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Cartas del Director

España, infierno de cobardes

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La desconfianza en España no para de crecer. A decir verdad, los que menos confiamos en España somos los españoles que nos hemos librados de ser cocidos a fuego lento. Solo un pueblo tan cobarde como el español podría tolerar sin rechistar la psicopatía de un chulo inepto con ansias de sátrapa falconero, la codicia insaciable de su socio comunista y a toda la banda de separatistas que terminarán llevándose hasta los cubiertos de plásticos del festín. Nos van a hacer pagar hasta el papel higiénico con altos intereses.

El pueblo es el único que puede solucionar el drama de España, enseñando los dientes, metiéndole el miedo en el cuerpo a los canallas y haciéndoles ver que la única solución del país pasa por adecentar el Estado, el liderazgo, la política y la vida pública, lo que significa parar los pies al separatismo, impedir el acceso al poder de los que viven de la sangre ajena y elegir como representantes públicos y líderes a personas de probada decencia y de valores garantizados, no a los predadores amigos del partido o a los dirigentes arbitrarios encuadrados en las mafias del poder. Pero el pueblo español no moverá un dedo. Este pueblo español pasará a la Historia como una triste y despreciable manada de cobardes.

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Es muy probable que España sea hoy el país más cobarde del mundo. Al menos ningún otro país se ha dejado humillar tanto en democracia por gente tan infame y tan mediocre.

Cuando los buenos se resignan a pederlo todo, los canallas conquistan el poder. Pedro Sánchez no es sino el presidente que merece un pueblo tan indigno y cobarde como el nuestro, un subproducto de la corrupción y de la degradación de un sistema que ha sido dominado, desde la muerte del general Franco, por partidos indignos y corrompidos, habituados a anteponer sus propios intereses al bien común.

Es difícil hallar en la historia moderna un pueblo que sea capaz de soportar tanta humillación, que financia un Estado elefantiásico y repleto de políticos sin valor vital alguno, que paga los mayores impuestos de toda Europa, que tolera la rebelión mafiosa de los catalanes, que calla ante la vesania de unos dirigentes que merecerían ser sometidos al más severo de los correctivos.

Hemos permitido que los políticos se cisquen a diario en los códigos de la decencia, que maltraten la Constitución y que asesinen la democracia, sustituyéndola por una ilícita oligocracia de partidos. Hemos guardado un silencio cómplice ante las «listas negras» de empresas y personas represaliadas por sus ideas. Hemos convivido a diario con la indecencia que representa intercambiar concesiones públicas por comisiones ilegales. Hemos permitido que la mafia mediática redefina los conceptos del bien y del mal. Hemos dejado que nos subyuguen, que sometan a la sociedad civil, que la desarticulen y que la ocupen, que todo esté lleno de políticos y sindicalistas voraces. Hemos vuelto la mirada mientras alimentaban al monstruo nacionalista con concesiones y ventajas que rompen la unidad y hasta hemos soportado que se margine, acose y persiga a los que aman España en esas comunidades.

Han ocupado las universidades y han comprado la cultura con el dinero de todos. Hemos doblado la rodilla cuando los políticos, con el dinero público, han silenciado a los medios de comunicación y les han hecho cómplices de la mentira, la manipulación y el engaño. Hemos callado ante atrocidades e injusticias que ningún pueblo noble debería haber soportado jamás: concursos públicos amañados y otorgados a dedo, a empresas de amigos, recaudadores de los partidos políticos practicando la extorsión silenciosa entre las empresas, millones de euros entregados a los sindicatos y a la patronal para comprar silencio y apoyos ilícitos, delincuentes disfrazados de alcaldes y concejales cobrando comisiones a cambio de legalizar el urbanismo salvaje, agresiones al principio de igualdad de oportunidades, que los puestos de trabajo públicos sean para los familiares y amigos de la «casta» política, que repartan el dinero público como tahúres, que conviertan a las administraciones públicas en gigantescos aparcamientos de lujo, donde cientos de miles de inútiles y aprovechados ordeñan al Estado cada día, sin aportar nada a cambio.

Pero a quien más hemos consentido es al presidente del Gobierno, un tipo sin prestigio, que ha perdido hasta el respeto de sus colegas internacionales, que lo soporta todo con tal de seguir en el poder, al que hemos dejado practicar todo lo que degrada y hace ignominiosa la política, desde la mentira reiterada hasta el engaño a los ciudadanos, desde la compra de votos con dinero público hasta sellar pactos con partidos antiespañoles, sin otra justificación que mantenerse en el poder.

Pedro Sánchez es un presidente que asusta, un amoral sin escrúpulos que ha abierto las puertas del Gobierno a comunistas que odian a España, un mentiroso compulsivo que dice hoy una cosa y mañana otra diametralmente distinta, un tipo capaz de vender su alma al diablo con tal de no perder el poder, pero nadie hace nada.

En este momento debemos nada menos que cuatro veces, en cifra redonda, lo que producimos en un solo año, lo que significa una carga tremenda para el país, que va a tener que pagar, pero que ha tratado de eludir porque se había creado lo que se llama una sociedad opulenta, masificada, que fue abandonado una serie de valores, de exigencias, ansiando seguir así. Los políticos están perdidos, porque no se atreven a enfrentarse con la situación que, en parte, han creado.

La sociedad española admite cualquier tipo de planteamientos, ya que sus percepciones son exclusivamente materiales, como la de esos jóvenes cuyo principal problema es si les dejan hacer o no botellón. Y esto es muy grave, una sociedad sin valores es una sociedad que está condenada. Hay países que mantienen una serie de valores sin ser católicos, pero en España, cuando se viene abajo el espíritu católico los valores desaparecen y la cobardía aflora.

Y por si fuera poco, nuestra manía autodestructiva, esa furia contra su propia tierra es lo propio de las sociedades en la hora amarga de la bancarrota moral y espiritual. Cuando los pueblos van cayendo por la pendiente de su irremediable decadencia los peores elementos salen de sus agujeros y alzan la bandera de la sedición dispuestos a consumar la traición largamente madurada en la oscuridad en la que la sabiduría de otros tiempos los tuvo recluidos.

Una de las formas predominantes de este anormal sentimiento antinacional es ese falso progresismo que es la enfermedad infantil, a todas luces incurable, de esa izquierda española de cromosomas desparejados que justifica todos los atropellos y todas las arbitrariedades (después de haber cometido todos los crímenes que adornan su larguísimo prontuario).

A la izquierda española, huérfana de todo ideal, carente de un proyecto positivo para España, dueña de un rencor indecente y de una escalofriante miseria intelectual y moral, sólo le queda su incurable demagogia, su criminal revanchismo, su sectarismo indomable y una abismal ausencia de valores. El único programa visible de la izquierda parede ser el irreversible desmantelamiento de la nación española, su postración definitiva, su sometimiento a espurios intereses antinacionales y, como apoteosis a sus obsesiones y rencores nunca olvidados y a sus odios insatisfechos, retroceder 80 años atrás. Volver al 36 para intentar el desquite de una derrota ganada a pulso, buscando la revancha por una guerra perdida por los mismos que la provocaron (ahora ya lo sabemos con certeza), aparece cada día más claramente como el sueño y la meta de esa izquierda que durante la etapa de Zapatero y ahora de Sánchez, no hizo ni hace otra cosa que lo único que sabe hacer: destruir España y enfrentar a los españoles. El resultado está a la vista.

Pero no centremos la culpa exclusivamente en la izquerda para explicar las razones de una población mayoritariamente basurizada. Hay un amplio sector de la derecha social española que esquiva la defensa de sus posiciones morales y humanísticas por un enfermizo y obsesivo sentimiento de culpa frente a la izquierda. El partido que mayoritariamente representa a ese sector, el PP, se define como una formación “de centro”. La derecha no se identifica con la asunción del término porque en la cultura política española tiene un punto de ilegitimidad moral. Ser de derechas no está bien visto en España. Y esto es así, entre otras razones, porque desde hace muchos años, la izquierda nos restriega una superioridad moral que pocos líderes derechistas se atreven a refutar con la contundencia que lo hace AD. La supuesta derecha ha renunciado a cualquier pretensión de entablarle batalla ideológica a los defensores del marxismo cultural. Esto ha permitido a la izquierda, en cualquiera de sus siniestras ramificaciones, el control de la cultura y la educación oficiales, así como de la mayor parte de los medios de comunicación. Esta rendición ideológica no es tampoco ajena a Vox, que prefirió exhibir un patrioterismo escopetero y rancio antes que formular un ideario con las grandes contradicciones, incoherencias, falsedades y mentiras sobre las que se asienta la ideología izquierdista, más allá de los tópicos y chascarrillos mitineros.

Ser de derechas en España va asociado a ser franquista; por consiguiente, a ser partidario de la dictadura y enemigo de la libertad. La izquierda nos impone sus mantras porque los representantes políticos de la derecha, incluidos los de Vox, han heredado como taras genéticas los mismos complejos. ¿Imagina el lector la suerte que correría el miembro de Vox que elogiase el régimen de Franco por librar a España de caer en las garras de la liberticida órbita soviética? Si por mucho menos desfenestraron a Fernando Paz…

Si la derecha social española quiere que sus ideas tengan un calado socialmente mayoritario, tendrá que dejar de pensar como pasiva “gente de orden” y comenzar a movilizarse, a sacudirse los complejos, a perder el miedo, a preferir el fondo que las formas, a vivir con conciencia política, a sostener la coherencia moral como principio básico, a defender sin miedo los valores en los que dice creer, a rechazar la corrección política y la dictadura del pensamiento único, a tener protagonismo en la vida civil, a comprar los libros y revistas de quienes comparten su visión del mundo, a borrar el cainismo de su ADN, a estar presente en todos los foros de debate públicos y privados. Nada de esto lo va a hacer el PP, ni tampoco Vox. Lo tiene que hacer la gente. Muchos lectores de AD llevan años haciéndolo.

Si la derecha social no cambia el chip, si la población española no se arma de valor, la apisonadora socialcomunista pasará por encima nuestra y dejará a España en pocos años en la misma situación que hoy vive Venezuela. Por desgracia solo nos tenemos a nosotros mismos. Ningún Clint Eastwood vendrá a salvarnos.

Postdata.- Cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.


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ALERTA NACIONAL, con la Libertad. ALERTA NACIONAL, con Donald Trump y todos aquellos represaliados por pensar diferente. ¡SEGUIDNOS A PARLER!

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Buenas tardes,

Hoy, 9 de Enero de 2021, damos noticia del comienzo de la I Guerra Mundial Digital de la historia.

Hace unas horas, ciertas empresas supuestamente privadas han limitado el derecho a expresarse del Presidente de los Estados Unidos sin mandato judicial y sin Ley que los avale. Simplemente porque NO LES GUSTA lo que dice.

Estas empresas han adquirido un tamaño y un volumen tan enorme que desafían a los Gobiernos y a las Naciones. Y, lo que es peor, se han puesto al servicio de otras naciones y gobiernos para modelar a la humanidad según sus propias y -nauseabundas, para nosotros- creencias.

Dentro de estas empresas podemos citar -nos ATREVEMOS a citar- a Facebook, Instagram, WhatsApp, Google, Twitter, Apple… por poner nombre a las más importantes.

Nosotros pertenecemos a un heterogéneo grupo con ideas políticas muy diferentes, pero que concuerdan en una cosa, y solo en una: LA PROPIEDAD PRIVADA ES SAGRADA Y LA LIBERTAD DEL INDIVIDUO ES SAGRADA.

LLámesenos derecha, fascistas, liberales, libertarios, capitalistas o de cualquier otro nombre, creemos firmemente en que el hombre es y debe ser libre, y la propiedad es y debe ser sagrada.

Fuera aparte de estos dos conceptos, cada cual tiene su propio pensamiento y política.

Pero creo que podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que todos defendemos la libertad de las empresas para actuar, decidir y ejecutar acciones a su libre voluntad. Nadie lo duda.

PERO si estas empresas demuestran no estar sirviendo a sus propios intereses sino a intereses políticos de terceros, o presentan indicios de querer intentar modificar, modular o de cualquier otro modo DOBLEGAR la voluntad de las personas libres, ENTONCES esas empresas deben ser destruidas, desmontadas o divididas en partes más pequeñas e inofensivas.

Hemos llegado a este punto: estas empresas se han puesto al servicio de intereses malignos que buscan la eliminación de los seres humanos libres, críticos e ilustrados. NO lo podemos PERMITIR.

Que cada cual piense en el mejor modo de luchar. Nosotros, por nuestra parte, somos y seguiremos siendo fieles a nuestra idea de contar LA VERDAD, sobre todo, y por encima de todo, si molesta a los poderes públicos y políticos.

Os animamos a seguirnos en nuestro periplo por esta nueva red social PARLER: nuestro usuario es: @GrupoAlerta

 

PULSA EN EL LOGO PARA IR A PARLER Y ABRIRTE UNA CUENTA

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Carta a la Comisión Europea: Dejen caer al Gobierno de Sánchez e Iglesias. Ni un euro para España

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AD.- «Algunos ven a las empresas privadas como un depredador que debe ser disparado, otros como una vaca que debe ser ordeñada, pero pocos son aquellos que las ven como un robusto caballo que tira de la carreta» (Winston Churchill)

 

 

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Es un principio comúnmente aceptado que hay que dejar que las cosas se deterioren del todo para emprender su reconstrucción. Sobre todo si el problema afecta a su estructura. Simplificar el problema estructural de un edificio ruinoso añadiendo más cemento a los pliegues de una fachada, no evita su progresivo deterioro. No reconocer que el problema de España está en la raíz de su modelo económico solo sirve para que el Gobierno gane tiempo. La Comisión Europea (CE) ha establecido un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 millones se darán en forma de subvenciones y 250.000 en forma de créditos.

Mal haría Europa en otorgar este pastizal previsto para que el Gobierno teje una amplia red de clientelismo electoral similar al que permitió a los socialistas gobernar en Andalucía, durante cuarenta años, gracias a las ayudas del PER (Plan de Empleo Rural). El resultado ha sido una región a la cola europea en número de parados y un amplio sector de la población dependiente de las ayudas y renuente a la cultura del trabajo.

Ahora se pretende hacer lo mismo con el Ingreso Mínimo Vital. ¿Debemos fiarnos de la gestión objetiva y real de ese dinero por parte de un Gobierno como este? ¿Cuántas horas tiene que trabajar un trabajador español para ganar 1.000 euros? La pregunta del millón: ¿esto se puede aguantar siempre? La pregunta estúpida: ¿esto quién lo paga?.

Un semanario holandés ha dibujado como “vagos” a españoles e italianos, representados por un hombre con bigote tomando vino y una mujer en bikini, mientras dos trajeados de pelo rubios holandeses trabajan moviendo la maquinaria financiera de la Unión Europea.

Con el titular “Ni un céntimo más al sur de Europa”, la revista explica “por qué el plan de Merkel y Macron de regalar 500.000 millones no es una buena idea”. La verdad no duele, duelen las consecuencias. La propuesta de la Comisión Europea es perversa porque pretende ser una donación incondicional a los países más afectados por la epidemia, lo que significa una transferencia de dinero del norte al sur de Europa.

Los hechos muestran que España no es pobre y tiene suficiente dinero o acceso al dinero. Solo hay que ver estos días las terrazas y los chiringuitos playeros repletos de gente ociosa. No hay dinero para las pymes pero sí para los actores, para las feministas, para los refugiados venezolanos o para mantener las pensiones no contributivas. Mientras la Europa del norte ha tenido que mejorar el poder adquisitivo de sus economías implementando duras reformas tras la crisis financiera de 2008, el Gobierno de España lo apuesta todo a las ayudas del continente. Lo que se debe exigir al Gobierno de España es responsabilidad. Eso o que sigamos siendo un pozo sin fondo que abusa de Europa en cada crisis financiera. Esto tiene que acabar.

Por otra parte, advertimos a la Comisión Europea acerca de la manipulación histórica de las cuentas nacionales de España. El PIB ‘oficial’ de España está sobrevalorado en un 16% con respecto al PIB ‘real’) y además destacando con anticipación que las reducciones de déficit prometidas por el gobierno español a la UE nunca se cumplirían.

Las ayudas previstas tendrían consecuencias de largo alcance en la magnitud del déficit público de España y en la sostenibilidad a largo plazo de su deuda. Como saben perfectamente, España depende completamente del programa de estímulo del BCE para no declararse en bancarrota. Sin embargo, la dinámica de incumplimiento de las reducciones de déficit prometidas por España parece no tener fin; Además, se ha acentuado en los últimos tiempos.

Hace dos semanas, el gobierno español presentó un Plan de Estabilidad para 2020-2021 a la Unión Europea; en él, se introdujo una caída del 9,2% en el PIB durante 2020 y una recuperación del 6,8% en 2021, más un déficit del 10,3% en 2020, cifras que son, por decir lo menos, pura ficción científica.

Comenzando con el PIB de España, nuestra estimación es una caída del 19,9%, basada en i) las cifras oficiales del primer trimestre (-5.2% o -20.8% aumentadas a la tasa anual), ii) los PMI para el segundo trimestre, con caídas a 7 y 8 en el sector de servicios (el peor de la historia), y iii) las previsiones para todo el año de las asociaciones de empleadores activas en los sectores más afectados (ver Anexo 1). Las industrias en el sector de servicios representan, con mucho, el componente más grande de la economía (alrededor del 68% del PIB y el 75% del empleo). Estas industrias son, en promedio, las más afectadas por la pandemia, y los ingresos perdidos desaparecen para siempre, no se difieren (menos consumidores que tienden a gastar menos). Por este motivo, no es posible una recuperación del 6,8% en 2021; Un crecimiento cero es nuestra estimación.

Anticipamos un aumento del 19,6% en el déficit de España a raíz de las necesidades financieras derivadas de la pandemia y un aumento brutal en los gastos corrientes propuestos por el gobierno español, que incluye un aumento gigantesco en el gasto en salarios públicos (6%). En resumen, un aumento sin precedentes en el tamaño del sector público español, que pasa del 41,9% al 51,5% del PIB de España. Además, el gobierno español considera que el interés de la deuda apenas aumentará de 25,000 a 29,000 millones de euros, en un contexto en el que se necesitarían al menos 380,000 millones de euros en realidad para la refinanciación y la nueva financiación.

Con respecto al empleo, se han perdido cerca de un millón de empleos entre el 12 de marzo y el 30 de abril, y además 3 millones de trabajadores están bajo un esquema de desempleo temporal («ERTE» en español). Teniendo en cuenta estos trabajadores desempleados temporales, España ha alcanzado un 34% de desempleo. Como se estima que uno de cada tres trabajadores temporales desempleados perderá su trabajo de forma permanente, podemos anticipar que el desempleo se estabilizará en un 24%. Las cifras de la Seguridad Social española también muestran que en un mes y medio 142,000 empresas han sido desmanteladas en España, y los trabajadores independientes han sufrido la mayor caída desde que se registran series estadísticas.

Finalmente, en la relación deuda / PIB, se realizan dos estimaciones, una con la deuda EDP y la otra con la deuda total, incluidos los pasivos no incluidos en la deuda EDP que ascienden a 350,000 millones de euros según el Banco de España. En resumen, la deuda EDP / PIB = 141% y la deuda total / PIB = 175%. Es imposible pagar esta deuda, por lo que España está obligada a suspender los pagos en 2021, y dado el tamaño de nuestra economía, 6.5 veces mayor que la de Grecia, España no puede ser rescatada. En nuestra opinión, la única opción realista para abordar este desafío es poner fin al modelo de regiones autónomas, que representa un desperdicio anual de aproximadamente 100.000 millones de euros.

Por esta razón, creemos que la financiación adicional requerida por España debe tener como condición «sine qua non»: el corte drástico en nuestro modelo administrativo regional que representa un desperdicio anual de alrededor del 10% del PIB. Solo las duplicaciones entre las Administraciones Públicas representan 36.000 millones de euros despilfarrados. En palabras del antiguo Ministerio de Finanzas: «dos millones de empleados públicos se han unido al servicio público a través de conexiones personales y no por méritos»,. Hay más de 3.000 empresas públicas en las administraciones de las regiones autónomas que son ineficaces. Asignar recursos adicionales a España sin condiciones implicaría la eventual salida del país del euro, y probablemente el fin del sistema del euro.

Por consiguiente, dejen caer al Gobierno de España aún cuando ello implique a corto plazo el progresivo deterioro de nuestras condiciones económicas. Sin la ética de la responsabilidad y el trabajo, España va a seguir siendo el Brasil del sur de Europa, una sociedad de festeros y parásitos al acecho siempre de las ayudas.

El futuro de España y el de la Eurozona está en peligro. No ayuden a consolidar una economía clientelar al servicio de los peores paradigmas de la sociedad, que es lo que conviene a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para consolidar su régimen bolivariano. Si les preocupa el futuro de España, dejen caer a Sánchez suspendiendo las ayudas previstas hasta la llegada de un nuevo Gobierno. Si comparten con nosotros la necesidad de que media España deje de parasitar a la otra media, entonces eviten que la reconstrucción económica española tenga que ser, una vez más, a costa del esfuerzo y el trabajo de millones de europeos.


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Cartas del Director

Armando Robles, en ‘Buenos días España’: «El Gobierno utiliza a la Policía para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen»

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Lo único que les preocupa a los militares es conservar sus prerrogativas económicas sin comprometerse con nada. Esto al menos es lo que ha opinado el director de AN, Armando Robles, en el programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española.

«Me sorprende que los mandos castrenses hablen de la defensa de nuestra Patria, estando como están a las órdenes de políticos traidores que están promoviendo la destrucción nacional», señaló Robles en el programa conducido y presentado por Santiago Fontenla.

«Cuando hablan de los enemigos de España, señalan Mogadiscio, Besmayah, Libreville y el Océano Índico. Y no es verdad. Los enemigos de nuestra Patria no están tan lejos. Los enemigos de España los tienen muy cerca y me extraña que no los hayan reconocido aún. En el Congreso de los diputados podrían reconocer a muchos de ellos. Están emparentados por línea consanguínea con aquel conde Don Julián que facilitó a los moros la invasión y destrucción de la España visigoda. Son los que no detectaron la supuesta malversación de fondos por parte de los procesados como líderes del golpe independentista en Cataluña. Son los que gobiernan gracias al apoyo de los separatistas que pretenden destruir nuestra Patria. Son los que visitaron al líder de Bildu, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre y que luego dan la espalda a las víctimas del terrorismo. Son los que pasan por alto el sufrimiento y la persecución que sufren los no nacionalistas, que esperaban de sus militares el mismo interés que estos demuestran en las operaciones de salvamento de ilegales en aguas del Mediterráneo. Son del mismo partido que ordena a la Policía identificar a los españoles que llevan la bandera nacional en su coche. Son los que han arruinado el prestigio de la Fiscalía General del Estado sometiéndola a la lógica de sus pactos políticos con los separatistas. Son los que están acercando a cárceles vascas a miembros de la banda terrorista ETA a cambio del apoyo parlamentario del PNV. Son los causantes de la muerte por coronavirus de miles de ancianos españoles, los que en esta crisis han antepuesto el interés partidario a la salud de los españoles, los que han sembrado España de cadáveres y pobres. Esos son los enemigos de nuestra Patria. han llevado a cabo una gestión negligente que ha llenado de muertos los hospitales. Los altos mandos militares solo creen en el dinero. Que nadie espere nada de ellos», manifestó Robles.

Para Robles, la ampliación del estado de alarma tiene por objeto un cambio de régimen y lamentó que policías y guardias civiles hayan dado la espalda a los españoles al impedir las protestas y vigilar a los discrepantes en redes sociales, además de no perseguir las opiniones contrarias al Gobierno.

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«El Gobierno utiliza a Policía y Guardia Civil para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen», apostilló.

TODO ESTO Y MUCHO MÁS, EN RADIO CADENA ESPAÑOLA:


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Cartas del Director

Armando Robles: «¿Por qué estoy harto de España y por qué preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de los españoles?»

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Excusen llamarme patriota. No lo soy. Para serlo tendría que amar y admirar a la población de la que emerge el concepto de España. Ni la amo ni la admiro. Digo más, preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de las personas con las que me cruzo a diario. De esta población, la derecha social me gusta todavía menos. Aceptaría encantado el pasaporte que me brindara un país como Estados Unidos. Incluso Corea del Norte. Allí al menos no ha llegado todavía el hedor de esta democracia herrumbrosa de quinquis, trileros, psicópatas y maleantes. Allí al menos se fusila bien. Reconozco que he llegado al límite estas semanas de coronavirus. La cobardía, la hediondez moral, la mediocridad, la materialidad, la incultura, la indignidad, la ridiculez, el poco o nulo vital de los españoles, puestos en evidencia las últimas semanas, han sido más que suficientes.

Excepto por media docena vacaciones que he cogido en mi vida, no he dejado de trabajar duro desde que tenía veintipocos años. No recuerdo en todo este tiempo haber estado enfermo, y si lo estuve no recuerdo que ello me impidiera cumplir con un horario de trabajo, que nunca bajó de las 12 horas al día. Nunca nadie me regaló nada, y he tenido que trabajar siempre muy duro para al menos alcanzar la posición de escribir u opinar lo que me sale del nabo sin tener que depender de ningún editor garrulo .

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Pero reconozco que empiezo a estar harto, muy harto de vivir en este país enfermo. Estoy harto de vivir a las órdenes de unos políticos que conforman el estadio moral más bajo de la sociedad.

Estoy harto de que estos días, la vida o la muerte, la salud o la enfermedad de miles de ciudadanos españoles dependa de unos dirigentes a quienes les ha importado más los cálculos electorales y los chanchullos de siempre que el interés colectivo.

Estoy harto de que ni aún cuando la salud de muchos dependiese de la llegada de material sanitario en buenas condiciones, nos hayamos librado de esa legión de pícaros, bribones, golfos, salteadores y corruptos que han sido y son el mejor exponente de los valores partitocrátios.

Estoy harto de esos españoles que han salido cada tarde a los balcones para bailar, cantar y batir palmas, mientras los tanatorios, los hospitales y las residencias se llenaban de cadáveres.

Estoy harto de que los españoles pasen de todo y traguen con todo. Por ejemplo, que los dirigentes añadan más incertidumbre al futuro poniendo al frente de la reconstrucción económica nada menos que a un socialista sin estudios que traduce en fracaso todo lo que toca, y a un líder comunista cuyo dato biográfico más sobresaliente es el de representante de la guerrilla de las FARC en las conversaciones de La Habana.

Estoy harto de un país que permite que haya test para los futbolistas y no para los sanitarios.

Estoy harto de que un vago o un ‘okupa’ tenga más derechos que las personas que aún conservan la ética de trabajo.

Estoy harto de una Policía que sanciona por llevar banderas españolas, que penetra en las iglesias interrumpiendo las homilías y desalojando a los fieles, que detiene a un pobre diablo por salir a la calle y permite a Pablo Iglesias saltarse la cuarentena. Estoy harto de esos patriotas de pacotilla a quienes el sueldo de esos policías les preocupa más que el de un trabajador del campo.

Estoy harto que se dé luz  verde a la ‘okupación’ ilegal de pisos mientras guardias civiles vigilan día y noche para que nadie entre en el chalecito del par de golfos de Galapagar.

Estoy harto de que mientras se prohíbe a los cristianos la entrada en los templos, el Gobierno autorice los desplazamientos fuera de sus localidades a las personas de religión musulmana con motivo del ramadán.

Estoy harto que cualquier ciudadano español vea cómo sus hijos, pese a prepararse concienzudamente, son incapaces de lograr un puesto de trabajo, mientras se permite que el más tonto de los españoles pueda ser elegido para gestionar y administrar el Tesoro o dirigir el destino de la nación.

Estoy harto la dictadura de género y la aberración del lenguaje inclusivo disfrazado de igualdad, que ha convertido el Parlamento español y el resto de administraciones públicas en una academia feminista de analfabetas funcionales.

Estoy harto de esa caterva de artistas progres subvencionados, y de esas continuas deposiciones cinematográficas al servicio de una sociedad partidaria, pornográfica y frentista.

Estoy harto de que la política tenga que salir al auxilio del arte, porque ese arte se ha prostituido tanto que es incapaz de vivir si no es a expensas de los políticos.

Estoy harto de que el ‘culebrón Merlos’ haya protagonizado más tertulias televisivas y más encendidos debates que la letalidad entre los mayores.

Estoy harto del poder que psicópatas y maricas ejercen sobre nuestras vidas. Estoy harto de que el futuro económico y la salud moral de nuestros hijos dependa de gente como ‘El Chepas’ y la cajera.

Estoy harto de que me digan que tengo que acoger y ayudar a los representantes de esos pueblos que comían larvas mientras aquí se construían catedrales.

Estoy harto de que me digan que debemos ganar menos para mantener a la legión de vagos, menesterosos, oenegeros, feministas y subvencionados de toda laya, con tal de que la izquierda no pierda su principal cantera de votos.

Pero sobre todo, estoy muy harto de la derecha social, porque debiendo tener conciencia de todas las cosas que provocan mi hartazgo, lo que hace es mirar para otro lado. Estoy harto de esa derechona friki y cobarde, cuyos confines ideológicos se limitan al ‘Viva España’ escobariano y al ‘Arriba España’ cuartelero. Estoy harto de esa derecha dominguera que no hace más que perder batallas, una tras otra. Estoy harto de esa derecha zafia, tópica, cainita, de argumentos epidérmicos y de andar con el pie cambiado. Estoy harto de esos patriotas postureros que exaltan a La Legión en su centenario y se olvidan de mencionar el nombre de su fundador.

Debo admitir que esa derecha, a trompicones entre el sainete y el Capitán Araña, vale menos que la izquierda, que ya es valer poco. La izquierda está ganando de calle la guerra que muchos creían haber ganado en el 39. Han conseguido sacar a Franco de su tumba, confinar la incorrección política  en el baúl del olvido, adoctrinar ideológicamente a la nación, introducirnos sus prejuicios, imponernos su visión maniquea de la historia, cambiar el nombre a nuestras calles, ideologizar la moral, pervertir el lenguaje, implementar la verdad oficial como un dogma de fe, oficializar sus preferencias éticas y estéticas, demonizar a nuestros héroes. Salvo este medio, ni siquiera se ha tenido el coraje de despedir a Billy el Niño con el respeto que ellos dispensaron al genocida Santiago Carrillo, enterrado en olor de multitudes. Por eso no distingo entre el PP y Vox, salvo en algunos detalles florales que en el fondo no alteran nada.

Un pueblo que ha perdido la dignidad hasta de pedir justicia para sus muertos, víctimas en muchos casos de la negligencia de este Gobierno, no merece ser reconocido como algo propio y cercano afectivamente. Pura razón natural tras 42 años de oligarquía partitocrática. Lo que tenemos es una masa adormecida, amorfa, hueca, vacía, grotesca, extremadamente manipulable… De ella no se podrá sacar nunca nada bueno, nada positivo. Al igual que otros europeos, pero en grado mucho mayor, los españoles han llegado al último capítulo de la decadencia y la degradación. Este es un organismo en putrefacción avanzado. La carne agusanada de este cuerpo es lo único que realmente se mueve y tiene vida.

Los representantes de ese pueblo son todavía peores. La Monarquía letiziana no sirve a los españoles. Los partidos sirven solo a sus dirigentes y financiadores. Las altas esferas judiciales sirven a los fuertes y se ensañan con los débiles. La cúpula de la Iglesia sirve a Satanás. Los medios de manipulación sirven al pesebre que les llena las alforjas con millones de euros. El sistema ha quebrado. El sistema es un inmenso campo moral de ruinas. Nos han arruinado y humillado, nos han dejado sin futuro. Las próximas generaciones de españoles pagarán dramáticamente los excesos de estos años.

Los españoles ya no sienten ni frío ni calor. Están tan cretinizados que admiten como corriente lo que en otra época habría provocado un levantamiento. Lo lamento, pero estoy harto, muy harto, de los españoles. Lo que me pide el cuerpo es otro pasaporte y mandar a la mierda el que ahora tengo.


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