A Fondo
El día que los políticos nos robaron España
El «sistema socialista» del robo a mano armada:
A partir de que Felipe González llegó al poder, empezó la fiesta de la privatización y el europeismo. Todas las grandes empresas públicas españolas (más de cien) se financiaron y se dotaron de una valiosa infraestructura en las décadas de los 50 y 60, con la sangre y el sudor de nuestros abuelos y con los impuestos de nuestros padres. A partir de 1984, empezamos a malvenderlas, por poco más de 55.000 mill € en total, según el propio SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales).
Los inversores amortizaron la compra (incluyendo los sueldo millonarios y “comisiones”) en menos de diez años. Sectores como la electricidad, las telecomunicaciones (Telefónica), la distribución de petróleo (Repsol), la explotación de las minas (Hunosa), la metalurgia pesada (Altos Hornos), el transporte ferroviario (Renfe) y aéreo (Iberia), producción y distribución de tabaco (Tabacalera Española)… eran monopolios estatales capaces de proporcionar servicios básicos a precios asequibles, y cuyos beneficios revertían en el Estado. Con las privatizaciones acabaron en manos de los “mercados”, los inversores, los accionistas (Tarea iniciada en esta etapa pero que continuó el gabinete de José Mª Aznar (PP) )
El sistema socialista de robo a mano armada aplicado por la «derechita cobarde»
También había sectores mixtos, como el bancario, donde convivían bancos (privados) con cajas de ahorro (públicas). Como Argentaria, una corporación que unía a las bancas de titularidad pública creada en 1991 por Felipe González y que iniciaría su privatización tan sólo dos años después, fusionándose con el Banco Bilbao Vizcaya en 1999 y convirtiéndolo así en uno de los bancos más importantes del país.
Desde el 2004, año en que se liberalizó el sector eléctrico, la factura media ha subido un 80%. Los Bancos se han comido a las cajas de ahorros, y chantajean al Estado. El ICO (Instituto de Crédito Oficial) depende de la banca privada para conceder dichos créditos aumentando la deuda. Las grandes multinacionales y las normativas europeas (favorables a sus intereses) han acabado o van camino de acabar con las pequeñas empresas, tanto en el sector industrial como en el alimentario. La estrategia para ampliar “inversiones”, en virtud de la cual entramos en el Mercado Europeo, requería privatizar recursos a precio de saldo para los inversores patrios y extranjeros, y anular de paso nuestra capacidad productiva (y militar, desde que entramos en la OTAN).
Felipe González ha cobrado con creces sus treinta denarios por regalar lo que no era suyo; pero habría que calcular los beneficios obtenidos por todas las privatizaciones y subcontrataciones para saber hasta que punto son obscenas las cifras de renta de los grandes inversores de su amañada apuesta.
Lo que ha venido… y lo que queda por llegar: nos han robado por idiotas
Ya a partir de mediados de los ’90, empezamos a sufrir las consecuencias de privatizar y/o desmantelar los medios de producción estatales (y con ello, ahogar nuestra capacidad productiva), y de delegar nuestra capacidad legislativa en la antidemocrática y opaca UE, renunciando así a nuestra autonomía y soberanía y quedando a expensas del capitalismo global. Y es que no estamos sufriendo ninguna crisis, sino la deriva lógica del capitalismo, que tiende a la concentración de capital. Por eso los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez somos más pobres y somos más. Nuestra capacidad productiva y comercial está regulada por leyes y acuerdos comerciales internacionales que favorecen a los grandes inversores, que son los que financian los partidos políticos que los elaboran. Mal negocio hicimos, cuando decidimos (?) seguir las órdenes del “Mercado” Europeo. No solo malvendieron la herencia de nuestros padres y abuelos, sino que robaron el futuro de vuestros hijos.
A Fondo
Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

AGACHERO
10/07/2019 at 21:39
…ESPAÑA fue en otros tiempos/ una nación respetada/ teníamos independencia/ y fuerzas armadas/ como país nuclear/ ya grandes pasos se daban/ y nuestra flota pesquera/ en muchos mares faenaba/….
J. R. A.
14/07/2019 at 11:13
País con armamento nuclear no fuimos. Pero pudimos serlo. Francia ofreció a España desarrollar armamento nuclear y la central de Vandellós era la que estaba preparada. Eso fue en tiempos del general De Gaulle, presidente de Francia y católico no masón.
Igual que Vargas Llosa en una de sus novelas de «cuando se jodió Perú». La pregunta de «cuando se jodió España» en mi opinión fue al entrar en la C.E.E. y firmar unas condiciones mucho peores, que el acuerdo de comercio preferencial de 1.970. Con la entrada en la C.E.E. Francia exigió una reducción agricola y ganadera. Alemanía el desmantelamiento industrial y U.K. abrir la verja de Gibraltar. Luego la guinda la puso Aznar al entrar en el euro. Cuando había que esperar por prudencia. Al final somos una colonia de los bancos anglos y del poder de la mafia jázara sionista. Nos han endeudado como nunca. Somos la Argentina de Europa y la nación se mantiene, gracias a la inyección continua de deuda.
Un dato: La población nativa española lleva tres años disminuyendo. Mueren más personas, que nacen. Pero «no hay problema» con la importación de «menas» solucionamos el problema. En 2018 entraron en España más de 600.000 «migrantes» la inmensa mayoría ilegales. Con el pacto de la ONU, firmado por Pedro Sánchez en un año, podrán votar.