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El viaje de Vox: de Reconversión a Amanecer Dorado

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Librepensador.- Corría el mes de junio de 2013, y Alejo Vidal Quadras e Ignacio Camuñas se reúnen con un grupo de militantes, votantes y/o simpatizantes del PP decepcionados por el abandono de los principios ideológicos del partido después de 2011. El Rajoyismo se había centrado en exclusiva en recuperar el desastre económico que había dejado el PSOE de Zapatero, y había hecho absoluta dejación de los principios ideológicos del partido, comulgando con engendros como el de la mal llamada “memoria histórica” o el no menos engendro de la ideología de género, y lo que era aún peor, haciendo suyo el indigno pacto del zapaterismo con ETA.

No eran mucho más que un grupo de amigos y conocidos que compartían inquietudes, y perfilaron un movimiento al que denominaron “Reconversión”, que aunque en principio podría haberse constituido como corriente interna del PP, enseguida fue fraguando como el proyecto de un partido nuevo que reivindicara esos principios de los que parecía haber abjurado el PP bajo la dirección de Rajoy. Fue así como nació el germen de lo que hoy conocemos como Vox.

Como digo no eran tantos, en realidad poco más de veinte, y se podría hacer relación de sus nombres, pero en cualquier caso entre esos nombres no estaría el de Santiago Abascal, al que hoy muchos consideran “fundador” de Vox. Santiago Abascal se subió a este carro un poco después.

Tras empezar su carrera como concejal en Llodio, y después diputado del Parlamento de Vitoria, al llegar Basagoiti a la dirección del PP Vasco, Abascal fue obligado a renunciar a su escaño. Entonces acudió en su rescate su amiga Esperanza Aguirre, que le ofreció la Dirección de la Agencia de Protección de Datos de Madrid, un puesto para el que no reunía cualificación alguna, lo que no fue impedimento para que desempeñara el cargo entre 2010 y 2012. Forzada por las circunstancias, Aguirre tuvo que suprimir la Agencia de Protección de Datos, pero en menos de un año, de nuevo colocó a Abascal, esta vez al mando de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, un organismo del que se desconoce actividad alguna, y en el que Abascal se llevaba ochenta y pico mil euros del ala cada año. Y así hasta 2013. Pero volvamos a Reconversión.

Como decíamos antes, el movimiento se iba perfilando cada vez más como partido, y se empezaron a dar los pasos para inscribirlo como tal. Por entonces Abascal ya sabía que Ignacio González no podía mantener mucho más el chollo de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, y es cuando, aún siendo director de la Fundación, contacta con Vidal Quadras para negociar su incorporación al proyecto de nuevo partido. Y digo negociar porque las condiciones de Abascal eran un sueldo para él y otro para su amigo Espinosa de los Monteros. Vidal Quadras está por sumar y acepta. No sólo eso, tenía ya contratada unos meses antes como “asistente parlamentaria” para su oficina de Madrid a la entonces pareja de Abascal.

Todos tienen clara la hoja de ruta: Vidal Quadras anunciará su salida del PP en los primeros meses de 2014, y será ahí cuando se anuncie la creación del nuevo partido, dando el pistoletazo de salida a Vox. Pero Abascal tiene más prisas y más afán de protagonismo, y decide hacer saltar el plan por los aires, anunciando en noviembre de 2013 que deja el PP y que va a hacer un nuevo partido, justo ese partido que otros llevaban gestando desde el verano.

Y ahí se precipita todo. Vox se inscribe como nuevo partido en diciembre, justo el mismo día que se produce la extinción de la fundación de la que Abascal cobraba hasta entonces. El partido hace su presentación en enero de 2014, pero sin que Vidal Quadras, que aún sigue siendo eurodiputado y afiliado del PP, asista a la misma, a pesar de haber sido hasta entonces una especie de líder en la sombra.

Comienzan las afiliaciones y a finales de enero se produce finalmente la salida de Vidal Quadras del PP. Se presenta ante la prensa el primer comité ejecutivo provisional, que es presidido en funciones por José Luis González Quirós a la espera de Alejo Vidal-Quadras, con Abascal como secretario general. También forman parte del comité Ignacio Camuñas, Cristina Seguí, o Ana María Velasco Vidal-Abarca, y, por supuesto el amigo inseparable de Abascal, Ivan Espinosa, con lo que por fin se cumple la exigencia de Abascal a Vidal Quadras unos meses antes: el tándem Abascal/Espinosa ya tiene un sueldo de cinco mil euros mensuales cada uno.

En marzo se elige a Vidal Quadras como candidato a las europeas y presidente provisional, con Abascal como secretario general. Las malas lenguas dicen que Vidal Quadras y Abascal habían pactado un reparto por el que el catalán se iría al parlamento europeo y Abascal se quedaría al frente del partido. Pero el resultado de las europeas echa por tierra esta idea: Vox se queda a algo menos de dos mil votos de lograr el escaño europeo para Vidal Quadras.

Al día siguiente a las elecciones, en una reunión informal de parte del Comité Ejecutivo Nacional, Abascal aparece culpando a Vidal Quadras de no haber conseguido el escaño por el mal resultado obtenido en el feudo del político catalán, Barcelona, dato que no es falso, como tampoco es falso que Abascal y su equipo echaron el freno con su gente en varias provincias para boicotear el posible éxito.

Abascal pide una asamblea extraordinaria y la cabeza de Vidal Quadras, que en junio presenta su renuncia a ser reelegido como presidente de Vox y deja de nuevo la Presidencia en funciones en manos de González Quirós. La asamblea se celebra en el mes de julio pero acaba como el rosario de la aurora, con varios compromisarios impugnando y acusando a Abascal por impedirles participar.

Ese verano abandonan el partido Cristina Seguí e Ignacio Camuñas, que deja una frase lapidaria que describe perfectamente la situación: “con Abascal y Espinosa no se puede ir ni a cobrar una herencia”. Con ellos se marchan la gran mayoría de aquel grupo que en el verano de 2013 tuvo la idea de fundar el partido. En septiembre de 2014, y ya sin oposición, se celebra la asamblea que elige a Abascal como presidente de Vox, con un sueldo muy parecido al que cobraba en la fundación que le puso su amiga Espe. Vidal-Quadras y González Quirós, ya apartados, se darían de baja unos meses después.

Ya con Vox como partido de Abascal llegan las generales de 2015 y 2016, donde el partido no logra ni 50.000 votos en toda España (PACMA obtuvo casi 300.000). Pero después viene la desastrosa legislatura de 2016 a 2018, con el golpe catalanazi incluido, y la moción de censura de Sánchez, Podemos y los golpistas catalanes,

Vox, más por deméritos ajenos que por méritos propios, se encontraba por fin en una situación inmejorable para lanzarse a las venideras convocatorias electorales. No hacían falta grandes propuestas, bastaban cuatro mensajes tipo slogan, como lo de la derechita cobarde, lo de quitar las autonomías (que no les impedía presentarse a elecciones autonómicas) y más llamamientos a las tripas que a la cabeza (el propio Abascal, para salir de unas preguntas incómodas en el Club Siglo XXI, decía aquello de que “él lleva a España en el corazón, no en la cabeza”), y sentarse a esperar a ver cómo caían los votos de desencantados del PP.

Y así se demostró en las autonómicas andaluzas (a las que en verano ni pensaban en presentarse), donde contra todo pronóstico obtuvieron un 11% de los votos, convirtiéndose en un actor decisivo en la formación del nuevo gobierno, con lo que podían presentarse como posible bisagra para la formación de futuros pactos con PP y Ciudadanos.

Las perspectivas de cara a unas elecciones generales no podían ser mejores, presentando a Vox como una derecha transversal capaz de recoger no sólo votos procedentes del PP, sino incluso de Ciudadanos, y con una dosis de populismo suficiente como para disputarle nuevos votantes incluso a Podemos.

Pero para presentarse a unas generales hay que llenar muchas candidaturas, y ahí empezaron los problemas para Vox, ya que se convirtió en el escenario ideal para que resabiados y purgados del PP, arribistas de todo tipo, y nostálgicos de la derecha más ultramontana, buscaran la oportunidad de conseguir un escaño.

Y así en unas semanas probablemente se haya dilapidado todo ese caudal que hacía a Vox la noticia de todas las encuestas. La propuesta “trumpiana” de “armas para todos” formulada de forma absolutamente frívola y precipitada, como si el debate sobre las armas fuera hoy en España la principal urgencia, los coqueteos de Abascal con Salvini, y alguna salida de pata de banco como la de asomarse a un balcón ataviado con un morrión, han empezado a alejar esa imagen de derecha transversal, para dar otra muy distinta: la de un partido de aluvión, ultra, y más proclive a propuestas efectistas que a política sería.

Pero sin duda lo más grave ha sido la designación de Fernando Paz como candidato por Albacete al Congreso de los Diputados. Basta ver el vídeo de su intervención en un acto organizado por los ultras de Alianza Nacional, en el que la estética cutre y filonazi acerca al protagonista más a una organización como Amanecer Dorado que a un partido de derecha civilizada. Un escenario que le hubiera producido urticaria a cualquier historiador que se precie.

En ese marco tan “incomparable” el tal Paz, además de cuestionar los juicios de Núremberg, se permitió decir cosas como que en la Europa del este conquistada por las tropas de Hitler a los judíos no los mataban los alemanes, sino los pobladores de esos países, y que no los mataban por ser judíos sino por ser comunistas. O que las cámaras de gas de los campos de concentración eran un burdo invento, y que en dichos campos la gente moría sobre todo por tifus y disenterías.

La comunidad judía en España no tardó en mostrar su preocupación por la designación del candidato, y muchos de los que desde los medios de comunicación estaban alentando y jaleando a Vox desde hacía meses, empezaron a sentirse incómodos. En este sentido me pregunto qué opinaría del tal Paz alguien como Hermann Tertsch, que mantiene una relación inmejorable con el Estado de Israel.

El caso es que en una semana Vox ha protagonizado un sprint que le ha escorado hacia la derecha más extrema, de forma que incluso puede llegar a comprometer futuros pactos con PP o Ciudadanos, y ha llenado hasta la boca el arsenal de la extrema izquierda española para volver a airear el espantajo del fascismo como factor para movilizar de su electorado.

Todo un arranque de caballo castellano y parada de burro manchego.


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Albert Rivera, asediado por la izquierda, resiste la ofensiva

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Paloma Cervilla.- A Albert Rivera no le queda otro camino que resistir, ante la ofensiva de la izquierda radical y del PSOE por criminalizar sus pactos con el PP y el apoyo de VOX. Su negativa a abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez le está costando muy caro, pero su supervivencia política pasa por aguantar y no ceder a la presión. Otra cosa sería su suicido y su final político. La mayoría de sus votantes rechazaría que apoyara a Sánchez.

Ciudadanos no puede claudicar e Inés Arrimadas fue ayer muy clara a la hora de insistir en que los pactos fueron aprobados por la ejecutiva en la que estaban los dimisionarios Toni Roldán y Javier Nart. No hay marcha atrás, dijo, y mucho menos cuando han detectado 100 pactos de la infamia, los que han firmado los socialistas con separatistas, Podemos y los proetarras de Bildu.

La crisis de Ciudadanos tiene dos beneficiarios: el PSOE, que arañará el voto de izquierda moderada de la formación naranja, y el PP, que se llevará el del centro derecha. Difícil papeleta tiene Ciudadanos si siguen las deserciones internas y el PP continúa subiendo en las encuestas, como reflejaba el sondeo de ABC. Si tuvieran que repetirse las elecciones, Casado sumaría 19 escaños más y alcanzaría los 85, dejando a VOX en 9, al perder 15 diputados.

Pero estoy segura de que Pablo Iglesias, que también sale perdiendo en las encuestas, no va a permitir una segundas elecciones. Tragará con todo lo que le pida Sánchez, que, a día de hoy, es su único sustento. Después de la metedura de pata del chalet de los 600.000 euros y de perder 29 escaños y un millón y medio de votos en las generales, no creo que esté para muchas exigencias.


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Macron, ¡dí algo del abrazo de Pedro Sánchez a Bildu y Podemos en Navarra, Baleares y Aragón!

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Paloma Cervilla.- Ya tenemos todas las cartas sobre la mesa, y se puede hablar de hechos y no sobre conjeturas. Las cosas son como son y negarlas es engañar a la gente o distorsionar la realidad.

El PSOE, o Pedro Sánchez, que es lo mismo, están pactando con la formación proetarra Bildu en Navarra, con la extrema izquierda de Podemos en Aragón y con los soberanistas de Mes en Baleares. Y hasta este momento, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, todavía no ha dicho ni mú. Eso sí, ha arremetido contra Ciudadanos porque, según él, pacta con VOX.

Ya va siendo hora de que se hable claro, como hizo ayer la ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, cuando dijo que “todos los escaños son legítimos” para pactar, o sea, también los de VOX.

No me vale que me digan que en Navarra no se han apoyado en Bildu para permitir que esté en la Mesa del Parlamento y para que, como es lo más probable, María Chivite, del PSOE, sea la nueva presidenta de esta Comunidad Foral. Han pergeñado una maniobra para impedir que el centro derecha gobierne en esta región, y lo han hecho con la formación político que ampara y es heredera de la banda terrorista.

En Aragón, van a gobernar gracias al apoyo de la extrema izquierda de Podemos y en Baleares, un tanto de lo mismo, pero con el agravante de que también estará en esa coalición la formación soberanista Mes.

Y este plantel espeluznante de apoyos no le parece nada mal a Macron, que ataca a Rivera por aliarse con VOX, que a mí tiene cosas que no me gustan nada, pero ni tiene terroristas en sus filas, ni apoya a dictaduras como Venezuela y Cuba, ni vulnera la Constitución para separarse de España.

¡Ya está bien de lecciones de democracia y libertad de quienes pactan con la izquierda radical!


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Sánchez, Valls y García Montero

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El primer ministro Valls en la Asamblea Francesa.
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Federico Ysart.- Valls saldrá del Ayuntamiento de Colau para adornar el próximo gobierno Sánchez, si éste llega a formarlo. La jugada abrillantaría la pátina centrista de la que se ha recubierto nuestro fraudulento doctor. Al menos, por unos meses, porque el franco catalán, una vez sentado en el banco azul, probablemente trate de ir avanzando hacia su cabecera para hacerse con el gobernalle de la nave.

Auparse hasta lo más alto es su ambición no satisfecha. En Francia intentó ser candidato a la presidencia republicana en dos ocasiones, 2012 y 2016, coronadas ambas con el fracaso. En el Reino de España habrá de conformarse con la del Gobierno. La inconsistencia de Sánchez y la experiencia vivida en París tal vez le salvaran de un fiasco más. Al fin y al cabo, para un expresidente del Gobierno francés, los de aquí no dejamos de ser simples petites espagnols.

De momento aportaría a Sánchez un cierto aroma antinacionalista, que para eso le ha servido su breve baile con Rivera, quien se dejó engañar como un chino del interior. Y las arremetidas que desde su ruptura propina a Ciudadanos le reponen sus hechuras socialdemócratas. En resumen, el candidato perfecto para un nuevo gobierno bonito del sanchismo.

¿Y cómo salvar a un Iglesias que chapotea en los remolinos abiertos por la estrepitosa derrota de la extrema izquierda, sin sentar un podemita a la mesa? Pues con un hombre de renombre, históricamente vinculado al comunismo vía Izquierda Unida, poeta laureado y desde hace poco menos de un año puesto al frente del Instituto Cervantes: Luis García Montero.

Carmen Calvo le catapultó hasta el sillón del que desalojó desconsideradamente a Juan Manuel Bonet, a quien ya había descabezado años antes de la dirección del Reina Sofía siendo ministra con Zapatero. Si la hoy vicepresidenta en funciones sigue teniendo la influencia que sobre Sánchez ha ejercido, García Montero podría relevar al andaluz José Girao, amigo y antiguo compañero en la Universidad de Granada.

O a la socialista vasca Isabel Celaá, titular de Educación además de insólita portavoz; socialistas ya tiene demasiados para tan escaso peso parlamentario. Y si necesitara mujeres, ahí está Almudena Grandes, esposa de García Montero.

Semejante gambito no colmará la sed de Iglesias, más bien podría hundirle aún más en la miseria, pero el presunto presidente podría escenificar un nuevo tiempo con dos figuras nuevas en la tediosa escena de la política convencional.

Pero lo sustancial, Navarra por ejemplo, no va con él. El vendepatria no tiene cura.


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