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España se la juega en Navarra

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El Rey Felipe recibe, el miércoles, al presidente de Unión del Pueblo Navarro (UPN), José Javier Esparza
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JUNTA DIRECTIVA DEL CÍRCULO DE NAVARRA.- Sigue impresionando la reflexión agónica de Laín Entralgo cuando se preguntaba: «¿Qué va a ser de España? ¿Se producirá en ella una paulatina desintegración? ¿Se alcanzará la realidad de una nueva y más satisfactoria convivencia?». Y a la vez sigue emocionando el vibrante poema de Madariaga en el que refiriéndose a España en un coloquio imaginario con ella, se llena de nostalgia respecto a su unidad creadora, evocando las esencias ocultas de la Patria («la que huele a tomillo y a romero») vagando por Santillana del Mar, los montes vascos, las riberas del Segre, las huertas de Valencia, las torres de Salamanca, Sevilla… Esa España, gran nación, que ha sido durante más de mil años algo más que una Nación; ha sido una cultura entera que traspasa siglos y continentes, la única universal -con la anglosajona- que aún perdura. Y en esa unidad, conviven diversas tierras, costumbres e historias que la enriquecen con sus aportaciones al todo. Una de esas tierras es Navarra.

Como dijo el profesor Sagardoy en estas mismas páginas, «si hay algún Reino que pueda codearse de igual a igual, e incluso mirar un poco por encima, a los demás Reinos medievales, es el de Navarra. Tierra de acendradas costumbres, de recia personalidad, de hondo sentimiento de identidad, y que sin embargo ha sido un ejemplo de unidad-diversidad, al no excluir España de su identidad sino asimilarla dentro de su originalidad». Bien se puede comparar a un centenario olivo: profundo en sus raíces y extenso en su ramaje. Muy local y profundamente universal.

Pero hay negros nubarrones que amenazan la identidad de Navarra y, por ende, la unidad de España. Como dice Jaime Ignacio del Burgo, «el nacionalismo vasco de todo signo, moderado o inmoderado, democrático o fundamentalista, pacífico o violento, ha reivindicado siempre como algo incuestionable que Navarra forma parte de una nación a la que impusieron el nombre de Euskadi o “reunión de todos los vascos”, palabra inventada por su fundador Sabino Arana, que en los últimos tiempos han rebautizado con el de Euskal Herria o “tierra de habla vasca”». A lo largo de la historia, en más de mil años, jamás los navarros tuvieron conciencia de pertenecer a una supuesta comunidad euskalherriaca porque era inexistente. Cuando el Reino de Pamplona luchaba con francos y musulmanes, los territorios vascongados permanecieron totalmente al margen. Y cuando en 1542 se produce el destronamiento por Fernando el Católico de los Reyes de Navarra, Juan de Albret y Catalina de Foix, los vascongados son los primeros en invadir el solar navarro, bajo el mando del Duque de Alba, y, dicho sea de paso, después de la integración en Castilla, Navarra conservó sus fueros y privilegios.

Ya en tiempos posteriores, Navarra sigue conservando una identidad propia y diferenciada, lo mismo con la Ley Paccionada de 1841, que con el Decreto-Ley de 4 de noviembre de 1925 (Primo de Rivera) que disuelve las Diputaciones, exceptuando a las que tenían un régimen privilegiado «hijo del concierto y de pactos antiguos» como fue el caso de la Diputación Navarra. Y así, en 1927, se firma con el Estado el primer Convenio Económico, y más recientemente, tanto en las dos Repúblicas como en la Transición de 1978, Navarra ha conservado su identidad. Queda la malhadada Disposición Transitoria 4ª de la Constitución (fruto del juego pactista en su elaboración) que establece una posibilidad de unión con el País Vasco que ha dado y sigue dando alas al nacionalismo para intentar formar esa patria vasca soñada. Y como bien ha dicho Vargas Llosa «no hay nacionalismos inofensivos». El nacionalismo cierra, no abre; excluye, no une, da alas a la pasión anulando la razón; y en esa tesitura se pretende por todas las vías «vasconizar» Navarra.

Como ha ocurrido con otras autonomías se ha elegido, con mucha sabiduría, la vía educativa como el mejor cauce para lograrlo. Hay, en todos los terrenos, y el educativo es el buque insignia, una ofensiva en toda regla para que Navarra se integre en el País Vasco. Y si eso ocurriera, entraríamos en una dinámica de notable peligro para la unidad de España, con consecuencias graves. Pensar en una España con separación de Cataluña y el País Vasco (con Navarra) supondría, entre otras cosas, la pérdida de un 20% de la población y casi un 30% del PIB. Y desde luego, una ruptura social y cultural a nivel español y un descrédito ante Europa y el mundo de nefastas consecuencias. De ahí la importancia de que Navarra conserve su independencia e identidad propias, sin perjuicio de las buenas relaciones, sobre todo económicas, que ha tenido y debe tener con la Comunidad Vasca, pero una cosa es la relación de hermandad, y otra, la de filiación.

Y con esta situación hemos llegado a las pasadas elecciones autonómicas donde, después de cuatro años de un Gobierno formado por Gbai, Eh Bildu, Podemos e I-E, tensionando la forma de entender nuestra convivencia y nuestra cultura, podemos decir que los navarros, en su gran mayoría, han dado un mensaje alto y claro: una Navarra autónoma fuera del País Vasco y dentro de España. Así lo confirman los 199.184 votos que han conseguido Navarra Suma (UPN, PP y C´s) y el PSOE de Navarra (PSN), logrando 31 escaños (20 y 11 escaños respectivamente), frente a 137.844 votos del resto de fuerzas donde se encuentran Gbai, Eh Bildu, Podemos y I-E, con un total de 19 escaños.

Aparentemente, Navarra con estos resultados respira tranquila al encontrarse con ella misma, con su propia singularidad, para continuar centrada en sus propias preocupaciones y legítimas aspiraciones, trabajando, prosperando, y siendo el modelo a seguir en solidaridad y convergencia en niveles de renta.

¡Pero no! Parece haber intentos de que a través de coaliciones postelectorales no se refleje lo expresado en las urnas de manera evidente. En otras circunstancias, hasta podríamos llegar a entenderlo, pero en la situación actual de España, puesta en cuestión en una parte de Cataluña y con un País Vasco a la espera, no se puede comprender que los partidos constitucionalistas no sean capaces de pactar en Navarra.

Estamos en una encrucijada histórica, y no podemos callarnos. Somos sociedad civil y tenemos responsabilidades, y hoy más que nunca tenemos la responsabilidad de llamar al pan «pan» y al vino «vino»: nunca entenderíamos que el PP o Cs, tan preocupados con la unidad de España, no fueran capaces de facilitar con su abstención el Gobierno del Sr. Sánchez, evitando con ello la tentación de hacerlo con los nacionalistas, y por supuesto, nunca comprenderíamos que el PSOE no fuera capaz de facilitar un gobierno de Navarra Suma o de coalición de Navarra Suma con el Partido Socialista de Navarra.

De no hacerlo, simplemente, los partidos nacionales constitucionalistas habrían perdido la oportunidad de inaugurar una nueva era política en nuestro país, en la que la gobernabilidad del Estado no volviera a estar en manos de partidos nacionalistas y menos todavía secesionistas. Hemos ganado una posición encomiable en Europa y en el mundo tanto en el orden social como económico, con un esfuerzo y sentido de la solidaridad envidiable y no estamos dispuestos a perderla.

Como la sociedad civil debe tener voz y presencia, un conjunto de navarros en Madrid constituimos ya hace años el Círculo de Navarra, que trata de defender todos los valores propios de Navarra y su promoción socio-económica. No tenemos más medios que nuestra fe, nuestro trabajo y nuestro amor a Navarra y a España. Esa Navarra, en palabras de Jesús Tanco, que ha sabido integrar culturas, salvaguardar costumbres y proteger sus intereses. Vamos a luchar por su identidad.

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El honor de las señoras gallinas

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Por Alberto González Fernández de Valderrama.- El vídeo que se ha viralizado por las redes sociales difundido por la asociación “Santuario Animal Almas Veganas”, que muestra su granja avícola donde las gallinas viven separadas de los gallos para evitar que éstos las violen, marcará un antes y un después en la historia de los colectivos animalistas y feministas de España (que ambos marchan del brazo como buenos hijos del pensamiento de la izquierda). Porque ese ruido que ha provocado tal noticia no es sino el pistoletazo de salida en la carrera hacia la cumbre del disparate humano, una carrera en la que la izquierda ha tomado la delantera, sabiendo que tarde o temprano la derecha acomplejada irá asumiendo sus postulados.

No nos extrañemos, pues, de los frutos que iremos viendo nacer de esta chifladura. Por lo pronto, acabamos de ver a estas defensoras de la dignidad animal manifestarse en Barcelona contra el ordeño de las vacas: ¿cómo puede permitirse que un hombre abuse de una señora vaca tocándole los pechos sin que ésta le haya dado expresamente y por escrito su consentimiento? Como los animales no tienen voz, estas activistas se sienten llamadas a poner la suya para defender su dignidad, conscientes de que forman una misma familia con aquéllos, apenas diferenciada por unos pocos genes. Y quizás tengan razón, porque no hay duda de que muchas de ellas tienen un gran parecido genético con ciertas especies animales. Por ejemplo: algunas son muy zorras; y lo digo -como pueden suponer- por la gran astucia que demuestran al conseguir toda clase de subvenciones o puestos bien remunerados en chiringuitos ideológicos sostenidos con dinero público, ese que no es de nadie porque flota en el éter o se forma con el rocío de la mañana. Otras son como víboras venenosas y otras –el sector más feminista y menos animalista del colectivo- son como ejemplares hembras de mantis religiosas, esas insectas que devoran a sus machos cuando se cansan de ellos, único caso en el que la naturaleza es realmente sabia y no procede corregirla.

Pero volvamos al tema de las gallinas. ¿Cuál será el paso siguiente que estas veganas defensoras de la virtud darán en su denodada lucha por la protección de sus derechos fundamentales?. Es fácil imaginarlo conociendo a fondo el pensamiento de la izquierda. Tardaremos poco en verlas rabiar, patalear y hasta desnudarse dentro de una iglesia para llamar la atención de la sociedad y concienciar a los políticos de que es necesario poner freno a esta violencia de género gallináceo impulsando la creación en todas las granjas avícolas de talleres de educación sexual para gallos. No faltarían candidatas interesadas en dedicarse a esta nueva profesión, sobre todo militantes de Unidas Podemos y sus filiales autonómicas, y de esta manera el Gobierno – y perdón por la expresión- mataría dos pájaros de un tiro: podría crear nuevos entes públicos que reducirían las cifras del paro vaciando nuestros bolsillos, y podría congraciarse con este partido en estos momentos en que necesita sus votos para jorobar a los españoles con la dictadura frentepopulista que se ha empeñado en imponernos. Ahora bien: si resulta un poco complicado educar a los gallos después de tantos años de dejarlos actuar a sus anchas por nuestra sociedad patriarcal de reminiscencias franquistas…¿qué dificultad no habrá para tratar de educar sexualmente a esos animales que son nuestros primos hermanos: los monos?

De todos es sabido que son cochinos a rabiar. El pudor me impide entrar en detalles de todos conocidos. Porque aquí unos y otros, unas y otras, practican un sexo compulsivo que no respeta ni a los menores de la familia: los monitos, monescos o monámbulos, como se les quiera llamar, ahora que el idioma empieza a ser plenamente democrático y es el pueblo llano el que limpia, fija y da esplendor a la lengua española, castellana o “de este país”; no como antes que era competencia de unos académicos a los que el pueblo no había elegido. Pero todo se acaba consiguiendo con esfuerzo; y así veremos algún día a monos, gallos, toros, cerdos y en general a todos los animales machos reconvertidos en ejemplares ciudadanos, respetuosos con sus hembras y demás familiares.

El problema es que estas activistas, al ser de izquierdas y odiar todo lo que huele a religión cristiana, no tienen como modelo de conducta al bueno de San Francisco de Asís, que llamaba hermanos a los lobos y los educaba para que comieran de su mano; a quien tienen como paradigma del amor fraternal hacia los animales es al emperador romano Calígula, que tanto amaba a su caballo que lo nombró senador.

Ignoro lo que un caballo puede aprobar en un Parlamento, pero mucho me temo que si algún día y gracias a la labor de estas veganas, nuestras Cámaras se llenan de animales de todo pelaje, tendremos gobierno de la izquierda por los siglos de los siglos. No sé si llegaremos a este extremo, pero estoy seguro de que nos acercaremos mucho, y de que algún día oiremos a los hombres decir a las mujeres para reprocharles su excesiva virtud: “Eres más estrecha que las señoras gallinas”.

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España suma

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J. A. Trujillo.- La política nunca debió convertirse en un problema de aritmética. Con menos cifras y más palabras nos iría mejor. Nuestras leyes electorales abonaron el campo para que abundaran las operaciones por resolver. La demoscopia compuso esa nueva disciplina de sumas y restas que procura suplantar el peso de lo real en lo social. Es, sin duda, un ejercicio constante de videncia, con el único objetivo de conformar la opinión de los ciudadanos en la línea del que paga la encuesta. Tanta fuerza tiene la sociología con números, que incluso el presidente del Gobierno en funciones está dispuesto a no ceder en ninguna de sus pretensiones, confiando en lo que sus asesores le auguran en unos futuros comicios electorales.

Pedro Sánchez quiere gobernar en solitario. Zapatero ya lo hizo, con el apoyo de las fuerzas de la izquierda sociológica y los diferentes partidos nacionalistas, sin a penas contraprestaciones y ese es su deseo. Gobernar con apoyos parlamentarios estables, pagaderos en los presupuestos generales del Estado, es una cosa, y otra, sentar en el consejo de ministros a Pablo Iglesias y los suyos. No escucha a ninguno de sus compañeros, incluido Felipe González ni Rodríguez Zapatero, ni a la izquierda mediática, que le presionan para que conforme un gobierno que acoja a Unidas Podemos en alguna de sus infinitas opciones de colaboración. Su proyecto político no puede implantarse si existe una versión coral en su gobierno, y consciente de eso, resiste. Sin ningún logro que pudiera resaltar de sus meses de gobierno, se presentó a las anteriores elecciones generales movilizando a su electorado apelando al miedo de la llegada de la extrema derecha. Lo que más favoreció su resultado fue la división en el centro derecha sociológico. El resultado todos lo conocen. Quiere repetir la jugada en noviembre, sumando además la supuesta traición a la izquierda de la formación morada, y parece que le puede salir bien.

Lo que nadie entiende es que el centro derecha no utilice sus propias armas y no aprenda de las lecciones del pasado. Quiere seguir estando en la oposición. Los tres líderes, Casado, Abascal y Rivera son jóvenes y no les importa esperar su ocasión, heredar el poder, no ganar unas elecciones. En breve se conocerán las sentencias del caso de los EREs de Andalucía y las del ‘procés’ pero las dan por amortizadas. Saben que no deben de nuevo infravalorar a Pedro Sánchez, Vox ya no da miedo y saben lo que ocurre cuando fragmentan su oferta electoral, ¿por qué no aprovechan las lecciones del pasado? La fórmula de España suma es su única oportunidad en la actualidad, porque sigue existiendo una mayoría de ciudadanos en nuestro país que entienden que lo moral es lo eficaz.

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El perro del hortelano

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Federico Ysart.- Como guante de seda le viene la imagen a Alberto Carlos Rivera Díez, Albert Rivera en los carteles, la estrella de Ciudadanos.

Hace unos años, cinco exactamente, firmaba un libro titulado “Juntos podemos: el futuro está en nuestras manos”, pretexto para exhibirse firmando ejemplares en la Feria madrileña. Hoy ni come ni deja comer. Con quién juntarse para poder no se sabe qué quizá sea una pregunta que no le deje dormir. Lo que parece cierto es que el futuro está en otras manos, no en las “nuestras”, sopena de que… ¿quiénes son los nuestros?

Ciudadanos es un proyecto nacido de la imagen de los actuales partidos liberales que en países como Alemania o el Reino Unido ponen el poder en manos derechas o izquierdas en función de las circunstancias. Es decir, una bisagra capaz de girar a un lado u otro. El propósito es sumamente respetable cuando lo anima el interés general, pero deja de serlo si el móvil es el interés partidario, y qué decir si todo se reduce al personal del líder.

En esas estamos. Mientras Rivera siga empeñado en ser el líder de la oposición es muy probable que siga siempre en la oposición sin poder liderar nada. Su reluctancia a jugar el papel de bisagra en favor del PSOE -cosa sumamente comprensible con Sánchez– no se debe tanto a razones programáticas -ya pactó con él hace pocos años- como al miedo de dejar la oposición al sanchismo en manos de Casado y los populares.

Y de España Suma, ni hablar. La dilución en un partido con vocación de gobierno y que de bisagras no quiere saber nada que no sea cómo utilizarlas, lo ve como el final de la aventura.

Así, y con los artificios desplegados por Sánchez e Iglesias durante el largo verano sin gobierno a Dios gracias, se cierra la última edición de un cuento de encantos y desencantos como el que hace exactamente cinco siglos dio argumento a Lope para escribir su comedia palaciega.

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