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Lepanto: la batalla naval, religiosa y cultural más importante de la historia

Redacción

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La batalla de Lepanto fue el gran triunfo de la Cristiandad frente al Islam gracias a la unión en torno a un mismo ideal: Cristo.

 

Miguel de Cervantes, el llamado «manco de Lepanto», escribió en el prólogo de sus Novelas Ejemplares que la batalla de Lepanto había sido «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros».

Hace 450 años, el 7 de octubre de 1571, se libró una de las mayores batallas navales de la Historia. Sin embargo, su alcance fue mucho más allá de las aguas del Golfo de Lepanto. Fue una batalla por el control económico, cultural, político y religioso de Europa. El documental «Lepanto, ahora como entonces» es una buena oportunidad para recordar esta efeméride.

Los turcos habían conquistado varias ciudades marítimas en el Mediterráneo, controlaban rutas comerciales, amenazaban ciudades cristianas y querían extenderse casi llegando a conquistar Malta pues ya habían conquistado Chipre después de un asedio de más de un año. Incumplieron el tratado de Paz con Venecia al atacar y después hicieron lo mismo con el acuerdo de rendición en el que se acordaba dejar salir a soldados y población. El degüello y el remo en las galeras turcas fue el destino de la mayor parte de la población. El comandante de Chipre, fue despellejado después de cortarle las orejas y nariz. El objetivo turco final bien sería el resto de Europa y, por supuesto, España.

La Historia nos indica que, después de la pérdida de Chipre y viendo la necesidad política, económica y religiosa se creó la Liga Santa. D. Juan de Austria, hijo natural del emperador Carlos V y hermanastro del rey Felipe II, dirigió, desde «La Real» a la flota fletada y sufragada por España, la República de Venecia, los Estados Pontificios, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. Tendría también al almirante Marco Antonio Colonna, por parte de los Estados Pontificios y, enviado por Venecia, al almirante Sebastiano Veniero. Al lado de D. Juan de Austria estaban otros generales de prestigio como Álvaro de Bazán, Doria, Luis de Requesens o Farnesio. En el lado opuesto se encontraba al mando de la flota turca, el almirante Ali Pachá, a bordo de «La Sultana».

Recomiendo el artículo de la historiadora María Menéndez en el que se describe la batalla en mayor profundidad y se hace una reflexión que bien nos podría valer en nuestro análisis:

«Los pueblos no se unen por ‘concordia’, se unen por un ideal común por el que merezca dar la vida y de esa unión surge la concordia como algo natural. Los pueblos unidos no son aquellos en que unos se miran a los otros, de frente o de reojo, son aquellos en los que todos miran en la misma dirección. Como en Lepanto, donde españoles, genoveses y venecianos se unieron frente a un ideal común: Cristo».

La batalla comenzó al amanecer. Los cristianos habían hecho varios días de ayuno, se habían confesado y habían asistido a la Santa Misa y recibido la Eucaristía. Una preparación espiritual muy importante para una muerte que era muy probable.

Al principio del día, las fuerzas eran similares; poco más de 200 galeras y unas decenas de barcos de apoyo por cada bando. Alí Pachá, el bravo almirante turco, formó a sus tropas en forma de medialuna, quería rodear y capturar a las naves cristianas y aprovechar el viento que tenía a su favor. Además, no podemos olvidar el contexto religioso de la contienda.

Los cristianos se prepararon, pusieron sus mayores y mejores medios y confiaron en Dios. El Cristo de Lepanto en la nave principal, la Virgen bajo varias advocaciones, el rezo del Santo Rosario, el tener reliquias de «lignum crucis» la Cruz de Cristo en las naves y la devoción particular y la fe de cada soldado.

La batalla de Lepanto no fue sólo naval ya que, una vez que se embestían las galeras, la forma de batalla se acerca mucho a un combate terrestre librado en el mar en el que participaron los tercios y jenízaros, que eran los mejores cuerpos de infantería del momento.

Con ese ideal común y teniendo claros sus objetivos, la Santa Liga alcanzó la victoria. Capturaron más de la mitad de las naves otomanas (117 galeras y 13 galeotas), unos 3.500 prisioneros y habían liberado a unos 15.000 esclavos cristianos.

Como nos indica Claramunt Soto, la victoria resuena hasta hoy, el reconocimiento a la Liga Santa llegó hasta de enemigos en la Fe.

«El triunfo, que rompió el mito de la invencibilidad turca en las batallas navales, se celebró en todo el mundo cristiano, desde Roma hasta México, pasando por París y Londres, donde la reina protestante Isabel I, según se jactó el embajador español Diego Guzmán de Silva, se vio obligada a regañadientes a organizar festejos por el triunfo católico. Y es que, para los cristianos del siglo XVI, tanto católicos como protestantes, los turcos eran equiparables a los hunos del siglo V»

La victoria se entendió como milagrosa pues cambió el curso de la Historia. En el ámbito religioso, fue el Papa Pio V, quien, agradeciendo la victoria por la batalla en Lepanto, añadió la letanía de «Auxilio de los Cristianos» al Santo Rosario. Su sucesor, Gregorio XIII, en 1573 instituyó el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y afirmó «Denme un ejército que rece el Rosario y vencerá al mundo».

Hoy en día las batallas por el poder político, religioso, económico o cultural aparentan menos cruentas y no incluyen miles de muertos en un corto periodo de tiempo, como pasó en la Batalla de Lepanto. En el medio y largo plazo, las batallas son incluso más devastadoras, cuentan con más muertos, o con millones de personas perdidas, desorientadas y sin un camino o anhelo a seguir.

El Archiduque Imre de Habsburgo-Lorena en un gran artículo histórico y político, hace un importante apunte sobre el hecho de que una copia de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe viajó desde Ciudad de México para acompañar a Don Juan de Austria en «La Real» indicando que la defensa de la Cristiandad y la civilización occidental en Lepanto no era solamente una empresa europea sino mundial. Además, se interroga sobre el liderazgo existente en Europa, sobre la existencia de hombres y mujeres que piensen en las generaciones venideras y no en la próxima elección, deseando, y en ello me uno a él, que hubiera líderes que conocieran el momento clave para la herencia cristiana, la civilización y la identidad europea.

La pregunta que nos debemos hacer es si existe la misma Fe que en la Batalla de Lepanto. Debemos interrogarnos sobre la preparación espiritual como sociedad e individualmente o incluso si, católicos o no, buscamos respuestas en Dios o si las grandes empresas se encomiendan a Él o no.

¿Podríamos decir que acertó Miguel de Cervantes, el manco de Lepanto, cuando describió a Lepanto como «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros«?

 

 

Rubén Navarro.

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España

SIEMPRE LO HEMOS DICHO AQUÍ: Federico Trillo atribuye los atentados terroristas del 11M a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control de los servicios secretos franceses”

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El exministro Federico Trillo ha atribuido este lunes los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid a comandos “enviados por Marruecos” y “bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses”. Así lo ha apuntado en el acto de presentación de su libro ‘Memorias de anteayer’, en el Círculo Ecuestre de Barcelona, presentado por el exdiputado del PP Manuel Milián Mestre.

Trillo ha expuesto una teoría sobre la autoría de los atentados del 11M que se contrapone a la que sostuvo el Gobierno de José María Aznar y que atribuía responsabilidades a ETA.

“Tengo la absoluta convicción de que fueron los comandos ‘moritos’, enviados por Marruecos, bajo control y coordinación de los servicios secretos franceses. Esa es mi conclusión. Siento ser tan claro”, ha afirmado.

Según Trillo, “tanto la CIA como el MI6 coinciden en que detrás de los moros había un servicio de inteligencia continental”. Trillo ha destacado la “torpeza” con la que su Gobierno gestionó aquella crisis, una gestión que “fue no mala, lo siguiente”.

El Gobierno de Aznar, ha comentado, cometió el “error” de no reunir al gabinete de crisis, lo que en ese momento dejó fuera del núcleo que debía analizar las causas y consecuencias de los atentados a los vicepresidentes Rodrigo Rato y Javier Arenas y al ministro de Defensa, el propio Federico Trillo.

“José María se encerró el jueves y el viernes con el ministro portavoz, Eduardo Zaplana, y el ministro del Interior, Ángel Acebes, y no quiso de ninguna manera que estuviéramos Rodrigo Rato, el ministro de Defensa o el vicepresidente Javier Arenas”, ha señalado.

Fraga sugirió relevar a Rajoy como candidato

También ha explicado que el expresidente gallego Manuel Fraga Iribarne, meses después de la derrota del PP en las elecciones generales de 2004, sugirió reemplazar a Mariano Rajoy como candidato del PP a la Moncloa.

En julio de 2004, ha recordado, Rajoy le pidió que fuera a hablar con Fraga para intentar convencerlo de que renunciara a presentarse a la reelección como presidente de la Xunta de Galicia.

Trillo se reunió con Fraga, que no solo no transigió con la idea de ceder paso como candidato a la reelección, sino que le dijo a su interlocutor: “No tenemos candidato a la presidencia del Gobierno”.

“A mí me había mandado Rajoy, que acababa de perder las elecciones, pero eran sus primeras elecciones. No podía admitir semejante planteamiento”, ha razonado Trillo, que ha justificado la derrota electoral de marzo de 2004 por el impacto del 11M. Según Trillo, en ese momento Fraga le sugirió dos nombres que a su juicio podrían relevar a Rajoy: “Tú o Alberto Ruiz Gallardón”.

Llama a “quitarnos de encima al tirano de Sánchez”

Refiriéndose a la política actual, se ha mostrado muy crítico con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que en su opinión no está a la altura del expresidente socialista Felipe González.

“Felipe nunca llegó al nivel de inmoralidad al que está llegando en este momento Sánchez”, ha afirmado Trillo, que ha hecho un llamamiento a “sacar del poder de España a esta mafia que está acabando con la idea de España misma”.

Y ha planteado: “Si fuimos capaces de quitarnos de encima aquellas corruptelas de González, a pesar de ser el mejor gobernante socialista que hemos tenido, deberíamos ser capaces de quitarnos a este tirano de encima”.

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