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Neymar, investigado por la divulgación de fotos íntimas de la mujer que lo acusa de violación
La Policía Civil de Río de Janeiro abrirá una investigación a Neymar por divulgar supuestas imágenes íntimas de la mujer que le ha denunciado por violación, informaron este domingo fuentes oficiales. Según Globo Esporte, el futbolista brasileño declarará el lunes y se le requisará el teléfono móvil.
El Departamento contra los Delitos Informáticos indicó en un comunicado que «apurará la supuesta divulgación de un vídeo por parte del jugador Neymar» en su cuenta de Instagram, en el que desveló a todos sus seguidores -casi 120 millones- las conversaciones con la mujer que le acusa.
Entre el material que divulgó en la madrugada de este domingo figuran las conversaciones por escrito que mantuvo desde marzo hasta mayo pasado con la presunta víctima y fotos íntimas de ésta última.
No obstante, el contenido fue editado previamente, pues las partes íntimas de la mujer fueron difuminadas digitalmente, así como los horarios y los nombres.
Neymar aseguró además que cuenta con vídeos privados enviados por la mujer que le denunció por violación, si bien no los llegó a exhibir.
En Brasil es delito ofrecer, compartir, transmitir, vender, distribuir, publicar o divulgar imágenes y/o vídeos de contenido sexual por cualquier medio sin el consentimiento de la víctima, con una previsión de pena de uno a cinco años de cárcel.
Existe la posibilidad de un aumento de la pena en caso de que la persona lo haya hecho por venganza o humillación tras haber mantenido una relación sexual.
«La 110ª Comisaría de la Policía Civil (en la localidad de Teresópolis) ya realizó diligencias que auxiliarán en esa investigación», indicó la corporación en la nota.
Neymar se encuentra en la Granja Comary, en la localidad de Teresópolis, el centro deportivo situado a 98 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro donde se entrena la Canarinha con miras a la Copa América que se jugará en Brasil entre el 14 de junio y el 7 de julio.
Hasta allí llegó en su helicóptero este domingo Neymar para entrenarse, acompañado de algunos de sus compañeros en la selección como Daniel Alves, Thiago Silva, Lucas Paquetá y Arthur.
Antes de su llegada, una patrulla de la Policía Civil se acercó al centro de entrenamiento de la Canarinha, entró en las instalaciones y esperó en la puerta durante unos cinco minutos, según pudo constatar Efe, que no pudo confirmar si su presencia estaba relacionada o no con el caso Neymar.
La mujer, cuya identidad no ha sido divulgada, presentó el pasado viernes una denuncia en una comisaría de Sao Paulo acusando a Neymar de haberla violado en un hotel de París el 15 de mayo de este año.
Según contó la presunta víctima en la querella, divulgada por los portales ‘UOL’ y ‘GloboEsporte’ y confirmada por la Secretaría de Seguridad Pública de Sao Paulo, «Neymar se volvió agresivo, y mediante violencia, practicó relación sexual contra su voluntad».
El atacante del París Saint-Germain negó esa versión de los hechos, divulgó las conversaciones en sus redes sociales y aseguró que «lo que ocurrió ese día fue una relación entre un hombre y una mujer dentro de cuatro paredes, algo que ocurre en todas las parejas».
Por su parte, Neymar da Silva Santos, padre del futbolista, afirmó que representantes de la supuesta víctima entraron en contacto con él para exigirle dinero a cambio de garantizar el silencio de la mujer.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
