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Pablo Iglesias responsabiliza a otros de su fracaso electoral ¿y el chalet, qué?

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Paloma Cervilla.- No hay más ciego que el que no quiere ver la realidad. Esto es lo que le está sucediendo a Pablo Iglesias, que ayer no se le ocurrió otra cosa que responsabilizar del fracaso electoral de Podemos a los demás, a los dirigentes regionales que, a su juicio, no tienen liderazgo.

Este hombre ha perdido el norte de una manera asombrosa. Desde que se gastó 600.000 euros en su chalet de Galapagar, demostrando una incoherencia total con lo que ha venido denunciando desde hace años, no levanta cabeza. No me extraña que Podemos se desintegre a marchas forzadas, y peor que le va a ir en las próximas convocatorias electorales.

El fracaso de su proyecto político es de libro, al copiar los peores defectos de la vieja política, esa a la que él pretendía cambiar. Lo primero que ha hecho ha sido eliminar todas las voces críticas para ejercer un liderazgo férreo, con mano de hierro, para que nadie le pueda disputar la poltrona.

Después cometió el tremendo error de vivir como un rico, aquellos a los que había que eliminar y sobre los que construyó su fantasía de conquistar el Cielo para devolvérselo a los pobres. Ya podía haber imitado a Kichi, el alcalde de Cadiz, que sigue viviendo en su modesto piso

Y para terminar, la ignominia de criticar las donaciones de Amancio Ortega a la sanidad pública para luchar contra el cáncer. Esto sí que le ha costado miles y miles de votos. ¿Cómo se puede ser tan torpe y tan poco agradecido a quién de la nada ha montado un imperio y es hoy un ejemplo y un orgullo para los españoles?

Pues que siga por este camino, despeñándose por el barranco, pero, eso sí, recluido en su chalet, totalmente alejado de la realidad. Más grande será la caída.

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Las tres estrategias totalitarias del poder mundialista

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IM.- Asistimos ahora al embravecido oleaje de un ciclo de penuria. Los Estados acuden solícitos al salvamento de entidades de crédito y grandes empresas en crisis.

El precio del petróleo y del oro se disparan como en 1973. Arrecian mientras tanto los disturbios, las instituciones se degrada, la corrupción se generaliza y la inseguridad pública es agobiante. Un panorama que me incita a recuperar “Les vrais maîtres du monde”, de de Luis M. González-Mata (Ed. Grasset, 1979) González-Mata concretaba la acción del nuevo orden mundial en tres vectores principales: la estrategia de la tensión, la estrategia del hambre y la estrategia de la corrupción. No es el momento de desmenuzar los instrumentos que se utilizaron en cada una de ellas para apuntalar la marcha hacia el nuevo orden mundial. Pero sí unas mínimas anotaciones.

Las distintas ramas de la Orden no fueron ajenas a los golpes de Estado, conatos revolucionarios, cambios de régimen, magnicidios y conflictos bélicos anteriores a la publicación del libro. Tampoco lo han sido después. La estrategia de la tensión, de la que forman parte los terrorismos, comparece cuando se hurga bajo la piel de los acontecimientos.

La estrategia del hambre tenía su fundamento en un estudio de la Oficina de Investigaciones Geopolíticas de la CIA sobre los problemas alimenticios, demográficos y climáticos que podrían ser aprovechados por los Estados Unidos, en realidad por poder mundialista, para acrecer su poder global.

Dicho estudio se inspiraba en los trabajos del doctor Bryson que preveía una prolongada y adversa fase climática con una duración de al menos cuatro décadas y que provocaría cambios políticos y económicos de gran alcance como consecuencia, sobre todo, de la disminución de las cosechas de cereales. Los grandes grupos mundiales deberían anticiparse mediante el monopolio de los fertilizantes, de las semillas y de los sistemas de comercialización para tener en sus manos a las naciones. La estrategia de la corrupción tuvo el respaldo de la autorización, o inhibición, del poder político respecto a la persecución del pago de comisiones por las multinacionales para la consecución de contratos en otros países.

La comisión Church del Senado norteamericano disponía de una relación de altas personalidades de una treintena de países que se habían beneficiado de considerables sumas por este tipo de negocios. Pero no llegaron a hacerse públicas. Un político corrupto se convierte en en dócil instrumento de la Orden. Y como la corrupción llama a la corrupción, el pago de comisiones y mordidas se ha generalizado en el mundo y dentro de cada país.

Si además de ello se destruyen desde el poder cualesquiera valores morales, la sociedad se convierte en masa esclavizada. En gigantesco Puerto de Arrebatacapas. No es preciso que me detenga en proyectar todo lo escrito sobre lo que ha sucedido en España desde 1975 a hoy. Y en particular sobre la gestión de desgobierno de Sánchez, dócil servidor sin escrúpulos del nuevo orden mundial.

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Casado sube un punto por semana

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Carlos Dávila.- Como él lo ha escrito le cito, que no soy Pedro Sánchez. Hace veinticuatro horas escuché a Fernando Onega, colega de pupitre, decir que el presidente del Gobierno no levantará cabeza electoral si no descubre “un discurso similar, un discurso de Estado como el que pronunció Adolfo Suárez tras los asesinatos en Atocha de los cinco abogados laboralistas”. Onega sabe de lo que habla. Pero Sánchez no está en eso; por decirlo mejor, y también en palabras ajenas (las de un ex-ministro de Felipe González) está en lidiar la tragedia de Cataluña con el menor coste político para él.

Pero fíjense, faltan escasas horas para que Sánchez se tope de bruces con las encuestas de fin se semana y del lunes, unos sondeos que paralizan su alternativa y que otorgan al PP 105 escaños o incluso más. Claro está que el disgusto del aún presidente será una puñaladita monjil al lado de la que se va a llevar Albert Rivera, el líder de Ciudadanos al que nadie le ofrece un resultado mejor que unos raquíticos veinte escaños.

No voy a entrar en esta crónica en ningún escarceo más en las muestras porque, entre otras cosas , ya tienen una muy fiable en este mismo periódico. Me fijo en algunas circunstancias relevantes y significativas que van a alumbrar en todos los sondeos. Es decepcionante para el todavía presidente que ni la convulsión catalana, ni la exhumación de Franco, le proporcionen un voto más.

A los españoles nos trae exactamente por una higa lo que vayan a hacer Sánchez y su equipo de leales, por ahora, corifeos, con la momia del general. Es más, está hartos nuestros compatriotas de este circo, tanto que José Félix Tezanos, el manipulador más indigno que haya tenido nunca el Centro de Investigaciones Socialistas, antes Sociológicas, ni siquiera se ha atrevido a preguntar al ganado que apacienta en sus muestras, qué le parece realmente esta monserga con la que Sánchez ha intentado acreditar que él, Pedro Sánchez ha inventado y traído la democracia a nuestro atosigado país.

Por la culata

Pero aún hay más; tampoco la tragedia catalana en la que el citado había puesto todas sus esperanzas le depara un voto más. Eso ya lo escribí en una crónica anterior, lo que no sabía entonces es que, probablemente esta rebelión que no se atreve a atajar como un gobernante decente, le está restando el cariño de sus electores. Lo curioso es que sin embargo, los terribles sucesos de Cataluña están movilizando hacia las urnas a un electorado que no es precisamente del PSOE, unos votantes que están ahítos, hartos, hasta el moño de que una tribu de salvajes convenientemente coreados por el filoterrorista Tardá y su patrón Puigdemont. “A Pedro -suele decir el peculiar ‘Pepiño’- le ha salido el tiro por la culata”. Tan mal le ha salido esta jugada barriobajera que en una de las citadas encuestas los sondeados le atribuyen toda la culpa de esta estrafalaria convocatoria electoral

Rivera sólo figura en este ranking de la culpabilidad en tercer lugar, muy lejos de Sánchez, antes está el comunista Pablo Iglesias que está sobrellevando la aparición de Íñigo Errejón con bastante tranquilidad, tanta que Errejón ya sólo parece pintar un poco en Madrid, otro poco en Barcelona -si es que para entonces, día 10 de noviembre, existe esa ciudad- y menos todavía en Levante, en las demás demarcaciones de España mejor que ni aparezca porque le van a hacer una pedorreta histórica que debería empujarle a tomar el primer avión y volver a los brazos de su papito, el sanguinario Maduro.

Desde lejos, muy lejos le puede contemplar el día 10 Pablo Casado, que ya está de media -repito- en los 105 escaños y que, según todas las informaciones que llegan de los sociólogos, su progresión es tal que sube un punto por semana. Uno de estos técnicos decía al cronista: “Ahora mismo es imposible que gane Casado, el día 10 no lo es”.

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He tenido un mal sueño

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Alberto González Fernández de Valderrama.- La noche del sábado pasado tuve un sueño que me dejó muy preocupado. Y me lo provocó, con toda seguridad, el programa de debate de la Sexta que acababa de ver. Habían hablado del cierre del Valle de los Caídos por el Gobierno que, ultimando sus preparativos para la profanación de la tumba de Franco, había dado órdenes a la Guardia Civil para que impidiera el acceso público a la misa matinal que con motivo del Día de la Virgen del Pilar se iba a celebrar en la basílica.

En ese programa, que suele conceder la palabra a quienes la naturaleza no debería haber concedido voz porque solo la utilizan para ofender, un contertulio se reía sarcásticamente, con exultante satisfacción, de la frustración de unos católicos a los que llamaba “fascistas”, que protestaban porque querían acceder a oír misa y eran reprimidos por las fuerzas del orden como si fueran inmigrantes ilegales que intentaran traspasar violentamente la valla fronteriza de Melilla. Me niego a mencionar su nombre para que no empañe mi texto. Pocas palabras necesitó para exhalar su odio, pero su mente pronunció muchas más, y aquí las desvelo: “Rabiad, católicos: no vais a poder despediros de Franco, ni rezar en público por su alma. Y dentro de poco tampoco podréis entrar en esa iglesia porque muy pronto echaremos de allí a sus monjes y la convertiremos en un museo de los horrores franquistas. Y dejaréis de admirar esa cruz que os recuerda que el dictador salvó a la iglesia católica de su total exterminio al ganarle la guerra al comunismo y la anarquía; solo podréis contemplar sus cascotes porque la haremos añicos con dinamita.

Nos ofende. Ved que esto que vamos a hacer con la tumba de Franco es solo el primer paso. El segundo lo daremos cuando Sánchez gane las elecciones y forme un nuevo gobierno con el apoyo de la izquierda radical. Temed, fascistas, la suerte que os espera”.

Y me eché a dormir dándole vueltas a la cabeza sobre este tema. Quizás la obsesión, madre de muchos de nuestros sueños, fabricó uno para mí que hubiera deseado no tener. Vi escenas de odio entre hermanos, discordias, algaradas callejeras… me veía caminar por unas calles sumidas en el caos y había regueros de sangre por las aceras. Y de pronto un trueno de una sonoridad nunca oída me hizo mirar hacia las alturas y pude escuchar una voz, que emergía como un relámpago de entre un cielo tormentoso. Oid lo que dijo:

-“Españoles: ¿Quién os dio permiso para profanar mi casa? Vuestras leyes y las sentencias de vuestros tribunales no tienen jurisdicción sobre mí. No me vinculan ni pueden someter mi voluntad a vuestro antojo. Llamáis dictador a un hombre que os puso un yugo que yo mismo le di para que lo colocara sobre vuestro cuello, porque yo quería que España me obedeciera como una sola nación y se sujetara a mis designios. Yo puse en las manos de ese hombre la espada con la que combatió contra sus enemigos; y fui yo quien le libró de las balas que silbaban tantas veces junto a sus sienes. Él bien lo sabía y por ello nunca se arredró en el frente de batalla, ofreciéndose de cuerpo entero como blanco perfecto para quienes le apuntaban con sus armas. Yo le salvé de sus enemigos porque eran también los míos. Eran los que saqueaban mis casas de oración y me ofrecían holocaustos que yo no les había pedido, derramando la sangre de quienes me servían y me amaban. Su triunfo fue mi victoria. Su guerra y su ejército fueron míos y mía fue la justicia que aplicaron a los vencidos. Yo di a Franco el poder sobre España para someteros a mi voluntad, porque todo lo que he creado me pertenece. Pero cuando yo le llamé a mi presencia vosotros os quitasteis el yugo que os sujetaba a mí porque amabais una libertad que solo podía traeros la democracia. No sabíais que la democracia os iba a conceder también el derecho a ser insensatos y que pronto lo ibais a ejercer. Durante muchos años lo pusisteis en práctica sin apenas daros cuenta de ello. Me apartasteis de vuestras vidas. Os olvidasteis de que existo y dejasteis de creer que de igual modo que devuelvo el ciento por uno a quienes me obedecen soy vengativo y cruel con los que me rechazan. No sabéis que vuestras ilusiones en la tierra son solo un mero espejismo que se desvanecerá cuando termine vuestro tiempo. En vano buscáis el alma de vuestros muertos en sus huesos y cenizas: sus almas están en mi poder. Y en vano les dedicáis monumentos y homenajes que en nada les aprovechan. Dedicadles oraciones y tal vez yo las escuche. Porque yo soy el único dueño de la justicia por la que clamáis y la aplico como quiero. Y ahora decidme, los que creéis que hacéis justicia profanando mi casa: ¿qué os hace pensar que no aplicaré yo la mía sobre vosotros?”

Dejaron de tronar estas palabras en mis oídos y, de pronto, el cielo que veía, antes cubierto de una bruma espesa, se despejó de todas sus telarañas blancas, que se esfumaron haciendo un remolino. Y pude ver en el cielo que se me mostraba, radiante, la cruz de piedra más grande que los hombres hayan construido jamás.

Me desperté al instante y me vi impulsado a transcribir textualmente ese mensaje, que resonaba en mi cerebro palabra por palabra para que nada quedara relegado al olvido. No añadí nada mío. Y ya no pude volver a conciliar el sueño, tal era la angustia que me embargaba.

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