Opinión
Experta en insultos, provocaciones y chulería. Por Jesús Salamanca Alonso
«La cobardía de la ministra contrasta con su «pronto» desvergonzado. No solo no ha pedido perdón a los transportistas, sino que ha negado los insultos que todos tenemos grabados».
Si por algo se ha caracterizado Raquel Sánchez Jiménez, ministra de Transportes, Agenda Urbana y Movilidad, ha sido por su incoherencia nada resolutiva como alcaldesa de Gavá, su facilidad para insultar al oponente y su simplicidad para llamar «fascista» a quienes no se pliegan a sus deseos. Tal torpeza le ha acarreado problemas en el PSC y se los acarrea ahora como ministra, muy incompetente, visto lo visto, pero ministra. Se dice de esta ministra que, si los incompetentes volaran, no nos daría el sol.
Sorprende que el sensato, Salvador Illa, sea su principal aval, un hombre nada dado a las estridencias, aunque, por motivos de su anterior cargo, esté en las puertas de la Fiscalía Anticorrupción y porque se perdió dinero de encargos pagados y que nunca se recibieron. Tremendo error del presidente al fijarse en ella para sustituir a José Luis Ábalos al frente de un ministerio clave o, si se prefiere, de los considerados «de Estado».
Por cada millón de euros –que gestionó en la alcaldía de Gavá– ha pasado a gestionar 275,8M. Hablamos de 16.000M largos. Todo un reino para quien la gestión no es lo suyo, pero sí un aliciente lo de dirigirse a los transportistas como «fascistas», «ultraderechistas» y «mafia organizada». Sin duda, es «incorregible», al decir de sensatos periodistas catalanes, sobre todo por su sobrada chulería. «No somos héroes ni fascistas, solo transportistas», gritaban los manifestantes. La mediocre ministra ya ha demostrado que es portadora de una pesada carga de odio, venganza en toneladas, rencores al peso y porquería incalculable. Puede estar a un cuarto de hora de estar en los tribunales si Pedro Sánchez no prescinde de ella cuanto antes.
Como ministra ha ninguneado a la patronal de transportistas. Ha exigido «contundencia» a la Policía contra los transportistas; dice que, si fuera por ella, no tardaría en dar orden de fusilamiento contra los transportistas. ¡Dimisión ya, dada su degeneración y odio acumulado! Debió pensar que se enfrentaba a animales y no a personas. Como política de raza está a falta de varios hervores. Sus complejos y su inseguridad le llevan a exagerarlo todo, hasta nos hace pensar que de niña pudo ser diana de malos tratos y desprecio. Carece de perspectiva real, sin darse cuenta de que las groserías amenazantes son propias de piquetes aleccionados por el sindicalismo sectario y clasista de la izquierda, mal llamada obrera. Los manifestantes solo son ciudadanos que reivindican poder trabajar.
El comportamiento de los transportistas ha sido ejemplar en todos los sentidos, igual que lo ha sido el de las manifestaciones de agricultores, ganaderos, cazadores y demás sectores. Tan fachas y embrutecidos que «no han pisado ni una sola flor de los jardines de Madrid», en palabras de Díaz Ayuso. Por cierto, con tres mujeres como Díaz Ayuso, el presidente Sánchez podría prescindir tranquilamente de todas sus mediocres ministras y ajadas vicepresidentas con carga de indigencia intelectual. ¿O no es así? Ya dice el refrán que «caga más un buey que cientos de golondrinos».
Apenas transcurridos unos meses desde su nombramiento, sus compañeros de partido han exigido al presidente que la destituya, dada «la ineficacia demostrada». La situación con los transportistas la enquistó ella con su borrachera de insultos y desprecio al ciudadano. Con Raquel Sánchez no hay perspectivas de solución a corto plazo. Dudo que Sánchez eche la culpa a la guerra de Ucrania, cuando a la «guerrera» la tiene en casa. No debería quedarle más de dos telediarios con la manifestación de transportistas que se avecina en vísperas de las elecciones generales del 23J. ¿Se la carga del Consejo de ministros con carácter de urgencia o acabará perseguida a gorrazos y pescozones. Doy fe.
La Plataforma de Defensa del Transporte no se lo pondrá fácil. De nada servirá lo negociado porque no alcanza a toda la ciudadanía. Ahora son otros sectores los que se sumarán a las manifestaciones. Si no hay soluciones claras y rápidas, con pronto cobro, no habrá paz. Sin cese de la ministra, no habrá negociaciones.
Raquel no quiere volver a reunirse con los transportistas. Sigue en el burro: «los huelguistas son de ultraderecha», insiste, aunque Nadia Calviño niegue lo innegable y constatado en imágenes. Con la ministra en el Ejecutivo no se van a desactivar las huelgas que ya se programan de aquí al 23 de julio. Para seguir avanzando es condición de los transportistas que sea cesada «ipso facto». El último escándalo de su ministerio fue que los trenes no cabían por los túneles, siendo de mofa y escarnio, hasta el punto de decir se de ella que «no sabe utilizar el metro y mide la anchura de los túneles con hojas de El País, gorras, sombreros, carpetas y dedos»; o sea, un túnel mal medido lo fijaron en «25 gorras, diez periódicos y siete dedos» ¿Entienden ahora por qué no cabían los vagones por el túnel? Explíquenselo a Miguel Revilla, por Dios.
La cobardía de la ministra contrasta con su «pronto» desvergonzado. No solo no ha pedido perdón a los transportistas, sino que ha negado los insultos que todos tenemos grabados. Le faltó tiempo para salir con eso de que «ha sido malinterpretada». En su ministerio, sobre todo entre las mujeres, le achacan tener la cara «como el cemento armado» y la boca «con necesidad imperiosa de agua fuerte o alcohol de 96 grados».
En el PSOE cargan responsabilidades sobre más «chicas». No se libran Nadia Calviño, ni Isabel Rodríguez, ni María Jesús Montero. Se han lucido con sus insultos de verduleras y viejos carreteros. Asociar a los huelguistas con la ultraderecha solo es propio de gente inmadura que no se mira a diario en su propio espejo, de ahí que exista una amplia satisfacción en el país por los resultados cosechados por el PSOE el 28M: «No merecen el pan que comen y los podemitas tampoco», nos comentaba un ilustre socialista castellano de la vieja guardia.
Algunas ministras callan por orden de Pedro Sánchez. Habrá que recordárselo en campaña electoral. Son tantos los insultos de la ministra, Raquel Sánchez, contra los transportistas, que nos recuerda a la verdulera y bocazas Adriana Lastra, a quien ahora quieren poner de número uno en Asturias para incendiar la podrida cosecha de Pedro Sánchez. En el PSOE español cuecen habas, pintan bastos y se proporciona prostitutas por catálogo. Tampoco faltan visitas reiteradas a los prostíbulos andaluces y madrileños y se paga con dinero público; ahí está el mal ejemplo de la FAFFE andaluza y de Villén, que solo lo hizo «diez veces», según ha declarado al juez.
Entre tanta «muñeca» gruñona, insultadora e inútil expectorante ha descollado la elegancia y cortesía de la ministra y vicepresidenta segunda, la comunista Yolanda Díaz, y de la ministra de Educación, Isabel Alegría. Pero, con el tiempo se han radicalizado y entrado en el redil de energúmenas del «doctor cum fraude».
Estas dos últimas podían haber hecho escuela. Las otras, las indigentes insultadoras, deberán seguir en la del maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela.
Opinión
Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso
«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»
Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?
Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».
La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.
Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?
Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.
Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.
¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.
A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.
¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?
Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.
