España
El «pecado original» de Pedro Sánchez
«Mi Gobierno seguirá impulsando un proyecto regenerador y europeísta para España». Ésta es la primera y única reacción de Pedro Sánchez a la debacle en Andalucía. Ni una palabra de reflexión o autocrítica a lo que ha sido un torpedo a la línea de flotación del partido y a las expectativas de su presidente, cuyo liderazgo nacional queda comprometido. Ni rastro del «efecto Moncloa» en la primera cita con las urnas en las que se debía testar esa «ola de ilusión» y movilización que había provocado la llegada al poder del PSOE. Más bien, la ola se tornó en un tsunami de la extrema derecha que lo ha arrasado todo.
El mensaje de Sánchez tiene un único objetivo: arrojar la certidumbre de que ni el descalabro en el bastión socialista por excelencia trastocará sus planes de mantenerse en el poder. Es más, la pujanza de Vox y la posibilidad de que la extrema derecha acceda al poder en Andalucía se observa como una suerte de oportunidad. «Más que como un síntoma de debilidad, es un incentivo para seguir aplicando nuestras políticas». Esta frase de un importante miembro del Gobierno anticipa que la «estrategia del miedo» que ya se había empezado a implementar como acicate para conseguir la viabilidad de la legislatura se verá exacerbada en los próximos días. La consigna es articular un «dique de contención frente a la extrema derecha», azuzando el temor a que la tendencia que ha explotado en los comicios andaluces se pueda extrapolar también al resto del territorio español en las próximas convocatorias previstas para 2019.
Este argumento sirve de coartada para impulsar –desde otra perspectiva– una alianza de izquierdas que permita alargar la legislatura hasta que la amenaza se diluya. Esa dilación en los plazos hasta las próximas elecciones descarta casi por completo la posibilidad de un anticipo que se había demandado desde sectores del PSOE y del propio Gobierno. En este contexto, resucita además la expectativa del Ejecutivo de aprobar los Presupuestos Generales del Estado con los partidos independentistas. Moncloa no había renunciado a aprobar las cuentas y fuentes del entorno del presidente reconocían hace escasas fechas que podría promoverse una nueva intentona en enero, tras las elecciones andaluzas y la reunión con Quim Torra. Ahora, tanto el socio prioritario, Unidos Podemos, como algunos de los aliados independentistas que Sánchez necesita para sobrevivir en el poder, aspiran a recuperar el espíritu de la moción de censura para frenar el avance de la extrema derecha. «El resultado de las elecciones en Andalucía debe ser una llamada a la responsabilidad frente al fascismo. Hay que proteger el Estado del bienestar y la justicia social. Están en juego el futuro y la democracia de España», escribió Pablo Iglesias el domingo tras materializarse un escrutinio que dejaba a la izquierda en minoría. «O la izquierda española entiende que Cataluña será la tumba del fascismo o nos pasarán a todos por encima. Les plantaremos cara», señaló Gabriel Rufián (ERC) tras certificar que Vox obtendría 12 diputados.
Sin embargo, la alianza con los independentistas que puede ayudar a Pedro Sánchez a sobrevivir unos meses más en La Moncloa y afianzar el proyecto socialista, puede suponer –al mismo tiempo– la tumba electoral del PSOE en los próximos comicios. El diagnóstico de que su interlocución y la «operación distensión» que entabló con los soberanistas ha perjudicado al PSOE en las elecciones andaluzas es una valoración muy extendida en la formación. «Aprobar los Presupuestos con los independentistas da margen para solucionar el problema de fondo, pero ahondando más en el pecado original», asegura un dirigente que da por hecho que las cuentas saldrán adelante en el nuevo escenario abierto bajo la premisa de evitar un bloqueo que aboque a unos comicios anticipados en los que la extrema derecha pueda ampliar su base electoral.
Desde el Gobierno, sin embargo, se intenta desligar su alianza con los soberanistas de los malos resultados en Andalucía. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, defendió ayer que el Ejecutivo «no tiene ningún acuerdo con los soberanistas» y para probarlo recuerda la actitud de estos partidos en las sesiones de control –cuando se produjo el controvertido escupitajo a Josep Borrell– o su reiterada negativa a apoyar los Presupuestos. Ábalos defendió que «no tienen nada en común» con estos partidos, a pesar de haber unido esfuerzos para desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa, y destacó que «nunca hemos dicho que compartamos sus valores», en alusión a las palabras de José María Aznar en las que reconocía verse identificado en algunos de los postulados de Vox.
En el Ejecutivo se escudan en que quienes quieren vincular sus coqueteos con el independentismo –posibilidad de aplicar indultos o negar la rebelión, entre otros– con el fracaso en las elecciones andaluzas solo persiguen una «intención propagandística» y reivindican que los acuerdos que se afanan en buscar desde Moncloa con estas formaciones se circunscriben únicamente al ámbito presupuestario y no a otras cuestiones, como la libertad de los presos del «procés» o la influencia en el Poder Judicial, como les demandan desde estos sectores.
España
Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso
.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»
El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.
Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.
Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.
«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.
El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.
Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.
Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.
