hunda.

¿Qué es para usted la ‘nueva derecha’, que tantas corrientes y sensibilidades, en ocasiones muy diferentes, engloba?

Definiría la “nueva derecha” como la síntesis entre la “nueva derecha” francesa, nacida a raíz del movimiento GRECE, el alemán “Neue Rechte”, especialmente el que se expresó en los grupos de Hamburgo desde la década de 1960, y la “nueva derecha” italiana, impulsada por Marco Tarchi y su equipo, quienes encontraron sus primeras inspiraciones en las columnas culturales del semanario de Pino Rauti, “Linea”. Sin olvidar las directivas de Armin Mohler, especialmente en política internacional, y las lecciones de Giorgio Locchi. Hoy, otras personalidades están en el horizonte: en Francia, tenemos a Georges Feltin-Tracol, que acaba de publicar un excelente manual didáctico para construir un nuevo solidarismo, y al europeísta fundamental Thomas Ferrier, cuya cultura es enorme.

En su opinión, ¿cuáles son los partidos europeos de la ‘nueva derecha’ que hay que tener más en cuenta?

Para mí, los mimbres que hay que tener para difundir la “nueva derecha” son los artículos de política internacional de “La Padania”, especialmente en el momento de la guerra contra Serbia (de 1998 a 2000), donde el tristemente fallecido periodista Archimede Bontempi asentó las bases de una verdadera geopolítica europea alternativa, defendida hoy por su sucesor, Gianluca Savoini, activo, entre otras iniciativas, en el grupo de Chisinau (Moldavia), que busca posicionarse como un “anti-Davos”. Luego, un corpus bien construido está formado por todos los artículos escritos, semana a semana, por el Dr. Bernhard Tomaschitz, en Viena, para el semanario ‘Zur Zeit’, cercano al FPÖ austriaco. Gracias a los esfuerzos constantes de Andreas Mölzer, que apoyó a este joven politólogo , un verdadero adicto al trabajo, este sólido corpus pudo ver el día y crecer. Andreas Mölzer fue hasta hace poco eurodiputado en Bruselas y Estrasburgo.

¿Cómo ve la situación en España?, ¿Es Vox un digno representante de la sensibilidad de la ‘nueva derecha en España?

España, como el resto de Europa, está cambiando, sacudida por la crisis y sus efectos tardíos, por la desordenada inmigración que ahora desembarca en sus playas, por la cuestión catalana, que es un fenómeno suplementario y actual de la licuefacción postimperial adicional y real denunciada en su momento por José Ortega y Gasset en su “España invertebrada”. Vox parece ser un fenómeno de sobresalto, como existe en otros lugares, una prueba de que los europeos de España también están cansados de las viejas recetas políticas y que ahora saben instintivamente que ya no resolverán ningún problema.

En su opinión, ¿qué impulsa a estas formaciones en Francia, Alemania, Italia, Suecia, Dinamarca…?

El rechazo de los partidos políticos habituales; el rechazo de todos las ‘gesticulaciones sociales’ (especialmente en Francia); el rechazo de los discursos “políticamente correctos” y de los medios de comunicación (‘chalecos amarillos’); el rechazo a la inmigración y a los problemas que ésta causa; el rechazo de la carga fiscal excesiva debida a la obligación de pagar los préstamos de interés de los bancos, a rescatar a éstos de las quiebras, también debido a los problemas sociales causados por las poblaciones no integradas.

En su opinión, ¿qué valores ideológicos, éticos y políticos comparten los principales partidos europeos de la ‘nueva derecha’?

Todavía hay mucho trabajo por hacer para asegurar convergencias, especialmente éticas, porque la modernidad ha sido devastadora durante más de dos siglos: ha creado tales desórdenes en la interioridad de nuestros contemporáneos (y ya de sus antepasados inmediatos) que estamos ante un material humano muy dañado. A pesar de la admiración que siento por el coraje de los “chalecos amarillos” franceses, especialmente de las mujeres y los ancianos que se manifiestan en las calles exponiéndose a las tropas mercenarias particularmente brutales y decididas a mantener todos los horrores que la ideología republicana francesa ha podido generar a lo largo de las décadas, está claro que la ingenuidad todavía está presente en las mentes de los manifestantes, así como en las mentes de todas las masas populistas en Europa. El mismo escenario se produjo entre las multitudes alemanas que gritaron su ira a Merkel. Pero le aseguro que en España se encuentra la clave de la renovación ética europea en la obra de un verdadero santo y ermitaño contemporáneo: Antonio Medrano. ¡Lee su “Lucha Con el Dragón” y será permanentemente inmune a los bacilos más perjudiciales del modernismo!

¿El actual ‘Grupo de Visegrado’ es la plasmación política de lo que pueden ser instituciones y gobiernos en manos de formaciones de la ‘nueva derecha’?

La impregnación ideológica en los países del Grupo Visegrado es bastante diferente de la de los países de Europa occidental. No hemos estudiado lo suficiente los resortes de disidentes antisoviéticos que estaban activos más allá de la antigua Cortina de Hierro. La religión católica u ortodoxa, el sentido de una libertad interior, los trucos para sortear las restricciones ideológicas, los legados particulares del universo mental y literario eslavo (Dostoievski) dieron a estos países, hoy reunidos de manera informal en el Grupo de Visegrado, una mente política totalmente diferente a la nuestra, que como hemos podido ver se encuentra muy enferma. Estos pueblos son naturalmente hostiles a la sociedad y al inmigracionismo, pero su anticomunismo, que es anacrónico porque el comunismo ya no existe, se ha convertido en rusofobia porque Rusia es percibida como el antiguo importador del comunismo. Esto supone el riesgo de crear de forma artificial y subrepticia un nuevo cordón sanitario entre Alemania y Rusia en beneficio de los Estados Unidos solamente.


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Teniente coronel Area Sacristán: “Hay militares enfadados porque no pueden cumplir con el mandato constitucional de salvar España”

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Luis Romero.- El teniente coronel de Infantería Enrique Área Sacristán (Vitoria, 1960) representa el espíritu inquieto del militar español de siempre: la voluntad de servicio y el compromiso con España. A diferencia de otros que permanecieron ciegos, sordos y mudos durante su periodo laboral activo, Area Sacristán no ha esperado su pase a la reserva para decir lo que piensa. Su concepto estricto del honor y del deber está muy por encima del que exhibieron la mayoría de mandos en los últimos 40 años.

Hemos vuelto a conversar con él para conocer sus opiniones sobre asuntos del Ejército. Área Sacristán se pronuncia sin tapujos sobre hechos que considera de especial significación porque afectan al trazado del porvenir de millones de españoles.

¿Qué cree que falta, en una situación como la que vivimos, en los Ejércitos?

Lo que, sobre todo falta en muchos es la abnegación, falta que se traduce en muchos por ambición desmedida, que hace para ellos que el servicio se convierta en un modo de poner de manifiesto las aptitudes que realmente poseen o de aparentar aquellas de las que carecen; y cuando el móvil es el deseo de lograr una distinción, o de conseguir una recompensa, excita el deseo de agradar a los superiores, y da lugar a complacencias y a timideces fuera de razón y oportunidad, porque el buen militar nada tiene que temer ni nada que solicitar; si tras de su obra llegan las recompensas oficiales, que sean bien llegadas; pero para un espíritu elevado nunca podrán ser un móvil de acción, como parece que pudiera darse ahora entre algunos Mandos Superiores de las Fuerzas Armadas.

¿Es esto una generalidad o sólo se da en una parte muy pequeña de los mandos?

Hay otros a los que la ambición hace creerse de una esencia superior a la de sus subordinados, con lo que, degenerando aquel vicio en vanidad, toman su propia persona por eje del universo, y tratan solamente de brillar, mostrando su pretendida superioridad y su poder, afectando un altivo desdén, tomando actitudes de una cómica soberbia, mirando con arrogancia, interpelando rudamente a sus subordinados, manteniéndolos a distancia, considerándolos como seres sin valor, cuyo contacto hubiera de rebajar su importancia; el hombre vanidoso no tolera la menor objeción, sus órdenes son duras, tajantes, procura reprender en público para atraer sobre sí la atención de los espectadores ocasionales y poner de manifiesto la autoridad que ejerce, y movido de igual torpeza, castiga con el menor motivo como es mi caso con la ministrilla a raíz del artículo sobre Cataluña de 30AGO2018 de estricto cariz sociológico pero incómodo para el Ministerio de Defensa.

¿Es inofensivo este vicio o puede perjudicar el normal desarrollo en la moral de los ejércitos?

Cuando este vicio no es exagerado puede resultar inofensivo. Es preciso no confundir la ambición con lo que es legítimo interés. “El hombre, dice Lebon, no da todo su rendimiento más que cuando está directamente interesado en el éxito de la obra emprendida. De este principio psicológico resulta que el trabajador que no percibe un salario proporcional a sus esfuerzos para la prosperidad de su organización y el empleado del Estado que trabaja a sueldo fijo dan siempre un rendimiento mediocre”, como puede ocurrir en los ejércitos en lo que se refiere a tropa cuyos componentes llegan escasamente al salario mínimo interprofesional a pesar de jugarse la vida por España.

Dice usted esto, mi teniente cCoronel, cuando este vicio no es exagerado. Pero, cuando lo es exagerado… ¿qué sucede?

Cuando así sucede, y un Mando de estas condiciones recibe una Unidad del Ejército abnegada, vigorosa y llena de iniciativa, consigue al poco tiempo unos subordinados descorazonados, descontentos, escépticos y resignados.

Hablando del jefe vanidoso dice el general almirante: “(…). No es posible, aunque sí es de recomendar la igualdad constante de humor; pero la altanería no prescribe malos o bruscos modales, más bien se envuelve en fría y desdeñosa cortesía. La altanería es más intolerable y repulsiva que el verdadero orgullo; no es la expresión franca y fiera de la fuerza o de la soberbia del león, es meramente la vanidad del pavo real”.

Vanidad, y vanidad de pavo real, es la de ciertos dirigentes políticos que por considerarse a sí mismos demasiado inteligentes para el cargo que desempeñan, tienen siempre la crítica pronta e injusta, y ni escuchan a nadie, ni nada aprenden, porque se creen con luces bastantes para no necesitar de las ajenas; y sintiendo una punible indiferencia por sus obligaciones, como podemos constatar en el Parlamento estos días, aceptan todas las ventajas y remuneraciones de su cargo o empleo, encontrándose, sin embargo, demasiado inteligentes para aceptar los deberes y cargos que éste impone; rara vez les asaltan las veleidades de ostentación, pero nunca les tentará tampoco el trabajo.

Dada la situación política de España, ¿Se podría decir que hay entre las filas de los Ejércitos algunos que padecen disgusto del oficio o baja moral por no poder cumplir con el mandato constitucional de salvar España?

Completamente. Es esta una desgracia de la que a veces son víctimas oficiales, suboficiales y tropa de los mejor dotados y la razón de este disgusto suele ser, en los que poseen un alma noble, el haberse vistos cohibidos en sus iniciativas, o haber sido víctimas de las incorrecciones o de las injusticias e incomprensión de sus superiores; otras veces las causas es la falta de aprecio demostrada, y el no reconocimiento de las situaciones por las que pasa la Patria. Los hombres de buenas inclinaciones seguirán cumpliendo con su deber, pero sin entusiasmo, sin iniciativa; y si no reaccionan contra esta depresión por un esfuerzo de voluntad, habrán fracasado definitivamente como soldados.

Para terminar, ¿añadiría algo más?

Si, no se opone lo dicho, antes pudiera servir de fundamento, a las palabras de Lebon: “no a la razón, sino al buen sentido hay que elevar un templo. Muchos hombres están dotados de razón, muy pocos de buen sentido”. Por eso cabalmente, tiene siempre un honrado lugar en las filas de la milicia la discreta mediocridad no nada brillante, pero que tiene el indiscutible mérito de permitir siempre contar con ella.

He aquí desarrollado un vicio de mando originado por la ambición y dictado del egoísmo: el que lo padece se mezcla con los subordinados más humildes entre las Escalas de Tropa como le sucedió al ex-teniente Luis Segura, la halaga, afecta para con ella bonachonería, teniendo por único objeto de todas sus maniobras hacerse pasar por único amigo del soldado.

A su consideración dejo el apreciar las consecuencias y el juzgar de estos extravíos de espíritu.


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Francisco Gómez, politólogo: “No puedo aceptar la descripción de Estado fallido, sí la de Gobierno fallido”

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LR. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de AD, Francisco Gómez Valencia, analiza pormenorizadamente asuntos de la atualidad española y también de las llamadas tres derechas, reflexionando acerca del futuro que nos aguada si continúan sin alcanzar un acuerdo electoral nque haga frente a la izquierda de Pedo Sánchez y sus socios nacionalcomunistas.Incisivo, reflexivo y cáustico, así opina Francisco Gómez

– Un presidente en funciones rendido al separatismo, el futuro de España en manos de un encarcelado por sedición, la Justicia española, desautorizada una y otra vez; los golpistas catalanes, envalentonados; la sociedad española, fuertemente polarizada. ¿Es ya España un Estado fallido?

Vamos a ver, el termino Estado Fallido es un término coloquialmente utilizado por periodistas y analistas políticos como un recurso recurrente cuando en verdad lo que quieren decir es Gobierno fallido, confundiéndolo con Estado y obviamente no son lo mismo como todo el mundo sabe.

En España afortunadamente no se dan, ni se darán las condiciones para llegar a ese extremo al menos en el entorno de la UE, salvo causas mayores generadas desde las propias instituciones representadas por un Gobierno fuerte que lo provocara, lo cual tampoco es el caso dado que la situación de conflicto solo lo es patente de momento a nivel político y más aún en el ámbito ideológico. Territorialmente se puede decir que hay un par de anomalías, institucionalmente hablando, una ya condenada por sedición, aunque el hecho siga sin solución simplemente porque no se aplican las opciones que marca la Constitución y demás reglamentos establecidos para garantizar la seguridad, al negarse desde las izquierdas el conflicto social, el cual evidentemente existe, y en el segundo caso sabido por todos y al que en su momento ya se dio carpetazo, aunque ahora afloren ciertas manifestaciones públicas de líderes locales, algunos diputados nacionales apoyados por la tensión evidente resultado de un conflicto armado resuelto, pero con representación política al amparo de la Constitución mal gestionada por el bipartidismo, dejando interesadamente las heridas cerradas en falso mientras les ha interesado.

Que la herida infectada históricamente ahora supura de una forma muy peligrosa, es algo de lo que la mayoría simple de los españoles son conscientes, aunque con tres sensibilidades egoístas diferentes que impiden reconducir sus premisas originales. Y que el resto, llámense progresistas de izquierdas, regionalistas interesados y demás minorías sin peso político pero con su electorado fiel, ven una oportunidad de sacar del tablero de juego a uno de los dos monstruos políticos del bipartidismo responsable de la situación actual.

En todo caso no puedo aceptar la descripción de Estado fallido puesto que aunque nos cueste creerlo, los tres poderes funcionan bajo las normas y leyes que legalmente se han establecido. Pero como es verdad que actualmente las condiciones económicas y el bienestar social a nivel general sufren cierta amenaza y el Estado como institución sigue administrando el ejercicio de la ciudadanía, incluso en los territorios inestables, también ante los conflictos sociales asegurando los servicios básicos y monopolizando el servicio de la fuerza para defender a sus ciudadanos de amenazas externas, dentro de un marco de alianzas internacionales, de salud pública y hasta ahora también de integridad territorial, me reafirmo en que lo que estamos sufriendo desde la moción de censura de Pedro Sánchez y demás batiburrillo a Mariano Rajoy de una forma palpable, es un Gobierno en funciones fallido, resultado de su poco peso específico como mayoría desde entonces y esperemos que no lo siga siendo de forma perenne por la cuenta que nos trae.

– Tenemos la impresión de que el PP se haya errático y con el pie cambiado. No de otra forma se puede entender que su portavoz en Bilbao brinde con los herederos políticos de ETA. ¿He perdido el PP el pulso ante el empuje de Vox?

Bueno, personalmente no le doy más importancia ya que no deja de ser un acto institucional y todos hemos permitido que Bildu esté en las instituciones entre otras cosas brindando. Todos conocemos la solución para eliminarlos de la ecuación y no se ha hecho, por lo tanto habrá que plantearse si conviene.

Con respecto a la pregunta sobre el PP, debo decir que no es que haya perdido el pulso sino que en determinados asuntos aceptados por el partido de Pablo Casado no hay debate, entonces quienes quieran obligar a que el PP diga lo contrario de lo que lleva defendiendo muchos años, que espere sentado. Que esta actitud a quienes ya no les votan les parezca una pérdida del pulso político, es que no conoce al PP y por lo tanto desde su óptica solo conciben que se pliegue o se adapte cuando lo que debería suceder es que los tres partidos de centro derecha formen una coalición de cara a las elecciones y después cada cual a sus cosas y a llegar a acuerdos de Gobierno.

– Parece claro que Vox está instalado en el “cuanto peor, mejor para nosotros”. Y todo parece indicar que la situación no hará sino empeorar en los próximos meses. ¿Sitúa esto en imparable el crecimiento de Vox?

Absolutamente pero con matices; es decir, aunque hay un poso de españoles muy importante que estaban adormecidos ante ciertos temas tabú impuestos por el bipartidismo y los medios de comunicación. Creo que la franquicia de Abascal seguirá creciendo en caso de nuevas elecciones sin llegar al deseado sorpasso al PP por su derecha, pero debo recordar que a nivel local y autonómico Vox prácticamente no existe de momento y, por lo tanto y teniendo en cuenta que es un partido con la pirámide de representatividad institucional invertida, además de con importantes crisis territoriales al estar fabricado artificialmente con estructuras de aquella manera, por decirlo suavemente, tampoco es de momento de gran ayuda salvo cuando ejerzan como ese gran bufete de abogados seleccionados a dedo y ahora también financiado públicamente con las subvenciones que le corresponden.

En fin, representan una de las tres partes del centro derecha cuyo egoísmo nos puede llevar a la quiebra más absoluta de no entenderse como coalición como dije antes.

– El éxito de Vox consiste en ofrecer soluciones fáciles a problemas complejos. Lo vemos estos días con motivo del fuerte debate sobre nuestra continuidad o no en la UE. El problema para partidos como el PP es que necesitaría un ambiente de calma para mejorar sus resultados, mientras que las turbulencias no le beneficiarían. ¿Obliga esto al PP a cambiar de estrategia?

Depende de quien lo pregunte, quiero decir, bajo el prisma de alguien a la derecha del PP seguramente sí y considerando además de forma osada e incluso chulesca propia de alguien que no tiene mucho que perder de boquilla, que deben ceder ante una fuerza menor en el Congreso y por supuesto a nivel local y autonómico, pues es evidente, pero yo lo veo harto complicado ya que no tienen por qué hacerlo. De hecho estoy convencido que en el PP aunque ya suenan las alarmas, la estabilidad que otorgaron las elecciones locales y autonómicas y la subida de 66 escaños a los 89 actuales, les hacen pensar que hay recorrido por el centro.

En cuanto a los debates edulcorados por los verdes como el tema del Spexit desde las redes sociales, no deja de ser más que ruido infame y gratuito. Hay que recordar que ya que están mamando de la teta como todos los demás.

– ¿Peligra el liderazgo de Pablo Casado?

De momento no y mientras que no suenen campanas de unificación del centro derecha mediante una nueva Alianza Popular como hizo Don Manuel Fraga, menos todavía.

Y de producirse un acuerdo de coalición de cara a unas nuevas elecciones, tampoco.

– ¿Cómo percibe la situación económica para el 2020?

Supongo que las posibles injerencias del Gobierno del Frente Popular sobre las autonomías más prosperas gobernadas por el PP, provocarán cierto desasosiego en la clase empresarial, provocando menos inversión de la prevista y más desempleo además del ya conocido y esperado estrangulamiento a los autónomos vía impuestos y a la clase media del mismo modo.

Por otro lado el incumplimiento de los compromisos con la UE y la perdida continuada de protagonismo en las negociaciones sectoriales en Bruselas, harán más daño si cabe a los sectores primarios favoreciéndose probablemente a nuestros competidores de dentro y fuera de la UE.

– ¿Peligran las inversions etranjeras ante la situación actual de inestabilidad?

Salvo que les aten en corto y les aprieten bien los machos desde Bruselas, los grandes capitales empezarán a salir por la gatera si la presión fiscal aumenta como es de esperar y el capital extranjero se pensará dos veces invertir en un país gobernado por comunistas en lo social y socialistas extremos, mentirosos y de poco fiar, por mucha Nadia Calviño que quieran vender hacia el exterior como vicetiple farisea y cuentista de su admirado Pedro, sabiendo que de puertas para adentro tenemos a “la chiky” Montero, la de los 1.200 millones de euros para aquí y para allá, como el que quiere la cosa a Pablo y señora de su casoplón; a Garzón, el ilustrado comunista con piel y gestos de capitalista veraniego y ahora también navideño a la sombra de su árbol para celebrar el solsticio y ya veremos si al incalificable y genuino Echenique…

Debo reconocer que como ciudadano de a pie, estoy tan perdido, sorprendido, descorazonado, desilusionado y amargado ideológicamente por el desacuerdo manifiesto entre las tres mal llamadas derechas, por todo y a todas horas, que a veces creo que igual nos merecemos lo que nos pueda pasar que poniéndonos en lo peor y desconfiando al máximo de Sánchez, Iglesias y compañía podría llegar a ser extremadamente grave institucionalmente, ya que como es evidente, desde tiempos de Zapatero, la izquierda no respeta las reglas de juego y por eso el cabreo con Rajoy por su inactividad además de su invitación a irse a una buena parte del partido.

De esos barros estos lodos que como politólogo me toca en esta ocasión tratar de explicar sin que se me note demasiado la vena negacionista puesto que la realidad es tal y como es, aunque no nos guste y sabemos quiéns son los culpables y seguimos sin remediarlo. Me considero un euroescéptico, ya que aunque nos maltraten, siempre será mejor estar que no estar pese a regalar parte de nuestra Soberanía, salvo que se sea una potencia internacional al amparo de EEUU y por último, la vena republicana a tenor de los últimos movimientos inexplicables de la Casa Real que se podrían resumir en la siguiente pregunta: ¿Qué prefiere, Majestad, Estoril o Roma?


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