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Opinión

¡Líbrenos Dios de enemigos empáticos!

Redacción

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«Si queremos ser pacifistas, recordemos que la paz se hace con el enemigo, no con el amigo»

… y me dieron solamente incomprensión.

Jeanette profetizó The Joker: «Yo soy rebelde / porque el mundo me ha hecho así, / porque nadie me ha tratado con amor, / porque nadie me ha querido nunca oír. / Yo soy rebelde / porque siempre sin razón / me negaron todo aquello que pedí / y me dieron solamente incomprensión». Y el Joker habitó entre nosotros.

No es casual que a nuestros jóvenes les guste más The Joker que una de esas viejas películas del oeste en las que el bueno es bueno, el malo es malo y el bueno gana y se queda con la chica. Los protagonistas con los que les gusta identificarse son los malos que se han vuelto malos porque la vida los ha tratado mal y arrastran un déficit de empatía. El verdadero responsable de sus fechorías es el que les negó el abrazo que los hubiera librado de la atracción del lado oscuro. Hoy el único malo-malo es el que cree que existen los malos-malos.

En esas estábamos, adormecidos por aquella canción que escribió Bobby Capó y que con tanto éxito cantaba Lorenzo Gonzáles, ‘Cabaretera’: «… el cielo será cielo, / la tierra será tierra, / la vida será siempre, siempre igual…».

Y en eso llegó Putin.

Para los que padecen un incurable síndrome de Estocolmo moral, Putin es un claro ejemplo de malo involuntario, un pobre Joker. Sí, ha invadido Ucrania, pero… si lo hubiéramos querido un poco más…

Sin embargo, las imágenes de lo que está ocurriendo en Ucrania están ahí con toda su brutalidad y bien pudieran despertarnos de nuestro sueño dogmático. ¿Estaremos descubriendo los europeos que estamos condenados a vivir en el mundo en que vivimos?

Si nos tomásemos en serio a Putin, nos sacudiríamos el desdén por la política que caracteriza a los ingenuos que nunca perdonan a la realidad que no esté a la altura de lo que le han impuesto como deber ser. Ciertamente no se ganan elecciones sin optimismo. Toda política de éxito es una política de esperanza. Pero la vida política normal impone la convivencia con la frustración, cosa que sabríamos si leyéramos con más frecuencia al gran Gracián.

Nos guste o no, no estábamos asistiendo en las últimas décadas a la marcha triunfal de la razón, la filantropía, la empatía, el universalismo abstracto, la pospolítica y el posnacionalismo. A lo que estábamos aplaudiendo era a la marcha triunfal de nuestros propios aplausos a nuestras buenas intenciones.  No hay nada en la naturaleza de las cosas políticas que las obligue a marchar al paso de esos aplausos.

Si nos tomamos en serio a Putin, tomaremos buena nota de que el bienestar de que disfrutamos se debe también a la estabilidad de nuestras fronteras y a las personas dispuestas a preservar esa estabilidad con sus vidas.

Pierre-André Taguieff se hace eco, en Julien Freund, au coeur du politique (2008), del diálogo que mantuvieron Jean Hippolyte y Julien Freund en torno a las categorías definitorias de lo político, en el transcurso de la defensa de la tesis doctoral de este último en la Sorbona el 26 de junio de 1965:

Hippolyte: Sobre la cuestión de la categoría amigo-enemigo, si tiene usted verdaderamente razón, no me queda más que ir a cultivar mi jardín.

Freund: Creo que piensa que es usted quien designa al enemigo, como todos los pacifistas, que vienen a decir que, si no quisiéramos tener enemigos, no los tendríamos. Pero es el enemigo el que te designa. Y si quiere que seas su enemigo, ya le puedes hacer los más hermosos gestos de amistad. En el momento que decide que eres su enemigo, lo eres. Y te impedirá cultivar tu jardín.

Hippolyte: Entonces no me queda más que el suicidio.

Si el enemigo es aquel que fabrica su enemistad, Hippolyte opta por el desencanto político, posición típica de quienes carecen de agallas para reconocer que la política real obedece a reglas que no se corresponden con nuestras normas ideales.

Yo voy un poco más allá de Freund (y de su maestro, Carl Schmitt): sospecho que para tener enemigos basta con definirse políticamente. ¿No ha vivido Putin como una afrenta la definición europeísta de Ucrania? ¿Y lo que los cobardes le echan en cara a Ucrania no es que se atreva a definirse? La definición nos sitúa en el terreno polémico de las amistades y las enemistades. Por eso la mejor forma de no tener enemigos es carecer de convicciones; es decir, estar dispuesto a tener amos.

En Europa creíamos posible definirnos solo comercialmente, como si el comercio fuese un campo neutral. Esta convicción nos permitía hacer filantropía internacional con los beneficios, hasta que Putin nos ha impelido a reconocer que no podemos prescindir de intereses políticos… a no ser que optemos por la finlandización de la UE. No podemos permitirnos el lujo de una política exterior basada en el live and let live por la sencilla razón de que no todo el mundo comparte este principio relativista. Por eso nos interpelan los interrogantes ineludibles: ¿puede afirmarse Europa a sí misma sin algún tipo de patriotismo europeo, sin algún tipo de unión simbólica europea? ¿Puede afirmarse Europa a sí misma sin superar su balcanización interior? ¿Puede hacerlo sin afirmar sus fronteras exteriores? ¿Puede afirmarse a sí misma sin plantar cara a esa aristocracia del bien -tan europea- siempre predispuesta a fabricarnos una memoria de opresores y a escribir nuestra historia con los colores de la abyección?

Si queremos ser pacifistas, recordemos que la paz se hace con el enemigo, no con el amigo. Y el enemigo sigue allí defendiendo políticamente sus intereses hegemónicos o imperialistas.

Volvamos al principio.

El pacifista cree que si existen problemas en el mundo es porque la ciudadanía mundial no es, aún, suficientemente empática. El mal es para él un virus sociológico. A mí, sin embargo, me parece que la moralidad exige un enfriamiento de la empatía, porque conviene no sentir mucho el dolor del otro si lo que necesita es nuestra ayuda serena. Espero que, si alguna vez me tienen que hacer un trasplante de corazón, mi cirujano sea frío, técnico, riguroso, de pulso caligráfico y que sepa más de su oficio que de mis sentimientos. Que no guíe el bisturí con el corazón, sino con el cerebro y que, si las cosas se complican inesperadamente, reaccione con la mayor serenidad. No se necesita empatía para ayudar a otra persona. Basta con la conciencia del deber moral. Pero sí es muy útil si queremos engañarlo. Ser empático es una cosa y ser buena persona es otra. El empático maquiavélico es el tipo de humano más perverso.

Frans de Waal ha visto bien que «percibir la discapacidad del otro también proporciona formas de sacarle partido». Putin, que se cree un genio de la empatía, pensaba que nos comprendía a los europeos occidentales mejor de lo que nos comprendemos nosotros mismos. Y aún está por ver si tiene razón. Siente muy bien las emociones de los ucranianos y por eso no deja de bombardearlos. Su empatía obedece a intereses estratégicos. Y la moral, la empatía y la estrategia no tienen por qué estar en sintonía.

¡Líbrenos Dios de enemigos empáticos!

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España

Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso

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«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»

 

Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.

Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.

¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.

Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.

Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.

Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.

Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.

Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.

Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.

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