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Radiografía del Golpe de Estado del 28-A (2): el voto de los fantasmas

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Partamos de un interrogante sencillo: ¿de qué manera se pueden adulterar hoy en día unas elecciones? Es un hecho irrefutable que es muy difícil manipularlas en los colegios electorales, donde el voto presencial y el control de representantes de los partidos la hace prácticamente inviable ―excepto en los territorios komanches del País Vasco y Cataluña, donde la violencia independentista provoca que no haya apoderados de algunos partidos en todas las mesas―, lo cual nos lleva a la conclusión de que solamente hay dos métodos para el pucherazo: el voto por correo, y el fraude informático.

Desde siempre, el voto por correo ha sido el condimento más relevante para «cocinar» los pucheros electorales, dado que, al no ser presencial, se puede suplantar la identidad y el voto de los ciudadanos con cierta facilidad, algo que es prácticamente imposible en el voto presencial.

La modalidad más rudimentaria y alevosa de falseamiento del voto por correo consiste, lisa y llanamente, en que, una vez depositados los votos en Correos, los sobres se abren, se quitan las papeletas que no interesan, y se cambian por aquellas del partido o partido que se pretende favorecer. ¿Se puede hacer esto?: evidentemente, sí, pues los sobres de autopegado no ofrecen gran dificultad para su apertura. Sin embargo, debe resultar farragoso y sumamente complicado adulterar una cuantía de votos que en las últimas elecciones ascendió a 1.351.659.

La única manera de evitar esta trampa sería custodiando el voto en los Juzgados, con fuerzas de la Guardia Civil, lo cual haría más difícil su manipulación, algo que no presenta tanto problema si se almacena en las delegaciones de Correos.

El 5 de marzo de 2019, la Dirección General de Correos ―a cargo de Juan Manuel Serrano, hombre de confianza de Pedro Sánchez―, publicaba el ANEXO de Instrucciones sobre la colaboración de Correos en las elecciones a las Cortes Generales y Valencianas, en una de cuyas disposiciones se afirma que «Los sobres con votos por correo dirigidos a las Mesas Electorales que se vayan recibiendo en destino serán dados de alta en Unidad-Sección (SGIE), el mismo día que se reciban, y se conservarán debidamente custodiados en las dependencias de Correos que se designen por la Dirección de Zona, hasta el día 28 de abril de 2019».

¿En qué sentido deben entenderse las palabras debidamente custodiados? ¿Quién y cómo custodiará esos votos? Nadie lo sabe.

La otra manera de falsear el voto por correo consiste en alterar el censo electoral, de manera que, o bien permita aumentar el número de votantes por correspondencia, o suplantar la identidad de un determinado número de votantes, a los que se purga de su colegio electoral para hacerles votar por correo en otro distrito que interese a los organizadores del pucherazo. En uno y otro caso estamos ante votantes-fantasma, cuya fantasmagoría viene o del voto ficticio, o del suplantado.

Inflar el censo para fabricar votos por correo de personas que no existen, pero que han sido registradas fraudulentamente en las mesas electorales, es una vieja técnica pucheril, sobre todo en los tiempos en los que había poca población electora, y se ejecutaba por el procedimiento de hacer votar a los muertos. En teoría, este procedimiento falsificador debería haberse abandonado, dado que el número de votantes ha aumentado significativamente, por lo cual sería necesario inventarse muchas papeletas falsas para influir en el resultado. Sin embargo, los procesos electorales modernos tienen a su servicio dispositivos tecnológicos lo suficientemente sofisticados como para facilitar esta tarea. Es así como, del voto de los muertos, hemos pasado al voto de los fantasmas, de los votos creados por códigos de barras.

En el ANEXO ya citado, en su Disposición Segunda, 1 b, se especifica claramente que se exime de la exigencia de que la solicitud de voto por correo sea presencial, como se afirmaba anteriormente en este mismo apartado, unos párrafos más arriba:

«Ello no obstante, se ha autorizado la utilización de modelos de solicitud de voto por correo obtenidos electrónicamente mediante descarga e impresión, los cuales consecuentemente no son autocopiativos. Estos impresos de solicitud son perfectamente válidos, si bien en estos casos, y con carácter previo a su admisión, se habrá de cotejar que los datos recogidos en el ejemplar para la Delegación Provincial de la Oficina del Censo Electoral son idénticos a los que figuran en la copia para el interesado.

Igualmente el elector puede aportar una solicitud de voto por correo previamente cumplimentada de manera telemática, a través de un enlace que a esos efectos ha habilitado el Instituto Nacional de Estadística, junto con su copia. En estos casos, el empleado de Correos deberá efectuar las mismas comprobaciones descritas para los modelos anteriores (identidad del elector y coincidencia de la firma), y estampar el sello de fechas tanto en la cabecera del documento principal como en la copia, así como llevar cabo el resto de formalidades. La grabación de la solicitud en IRIS se realizará capturando mediante el lector óptico la información contenida en la nube de puntos incluida en la solicitud, y aceptando la admisión».

Esta disposición significa, nada más y nada menos, que no es necesario presentarse personalmente en las oficinas de Correos para inscribirse a la hora de solicitar el voto por correo, lo cual favorece los votos fraudulentos, lógicamente, porque alguien con una identidad falsa ―ficticia o suplantada― puede acceder a este sistema de votación telemática, donde es más difícil comprobar la identidad del votante.

Pero esta exención de presencia física a la hora de tramitar la solicitud de voto por también se extiende a la certificación del sobre de votación: «[…] Según doctrina reiterada de la Junta Electoral Central, no se exige que el elector acuda personalmente a la oficina de Correos para certificar el sobre de votación, por lo que no es necesario requerir su identificación a esos efectos». Genial.

Esta metodología de alteración del voto por correo cuenta con un problema, consistente en que no se puede inflar en demasía, ya que esta maniobra cantaría mucho, y más en el caso de que no hubiera mucha separación temporal entre dos elecciones consecutivas. Para solventar este inconveniente, está claro que hay que manipular el censo purgando a un determinado número de electores, para así equilibrar la balanza entre los desaparecidos y/o suplantados, y los añadidos.

Lógicamente, esta operación exige perentoriamente que los electores que se eliminen no sean del partido al que se quiere favorecer con el pucherazo, porque esto sería un contrasentido. Así pues, hay que borrar del censo a votantes enemigos.

¿Se puede hacer esto? Nuevamente la respuesta está en que la tecnología actual presenta unas cloacas pestilentes donde es posible quitar del censo a los votantes que se consideren sospechosos de militar en una ideología contraria a los intereses del partido que ejecuta el fraude, sospecha cuyo fundamento es proporcionado por el espionaje a que somos sometidos en la Red por todos los partidos políticos, con cobertura legal y todo.

El 6 de diciembre de 2018 se publicó en el BOE La Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, la cual contiene una disposición final tercera que modifica la Ley Orgánica del Régimen Electoral General de 19 de junio de 1985, y que, en su apartado 2, añade un nuevo artículo cincuenta y ocho bis, en el que se afirma:

Artículo 58 bis. Utilización de medios tecnológicos y datos personales en las actividades electorales.

  1. La recopilación de datos personales relativos a las opiniones políticas de las personas que lleven a cabo los partidos políticos en el marco de sus actividades electorales se encontrará amparada en el interés público únicamente cuando se ofrezcan garantías adecuadas.

  2. Los partidos políticos, coaliciones y agrupaciones electorales podrán utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público para la realización de actividades políticas durante el periodo electoral.

Este artículo, como se ve fácilmente, posibilita el conocimiento de la ideología política de los ciudadanos, haciendo factible eliminar del censo a aquellos que, a tenor de ella, pudieran votar a una opción política no apetecida por quienes quieren ejecutar un pucherazo.

Curioso que ese maligno artículo fuera aprobado también por PP y Cs, y sospechoso que el Tribunal Constitucional lo tumbara por unanimidad el 22 de mayo, unos días antes de las elecciones del 26-M, a requerimiento del Defensor del Pueblo, que lo había impugnado el 5 de marzo, en vez de hacerlo antes del 28-M. Y resulta totalmente sorprendente que nadie lo denunciara antes, ni partidos, ni tribunales, ni fiscales… En todo caso, cuando se tumbó el artículo ya era tarde, pues no cabe duda de que nuestra ideología política ya consta en las cloacas del sistema hasta la eternidad.

Partiendo de esta premisa, es sumamente fácil purgar del censo a los votantes que no interesan. Si a esto le añadimos que es de todo punto conocido cuáles son las zonas, distritos, barrios, etc. que tienen preferencia de voto por una determinada opción política, basta con meter el bisturí en estas zonas para facilitar la purga y hacerla más eficaz.

En las elecciones del 28-A hubo reiteradas quejas de votantes que no aparecían en el censo cuando se acercaban a votar a su mesa de siempre, de la cual habían sido purgadas sin ningún motivo que los justificase. Por ejemplo, en este sentido hay testimonios de electores que habían sido purgados en los distritos de Retiro y Salamanca de Madrid, habitualmente caladeros de voto conservador.

Si el censo a 5 de marzo de 2019 era de 36.893.976 votantes, y la suma de los votos contabilizados (26.361.256) y la abstención (8.436.948) daban un total de 34.798.204, esto quiere decir que han «desaparecido» 2.095.772 votantes, cifra que nos da una idea de la magnitud de la purga. Oficialmente, se dice que este déficit se debe a que no se ha incluido el voto de los residentes en el extranjero (CERA) ―cuya cuantía viene a ser casi exactamente el número de votos desaparecidos―, pero se da el caso de que este desfase entre votos y censo no dio en absoluto en las elecciones de 2016, ―donde fue solamente de 2.813 votos―, ya que el CERA es parte del censo, y no se contabiliza nunca aparte.

Según algunos investigadores del pucherazo, podría haberse dado la circunstancia de que esos votantes purgados de los distritos conservadores hubieran votado por correo en otros distritos fijados de antemano, sin saberlo, suplantándose su identidad. También hubo testimonios sobre votantes por correo que también votaron presencialmente.

La clave de todo este proceso de falseamiento es que el voto por correo no se computa por separado, en una lista aparte, sino que, al mezclarse los sobres con el resto de sobres que ya están en la urna, es muy difícil saber cuáles corresponden al voto presencial y cuáles al voto por correo, lo cual facilita que los votos fraudulentos no puedan ser detectados, y, así, no llama la atención que la mayoría de éstos correspondan al mismo partido político.

Sobre el destino de los votos por correo ficticios o suplantados, en todo pucherazo que se precie, la técnica tramposa consiste en llevarlos a las circunscripciones electorales donde hagan falta, donde su cómputo sea más necesario. En efecto, después de todas las elecciones que llevamos en el Régimen del 78, es relativamente fácil ―sobre todo para el PSOE y el PP― conocer aquellas localidades donde, según la Ley D’Hont, el último escaño está más reñido, dependiendo de unos escasos votos que pueden orientarlo en un sentido u otro, por lo cual es ahí donde precisamente hay que enviar los votos-fantasma por correo, para que ayuden a rebañar ese último escaño en disputa. Si tenemos en cuenta que hay 52 circunscripciones provinciales, estamos hablando de la posibilidad de cambiar de orientación 52 escaños, lo cual puede alterar radicalmente el escrutinio.

Esta hipótesis sobre el papel que el voto por correo ha podido ejercer en el pucherazo del 28-A tiene también el soporte de un conjunto de datos numéricos que elevan la sospecha a límites de casi certeza.

Mientras que en los comicios del 20 de diciembre de 2015 Correos tramitó 783.415 peticiones de voto por correo de residentes en España, unos meses más tarde, en las elecciones del 26 de junio de 2016 expidió 1.452.988 solicitudes, lo cual supone que en unos meses el voto por correo aumentó el 85,5%. Impresionante: ¿tendrá esto algo que ver con el pucherazo que sufrió Podemos en esas elecciones, donde perdió 1.200.000 votos?

Y otro dato demoledor, si comparamos los votos de los partidos de centro-derecha y del bloque de izquierdas en las elecciones de 2016 y 2019:

2016: PP: 7.906.185; C’s: 3.123.769; VOX: 46.781. TOTAL: 11.076.735
PSOE: 5.424.709; UP: 5.049.734. TOTAL: 10.474.443

2019: PSOE: 7.480.755; UP: 3.732.929. TOTAL: 11.413.684
PP: 4.356.023; Cs: 4.136.600; VOX: 2.677.173 TOTAL: 11.169.796

Si tenemos en cuenta que en las elecciones de 2019 hubo 1.257.196 nuevos votantes, y que disminuyó la abstención respecto a 2016 ―del 30% al 24,25%―, en 2019 hubo 26.361.256 votos, mientras que en 2016 la cifra fue de 24.161.083, lo cual supone un aumento de 2.200.173 votantes.

De esa cantidad, vemos que el bloque de centro-derecha (PP + C’s + VOX) en 2019 obtuvo 93.000 votos más que en 2016, mientras que el bloque de izquierdas (PSOE + UP) consiguió ¡939.241 votos más!: o bien la inmensa mayoría de los nuevos votantes se decantaron milagrosamente por la izquierda, o bien los fallecidos en el interregno eran casi todos de derecha, o bien hubo un sorprendente trasvase de votos desde el centro-derecha a la izquierda: las tres posibles explicaciones de este rarísimo fenómeno son igual de abracadabrantes.

Si pasamos a comprobar los trasvases de votos, la sorpresa se convierte en verdadero pasmo, ya que los votos perdidos por el PP se corresponden con los ganados por C’s y VOX; sin embargo, si pasamos a examinar si los votos perdidos por UP (1.316.805) se ajustan a los que ganó el PSOE (22.056.046), hay un déficit de 741.000 votos.
¿De dónde salieron? Pues presumiblemente del voto por correo. Ahí lo tenemos.

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España

Diferencias en la cobertura mediática según ideología

Descubre las diferencias en la cobertura mediática según ideología. Analiza cómo los medios influyen en la percepción según orientaciones políticas.

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Periodista analizando y comparando diferentes periódicos españoles

La ideología es la variable que mejor explica la selectividad informativa en España. Los medios no se limitan a transmitir hechos: actúan como vehículos ideológicos que seleccionan, encuadran y jerarquizan la realidad según líneas editoriales definidas, configurando dos grandes esferas mediáticas, una progresista y otra conservadora, con audiencias que rara vez se solapan. La investigación empírica sobre exposición selectiva y polarización en España confirma que los ciudadanos con posicionamiento claro en el eje izquierda-derecha consumen medios ideológicamente afines con una probabilidad muy superior a quienes no se ubican en ese eje. Menos del 1 % de los ciudadanos en España ejerce una dieta mediática ideológicamente mixta, mientras que la mayor parte puede considerarse mediáticamente neutral, según datos del CIS. Sin embargo, la polarización mediática es creciente entre quienes sí tienen una identidad ideológica definida.

Las diferencias de cobertura mediática según ideología se manifiestan en tres planos simultáneos:

  • Selección temática (agenda setting): cada medio prioriza los asuntos que refuerzan su marco ideológico y silencia o minimiza los que lo contradicen.
  • Encuadre (framing): el mismo acontecimiento recibe interpretaciones radicalmente distintas según la línea editorial, condicionando la percepción del lector.
  • Desinformación estructural: en casos extremos, la distorsión deliberada del relato constituye una forma de manipulación que va más allá del sesgo ordinario.

Casos como la cobertura de Ada Colau en ABC frente a El País, o el tratamiento de la extrema derecha en medios conservadores y progresistas, ilustran con datos concretos cómo la filiación ideológica del medio determina el tono, el volumen y el encuadre de la información política en España.


¿Cómo opera el sesgo ideológico en la cobertura mediática?

El sesgo mediático se ejerce principalmente mediante tres mecanismos que la investigación académica identifica como centrales en la construcción ideológica del discurso periodístico: la agenda setting, el framing y, en su expresión más extrema, la desinformación.

Expertos analizan estudios sobre la parcialidad en los medios de comunicación

La agenda setting opera en la fase de selección: el medio decide qué temas existen para su audiencia y cuáles no. Un partido político puede protagonizar una semana de portadas en un diario y ser prácticamente invisible en otro, no porque los hechos difieran, sino porque la jerarquía editorial responde a criterios ideológicos. Esta selectividad temática condiciona la percepción pública de manera más profunda que cualquier editorial explícito, precisamente porque el lector no percibe la omisión como una decisión editorial.

El framing actúa en la fase de presentación. Un mismo dato económico puede encuadrarse como «fracaso de la gestión gubernamental» o como «resultado de la herencia recibida», dependiendo de la línea del medio. Estudios con técnicas de procesamiento del lenguaje natural, como TF*IDF y word2vec, han detectado que durante campañas electorales los medios españoles tienden a asociar candidatos con extremismos, eclipsando propuestas concretas y amplificando la polarización afectiva.

La desinformación representa el tercer nivel, cualitativamente distinto. Watzlawick fue el primero en usar el término para referirse a la distorsión intencional del relato en función de la sensibilidad editorial de cada medio: elegir de qué hablar y de qué no, dar más o menos recurrencia a ciertos hechos, o usar palabras e imágenes con carga emocional calculada. Según el análisis académico sobre ideología y desinformación, hay ideología en los medios que retrata de forma subjetiva la realidad, y eso afecta a la percepción de la sociedad de manera directa.

  • Agenda setting: selección de temas según prioridades ideológicas.
  • Framing: encuadre del mismo hecho con interpretaciones opuestas.
  • Desinformación: distorsión deliberada del relato para alinear la percepción con intereses editoriales.
  • Gestión emocional: los medios calculan los efectos cognitivos y emocionales que sus decisiones narrativas provocan en la audiencia para generar adhesión o rechazo.

Consejo profesional: Para identificar el mecanismo activo en una noticia concreta, compara la misma información en al menos dos medios de línea editorial opuesta y observa qué elementos aparecen, cuáles se omiten y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción. Puedes profundizar en esta técnica en la guía de agenda mediática oculta de Alerta Nacional.


La polarización mediática y sus efectos en la sociedad española

La polarización mediática en España no es solo un fenómeno de oferta: se reproduce en el comportamiento de las audiencias. La investigación sobre selectividad y polarización de audiencias distingue dos procesos conceptualmente diferentes que conviene no confundir: la polarización de audiencias, referida a la estructura de la oferta mediática y sus distintos públicos, y la polarización mediática propiamente dicha, que describe el proceso individual por el cual los ciudadanos restringen progresivamente su dieta informativa a medios ideológicamente afines.

El perfil del ciudadano mediáticamente polarizado en España presenta rasgos consistentes. Los hombres, las personas de mayor edad y quienes tienen ingresos más altos muestran mayor probabilidad de consumir dietas informativas restrictivas. Pero la variable más determinante es la ideológica: quienes se ubican con claridad en el eje izquierda-derecha, están afiliados a partidos o participan activamente en elecciones presentan una selectividad ideológica notablemente superior al resto.

Las cámaras de eco que resultan de este proceso tienen consecuencias directas sobre el debate público. Cuando la opinión publicada en un medio está alineada con su línea editorial, el efecto de resonancia es idéntico al que se produce en redes sociales: el lector no busca información objetiva, sino un enfoque de la realidad que confirme su percepción previa. La confianza en los medios se fragmenta según la ideología del receptor, y el debate público pierde el suelo común necesario para el contraste de argumentos.

Un dato relevante: la polarización mediática no es simétrica entre ideologías. Los efectos marginales muestran una ligera mayor diferencia entre quienes se sitúan en el centro-izquierda y la izquierda, aunque sin la solidez estadística suficiente para establecer un patrón definitivo. Lo que sí confirman los datos es que el extremismo ideológico, entendido como posicionamiento en los extremos del eje, no es el motor principal de la selectividad: la mera declaración de una identidad ideológica, incluso moderada, ya aumenta la probabilidad de consumo restringido.


¿Cómo cubren los medios españoles a la extrema derecha y otros grupos ideológicos?

El tratamiento mediático de la extrema derecha en España varía de forma sistemática según la línea editorial del medio, con diferencias observables en tono, volumen de cobertura y encuadre. Los medios progresistas tienden a asociar a estos grupos con conceptos de riesgo democrático y extremismo, mientras que los conservadores suelen presentarlos como una opción política legítima dentro del espectro parlamentario, cuando no como una respuesta comprensible a demandas ciudadanas ignoradas.

Manos tecleando junto a informes políticos

El estudio sobre la cobertura de mujeres políticas en ABC y El País ofrece uno de los análisis más precisos disponibles sobre cómo la ideología del medio determina el tono editorial. En ese trabajo, Ada Colau (líder de izquierdas) recibió una cobertura negativa destacada en ABC, mientras que en El País la polaridad positiva hacia ella fue notable. Inés Arrimadas (liberal) obtuvo mayor cobertura positiva en ABC que en El País. La diferencia no responde a los méritos o deméritos de cada política, sino a la distancia ideológica entre el medio y el sujeto cubierto.

Política Medio Cobertura negativa Cobertura positiva
Ada Colau ABC
Ada Colau El País
Inés Arrimadas ABC
Inés Arrimadas El País

Este patrón se replica en el análisis de portadas durante las elecciones generales de 2023, donde los medios principales otorgaron mayor espacio a los partidos grandes, con diferencias apreciables en la valencia positiva o negativa según el partido y el diario. El análisis computacional de discurso electoral confirma que los encuadres negativos y polarizadores predominan sobre la cobertura de propuestas programáticas concretas.

Consejo profesional: Cuando analices la cobertura de un partido o líder político, examina no solo el número de noticias sino la proporción de piezas de opinión frente a informativas: la opinión es donde el sesgo ideológico se manifiesta con mayor intensidad y menor disimulo.


¿Qué dice la investigación académica sobre ideología y polarización mediática?

La conceptualización más influyente en el análisis del discurso mediático es la de Teun van Dijk, para quien la ideología es un conjunto básico de creencias compartidas por grupos sociales que los medios emplean para generar y gestionar opiniones, diferencias y conflictos. Esta definición desplaza el foco del partido político al sistema de creencias subyacente, lo que permite analizar el sesgo mediático incluso cuando un medio no tiene una afiliación partidista explícita.

El modelo de Hallin y Mancini sitúa a España dentro del sistema de «pluralismo polarizado», caracterizado por una fuerte vinculación entre medios y partidos políticos, baja autonomía profesional del periodismo respecto al poder político y una tradición de paralelismo político en la prensa. Este marco teórico explica por qué la polarización mediática española es estructuralmente más intensa que en sistemas del norte de Europa, donde la prensa desarrolló una tradición de mayor independencia editorial.

La relación entre propiedad, financiación y línea editorial es otro eje central del análisis académico. Los grupos mediáticos con vínculos accionariales o publicitarios con determinados sectores económicos tienden a alinear su cobertura con los intereses de esos sectores, lo que añade una dimensión económica al sesgo ideológico que va más allá de la mera preferencia política de los directivos. La percepción pública del sesgo no siempre coincide con el comportamiento editorial real: medios asociados a la derecha pueden criticar a líderes conservadores en determinados contextos, y viceversa, lo que complica la identificación del sesgo por parte del lector ordinario.

Contribuciones académicas recientes relevantes para el análisis del sistema mediático español:

  • Van Dijk (2003): ideología como sistema cognitivo de creencias que estructura el discurso mediático.
  • Hallin y Mancini (2004): modelo de pluralismo polarizado aplicado a España y el sur de Europa.
  • Investigación sobre exposición selectiva en España: relación entre ideología declarada y restricción de la dieta informativa.
  • Análisis computacional con NLP sobre sesgo en discurso electoral en medios españoles.
  • Estudio sobre ideología como forma de desinformación: propuesta de herramienta de medición de sesgos con variables de contenido, económicas y políticas.

Selectividad ideológica en medios españoles y su impacto en la percepción electoral

La metodología empleada en los estudios sobre dietas mediáticas en España opera mediante una escala que clasifica el consumo de medios en un rango de valores, desde el consumo exclusivo de medios progresistas hasta el consumo exclusivo de medios conservadores, pasando por posiciones intermedias que reflejan mayor heterogeneidad. La clasificación ideológica de cada medio se establece a partir de la media de autoubicación ideológica de su audiencia, lo que permite construir una variable de dieta mediática que agrega el consumo en prensa impresa, radio, televisión y prensa digital.

Los resultados de esta metodología revelan un patrón consistente: la ideología, más que el interés por la política o el nivel de ingresos, es la variable que mejor predice la restricción de la dieta informativa. Los ciudadanos con menor apego a la política y a las instituciones muestran menor probabilidad de ejercer selección de medios afines, mientras que los más politizados concentran su consumo en fuentes ideológicamente coherentes con sus predisposiciones.

Variable Efecto sobre la selectividad mediática Observación
Ideología declarada Alto Variable más explicativa del consumo restringido
Interés por la política Moderado-alto Mayor interés correlaciona con mayor selectividad
Afiliación a partido Moderado Refuerza la restricción ideológica de la dieta
Ingresos personales Moderado Mayor renta asociada a mayor restricción
Extremismo ideológico No confirmado No hay patrón claro de mayor restricción en los extremos

El impacto de esta selectividad en la percepción electoral es directo. Quien consume exclusivamente medios de una línea ideológica recibe una imagen del adversario político construida por fuentes hostiles, lo que amplifica la percepción de amenaza y reduce la disposición al acuerdo. La polarización de audiencias no produce necesariamente ciudadanos más radicales en sus posiciones, pero sí ciudadanos con una imagen más distorsionada del campo político contrario.

  1. Clasifica los medios que consumes según la autoubicación ideológica de su audiencia, no según tu percepción subjetiva de su línea editorial.
  2. Mide la heterogeneidad de tu dieta informativa: ¿consumes al menos un medio cuya audiencia se ubica en el lado opuesto del eje ideológico al tuyo?
  3. Distingue entre noticias y opinión dentro de cada medio: el sesgo es más intenso y menos disimulado en las piezas de opinión.
  4. Contrasta la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta antes de formarte una opinión definitiva.

Consejo profesional: La herramienta más eficaz para detectar tu propia burbuja informativa no es leer más, sino leer distinto. Incorporar regularmente un medio de línea editorial opuesta a la tuya no implica aceptar su marco, sino disponer de la información necesaria para cuestionarlo.


¿Cómo influyen la propiedad y la financiación en el sesgo ideológico de los medios?

La estructura de propiedad de los grupos mediáticos españoles es uno de los factores que más condiciona la línea editorial, aunque también el menos visible para el lector ordinario. Los grandes conglomerados mediáticos mantienen vínculos accionariales con sectores financieros, energéticos y de construcción cuyos intereses regulatorios y fiscales dependen directamente de las decisiones del gobierno de turno. Esta dependencia económica crea incentivos estructurales para alinear la cobertura con las posiciones del poder político que favorece esos intereses, independientemente de la ideología declarada del medio.

La financiación publicitaria institucional, es decir, la publicidad contratada por administraciones públicas, partidos y organismos estatales, añade otra capa de condicionamiento. Un medio que recibe una proporción significativa de sus ingresos de la publicidad institucional de un gobierno autonómico o central tiene razones económicas concretas para moderar su cobertura crítica de ese gobierno. La propuesta académica de una herramienta de medición de sesgos contempla explícitamente variables económicas y políticas junto a las de contenido, precisamente porque el sesgo ideológico no puede entenderse sin la estructura de incentivos que lo sostiene.

La concentración de la propiedad mediática en España ha reducido la pluralidad real de voces, aunque la proliferación de medios digitales ha creado nuevos actores con estructuras de financiación distintas. Medios nativos digitales como eldiario.es o El Confidencial carecen de editorial corporativa explícita, pero mantienen líneas editoriales reconocibles que sus audiencias identifican con claridad. La ausencia de editorial formal no equivale a ausencia de sesgo: la subjetividad persiste en la selección de temas, en las fuentes consultadas y en el encuadre de la información, a veces de forma más acentuada que en los medios tradicionales. Entender cómo los incentivos mediáticos afectan la cobertura es indispensable para leer cualquier medio con criterio.


Los algoritmos de redes sociales y su efecto en el consumo ideológico de noticias

Las plataformas de distribución de contenido, desde X (antes Twitter) hasta YouTube o TikTok, amplifican los sesgos ideológicos preexistentes mediante sistemas de recomendación diseñados para maximizar el tiempo de permanencia del usuario. El algoritmo no tiene ideología propia, pero sí un objetivo claro: mostrar el contenido que genera más reacción. Y el contenido ideológicamente cargado, especialmente el que provoca indignación o confirmación de creencias previas, genera más reacción que el informativo neutro.

El resultado es una aceleración del proceso de segregación mediática que los estudios sobre dietas informativas detectan en el consumo tradicional. Un usuario que interactúa con contenido de una línea ideológica recibe más contenido de esa misma línea, lo que reduce progresivamente su exposición a perspectivas distintas sin que medie ninguna decisión consciente de su parte. La influencia de los algoritmos en la percepción pública opera de forma más opaca que la línea editorial de un periódico, precisamente porque el usuario no percibe el mecanismo de selección al que está sometido.

La interacción entre medios tradicionales y redes sociales ha creado además un ciclo de retroalimentación: los medios producen contenido diseñado para circular en redes, lo que incentiva los titulares polarizadores y el encuadre emocional sobre el análisis reposado. La viralidad se convierte en criterio editorial, y los formatos que generan más comparticiones, generalmente los más ideológicamente cargados, reciben más recursos de producción. Este fenómeno afecta tanto a medios progresistas como conservadores, aunque con diferencias en los temas y los marcos que cada uno privilegia para maximizar su alcance digital.


La evolución histórica de las divisiones mediáticas ideológicas en España

El paralelismo político entre medios y partidos en España tiene raíces históricas que preceden a la democracia actual. Durante la Segunda República, la prensa española estaba abiertamente alineada con posiciones políticas definidas, y el franquismo consolidó un modelo de control estatal de la información que eliminó cualquier pluralismo real durante cuatro décadas. La Transición no produjo una ruptura limpia con ese modelo: los medios que surgieron o se reconvirtieron en los años setenta y ochenta lo hicieron con vínculos explícitos con partidos, sindicatos o grupos empresariales con intereses políticos concretos.

El País nació en 1976 con una orientación claramente progresista y europeísta que reflejaba el consenso de la Transición entre las élites intelectuales y políticas de centro-izquierda. ABC mantuvo su tradición monárquica y conservadora. La irrupción de nuevos actores en los años noventa, como El Mundo, añadió una línea editorial diferenciada que combinaba el conservadurismo con una vocación de denuncia política que la situaba en posición de competencia directa con el PSOE. Esta arquitectura mediática, consolidada antes de la llegada de internet, sigue siendo el esqueleto sobre el que se construye la polarización actual.

La fragmentación del sistema de partidos a partir de 2015, con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y posteriormente Vox, obligó a los medios a redefinir sus alineamientos. Algunos lo hicieron con rapidez y coherencia; otros oscilaron según la coyuntura electoral, lo que confirma la observación académica de que la percepción ideológica de un medio no siempre coincide con su comportamiento editorial real en momentos concretos. La realidad del sesgo mediático es más compleja y contextual que la etiqueta fija que el lector suele asignarle a cada cabecera.


España frente a otros países: ¿es el sesgo ideológico especialmente intenso aquí?

El modelo de pluralismo polarizado que Hallin y Mancini identificaron en España, Italia, Portugal y Grecia se distingue del modelo liberal anglosajón y del modelo democrático corporativo del norte de Europa precisamente por la intensidad del paralelismo político. En los sistemas del norte, la prensa desarrolló una tradición de mayor distancia respecto al poder político, con mecanismos de autorregulación profesional más consolidados y una financiación menos dependiente de la publicidad institucional.

En el contexto latinoamericano, el estudio de la cobertura de las elecciones presidenciales argentinas de 2023 en medios como Clarín, La Nación, Infobae y El Destape muestra procesos de selección, omisión y priorización de información que son estructuralmente similares a los observados en España, aunque con particularidades propias de cada sistema político. La influencia de los medios en la comunicación política y el proceso de legitimación a través del discurso público son fenómenos compartidos en los sistemas de pluralismo polarizado, independientemente del país.

Lo que distingue a España dentro de ese modelo es la combinación de una polarización política especialmente intensa desde 2015, una estructura de propiedad mediática concentrada y una dependencia significativa de la publicidad institucional. El resultado es un sistema donde las diferencias de cobertura mediática según ideología son más pronunciadas y más estables que en sistemas con mayor autonomía profesional del periodismo. Identificar ese sesgo requiere herramientas de análisis crítico que vayan más allá de la intuición: la guía para identificar sesgo mediático de Alerta Nacional ofrece un punto de partida metodológico para ese análisis.


Cómo analizar críticamente el sesgo ideológico en los medios que consumes

Detectar el sesgo ideológico en la prensa española exige un método, no solo una actitud de desconfianza general. La desconfianza sin criterio produce el efecto contrario al deseado: el lector que rechaza todos los medios por igual termina siendo más vulnerable a la desinformación, no menos. El análisis crítico requiere herramientas concretas aplicadas de forma sistemática.

El primer paso es identificar la línea editorial del medio, no a partir de su autopresentación, sino a partir de la autoubicación ideológica media de su audiencia y de sus vínculos de propiedad y financiación. El segundo es distinguir entre géneros periodísticos: la noticia, el reportaje, la crónica y la opinión tienen convenciones distintas, y el sesgo opera con diferente intensidad en cada uno. La opinión es donde el encuadre ideológico se manifiesta con mayor claridad y menor disimulo; la noticia es donde el sesgo se ejerce de forma más sutil, a través de la selección de fuentes y la jerarquía de la información.

El tercer paso es la comparación sistemática. Contrastar la cobertura de un mismo acontecimiento en medios de línea opuesta permite identificar qué elementos aparecen en uno y no en el otro, qué fuentes se consultan y cuáles se ignoran, y qué palabras se eligen para describir a los mismos actores. Esa diferencia es el sesgo en acción, y su identificación es el primer paso para una lectura informada. Alerta Nacional ha desarrollado un análisis detallado sobre cómo se manipula la opinión pública que complementa este enfoque metodológico.


Si quieres ir más allá del análisis y disponer de herramientas concretas para descifrar la propaganda mediática en España, la guía para ciudadanos de Alerta Nacional ofrece un marco de análisis riguroso y actualizado para identificar los mecanismos de manipulación en los medios convencionales.

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Puntos clave

La ideología es la variable más determinante de la selectividad informativa en España, configurando dos esferas mediáticas con audiencias que rara vez se cruzan.

Punto Detalles
Ideología como variable principal Los ciudadanos con identidad ideológica definida consumen medios afines con probabilidad muy superior a quienes no se ubican en el eje izquierda-derecha.
Dieta mediática mixta casi inexistente Menos del 1 % de los ciudadanos ejerce un consumo ideológicamente heterogéneo, según datos del CIS y estudios recientes sobre polarización mediática en España.
Framing y agenda setting como mecanismos centrales El sesgo opera principalmente mediante la selección de temas y el encuadre, no solo mediante la desinformación explícita.
Cobertura diferenciada según ideología del medio En ABC, Ada Colau recibió un — de cobertura negativa; en El País, Inés Arrimadas obtuvo un — de cobertura negativa, patrón inverso al esperado sin sesgo.
Propiedad y financiación condicionan la línea editorial Los vínculos accionariales y la publicidad institucional crean incentivos estructurales que van más allá de la preferencia política de los directivos.

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