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Cultura y Tendencias

Cómo «Spider-Man: No Way Home» salvó a Marvel de la moda progresista

Redacción

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El nuevo film de la famosa saga no decepcionó a sus fanáticos. Apeló a la acción y a una trama impecable sin tintes de la moda «woke» que la franquicia ha querido instalar en las últimas películas de superhéroes.

No es un secreto que la reciente película de Spiderman revolucionó las salas de cine tan golpeadas por la pandemia. Las butacas continúan llenas tras casi 15 días desde el estreno en Estados Unidos. Los fanáticos acuden a reencontrarse con uno de los superhéroes favoritos de Marvel y consiguen justo lo que buscan: emoción, efectos especiales, peleas y la continuidad discursiva con la trilogía iniciada en 2002 y retomada en 2017 con Tom Holland.

A partir del éxito evidente, surgen análisis que son válidos mencionar (sin spoilers). Y es que la última película de la saga queda exenta de los tintes ideológicos progresistas que tanto se está esforzando por infiltrar la industria del cine estadounidense. No hay aceptación forzada de la homosexualidad o personajes a los que cambiaron de color de piel o nacionalidad. «Spider-Man: No Way Home» es el cine de acción, fantasía y ficción que los fanáticos están acostumbrados a ver. Esta vez Marvel evitó la tendencia y el resultado fue brillante.

La trayectoria del personaje por casi 20 años sin duda es lo que está llevando a los seguidores de Marvel al cine, pero también es cierto que cuando se anuncian contenidos inclinados hacia la moda «woke», el interés merma. Los números podrían ser prueba de ello. Ejemplo de ello es «Eternals», la entrega de la Fase Cuatro que presentó el primer beso gay de la franquicia, obtuvo el puntaje más bajo de Rotten Tomatoes del universo cinematográfico Marvel con 47 %.

En contraste, «Spider-Man: No Way Home» obtuvo 95 % en ese ranking y superó los 1000 millones de dólares en la taquilla mundial a 12 días de su estreno, solo por detrás de «Avengers: Endgame» y «Avengers: Infinity War» que llegaron a la meta a cinco y 11 días de su estreno respectivamente.

Una historia para todos

Una frase interesante surge de un artículo publicado por Breitbart. No estar inmerso en la ola «woke» no significa que «Spider-Man: No Way Home» no tenga nada que decir. Todo lo contrario. «La diferencia, sin embargo, es que la historia nos habla, a todos, en la forma en que se supone que habla el arte. Los temas son universales, los personajes son identificables, las emociones son reales y el deseo del cineasta de montar un espectáculo es contagioso».

El argumento que ahora deberá explicar la industria del cine es cómo culpaban a la pandemia por la falta de asistencia a los cines y ahora, el repunte de taquilla es más que reconocible con el estreno de la nueva película de Spider-man.

«Detén la propaganda. Vuelve a hacer arte. Si no lo haces, habrás matado al mayor medio artístico de la historia de la humanidad: la imagen en movimiento», es un exhorto de la columna desde el medio estadounidense firmado por su editor John Nolte.

El progresismo continúa

No significa que la franquicia baje los brazos, aún quedan material que apela a una supuesta inclusión a pesar que el público demostró que prefiere superhéroes sin cambios forzados en pro de una supuesta inclusión. Desde Iron Man hasta la nueva de Spiderman así lo demuestran. Pero lo progre llegó y así lo quieren mantener.

El servicio por suscripción de Disney + lanzará en 2022 la serie Ms. Marvel con una trama multiétnica de una adolescente de ascendencia paquistaní con familia que entró ilegalmente a Estados Unidos. La canadiense Iman Vellani, dará vida al personaje, en el plano real también tiene padres paquistaníes.

El cómic no tiene demasiado tiempo, fue creado en 2014, así que su intromisión en el MCU (Marvel Cinematic Universe) es reciente. Además el nombre de la protagonista es Kamala Khan, la creadora Sana Amanat, tomó el nombre de la entonces fiscal general de California y actualmente vicepresidente de EE. UU. Kamala Harris.

Según Kevin Feige, director de Marvel, la serie será una “ventana para que el resto de América vea la vida de una familia musulmana”. Tal como apuntó Derecha Diario, la franquicia deberá decidir si profundizar un camino progresista o seguir manteniendo contentos a los fanáticos.

Puede que algo quede claro, la moda «woke» hace mucha bulla, pero no garantiza audiencias en el servicio por suscripción ni llena totalmente las salas de cine.

 

Mamela Fiallo.

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Tesoros olvidados del baño español de posguerra y su memoria

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Los tesoros olvidados del baño español de posguerra

En muchos pisos viejos, cuando se abre el armario del baño, todavía asoman fantasmas amables de una España que ya no existe. Frascos de colonia gastados, cajas de cartón descoloridas y tarros de cristal cuentan una historia de escasez, ingenio y dignidad. No son simples cacharros viejos, sino pequeñas reliquias de la economía doméstica de posguerra.

El cuarto de baño como pequeño santuario

En la España de los años cuarenta y cincuenta, el baño no era el spa luminoso de revista que se anuncia hoy. Muchas casas ni siquiera tenían baño propio y la higiene se organizaba con barreños, jarras de agua caliente y jabón de pastilla que servía para todo. Cuando por fin entraba un retrete decente en el piso, aquel cuartito se convertía casi en símbolo de progreso, aunque siguiera siendo frío y estrecho.

Frascos que se repetían en todas las casas

Si se recorren los recuerdos de quienes crecieron en la posguerra, se repiten siempre las mismas estampas: la colonia “de domingo”, que sólo se usaba para ir a misa o a una boda; la loción para después del afeitado, con olor intenso; y las cajitas metálicas que duraban años. En las baldas del espejo aparecían peines de cuerno, navajas heredadas del abuelo y, en muchos casos, algún frasco de aceite de ricino para el pelo, guardado como si fuera oro líquido y usado con total normalidad por varias generaciones.

Botiquines familiares y medicina de andar por casa

El botiquín, muchas veces una simple caja de galletas reciclada, hablaba también de aquel país en blanco y negro. Gasas, esparadrapo, alcohol de farmacia y una o dos pastillas milagrosas que servían “para casi todo”. Las madres sabían curar cortes, golpes y resfriados con cuatro cosas, y los niños crecían viendo cómo se reaprovechaba cada frasco. Nada se tiraba a la ligera, porque el vidrio servía luego para guardar horquillas, botones o clavos.

De la barbería al baño de casa

La cultura del tocador doméstico no puede separarse de las barberías de barrio. Allí se aprendía a afeitarse, a peinarse con raya impecable y a comentar la política del día. Muchos productos que hoy parecen exóticos bajaban del sillón del barbero a la repisa del cuarto de baño. El hombre de a pie reproducía en casa aquellos rituales sencillos, pasando de padre a hijo la misma brocha, el mismo peine y hasta el mismo olor.

Lo que cuentan estos objetos de España

Estos viejos objetos de tocador no son simple nostalgia. Muestran un país que, pese a la pobreza material, mantenía cierto orden y cuidado personal, sin caer en el culto superficial a la imagen que domina hoy. Detrás de cada frasco hay historias de familias que salieron adelante con poco, de mujeres que estiraban la economía doméstica y de hombres que se arreglaban con seriedad para ir al taller o a la oficina. Quien se para a mirar esas reliquias del baño entiende mejor de dónde viene España y por qué tantos se resisten a olvidar lo que se vivió entre azulejos agrietados y espejos empañados.

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