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MEMORIA HISTÓRICA NO MANIPULADA

Luis Companys fue responsable del asesinato de más de 8.000 personas, en su mayoría católicos

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La violencia acompañó a Luis Companys toda su vida y muy especialmente durante la matanzas tras el 18 de julio
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Si en Historia las cosas son lo que son, para los políticos corruptos las cosas dejan de ser lo que son, las recrean para convertirlas en coartadas y las justificaciones de sus fechorías, con el único objetivo de mantenerse en el poder. Y esto es lo que está sucediendo con la figura del que fuera presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys… Porque una cosa es lo que dice la historia y otra muy diferente la imagen que de él difunden los políticos separatistas catalanes y sus aliados socialistas y comunistas de Podemos.

Pase que los separatistas catalanes y sus aliados se adentren en el laberinto enloquecedor de la historia manipulada, pero que los demás les secundemos… Eso algunos no lo vamos a hacer ni por todas las amenazas de multas y de cárcel con las que nos quiere hacer callar la liberticida Comisión de la Verdad, que no se sabe si es más estalinista que maoísta, y que descalifica como demócratas a quienes la están promoviendo para que se convierta en ley.

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Levantan a Luis Companys sobre un pedestal racista. Porque, naturalmente, en la versión de la historia politizada, Luis Companys es bueno, pero que muy bueno. ¿Y por qué fue tan requetebueno Luis Companys, si no desfizo entuertos como don Quijote? Pues era tan bueno, tan bueno, que ni falta que le hacía desfacer entuertos para demostrar su bondad, ya que ni las virtudes le ascendían ni los defectos le rebajaban, por cuanto toda su excelencia derivaba exclusivamente de que era catalán. Y por eso, la versión nacionalista le descalza, cuando va al encuentro del pelotón de fusilamiento, para morir pisando directamente la tierra catalana.

La verdad histórica de Luis Companys se silencia en beneficio de la exaltación catalanista. Se le hace un monumento con una tierna imagen de la niña del pañuelo, lo que contrasta con la opinión que nos han transmitido quienes le trataron. Miguel Serra y Pamiés, destacado miembro del PSUC, al que el presidente de la Generalidad, Luis Companys, le nombró consejero, dice lo siguiente: “A Luis Companys le daban ataques, se tiraba de los pelos, arrojaba cosas, se quitaba la chaqueta, rasgaba la corbata, se abría la camisa. Este comportamiento era típico”. Por su parte, su correligionario Juan Solé Plá, diputado de Ezquerra Republicana en la Segunda República afirma que Luis Companys “en el fondo es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta, arrebatada, seguidas de fobia de miedo, de persecución, de agobio extraordinario y a veces, ridículo […] lloraba y gemía como una mujer engañada”. Pero todas estas carencias eran compatibles con su gran ambición, pues Juan Puig y Ferreter, perteneciente a Ezquerra Republicana y consejero de Asistencia Social de la Generalidad con Companys, lo califica de “intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender”.

A Luis Companys, le daban ataques, se tiraba de los pelos, arrojaba cosas, se quitaba la chaqueta, rasgaba la corbata, se abría la camisa. Este comportamiento era típico

Y esta falta de escrúpulos es la que le permitió despuntar y darse a conocer en Cataluña por la defensa que hizo de los pistoleros que amedrantaban a la sociedad catalana en los años veinte, lo que la historia manipulada de sus panegiristas traduce como que Luis Companys fue un abogado laboralista.

La violencia acompañó a Luis Companys toda su vida, y muy especialmente al estallar la Guerra Civil. Luis Companys, además de diputado y ministro de Marina durante unos meses, durante la Segunda República, fue presidente de la Generalidad desde diciembre de 1933 hasta el golpe de Estado de octubre de 1934, y desde febrero de 1936 hasta el final de la guerra civil.

El 24 de julio de 1936, mediante un decreto presidencial, creó el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, que asesinó a millares de catalanes. Los cálculos varían de 8.000 a 9.000 asesinatos, entre cuyas victimas había un buen número de periodistas, que trabajaban en medios tan diversos como El Correo, Avui, Terra Ferma, El Matí, Diario de Lérida, La Cruz, Agencia Fabra, El Semanario Católico, El Correo de Lérida, Diario de Comercio de Barcelona, El Correo de Tortosa, el Correo Catalán o el Semanario Católico.

Los estudiosos, además de los periodistas, ofrecen los datos de otros sectores de la sociedad catalana, que fueron víctimas del genocidio de Luis Companys. Entre estas víctimas se cuentan: 16 poetas, 51 funcionarios del Ayuntamiento de Barcelona, 31 nobles, 16 socios del Barça, 199 militares y hasta 99 miembros del propio partido de Luis Companys, Ezquerra Republicana.

Hablando sobre el problema religioso, un mes después de estallar la guerra, él mismo exclamó que este problema no se planteaba siquiera, porque todas las iglesias habían sido destruidas

Pero el mayor número de las víctimas de las que es responsable Luis Companys, fueron perseguidos y asesinados por ser católicos. Y algunos de una manera tan cruel, como ya he contado en otros artículos, como fue el caso de las hermanas de sangre Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas, que las tres profesaron como Misioneras del Corazón de María, a las que desnudaron, las violaron y, a continuación, las penetraron con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introdujeron de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, para desgarrarlas las entrañas y acabar apretando el gatillo.

O como Apolonia Lizárraga y Ochoa de Zabalegui, superiora general de las Carmelitas de la Caridad, que fue apresada a primeros de septiembre de 1936 y encerrada en la checa barcelonesa de San Elías, una checa que controlaba el partido de Luis Companys. En esta checa, Apolonia fue sometida a todo tipo de vejaciones y malos tratos, aunque por pocos días. El día 8 de septiembre, el responsable de la checa, apodado ‘El Jorobado’, junto con otros tres milicianos la sacaron al patio central, donde la desnudaron totalmente. Tras vejarla, la colgaron de un gancho, la aserraron y echaron los trozos de su cuerpo a unos cerdos, que habían sido incautados y que los engordaba allí el responsable de la checa.

Por ofrecer un dato indicativo, decir que de los 5.060 sacerdotes que ejercían su ministerio el 18 de julio de 1936 en las ocho diócesis catalanas -Lérida, Tortosa, Tarragona, Vic, Barcelona, Gerona, Urgell y Solsona- fueron asesinados 1.541, lo que equivale al 30,4% del total.

Y junto al martirio de las personas, el de las cosas. Cuando George Orwell vio la ciudad de Barcelona la describió así en diciembre de 1936 en su libro Homenaje a Cataluña: “casi todas las iglesias habían sido saqueadas y las imágenes quemadas, y algunas de ellas estaban siendo sistemáticamente demolidas por cuadrillas de obreros”.

Pero nadie mejor que Luis Companys para describir la situación. En un libro publicado en Toulouse por Luis Carreras en 1938, se recogen las palabras de Luis Companys de una entrevista realizada en agosto de1936, cuando apenas había transcurrido un mes desde que estallara la guerra civil. Esto es lo que cuenta Luis Carreras en su libro Grandeza cristiana de España. Notas sobre la persecución religiosa: “Abordado en la entrevista el problema religioso, no sin cierto temor por lo delicado, al preguntarle a Companys por la posibilidad de la reapertura del culto católico, contestó vivamente:

-¡Oh, este problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas!”.

Javier Paredes
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá

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España

El «deporte» de los milicianos socialistas y comunistas durante la II República y la Guerra Civil: La violación y el asesinato de monjas

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El canalla de Largo Caballero (en el centro) rodeado de los típicos asesinos y violadores, los sarnosos milicianos republicanos
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Javier Paredes.- Almudena Grandes es faro que ilumina y orienta a las feministas. Por eso, con motivo de la celebración del Día Internacional de la violencia contra la mujer, se permitió blasfemar contra nuestras monjas martirizadas durante la Guerra Civil con estas palabras, publicadas en El País el 24-XI-2008:«¿Imaginan el goce que sentiría al caer [la monja] en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?».

Está muy documentada la muerte de las 295 monjas mártires. Pues bien, veamos solo unas pocas gestas heroicas y galantes de las que realizaron durante la Guerra Civil los jóvenes milicianos, armados y sudorosos, con los que -¡mmm!- se relame Almudena Grandes.

Carmen, Rosa y Magdalena Fradera Ferragutcasas son hermanas, naturales de Riudarenas (Gerona) y las tres han profesado como Misioneras del Corazón de María. Tienen respectivamente 41, 36 y 34 años. El 19 de julio de 1936 abandonan su convento de Mataró y se refugian en una casa de Riudarenas, pero son detenidas el 25 de septiembre y las trasladan a Cabanyes, en el término de Lloret de Mar. La noche del 26 se las llevaron al lugar llamado L’Hostalet, donde había un bosque que estaba a siete kilómetros de la población y allí las desnudan, después las violan y, a continuación, las penetran con palos por la vagina y, por último, y como muestra de desprecio a su virginidad consagrada, las introducen de un golpe los cañones de sus pistolas hasta la empuñadura, las desgarran del todo sus entrañas y aprietan el gatillo.

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En Valencia, los jóvenes milicianos armados y sudorosos, héroes admirados del feminismo militante de la columnista de El País y demás escritoras y políticas progres, dieron un trato parecido a una seglar, Concepción Carrión González, a la que asesinaron junto con dos religiosas de las Carmelitas Calzadas de Valencia, Sor María Josefa Ricart Casabant, natural de Albal (Valencia) y Sor Trinidad Martínez Gil, que había nacido en Soneja (Castellón).

Valencia. De Acción Católica, Concepción Carrión no se dejó sobar los pechos. Entonces, los milicianos se los acribillaron a balazos

Concepción Carrión era una mujer de 35 años, bien parecida, que presidía la agrupación Acción Cívica de la Mujer de La Alcudia. Esta asociación, formada en buena parte por las mujeres de Acción Católica, tuvo una influencia notable en Valencia. Por dar una idea, baste con decir que esta asociación valenciana tenía, en 1932, 150 locales y 50.000 afiliadas. Como esta, también surgieron otras organizaciones semejantes en distintos puntos de España, aunque con nombres diferentes, como fue el caso de Asociación Femenina de Unión Regional de las Derechas de Galicia o Acción Ciudadana de Sevilla, que se unieron a la Confederación Española de Derechas Autónoma (CEDA) de Gil Robles.

El 21 de septiembre de 1936, Concepción Carrión González y las dos religiosas citadas fueron llevadas a Sueca, a un lugar llamado del Caballo. Durante el trayecto, los milicianos intentaron abusar de Concepción, sin conseguirlo. Volvieron a intentarlo cuando la bajaron del coche, y de la frustración que les produjo la negativa le acribillaron los pechos a balazos, porque antes no había permitido que se los sobaran. Y cuando cayó muerta en el suelo, la desnudaron y la clavaron una caña en la vagina.

Carmen García Moyón, es otra seglar, apodada ‘la francesita’ porque su madre procedía del país vecino. Se la incluye a veces entre las monjas martirizadas, porque en 1918 ingresó en el noviciado de las Terciarias Capuchinas de Altura (Castellón). Pocos años después, entiende que no es esa su vocación y abandona el convento. Acaba viviendo en Torrent (Valencia), donde instala un taller de costura. Mujer muy piadosa, en 1934 se une a la rama femenina de la Real Pía Unión de San Antonio. Ella es la que organiza la catequesis de las niñas de Torrent, y cuando estalla la guerra ayuda a los católicos escondidos, a los que lleva comida y la Eucaristía.

Denunciada por una vecina, en enero de 1937 es detenida y llevada a un paraje conocido como Barranc de les Canyes, en Torrent. Al bajarla del coche, los milicianos tratan de abusar de ella, a lo que se resiste y les increpa:

-«Me mataréis, pero no abusaréis de mí».

Con juicio incluido: un tribunal popular se quedó con las dos religiosas más jóvenes de la congregación… para ellos

En vista de que no pueden cumplir sus propósitos, los verdugos de Carmen García Moyón la rocían con gasolina y la prenden fuego viva. Carmen, durante unos segundos camina por el campo como una tea ardiente, poco después se tambalea y, por fin, se desploma y muere.

Cambiemos de región. Las carmelitas descalzas de San José de Guadalajara se ven obligadas a abandonar el convento, y vestidas de seglares, pasan la noche del 23 al 24 de julio de 1936 en los sótanos del Hotel Iberia y en una pensión. El día 24 por la tarde, tres de ellas caminan por la ciudad disimulando como pueden, pero el grito de una mujer que las reconoce las condena a muerte:

-¡Son monjas, disparad contra ellas!

Los milicianos comienzan la cacería y al instante, caen dos de ellas. Una tercera puede huir. Es la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene 27 años y natural de Mochales (Guadalajara). Trata de refugiarse en el Hotel Palace, pero se lo impiden unos hombres que están en la puerta. Y en ese momento, se acerca a ella un individuo, que la ofrece su protección y le sugiere dirigirse a las afueras. Pero en el puente de San Antonio la sujeta con fuerza del brazo y se la lleva a las tapias del cementerio, donde trata de abusar de ella sin conseguirlo. A la agresión se suman otros dos valientes milicianos, y ya entre tres es más fácil manosearla, pero la monja sigue resistiéndose. Frustrada su lujuria, se les desata la ira. Un empleado de la funeraria es testigo de lo que sucede, oye las frases soeces que la dirigen y que la exigen que dé vivas al comunismo, a lo que la hermana Teresa del Niño Jesús responde con un ¡Viva Cristo Rey! Entonces se separan un par de metros de ella, cargan sus armas, ella cae de rodillas con los brazos en cruz y la acribillan a balazos.

La persecución religiosa de la Guerra Civil española se ha presentado a veces como la acción criminal de unos incontrolados. Pero los hechos no sucedieron así. Los asesinatos fueron promovidos y planificados por los partidos y los sindicatos de izquierdas, con un innegable protagonismo del PSOE. Así por ejemplo en Santander, las juventudes socialistas publicaban un semanario titulado Nueva Ruta, y en esta publicación aparecían las listas de los que los socialistas consideraban como facciosos, que a continuación eran buscados para asesinarlos.

No eran incontrolados: era un régimen que favorecía el desprecio a la mujer y a la feminidad. Como Almudena Grandes

Naturalmente, que antes de matarlas se las juzgaba, en un simulacro de justicia, porque como nos recuerdan insistentemente Pedro Sánchez y sus socios de Podemos, lo del Frente Popular era el Estado de Derecho. Así es que gracias a que el bando republicano era el imperio de la ley, en cierta ocasión se formó un Tribunal Especial para juzgar a un nutrido numero de monjas de las Carmelitas de la Caridad de Cullera, y el juez dictó la siguiente sentencia: «Como que dichas mujeres no han dado provecho al pueblo, ni tampoco lo darán en el futuro, a la catalana que se vaya a su tierra, pero a las otras, como son del norte, país fascista, las fusilaremos, excepto a las dos más jóvenes que serán para nosotros». Nada se dice de que estas dos monjas dieran un sí explicito para entregarse sexualmente, pero como no cabe en cabeza alguna que estos tribunales del Estado de Derecho republicano fueran machistas, estoy convencido que cuando esto lo lea la ministra Isabel Celaá, como dicen que es la católica del Gobierno y la responsable de Educación, con esta doble cualidad, si no es en los archivos del Estado será en los archivos eclesiásticos, pero en algún sitio encontrará el documento en el que figure el consentimiento de entrega sexual de estas dos monjas al juez y sus secuaces, que seguro que también eran milicianos sudorosos de los que con tanto entusiasmo habla Almudena Grandes.

El problema de la ministra Isabel Celaá es que se va encontrar con algunos casos en los que le va a ser imposible encontrar el consentimiento de algunas monjas para mantener relaciones sexuales con los milicianos jóvenes y sudorosos, por imposibilidad física y metafísica, por la sencilla razón de que aquellos aguerridos luchadores por las libertades y los derechos de la mujer del Frente Popular tuvieron sexo con ellas y hasta practicaron lo que ni imaginar se puede con sus cuerpos desnudos, pero todo eso lo hicieron con los cadáveres de las monjas, después de asesinarlas.

Y eso fue, exactamente lo que sucedió, entre otras mujeres, con las dos hermanas Vicenta y Purificación Asensio Vila, del Monasterio de La Puridad de Valencia, que fueron arrestadas y asesinadas cuando contaban 60 y 44 años respectivamente, junto a la Madre María Inmaculada Trinidad Peneli, Esclava de María, que tenía 70, el 2 de octubre de 1936 en el término municipal de Silla (Valencia). Las tres religiosas fueron violadas después de matarlas a tiros, según constató un médico forense que recogió los cadáveres y los fotografió cuando estaban tendidos en una carretera.

*Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá


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MEMORIA HISTÓRICA NO MANIPULADA

INCULTURA HISTÓRICA Y POLÍTICOS. Por el General Juan Chicharro Ortega

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No tengo duda de que uno de los principales males de nuestros tiempos es el grado de incultura general de la población y en concreto el de los dirigentes políticos que por desgracia ocupan puestos de responsabilidad.

Decía el reconocido historiador británico Liddell Hart que los militares debían conocer muchas disciplinas pero destacaba entre ellas el conocimiento del pasado histórico. Alegaba que por mucho que aquellos supieran de estrategia y táctica son tantas las variables que entran en juego en el combate que nunca dos situaciones son iguales mientras que de la historia sí que se extraen enseñanzas para el futuro.

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Opino que este criterio es perfectamente extrapolable a la política. Hablaba antes de la incultura general de muchos de nuestros dirigentes más si de conocimiento de la historia hablamos el problema se agrava seriamente. Y más aún cuando hay que enfrentarse a quienes desde la izquierda española están con Orwell y asumen que quien controla el pasado domina el presente y consecuentemente el futuro. La Ley de Memoria histórica, tan de actualidad hoy en día, es buen ejemplo de lo que digo.

Es cansino en estos momentos leer y ver permanentemente en los medios la campaña de descrédito contra la monarquía, al hilo de los ataques contra el Rey emérito  JC I, que la izquierda ha desatado con la única finalidad de que tarde o temprano se plantee la implantación de una nueva III República. Tal y como vamos es sólo cuestión de tiempo y oportunidad. Son lamentables y sin fuerza los escasos argumentos que emplean aquellos que defienden la Institución. Y aún más cuando al españolito medio se le hace creer que la monarquía se implantó en España de la mano del Espíritu Santo o algo así. A ver, fue Franco quien impuso a Don Juan Carlos I como rey de España. Y lo hizo en una España en la que, digan lo que digan, los monárquicos cabían en un autobús. La Ley de Memoria Histórica de obligado cumplimiento no tiene más finalidad que borrar de la historia el denominado franquismo y con esto por supuesto la propia monarquía que fue obra de Franco. O no se han leído la Ley o son sumamente inocentes.

Y siguiendo con el hilo de despropósitos históricos leo en el ABC, el otro día ,que nuestra Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, nos habla del golpe de estado que dio Franco en 1936. A ver, Sra. Ayuso, Franco no dio ningún golpe de estado en julio de 1936. Franco se unió al alzamiento como un general más y fue ya en octubre de ese año cuando fue “alzado” como mando supremo de la España nacional. Hay una sutil diferencia.

Otrosí podríamos hablar cuando del régimen de Franco se habla. Sí, de esos casi 40 años que transformaron España de cabo a rabo. Aquí coinciden todos los políticos. De todos los partidos. De todos . No se libra ni uno. Son incapaces de reconocer los logros de ese Régimen que llevó a España de la miseria y la ignorancia a estar entre las diez potencias industriales del mundo. Cuando se les ponen delante datos irrefutables de la inexistencia en  1975 de paro, de un déficit inexistente y de una deuda pública mínima, todo ello sin apenas impuestos, la respuesta consecuente es que sí pero que todo bajo una falta de libertades y de democracia. Cabría aquí extenderse en que se entiende por libertades y democracia, lo que sería tema prolijo, pero la respuesta simple y rápida a este argumento es más sencilla : estos dirigentes no han pasado hambre en su vida y si la hubieran pasado sabrían que el primer derecho de las personas es el poder comer, tener una vivienda, sanidad, colegio para tus hijos …etc. Una vez alcanzados estos vienen todas la demás libertades de las que hablan. Esto es lo que hizo Franco : establecer las condiciones necesarias para alcanzar esa libertad de la que hablan. “Donde hay miseria e ignorancia no puede haber libertad” (son palabras del Caudillo).

Salvando las distancias, el tiempo y las circunstancias, ¿acaso no es lo que ha hecho el gobierno socialcomunista ante la crisis del Covid 19 suprimiendo toda clase de libertades al establecer el Estado de Alarma? Alegan que la acción de mando único y coordinada para vencer a la pandemia exigía la restricción de libertades. ¡Ah! ¡Caramba!

El estudioso observador de la historia pasada del comunismo en Rusia, en Cuba, o en Venezuela más recientemente, percibirá tantas similitudes con lo que está sucediendo en España que sin duda temblará ante lo que ve. Claro que para eso es necesario leer y leer sin subjetividad.

Añádase a todo esto que en España y en la sociedad occidental – salvo en los EEUU – se ha hecho cargo del poder gente relativamente joven. Personas adoctrinadas en los últimos 40 años de una manera feroz y cuya cultura histórica es mínima por no decir nula. Parecerá extraño pero no deja de ser una realidad el que continuamente estén cayendo en los mismos errores cometidos en su día por sus abuelos que no por sus padres ya que estos sí supieron estar donde había que estar en su momento.

Es por todo ello que es muy recomendable y loable la labor de culturización histórica que han emprendido determinados medios como El Correo de España o el Toro Tv u  otros en las redes sociales.  Tienen por delante una labor ímproba pero muy necesaria.

Juan Chicharro es General de División (R) y Presidente de la Fundación Francisco Franco.


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España

Memoria histórica REAL: El PSOE provocó la Guerra Civil… y la perdió (Parte 2). Las checas de los ‘moderados’ milicianos de la UGT

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Checa de Blasco de Garay
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El personaje más importante del comité de vigilancia de la checa de Blasco de Garay era Cosme González Fernández, “El Puñales”, porque acostumbraba a rematar a sus víctimas al igual que se hace con los toros de lidia en las plazas.

Javier Paredes.- “Era el 20 de julio [de 1936] cuando a las siete de la mañana empezó el bombardeo al Cuartel de la Montaña; nosotras -escribe una de las Concepcionistas de la comunidad del Caballero de Gracia de la calle Blasco de Garay- allí metidas [en un ático de la calle Rodríguez San Pedro] esperando el resultado cuando a las diez y media, Madrid era un infierno, el horrible bombardeo cesó, habían triunfado ellos y la alegría se manifestaba por todas partes. Empezaron a circular por las calles camionetas llenas de hombres con los puños en alto dando vivas a la República y mueras al clero y a los traidores, las mujeres se abrazaban a los hombres, los presos salieron de las cárceles y aquello era una Babel ¡Un infierno! Mientras tanto las pobres monjitas llorábamos amargamente metidas en nuestro piso, sin poder asomarnos a la ventana, pues empezaron a decir que desde nuestro piso habíamos disparado. ¡Qué día aquel tan terrible, jamás se nos olvidará! Empezaba para nosotras un martirio largo y continuo.

Transcurrieron los días con la zozobra que se deja comprender. Una tarde se presentó el demandadero en casa de la familia de una religiosa a dar la noticia de que habían ido a incautarse de nuestro convento, como lo estaban haciendo con edificios, casas, palacios etc., no iba a quedar el nuestro exento. Y el 22 de julio entraron pistola en mano, llevando al demandadero por delante, pues creían los infelices que estábamos allí los frailes y las monjas escondidos. La Divina Providencia veló por nosotras, pues al llegar ellos acababa de salir una de nuestras religiosas, que había ido a recoger algunas cosas.

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Empezaron a circular por las calles camionetas llenas de hombres con los puños en alto dando vivas a la República y mueras al clero y a los traidores, las mujeres se abrazaban a los hombres, los presos salieron de las cárceles y aquello era una Babel ¡Un infierno!

Nuevo día de lágrimas para la comunidad que veía su casa en manos del marxismo cruel que todo lo destruye y aniquila. La CNT fue la que se incautó de él, convirtiéndolo en Ateneo libertario”.

En efecto, bajo el nombre de Ateneo Libertario Vallehermoso, el convento de las Concepcionistas de Blasco de Garay se convirtió en una de las 345 checas que hubo solo en Madrid, porque en todas las ciudades y en muchos pueblos de la zona roja se instalaron las checas. Cuando, todavía a día de hoy, alguien pasea por la acera de este convento de las Concepcionistas, un escalofrío le envuelve el alma al contemplar tapiadas las ventanas del piso bajo, tal como las dejaron los asesinos de los miles de presos que por allí pasaron. Los ladrillos añadidos a la ventana inicial, solo dejan una rendija para que pase el aire y la luz, sin permitir que nadie pudiera escapar por esa estrechura.

Ventana de la checa de Blasco de Garay

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La checa fue el término con el que se designó a la sanguinaria policía soviética creada tras la revolución de 1917, y por utilizar los mismos métodos que la policía comunista con ese mismo nombre se designó durante la Guerra Civil a las cárceles donde se detuvo, se torturó y se asesinó por miles a la población civil. Y esta fue una de las diferencias que hubo entre los dos bandos de la Guerra Civil: en la retaguardia de un bando hubo checas y en el otro no.

Por el origen del término “checa” podría pensarse que la crueldad de esas prisiones inhumanas fue algo exclusivo del partido comunista, cuando la realidad fue otra. De las 345 checas que hubo en la ciudad de Madrid, el PSOE tenía el control de 49.

La checa del Ateneo Libertario Vallehermoso estaba dirigida por un comité de cinco personas, compuesto por un presidente, Ángel Martín; un secretario, Jesús Jiménez; un tesorero, Leandro Cuenca; y dos vocales, que no siempre fueron los mismos, ya que pasaron por ese cargo, entre otros: Jorge Larramendi, José Collado, Antonio Luengo o Antonio Merino. Este comité tenía una estrecha relación con la Federación Local de la CNT, que estaba en la calle Luna, y muchos de los nombres que lo integraron los proporcionaba el máximo organismo anarquista.

Aunque la titularidad de esta checa era de la CNT no todos sus integrantes estaban afiliados al sindicato anarquista, los había también que pertenecían a la UGT. Según la misión que tenían en la checa, unos se encuadraban en el comité de investigación, que era una forma eufemística de denominar a los asesinos que ejecutaban a los presos, dentro y fuera de la checa. Se calcula que en esa checa fueron asesinadas unas novecientas personas. Además del comité de investigación, otro grupo importante se empleaba en el negocio del economato que se montó dentro de la checa, y por último, había un grupo de mujeres que se ocupaban de la limpieza y de la comida, en consideración laboral de criadas, algunas de las cuales tenían relación de parentesco con miembros de la checa o hacían vida marital con alguno de aquellos hombres.

Se calcula que en esa checa fueron asesinadas unas novecientas personas

El personaje más importante del comité de vigilancia era Cosme González Fernández, apodado de “El Puñales”, porque acostumbraba a rematar a sus víctimas no con el tiro de gracia, sino al igual que se hace con los toros de lidia en las plazas. José León Sanz, que fue vecino suyo desde la niñez en la Cuesta de Santo Domingo, y que trabajó en la checa como conductor de un camión, que llevaba a los presos para que los fusilaran en la Ciudad Universitaria, dice que “El Puñales” fue siempre en su vida una “perniciosa influencia” y que era “un perfecto canalla”. Cuenta José León que en alguna ocasión tuvo que echar tierra en el camión para que empapara la sangre, porque a uno de los presos que se negaba a bajar le acribillaron a tiros en el camión.

La opinión sobre “El Puñales” de su amigo de la infancia, la corrobora una de las criadas de la checa, llamada Encarnación Terán Fernández, que afirma en su declaración que “El Puñales llevó en una ocasión a dos detenidos, porque decía que eran fascistas. Les martirizó hasta tal extremo, que a uno de ellos le arrancó una de las orejas con un alambre”.

Los camiones de la checa no solo trasportaban a las víctimas, sino que aprovechaba los viajes después de cometer sus crímenes, para surtir al economato que habían montado en la checa con todo lo que incautaban en las tiendas y en las casas particulares. Solo durante el mandato de Antonio Rosa Villar, uno de los presidentes del comité, se desvalijaron 354 casas.

Los camiones de la checa no solo trasportaban a las víctimas, sino que aprovechaba los viajes después de cometer sus crímenes, para surtir al economato que habían montado en la checa con todo lo que incautaban en las tiendas y en las casas particulares. Solo durante el mandato de Antonio Rosa Villar, uno de los presidentes del comité, se desvalijaron 354 casas

El conductor José León describe dos expediciones con el camión a Colmenar y Guadalix, dos pueblos cercanos a Madrid. En Guadalix cargaron a un grupo de mujeres de entre treinta a cuarenta años. A una que gritaba le taparon la boca con un pañuelo, y en un punto de la carretera de Guadalix a Colmenar las asesinaron y las dejaron tiradas en la cuneta, para volver de nuevo de vacío a Guadalix donde requisaron ropas, muebles y corderos.

Naturalmente que no todo lo requisado acababa en los almacenes del economato. Juan Rosa Villar, otro de los conductores y hermano del presidente del comité, declara que en una de esas operaciones a él le correspondió “media docena de sillas, otra media docena de sábanas, fundas, una colcha y un aparador, y que “El Puñales” se llevó la mayor parte porque quería poner bien la casa ya que se iba a casar”.

Y en efecto, coincide con esta declaración la de Trinidad Ramírez Moreno, una chiquilla de dieciocho años, que trabaja de criada en la checa, con la que se casó por lo civil “El Puñales” el 15 de septiembre de 1937. El matrimonio se instaló en un piso de la calle Galileo cercano a la checa donde, como afirma su mujer, “El Puñales” le “llevó ropa, muebles y objetos de ajena procedencia”.

No podía faltar en la checa del Ateneo Libertario Vallehermoso el factor antirreligioso. En cierta ocasión detuvieron a un sacerdote, cuyo nombre todavía no he podido localizar. Le encontraron escondido en una tintorería de la calle Quevedo, llamada “El Mosquito”, al que quitaron todas sus pertenencias antes de asesinarle. Sus asesinos tuvieron el detalle con una de las criadas de entregarle su sotana, con la que aquella mujer se hizo una falda.

Sin duda, que los bajos del convento de las Concepcionistas Franciscanas de Blasco de Garay están regados con sangre de mártires. En mi investigación yo he descubierto el nombre de uno de ellos. Se llama José María García Ballester

Sin duda, que los bajos del convento de las Concepcionistas Franciscanas de Blasco de Garay están regados con sangre de mártires. En mi investigación yo he descubierto el nombre de uno de ellos. Se llama José María García Ballester. Fue detenido e interrogado en la checa en presencia de su cuñado, José Sánchez Permato, que como él también estaba preso. Tras una serie de preguntas, el interrogatorio concluyó con tres monosílabos como respuestas:

  • «¿Eres fascista?
  • No.
  • ¿Perteneces al partido nacionalista de Albiñana?
  • No. -Volvió a responder con decisión, tras lo que se le preguntó, por último-.
  • ¿Eres católico?
  • Sí.
  • Tú -dijo el asesino dirigiéndose al cuñado de la víctima- márchate, que a este ya sabes lo que le espera y tienes que decir que tu cuñado ha salido delante de ti y que ya no está aquí».

Desconozco si la Conferencia Episcopal o en su caso el organismo eclesial que se ocupa de las beatificaciones tiene conocimiento del testimonio martirial de José María García Ballester. Él es uno de tantos miles de laicos que murieron por defender su fe en la persecución religiosa durante la Guerra Civil, que llevaron a cabo los que a sí mismos se llamaban rojos: socialistas, comunistas y anarquistas. Desde que lo descubrí me encomiendo a él en mis oraciones y me alegraría que un día le pudieran proclamar beato oficialmente. Y si eso sucede, ya que he sido yo el que ha descubierto el martirio de José María García Ballester, me permito rogar a los señores obispos que a este no me lo incluyan en el cómputo de los “mártires del siglo XX”, ni en el de los “mártires de la década de los treinta”, porque tales expresiones son mentiras y encubren la verdad. Ni las “décadas de los años”, ni los “siglos” persiguen a nadie, la persecución religiosa en España la han desatado los enemigos de Cristo y de su Iglesia. Y esto de los “mártires del siglo XX” y de “los mártires de la década de los treinta” es una mentira tan burda, que les está haciendo perder a nuestros prelados, entre otras cosas, hasta el sentido del ridículo.

P.D. Y llegados a ese punto, alguno de los lectores se estará preguntado, con toda la razón, qué fue de las Concepcionistas, que estaban refugiadas en el ático de la calle Rodríguez San Pedro. Eso se lo contaré el próximo domingo, si Dios quiere.


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España

Memoria histórica REAL: El PSOE provocó la Guerra Civil… y la perdió (Parte 1)

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Las muy democráticas elecciones de febrero del 36 fueron un pucherazo, pero la persecución religiosa ya había comenzado en 1931.

 

Javier Paredes.- No resulta tan sorprendente que la Guerra Civil estallara el 18 de julio de 1936, como que lo hiciera tan tarde. Porque inmediatamente después del pucherazo de las elecciones de febrero de 1936, que aupó al poder al Frente Popular, comenzaron las acciones de la izquierda para provocar una guerra civil, convencidos como estaban los socialistas y los comunistas de que desencadenado el conflicto, ellos lo iban a ganar y se instalarían en el poder perpetuamente. La provocación definitiva y efectiva la realizaron unos militantes del PSOE, que el 13 de julio por la noche asaltaron el domicilio del jefe de la oposición parlamentaria, José Calvo Sotelo, le secuestraron en presencia de su familia, se lo llevaron en una camioneta, el socialista Luis Cuenca le metió dos tiros en la nuca cuando el vehículo había recorrido tan solo unos doscientos metros y tiraron su cadáver en la tapias del cementerio de la Almudena, lo que acabó con las dudas de los últimos militares del bando nacional, que hasta esa fecha se resistían a levantarse en armas.

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Pero conviene aclarar que la persecución religiosa ya había empezado en 1931, nada más proclamarse la Segunda República, lo que ya conté en otro artículo de este periódico, en el que recomendaba a los que todavía siguen gritando lo de “arderéis como en el 36”, que cambien su grito por el de “arderéis como en el 31”, porque es cuando comenzó la quema de conventos e iglesias en Madrid, que se extendió por distintas provincias de España.

Entre los 121 días que medían entre el 17 de febrero y el 16 de junio de 1936 se produjeron 957 actos de violencia antirreligiosa

Cierto, como digo, que los incendios de iglesias comenzaron en mayo de 1931, y que la tranquilidad ya no se recobró durante los años siguientes. Pero tan verdadero como eso, es que los ánimos se sobresaltaron tras el fraude electoral y el asalto al poder del Frente Popular en los últimos días de febrero de 1936, como le sucedió entre otras tantas personas a la abadesa de la comunidad de Concepcionistas del Caballero de Gracia, que los primeros días de marzo se apresuró a alquilar un piso cerca de su convento, por si había que salir a toda prisa para esconderse. La comunidad estaba compuesta entonces por 18 religiosas.

Estas religiosas tenían una experiencia bien probada en persecución, porque en 1936, hacia justo un siglo que había iniciado su calvario la comunidad de Concepcionistas Franciscanas del Caballero de Gracia. En noviembre de 1835, Salustiano Olózaga, uno de los líderes del partido progresista y de la masonería española, mano derecha de Mendizábal, asaltó el convento con la Milicia Nacional y secuestró a Sor Patrocinio con las peores intenciones. Pocos episodios de nuestra de nuestra historia igualan en cobardía y sordidez a lo que intentó hacer Olózaga, sin llegar a conseguirlo.

El Gobierno expulsó del convento a la comunidad de religiosas del Caballero de Gracia, se apropió del edificio, lo sacó a subasta y acabó a precio de ganga en manos de una familia que unía a la vez en su apellido las más altas cotas de riqueza de España y de corrupción del Estado

Cinco meses después de tan mezquina acción, el Gobierno expulsó del convento a la comunidad de religiosas del Caballero de Gracia, se apropió del edificio, lo sacó a subasta y acabó a precio de ganga en manos de una familia que unía a la vez en su apellido las más altas cotas de riqueza de España y de corrupción del Estado. El edificio no podía estar en mejor sitio, pues ocupaba un gran ángulo agudo formado por las calles del Caballero de Gracia y de San Miguel, calle esta última a la que en su remodelación en 1910 le cambiaron su nombre por el de Gran Vía, para borrar el recuerdo del vencedor de Satanás. Durante la Guerra Civil, la Gran Vía volvió a cambiar de nombre por el de «Avenida de la Unión Soviética», los socialistas y los comunistas son así de explícitos.

A partir de 1836 la comunidad del Caballero de Gracia vivió en distintos conventos, refugiándose donde pudo, hasta que por fin en la festividad del Sagrado Corazón de Jesús del año 1928 abrió al culto la iglesia del convento, donde actualmente se encuentra en los números 51 y 53 de la madrileña calle de Blasco de Garay.

Y por cosas que tiene la Providencia Divina, porque la casualidad no existe, la iglesia de ese convento fue costeada por la marquesa de Cartago, María de la Concepción Narváez y del Águila. Esta benefactora de las monjas era descendiente de una de las ramas familiares del general Narváez, el gran líder del partido moderado, presidente del Gobierno en varias ocasiones y perseguidor de Sor Patrocinio, que en 1849 fue elegida abadesa de esa comunidad que se siguió y se sigue llamando del Caballero de Gracia, aunque ya no reside en esa calle desde 1836.

Y desgraciadamente los hechos vinieron a confirmar que la Madre Corazón de María Sánchez Rivas, sucesora de Sor Patrocinio como abadesa, había obrado con toda prudencia al alquilar un piso por si había que abandonar el convento. Porque muy pocos días después del pucherazo electoral de las izquierdas, el Señor Garay, demandadero de las monjas, le contó lo que había sucedido el día 13 de marzo de 1936 con la iglesia de San Luis, que estaba situada en la calle de la Montera, a tan solo unos pocos metros de la Puerta del Sol.

Ese día por la tarde, el teniente Marchante de la Guardia Civil fue a recoger a su hijo Armando a la salida del colegio para llevarle a casa y a su paso por la calle Montera, al llegar a la iglesia de San Luis, vio a un grupo de revolucionarios que arrojaban latas de gasolina contra la puerta y la fachada de la iglesia de San Luis, a la vez que blasfemaban como demonios.

Como no iba vestido de uniforme, el teniente Marchante no quiso hacer frente a los revolucionarios y bajó a toda prisa la calle de la Montera, atravesó la Puerta del Sol hasta llegar a la calle Pontejos, donde se encontraba el retén de los Guardias de Asalto, a menos de trescientos metros de la iglesia de San Luis. Se identificó como oficial de la Guardia Civil ante quien estaba al mando del retén y le informó de lo que sucedía en la iglesia de San Luis. Pero pudo comprobar que el jefe del retén lo sabía mejor que él, porque le dijo que tenía orden de la superioridad de no disolver ninguna manifestación. Todo fue inútil y el teniente de la Guardia Civil tuvo que rendirse ante la evidencia de que los Guardias de Asalto a quienes protegían por orden del Gobierno era a los incendiarios.

A medida que el demandadero informaba a la abadesa de lo sucedido en la iglesia de San Luis, la cara de la religiosa se inundaba de preocupación. El demandadero le contó que la gente aplaudió cuando se desplomó la bóveda de San Luis, y que también habían quemado, sin que nadie se lo impidiera la iglesia y el convento de los Padres Trinitarios

La iglesia de San Luis ardió por completo y la bóveda se desplomó. El incendio adquirió tales proporciones, que tuvieron que intervenir los bomberos para que las llamas no alcanzaran los edificios colindantes. En un determinado momento quedó atrapado entre el fuego uno de los bomberos, Lorenzo de la Fuente, y acudió en su rescate el bombero número 61 Juan Jesús García Diéguez. Como resultado de las lesiones, una semana después murieron los dos bomberos.

En cuanto a la iglesia de San Luis que estaba en pie desde los últimos años del siglo XVII, edificada sobre una construcción del siglo anterior, no quedó de ella nada más que el recuerdo y su pórtico barroco, que después de acabada la guerra se trasladó en 1950 a la cercana iglesia de El Carmen.

A medida que el demandadero informaba a la abadesa de lo sucedido en la iglesia de San Luis, la cara de la religiosa se inundaba de preocupación. El demandadero le contó que la gente aplaudió cuando se desplomó la bóveda de San Luis, y que también habían quemado, sin que nadie se lo impidiera, la iglesia y el convento de los Padres Trinitarios.

El profesor Manuel Álvarez Tardío, especialista en esta época, ha estudiado detalladamente las distintas estadísticas que varios autores han dado sobre estos acontecimientos y concluye que en los 121 días que median entre el 17 de febrero y el 16 de junio de 1936 se produjeron 957 actos de violencia antirreligiosa, repartidos de la siguiente manera: 325 edificios religiosos incendiados total o parcialmente, 416 edificios asaltados y/o saqueados, 129 otros atentados y conatos de incendio y asalto contra edificios religiosos, 56 derribos y/o destrucción y  31 agresiones al personal religioso.

La noche del 13 de marzo las calles que rodeaban el convento de las Concepcionistas estaban llenas de gente, por lo que la abadesa decidió esperar hasta las cuatro de la madrugada para abandonarlo. Despojadas de sus hábitos religiosos y vestidas como pudieron, abandonaron su convento en grupos de a tres, acompañadas siempre por el demandadero, que hizo varios viajes desde el monasterio de la calle Blasco de Garay hasta la de Fernández de los Ríos, donde estaba el piso que había alquilado la madre abadesa.

Al amanecer el 14 de marzo ya se encontraban todas reunidas en esa casa que no tenía nada más que las paredes vacías. No había ni luz ni muebles. Las monjas tenían que sentarse en el suelo y permanecer a oscuras toda la noche, esperando que la luz del sol penetrara por las ventanas al amanecer. Y ni siquiera ahí estuvieron seguras, porque la casera recibió tales amenazas por tener el piso alquilado a las monjas, que las Concepcionistas se vieron obligadas abandonar el piso de Fernández de los Ríos.

Una noche, toda la manzana donde estaba ese piso apareció con pasquines pegados en las paredes, en los que se tachada de peligrosa a la casera por tener refugiadas a las monjas. Le avisó el sereno y al momento salieron su marido y dos de sus hijos para arrancarlos, con el fin de que no los viese la gente por la mañana. Como consecuencia, las monjas tuvieron que abandonar esa casa, cuando todavía faltaban cuatro meses para que estallara la Guerra Civil.

Encontraron un nuevo escondite en un ático del número 59 de la calle Rodríguez San Pedro. A las 7 de la mañana del 20 julio, les despertó el bombardeo lanzado contra el Cuartel de la Montaña, que estaba muy cerca de allí. Había comenzado la Guerra Civil y todavía estaba por llegar lo peor.

(Continuará)


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