Opinión
La gira de la desesperación y la angustia. Por Jesús Salamanca Alonso
El presidente no puede poner un pie en la calle porque, cuando lo intenta, cosecha todo tipo de improperios y abucheos, sin que falten insultos de grueso calibre.
¡Vaya la que le ha caído a Sánchez en Sevilla! Pitos, insultos varios, desprecios de todo tipo sin que faltaran los gritos de «¡Fuera!» y «¡sinvergüenza!» No sé qué pensaba que podía suceder cuando en ningún lugar pasa desapercibido, ni es recibido de buenas maneras. Todo empezó en la Plaza Mayor de Salamanca, durante el posado de la Conferencia de presidentes, y se extendió al pueblo charro donde le organizaron un paseo de desagravio, pero allí le espetaron: «¿Tú eres Pedro Sánchez, el mentiroso?». Se le heló la sangre, pero siguió sin ver su declive.
Apenas habían pasado unos meses y, coincidiendo con su visita a la provincia de Zamora en pleno incendio brutal en la Sierra de la Culebra, otro ciudadano le espetó a la cara lo que pensaba: «¿Arreglarlo?» «¡Qu
é vas a arreglar tú!». Y lo más sorprendente: «¡Ya está quemada la Sierra de la Culebra, ¿ahora vas a ir a quemar la Sierra de la Demanda?» Pero ni con eso dejaba de pavonearse. El psicópata que lleva dentro le impide ver realidades y asumir responsabilidades.
Llovía sobre mojado. En la Palma esperaban las ayudas como agua de mayo y comprobaban que solo eran promesas incumplidas. Eso sí, no dudaba en acudir para hacerse la foto cuantas veces fuera preciso. Y las ayudas seguían sin llegar. Desde su inicial felonía no anduvo correctamente el camino. Le faltaba tiempo para mentir y mentir, como Pedro en el cuento del Lobo. Bien es verdad que este Pedro también miente constantemente, y de forma enfermiza, por lo que perfectamente podría haber pasado por el del cuento de la España destrozada. Sinceramente, prefiero que se pavonee con Petro por Colombia; que muestre su actitud chulesca con la falsaria Cristina Kirchner o se pierda con el Puma por Venezuela. ¡Lejos, lejos, estos bichos cuanto más lejos, mucho mejor!
Ni siquiera sus allegados le reconocen una valía política más allá de las mentiras, traiciones, contradicciones y rectificaciones. Dudo mucho que pase a la historia como un gestor de eficacia; más bien quedará como mamerto capaz de pactar con los sucesores de ETA tras haber repetido en innumerables ocasiones que no pactaría con EH Bildu. Y probablemente también sea recordado, junto con su «monaguillo» Marlasca, como fiel colaborador de Bildu, benefactor de los presos de ETA y felón a las víctimas del terrorismo. Resulta que nuestro Gobierno está haciendo por los presos etarras más que su organización natural y comprometida, Etxerat.
Cuando ha comprobado el desprecio que le manifiesta la ciudadanía allí donde acude, y ve cómo agonizan sus políticas maltratadas por ministras incapaces y rácanas, intenta salvar el pellejo con una campaña de acercamiento a la población. Eso demuestra que es consciente de que ha estado alejado de la realidad todo este tiempo. No dudará en procesionar con sus ministros por las calles, a la vez que pacta con esos el insulto permanente a Núñez Feijóo, quien aglutina las simpatías de la gente y ésta ve en el nuevo líder de la «derechita cobarde» un aire fresco que contiene sensatez, madurez, compromiso, templanza, claridad de ideas y demostrado trabajo en aquella Galicia que le dio cuatro mayorías absolutas.
Que hable, que hable la «Varufakis» gallega o «ministra tucán», que es el mismo personaje, quien pudo comprobar en sus carnes cómo Feijóo desbarató a las aturdidas Mareas, cerró la puerta a la nueva derecha incipiente y no dudó en acudir a Madrid para salvar al PP de las garras mostrencas, mafiosas y mamertas en que habían caído los agoreros, Pablo Casado y Teodoro Egea. No solo apaciguó las guerras de Ayuso con el mentiroso, Sánchez, y con los vendidos, Egea y Casado, sino que hoy Díaz Ayuso comprueba cómo las encuestas le dan cinco escaños por encima de la mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid.
¿Por qué esa gira ‘triunfal’ por España si sabe Pedro Sánchez que en ninguna parte se librará del rechazo y el desprecio? Quiere salvar unos muebles que se le han quemado y que ya no puede recuperar. Hay miedo en Moncloa y mucho más en Ferraz, La espada de Damocles pende sobre el felón presidente, Sánchez, porque ha incumplido con la ley de transparencia. En ella esconde muchos ‘cadáveres’ que le van a pasar factura durante años. Sabe que muchas de las horteradas mamertas de Unidas Podemos y del propio PSOE, que han pasado a ser leyes condenatorias, van a ser derogadas tan pronto como abandone el «ejército rojo» las alfombras de la comodidad, el desgobierno, el abuso y la sinrazón.
No estaría de más que preguntara a Griñán y Cía sobre cómo les pinta su retiro dorado, opulento y precarcelario. También a Sánchez se le pedirá que devuelva el dinero de los abusos del Falcon y el Puma traducidos en euros, como se pide con urgencia a los ladrones implicados en los ERE andaluces que reintegren el dinero del que se apropiaron indebidamente que, por cierto, tan solo han devuelto algo menos del 2% hasta ahora. No olviden que aún quedan por juzgar 105 causas más.
La gira por varias decenas de localidades hay que entenderla como desesperación y angustia. Mañana, el hundimiento demoscópico ya traduce en 87 diputados la renta que obtendría el PSOE si ahora se celebraran elecciones (desaparece IU y Podemos quedaría al borde de la desaparición), en tanto que las formaciones de centro derecha no dejan patitos para que juegue la izquierda o retoce la ruin y desesperada ultraizquierda.
No menos golpeo sufrirá el barato sindicalismo de burdel y mamandurria, a quien la ciudadanía debe una manifestación en toda regla por acomodarse al poder y olvidar al trabajador. Han engordado tanto los perros que ya ni siquiera ladran.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
