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La AN dictaminará si la Liga de Futbol Profesional utilizó datos personales en el micrófono de su aplicación móvil
LaLiga acudirá a la vía judicial tras la resolución de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) en la que impone una sanción de 250.000 euros por una supuesta infracción del principio de transparencia a la hora de informar en la ‘app’ oficial sobre el uso de la funcionalidad del micrófono en el momento de su activación.
Será la Audiencia Nacional quien decidirá si hay infracción y si realmente la Liga utilizó datos personales a través del micrófono de su aplicación móvil.
Desde La Liga se discrepa profundamente de esta decisión, rechaza la sanción impuesta por injusta, y considera que la AEPD no ha realizado el esfuerzo necesario para entender cómo funciona la tecnología.
En este sentido, desde la propia Liga se insiste en que se ha cumplido en todo momento con los principios y requisitos establecidos en el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica de Protección de Datos y de Garantía de los Derechos Digitales (LOPDGDD).
Y en las guías y directrices publicadas hasta la fecha por las autoridades de control, incluida la AEPD.
Por ello, recuerda que para que la funcionalidad del micrófono esté activa el usuario tiene que otorgar expresa, proactivamente y en dos ocasiones su consentimiento, para lo cual es debida y detalladamente informado, por lo que no se puede atribuir a LaLiga falta de transparencia o información sobre esta funcionalidad.
Aquellos que no presten el consentimiento pueden igualmente seguir utilizando la app sin ninguna limitación. Tal y como manifestó en su escrito de alegaciones, la tecnología utilizada está diseñada para generar exclusivamente una huella de sonido concreta (‘fingerprint’ acústico).
Por último, la AEPD ordena a LaLiga introducir mecanismos que refuercen el conocimiento por parte del usuario del momento en que esta funcionalidad esté en uso.
En este sentido ya no procede la aplicación de las modificaciones que indica la AEPD porque esta funcionalidad dejará de ser utilizada al finalizar la presente temporada (30 de junio), como estaba inicialmente previsto.
¿Se usan datos personales realmente?
Este fallo de la AEPD, producto de una inspección de oficio, tras una gran polémica en redes sociales, abre la polémica sobre si se recogen datos personales por el audio de la aplicación.
Para Joaquín Muñoz, socio responsable del área de derecho tecnológico de ONTIER, recuerda que “las condiciones de uso de esta aplicación eran muy explicitas».
«Hay otras aplicaciones que se sabe que utilizan el audio del móvil, pero no lo dicen o está oculto, en cambio La Liga en búsqueda de transparencia lo ponía muy claro dejando claro cómo se activaba dicho audio”.
La aplicación la instala La Liga para frenar la piratería, un delito que sufre por el visionado de partidos de forma ilegal y que genera importantes pérdidas, pese a que éstas se han ido reduciendo en los últimos años. Una actividad que, según LaLiga, le supone unas pérdidas de 400 millones de euros al año.
Para este jurista, “la tecnología que usa la app llamada finger print no trata datos personales, recoge el audio por el micrófono y cuando trata esta información está convertida en código».
«La app no llega a escuchar si estás hablando con alguien y de qué es la conversación. Por eso el audio no recoge datos personales”.
Al parecer la Liga tendría el informe de una Universidad Pública que certifica que ese audio se codifica y no recoge datos personales.
A juicio de Muñoz “es posible que la AEPD no haya entendido realmente como funciona dicha tecnología».
«Se ha quedado en que están tratando datos personales, pero por lo comentado no se tratan dichos datos. Luego la sanción viene porque entienden que para una mayor transparencia con el usuario la Liga debería haber incluido un icono que dijera al usuario que la app está activa y te están escuchando”.
Este experto recuerda el revuelo mediático que generó esta app hace un año “decía explícitamente que se activaba el altavoz, pero no es lógico decir que el APP de La Liga te escucha, porque realmente no es así en la práctica”.
Otro tema importante para este jurista es que la funcionalidad no se activaba en todos los usuarios de la app móvil “ni siquiera por darle el permiso se activaba, la Liga cogía muestreos creo que de 50.000 cuando había partido se abrían esas ventanas de consultas”.
En opinión de este abogado, la reclamación que haga La Liga a la Audiencia Nacional podría prosperar “si les hace ver a estos magistrados que dicha tecnología no recaba datos personales, como señala la AEPD en la argumentación de su sanción. Solo recoge una información cifrada”.
La sanción de la Agencia ya se basa en el RGPD europeo y la cantidad de 250.000 euros se ha modulado en función de diferentes criterios. “Pero no hay precedentes claros. Es la primera sanción dura tras el RGPD”, destaca Muñoz.
El recurso a la Audiencia Nacional elimina a la empresa la posibilidad de reducir la multa impuesta por la AEPD por pronto pago. “Hay que hacer un depósito del total antes de apelar”. Este fallo posterior de la Audiencia Nacional podría tardar unos seis meses aproximadamente.
Para este jurista “es posible que ante este tipo de situaciones similares, las empresas hagan la consulta previa a la AEPD antes del lanzamiento del producto o servicio para saber si realmente están tratando de forma adecuada posibles datos personales y así evitar la sanción posterior”.
Mientras se tiene el fallo definitivo sobre este asunto, la aplicación se puede utilizar mientras no se active el polémico audio.
“De todas formas, creo que lo recomendable para La Liga en este caso sería paralizar el uso de dicha tecnología, una vez que hay una resolución que te dice que es posible que hagas algo mal. Habría que esperar el fallo judicial y ser prudente hasta que exista un fallo definitivo”, subraya Muñoz.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
