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Cartas del Director

¿Qué podemos esperar del PP verde?

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El presidente de Vox, Santiago Abascal, el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, el vicesecretario de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, y la presidenta de VOX en la comunidad de Madrid, Rocío Monasterio.
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Todavía hay quien cree que el PP verde es una alternativa patriota. Ha tenido sin embargo que ocurrir un caso como el del historiador que ha sido linchado mediáticamente por sus opiniones, para que algunos se den cuenta de que los patrocinadores de Abascal no van a dejar que nadie se salga del discurso ultraliberal y políticamente correcto.

A Vox se han acercado dos tipos de “patriotas”: los ingenuos y los oportunistas.

Los primeros -quizá por exceso de optimismo o falta de formación política- han querido ver en el partido de Abascal una forma de oposición al frentepopulismo revanchista de la izquierda y el separatismo.

Algunos empiezan a descubrir que Vox no es más que una añagaza del Sistema para perpetuarse a costa incluso de los que están en contra del mismo.

Los segundos han visto una posibilidad de medrar políticamente, pero comienzan a darse cuenta que la defensa de una España fuertemente identitaria es incompatible con las directrices hebraicas de los patrocinadores del invento. Y que, si te vetan, de nada sirven extemporáneas y contemporizadoras declaraciones sosteniendo, como patéticamente tuvo que hacer Fernando Paz, que los nazis eran malos malísimos y que incluso se comían a los niños crudos.

Vox, más por deméritos ajenos que por méritos propios, se ha encontrado con una situación electoral inmejorable. No hacían falta grandes propuestas, bastaban algunos mensajes sobreactuados, como llamar al PP “la derechita cobarde”, pedir el fin de las autonomías (lo que no les impide presentarse a elecciones autonómicas), o lanzar proclamas dirigidas más a las tripas que a la cabeza (el propio Abascal, para salir al paso de una pregunta incómoda en el Club Siglo XXI, dijo que “él lleva a España en el corazón, no en la cabeza”), para que a Vox le cayesen los votos de desencantados del PP. ¿Alguien sabe qué opina Abascal sobre algo que no sea permitir la tenencia de armas a particulares? ¿Dónde está este hombre que se presenta, o le presentan, como el salvador de la Patria Española? No se aviene a entrevista alguna, no ofrece una conferencia de prensa que se pueda llamar como tal, no tiene una sola idea de cómo enfrentarse a la próxima crisis económica que ya viene, ya lo verán.

Sus chiringuitos económicos a la sombra del PP

Pero ni siquiera en el campo de la ejemplaridad, el discurso de Vox casa mucho con los hechos protagonizados por Abascal en el pasado. El líder de Vox cobró entre 2011 y 2013 un sueldo público superior al del presidente del Gobierno. El sueldo de Abascal en ese periodo fue de 82.491,84 euros al año con un complemento de productividad de 11.363,16 euros. El Presidente del Gobierno, en esos años, tenía estipulado un sueldo de 78.185,04 euros.

En 2010 Esperanza Aguirre nombró a Santiago Abascal director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid. Nada más llegar al cargo, el sueldo que se le asignó fue de casi 90 mil euros y una productividad de más de 12 mil. Sin embargo, en junio, la Comunidad de Madrid redujo el salario de ese puesto y se le asignó uno de 93.855 euros (82.491,84 euros de sueldo base y una productividad de 11.363,16).

El presidente del Gobierno cobraba en 2010, según los Presupuestos Generales del Estado, 91.982,40 euros. Pero entre 2011 y 2013, este salario se redujo a 78.185,04 euros, es decir, unos 15 mil euros menos de lo que cobró Abascalen esos años. El actual líder de Vox estuvo tres años al frente de la Agencia hasta que la Comunidad de Madrid decidió disolverla en diciembre de 2012. Justo después fue nombrado director gerente de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social y se le asignó un sueldo idéntico al que había tenido en la Agencia de Protección de Datos: 82.491,84 euros al año y 11.363,16 euros de productividad. Sin embargo, Abascal no duró en este puesto porque en diciembre de 2013, unos meses después de recaer en esta fundación, la Comunidad de Madrid también acordó su disolución.

Según el informe de la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid (páginas 12, 92 y 93 del informe), publicado en noviembre de 2018, la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social no aportó los datos necesarios para comprobar sus cuentas en el periodo en el que Abascal estuvo al frente y tampoco se ha podido “encontrar a los responsables de la mencionada Fundación para que suministraran la información requerida”.Además, en ese informe se recoge el acuerdo del Patronato de la fundación para su disolución, que se llevó a cabo el 17 de diciembre de 2013, el mismo día en el que se fundó Vox, el partido político que hoy lidera Abascal, según el registro de partidos políticos del ministerio del Interior.

Contra los cargos públicos y los puestos a dedo

Santiago Abascal, estando ya en la Agencia de Protección de Datos por nombramiento de la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, escribió un artículo en el periódico La Razón criticando “los insostenibles y desmesurados 3.088.400 sueldos públicos en un país con casi 16 millones de cotizantes en el sector privado”. Santiago Abascal, desde 1999 y hasta la puesta en marcha de Vox, ha ocupado cargos públicos o puestos financiados con dinero público. Hoy, el partido de Abascal critica los nombramientos a dedo y también a las comunidades autónomas por “colocar a políticos y amiguetes en cargos de ninguna utilidad”.

Javier Ortega, secretario general de Vox, aseguró en Canal 24 Horas que había que eliminar los “gastos políticos innecesarios”. ¿Se refería quizás a casos como el de su hoy jefe de filas?

En este contexto de flagrantes contradicciones (como criticar la inmigración musulmana y recibir más de un millón de euros de financiación procedente de un grupo islamista iraní), sometemos al escrutinio de los lectores las siguientes preguntas:

¿Podemos imaginar a Ignacio Gil Lázaro, cabeza de lista de Vox por Valencia, hablando en el Congreso del odio contra el hombre blanco heterosexual o de la negación de la biología humana y de la polaridad sexual como principio de vida?

¿Alcanza nuestra imaginación a una hipotética intervención parlamentaria de alguno de los generales fichados por Vox y silentes durante años, denunciando las políticas deliberadas de sustitución étnica en Europa y de genocidio cultural, falsamente presentadas como un destino inevitable?

¿Resultarían razonablemente tranquilizadoras las propuestas económicas de Juan José Aizcorbe, número dos de la lista de Vox por Barcelona, en tanto consejero delegado que fue de una empresa que adeuda 18 millones a Hacienda?

¿Nos ampara o no el derecho a excluir de nuestro universo ideológico a personajes como Rafael Bardají, Mario Conde, Julio Ariza, Ignacio Arzuaga, Jaime Alonso o el condenado Víctor González Coello de Portugal, entre otros muchos?

¿Debemos suponerle al banderillero que presenta Vox como cabeza de lista por Huesca, al hermano folclórico de Carmen Lomana (cabeza de lista por Albacete), a la queridísima tía de Abascal (cabeza de lista por Orense), a la madre y a la hermana de Abascal (candidatas por Álava), al torero Serafín Marín (candidato por Barcelona), al ciclista Paco Mancebo (cabeza de lista por Ávila) o al hispanoguineano Ignacio Garriga (cabeza de lista por Barcelona), el compromiso ideológico necesario para enfrentarse a los lobbis sionistas con la determinación y el valor moral que requiere la gravedad del momento presente en todo Occidente?

¿Alguien en su sano juicio puede creer que la decadencia de Occidente citada por Oswald Spengler puede ser revertida en el Parlamento por familiares y allegados de Abascal, toreros de tercera, generales de guardarropía, católicos cortesanos, famosillos y tránsfugas del PP al acecho de lo que caiga?

¿Hemos renunciado a nuestros principios ideológicos por no cantarle la palinodia a nuestros lectores, como están haciendo algunos digitales de nuevo cuño presumiblemente untados por el entorno de Mario Conde?

Si alguien cifra las expectativas de cambio real para España en esta banda de oportunistas,  constitucionalistas, monárquicos, beatos, ultraliberales y socios del club de amigos de la kipá, entonces debería hacérselo mirar.


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