España
«El Chepas» miente hasta cuando dice la verdad
Por José L. Román.- «El Chepas» convoca a sus afines, adláteres, acólitos y lacayos, para homenajear a los niños sirios muertos en la guerra. Sin embargo, ¿dónde está el homenaje de este siniestro y malvado sujeto a los niños españoles asesinados por la banda terrorista ETA?
Se lamenta «El Chepas» de los niños sirios muertos durante la guerra, pero ni un gesto, ni una sola palabra de respeto a los niños españoles asesinados por los criminales etarras, y, mucho menos, la firme condena que merecen los asesinos que segaron las vidas de esas criaturas.
“El Chepas” aplaude la puesta en libertad de asesinos de niños indefensos, mientras jamás ha tenido la decencia de acudir a ningún funeral de las víctimas de los criminales etarras, ni arropar a familiares, vecinos, amigos y compañeros, de tantos inocentes asesinados por ser españoles.
Yo invito, no solo a este sujeto indeseable cuya doctrina ideológica es la más sanguinaria de la historia de la humanidad, no. Hago también un llamamiento a todos y cada uno de los que le dieron su voto, a que lean y graben en su retina los nombres de todos los niños españoles asesinados por los criminales etarras:
Mª Begoña Urroz Ibarrola de 1 año de edad, asesinada en San Sebastián el 28 de junio de 1960.
José María Piris Carballo, de 13 años de edad, asesinado en Azcoitia el 29 de marzo de 1980.
Alfredo Aguirre Belascoain, de 13 años de edad, asesinado en Pamplona el 30 de mayo de 1980.
Daniel Garrido Velasco, de 14 años de edad, asesinado en San Sebastián el 25 de octubre de 1986. Sus padres murieron en el mismo atentado.
Sonia y Susana Cabrerizo Mármol, de 15 y 13 años de edad respectivamente, asesinadas en Barcelona el 19 de junio de 1987.
Silvia y Jorge VICENTE MANZANARES, de 13 Y 9 años de edad, respectivamente, asesinados en Barcelona el 19 de junio de 1987.
Silvia Pino Fernández, de 7 años de edad, asesinada en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987.
Silvia Ballarín Gay, de 6 años de edad, asesinada en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987.
Rocío Capilla Franco, de 12 años de edad, asesinada en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987.
Pedro Alcaraz Martos, de 16 años de edad, asesinada en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987.
Esther y Miriam, de 3 años de edad, asesinadas en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987.
Luis Delgado Villalonga, de 3 años de edad, asesinado en Madrid el 23 de noviembre de 1988.
María del Coro Villamudria Sánchez, de 17 años de edad, asesinada en San Sebastián el 15 de abril de1991.
María Cristina ROSA MUÑOZ, de 14 años de edad, asesinada en Vic el 29 de mayo de 1991.
María Dolores Quesada Araque, de 8 años de edad, asesinada en Vic el 29 de mayo de 1991.
Ana Cristina Porras López, de 10 años de edad, asesinada en Vic el 29 de mayo de 1991.
Vanesa Ruíz Lara, de 11 años de edad, asesinada en Vic el 29 de mayo de 1991.
Francisco Díaz Sánchez, de 17 años de edad, asesinado en Vic el 29 de mayo de 1991.
Fabio Moreno Alsa, de 2 años de edad, asesinado en Erandio el 7 de noviembre de 1991.
Juan José Carrasco Herrero, de 13 años, asesinado en Madrid el 23 de marzo de 1992.
Silvia Martínez Santiago, de 2 años de edad, asesinada en Santa Pola el 4 de agosto de 2002.
Es importante señalar que muchas de estas criaturas fueron asesinadas por los terroristas vascos de la ETA, cuando Arnaldo Otegui, de quien “El Chepas” y otros de la misma ralea sostienen que es un hombre de paz, dirigía la cúpula de esa organización terrorista y criminal.
No hay que olvidar tampoco que tanto la ETA como PODEMOS se alimentan de la misma doctrina ideológica. La que hizo posible que Lenin ocupara el poder en 1917; que Stalin se adueñara de la Europa del Este y de una parte de la Europa Central, en 1945; que Krufchev sofocara con los tanques el alzamiento húngaro en 1956; que Brefnev aplastase las ansias de libertad de la primavera de Praga en 1968; que Ceaucescu en Rumania, ejerciese la más brutal de las tiranías hasta el punto de tener que ser fusilado por su pueblo; que Honecker en la Alemania del Este, reprimiese con todo su potencial bélico a todo aquel que intentase buscar la libertad tras el “Muro de la Vergüenza”; que en Polonia, Wojciech Jaruzelski mucho más tarde, silenciase con las armas el grito desgarrador de los mineros de Gedans; que en China, miles de jóvenes fueran aplastados por los tanques del ejército comunista cuando pedían libertad en la plaza de Tiananmen; que en Colombia los guerrilleros de las FARC en nombre del comunismo, hayan dado muerte a cientos de miles y miles de campesinos; que en Cuba, se sigue aplicando la pena de muerte sin que al “Chepas” y a sus acólitos les importe lo más mínimo; que en España, para su vergüenza, los asesinos de la ETA han secuestrado, mutilado, asesinado, y siguen extorsionando y amenazando en nombre del comunismo; y que en Venezuela, un iletrado sanguinario, dictador y criminal, asesorado por la élite podemita, está masacrando y llevando a su pueblo al hambre, a la miseria y a la muerte.
Si el régimen criminal de Venezuela, el mismo que “El Chepas” quiere imponer en España, fuese la panacea como él mismo proclama, díganme, ¿por qué dos millones de venezolanos han salido del país huyendo de la represión, del hambre y de la miseria, rumbo a cualquier parte menos a Cuba o Nicaragua?
“El Chepas”, no es que sea incoherente, cínico e hipócrita, es que miente hasta cuando dice la verdad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
