Deportes
Los impactantes grilletes del futbolista bareiní Hakeem detenido en Tailandia
La imagen viral del futbolista bareiní Hakeem al Araibi detenido en Tailandia, caminando con unos grilletes en los tobillos a su llegada el lunes al juzgado de Bangkok, ha mostrado una habitual aunque polémica práctica en el país asiático.
La foto del refugiado y exjugador de la selección nacional de Baréin con los grilletes, que ha dado la vuelta al mundo, apenas ha podido verse en la propia Tailandia, ya que los medios locales tiene prohibido publicar fotografías sin censurar de detenidos con grilletes.
«Los guardas dictaminaron que el reo presentaba riesgo de fuga. El señor Hakeem es un exfutbolista y es sospechoso en un caso con dimensiones internacionales,» argumentaba este martes en una entrevista al periódico local «Matichon» Krit Krasaetip, director de la prisión de Detención Preventiva de Bangkok en la que Al Araibi está detenido.
La práctica es común en Tailandia y, según un informe sobre el estado del sistema carcelario tailandés publicado por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) en 2017, incluso los presos a la espera de juicio por delitos leves han de llevar grilletes siempre que son transportados de la prisión al juzgado.
«Las autoridades carcelarias tailandesas las llaman ‘esposas para los tobillos’ y las emplean rutinariamente cuando trasladan a los reos fuera de la cárcel, aunque la ley permite a los funcionarios decidir si quieren usar este tipo de métodos o no,» explica a EFE Sunai Phasuk, investigador de Human Rights Watch (HRW) en Tailandia.
«El uso de grilletes está considerado una violación del Artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,» añade Sunai, en referencia al artículo que prohíbe las torturas y los tratos crueles, inhumanos o degradantes.
El uso de grilletes estaba extendido dentro de la prisiones tailandesas hasta el año 2013, cuando el Gobierno decidió abolirlo. No obstante, según la FIDH éste y otros instrumentos de sujeción han continuado empleándose «con excesiva frecuencia».
El futbolista bareiní Hakeem Al Araibi fue detenido en el aeropuerto de Bangkok el 27 de noviembre cuando llegó a Tailandia con su mujer para celebrar su luna de miel. Comenzaba así un proceso cuyo desenlace parece cada día más incierto.
Al Araibi vivía entonces en Australia, donde había huido desde su país en 2014 y se le había reconocido el estatuto de refugiado en 2017. En 2012 había sido detenido por su participación en las revueltas de la Primavera Árabe que se extendieron aquel año a Baréin. Ha denunciado que durante su detención sufrió torturas.
Las autoridades tailandesas detuvieron al futbolista el pasado noviembre debido a una alerta de la Interpol emitida por el gobierno de Baréin que posteriormente fue retirada, ya que la Interpol no puede aceptar notificaciones para aprehender a refugiados emitidas por los países de los que han huido.
Pese a la retirada de la alerta, ya se había puesto en marcha un proceso en el que la decisión sobre la extradición ha quedado en manos de la justicia tailandesa, que el lunes anunció que la próxima vista se celebraría el 22 de abril.
Desde la detención, se han sucedido las demandas y las campañas para liberar al futbolista, incluidas las del gobierno y la federación de fútbol australianos, la FIFA, el COI y HRW, que busca el apoyo de atletas y personalidades del mundo del deporte. El excapitán de la selección australiana, Craig Foster, ha sido especialmente activo.
El 1 de febrero la fiscalía tailandesa presentó ante un tribunal de Bangkok la demanda de extradición solicitada días antes por Baréin. Al Araibi gritó «¡No me enviéis a Baréin!».
Mientras se decide su futuro, el futbolista seguirá confinado en prisión y acudiendo periódicamente al juzgado con grilletes en los tobillos.
Deportes
Las ciudades incorporan zonas deportivas abiertas para reducir el sedentarismo urbano
Los espacios públicos están adquiriendo un papel cada vez más activo dentro de las políticas municipales relacionadas con salud y bienestar. En muchos municipios, la instalación de áreas deportivas abiertas forma parte de estrategias destinadas a fomentar hábitos saludables sin depender exclusivamente de instalaciones cerradas o de pago.
El crecimiento de estas zonas responde a una realidad evidente: gran parte de la población pasa demasiadas horas sentada y encuentra dificultades para incorporar actividad física a la rutina diaria. La posibilidad de entrenar en parques o paseos urbanos facilita un acceso más directo y espontáneo al ejercicio.
El entrenamiento al aire libre gana usuarios de todas las edades
Lo que empezó como una iniciativa orientada principalmente a personas mayores o circuitos básicos de movilidad ha evolucionado hacia espacios mucho más completos. Actualmente, jóvenes, adultos y usuarios habituales de gimnasios utilizan estas instalaciones como complemento o alternativa a centros deportivos tradicionales.
Los aparatos para gimnasios en exterior se diseñan cada vez con mayor variedad de usos, incorporando ejercicios de fuerza, resistencia y movilidad dentro de un mismo recorrido. Esto permite adaptar el entrenamiento a distintos niveles físicos sin necesidad de grandes infraestructuras.
Además, muchas zonas deportivas urbanas se integran en parques o áreas verdes, favoreciendo una experiencia más abierta y menos condicionada por horarios.
Materiales preparados para uso intensivo y condiciones climáticas
Uno de los principales retos en este tipo de instalaciones es garantizar su durabilidad. El uso constante y la exposición a lluvia, humedad o altas temperaturas obligan a trabajar con materiales especialmente resistentes.
Las máquinas de gimnasio al aire libre actuales incorporan tratamientos anticorrosión, estructuras reforzadas y sistemas que requieren poco mantenimiento. Los municipios buscan soluciones capaces de mantenerse operativas durante años sin deteriorarse rápidamente.
La resistencia del equipamiento se ha convertido en un aspecto prioritario, especialmente en ciudades costeras o zonas con gran afluencia de usuarios.
Espacios deportivos integrados en la vida cotidiana
Otro de los factores que explica el crecimiento de estas instalaciones es su facilidad de acceso. Al estar ubicadas en espacios públicos, permiten realizar actividad física sin necesidad de desplazamientos específicos ni cuotas mensuales.
Muchas personas incorporan estos espacios a sus rutinas diarias aprovechando paseos, trayectos habituales o momentos de ocio al aire libre. Esto favorece una práctica más espontánea y constante del ejercicio.
Los aparatos para gimnasios de exteriores empiezan así a formar parte del paisaje urbano cotidiano en numerosos municipios.
Nuevos diseños para fomentar la interacción y el uso compartido
Las áreas deportivas abiertas también están cambiando en su diseño. Ya no se plantean únicamente como zonas individuales de entrenamiento, sino como espacios donde conviven distintas actividades y perfiles de usuario.
Circuitos funcionales, zonas de calistenia y áreas de estiramiento se combinan con bancos, recorridos peatonales y espacios verdes para generar entornos más dinámicos. El objetivo es favorecer tanto la actividad física como la interacción social.
Esta combinación contribuye a aumentar el uso continuado de los espacios públicos.
El urbanismo incorpora la actividad física como elemento estructural
La expansión de las máquinas de gimnasio al aire libre refleja un cambio más amplio en la planificación urbana. Las ciudades comienzan a integrar la actividad física dentro del diseño cotidiano de calles, parques y zonas comunes.
El ejercicio deja de entenderse como algo reservado exclusivamente a instalaciones deportivas cerradas y pasa a ocupar un lugar visible dentro del espacio público. Este enfoque busca crear entornos más activos y accesibles para distintos perfiles de población.
La tendencia apunta hacia ciudades donde deporte, ocio y vida urbana conviven de forma mucho más natural dentro del mismo entorno.
