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Fallece Isacio Calleja, leyenda del Atlético
Isacio Calleja, defensa lateral izquierdo del Atlético de Madrid desde 1958 hasta 1972 e internacional con la selección española, con la que disputó trece encuentros, falleció este lunes en Madrid a los 82 años.
Calleja es leyenda del Atlético de Madrid, con el que ganó cuatro copas de España (1960, 1961, 1965 y 1972), dos ligas (1965/66 y 1969/70) y una Recopa de Europa (1962), y de la selección española, con la que alzó la Eurocopa de naciones en 1964.
El exdefensor levantó sus dos últimos títulos con los rojiblancos (Liga 1919/70 y Copa de 1972) como capitán del equipo.
«Hoy es un día triste para la familia rojiblanca. El Atlético de Madrid se encuentra de luto por el fallecimiento de nuestro exjugador Isacio Calleja (6 de diciembre de 1936, Valle de Cerrato, Palencia)», dice la web del Atlético al comunicar la luctuosa noticia.
«Calleja es uno de los jugadores históricos de nuestro club, en el cual disputó 425 partidos (300 de Liga, 76 de Copa, 15 Copa de Europa, 12 de Recopa, 16 de Copa de Ferias y dos de UEFA y cuatro de la Copa Internacional) a lo largo de 14 temporadas en una de las épocas más reseñables de nuestro club. Lo que le convierte en el quinto jugador con mayor de partidos oficiales en la historia del club», añade el comunicado.
«Isacio llegó con 19 años al club de su vida en 1958. Don Fernando Daucik, como él le llamaba, le hizo debutar en 1959 comenzando así una andadura en nuestro club que duraría 14 temporadas llenas de esfuerzo, coraje, corazón, éxito y amor a nuestros colores», explica el Atlético.
«Fue uno de los puntales de un Atleti que hoy aún muchos recuerdan y formaba parte de una defensa que los aficionados atléticos recitaban de memoria: Rivilla, Griffa y Calleja», agrega el club rojiblanco.
Calleja fue uno de los primeros jugadores profesionales que estudió una carrera, la de Derecho, que compaginó con el fútbol y que le sirvió para ejercer, después de retirado, como procurador de Tribunales.
Internacional con la selección española en 13 ocasiones, formó parte de la plantilla que levantó la Eurocopa de 1964 en el estadio Santiago Bernabéu. Vistió por última vez la camiseta de España el 23 de mayo de 1972 con motivo de la inauguración oficial del Estadio Vicente Calderón, en el encuentro España-Uruguay, en el que ejerció de capitán.
Calleja era atlético por los cuatro costados. Siempre presumía de ello. Afable y hospitalario, presumía de su despacho, en el norte de Madrid, muy cerca de la Plaza de Castilla, repleto de fotografías y recuerdos de su etapa de jugador rojiblanco. Una conversación con él era imprescindible para intentar conocer a fondo la historia del Atlético de Madrid.
«Jugué en el viejo Metropolitano ocho años y seis en el Calderón. Siendo el campo del Atleti el viejo Metroplitano, gané dos Copas de España, la Recopa de Europa y una liga. Tengo unos recuerdos magníficos de aquel estadio. Siento mucha nostalgia», comentaba a EFE Calleja en una de sus últimas entrevistas con motivo de la mudanza del club del Calderón al nuevo estadio Wanda Metropolitano.
«Empecé asistiendo al Metropolitano como aficionado. Iba hasta Cuatro Caminos en metro y luego bajaba al estadio andando. Yo vine a Madrid a estudiar la carrera de derecho en el año 55. Iba al Metropolitano como aficionado. Iba cuando podía, porque tampoco tenía medios económicos para ir siempre, pero estuve en la Gradona. Allí vi a Marcel Domingo, Riera, Aparicio, Silva, Mújica, Juncosa, Carlson, Pérez Payá, Ben Barek y Escudero. Un gran Atlético. Inolvidable», recordaba Calleja en conversación con EFE a finales de 2017.
«Luego, tuve la suerte de conocer el campo como futbolista. Desde agosto del 58 hasta febrero de 1959 estuve en el equipo amateur y en febrero debuté con el primer equipo del Atlético, siendo entrenador Fernando Daucik», narraba entonces.
«Debuté en Oviedo, pero mi primer partido del Metropolitano fue contra el Real Madrid. Además, no jugué en el puesto que era habitual para mí. Yo jugaba con el numero 10 y debuté en Oviedo con el 10, pero para el partido contra el Real Madrid el entrenador, Fernando Daucik, me dijo, después del entrenamiento del jueves: tengo que hablar con usted. Va a jugar el partido contra el Real Madrid pero no va a jugar de interior izquierda, usted va a marcar a Kopa», continuaba Calleja.
Calleja estuvo en la inauguración del Wanda Metropolitano. «El Atlético se ha portado extraordinario con los veteranos y nos invitó a ese partido. Es un estadio espectacular. Impresionante. Es amplio, precioso. Le falta culminar los accesos. Es un campo espectacular, de acorde a los tiempos, pero siento nostalgia cuando recuerdo el viejo Metropolitano», indicó a EFE entonces.
Como recuerdo a Calleja, la bandera del Atlético situada en el Wanda Metropolitano ondeará a media asta durante 24 horas, informa el club, que ha lamentado profundamente el fallecimiento del legendario exfutbolista.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
