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Reflexiones sobre el ser de las Fuerzas Armadas

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Enrique Area Sacristán.- Para quién entiende la profesión de militar como un servicio a sus semejantes, que desearía que los conflictos bélicos y las guerras no existieran y que la condición de ser humano social y pacífico prevaleciera sobre todas las demás, es natural y legítimo querer tener un sólido fundamento ético para el desarrollo de su profesión. Esto es consecuencia de la tendencia del ser humano a amparar sus comportamientos en unos valores de referencia, en principios que orienten la acción y den respuestas a lo que está bien y mal. La reflexión sobre los valores que sustentan, da sentido y justifican las funciones, actividades y tareas de los militares profesionales, busca el fundamento ético que rige su conducta profesional. También indago en los principios morales de una profesión que se justifica en el logro de la máxima eficiencia al ganar batallas, actuando en algo tan terrible para la humanidad como es la guerra, aunque no solo en ella.

Esta es la cuestión básica que está en el centro de este artículo: la reflexión ética sobre la profesión militar intentando desarrollar las justificaciones morales para el ejercicio de la misma, teniendo en cuenta que se considera el combate como la función esencial y principal del militar. En él se implica la propia vida y se asume racional y moralmente que produce destrucción y muerte, que se puede llegar a matar y herir a otros combatientes, seres humanos que también destruyen, luchan, matan y hieren en defensa de su vida, intereses, convicciones y valores. Aunque se debe reseñar que la existencia misma de unos Ejércitos organizados y preparados produce efectos pacificadores y disuade e impide que se produzcan conflictos y guerras, siendo este mantenimiento de la paz el primer objetivo de nuestras Fuerzas Armadas.

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Según Josep Baqués, de la Universidad de Barcelona, desde las Fuerzas Armadas españolas se viene asumiendo la necesidad de compensar su dimensión puramente institucional mediante la progresiva asunción de nuevos modos de entender la profesión de las armas. Esto es debido, en buena medida, a que sus miembros están inmersos en unas dinámicas que favorecen la transformación del viejo modelo institucional. En realidad, las influencias que presionan en esta dirección son estandarizables con las existentes en otros países de nuestro entorno. Algunas de esas influencias fueron tempranamente detectadas por Janowitz. Otras fueron añadidas por Moskos. Las más recientes forman parte de un emergente paradigma de FAS postmodemas, que a duras penas puede considerarse cerrado.

En conjunto, podemos aludir a las siguientes: a) la introducción de nuevas tecnologías; b) la progresiva convergencia con diversos colectivos civiles; c) la reducción del peso de viejos hábitos favorecedores del aislamiento del militar y sus familias; d) la transición hacia un modelo totalmente profesional; e) la integración de la mujer en todos los Cuerpos y escalas, en igualdad de condiciones; f) el contacto con Fuerzas Armadas de otros países, a raíz de la creciente implicación en misiones internacionales; o g) la propia fisonomía de estas nuevas misiones, en buena parte relacionadas con “operaciones de apoyo a la paz” (por emplear terminología de la OTAN) o, directamente, de ayuda humanitaria. Todo ello conspira contra los puristas de la lógica institucional.

En concreto, las variables d), e), f) y g) son consideradas, por algunos, como argumentos que favorecen la transición hacia un modelo de FAS que, a fuerza de ser ocupacional, es incluso postmodemo. Pues bien, poco a poco el reto se está alcanzando, aunque con más celeridad en unos terrenos que en otros. Y también, como siempre sucede en estos casos, con diferencias nacionales significativas. Pensemos en un caso típico: el nuevo rol de las Fuerzas Armadas en este siglo, heredado de finales del siglo XX. No en vano, como señala James Burk, “las fuerzas armadas de los países desarrollados evolucionan hacia la posmodemidad una vez que llegó a estar claro que la guerra ya no era el principal, ni mucho menos el inevitable medio para resolver los conflictos existentes entre ellos” (Burk, 1994: 13).

En esta tesitura, como lógico corolario de lo anterior, “la difusión de las fuerzas multinacionales de mantenimiento de la paz, al mismo tiempo que desalienta el uso de la fuerza armada fuera del ámbito de las coaliciones internacionales, limita la tradición de la soberanía nacional, y presiona en favor de la resolución no violenta de los conflictos entre estados y dentro de ellos” (Burk, 1994: 3).

Nótese que todo ello puede contribuir a la erosión de los argumentos citados en el epígrafe de este análisis dedicado precisamente a esbozar las líneas maestras de la justificación funcional de la dimensión institucional de las FAS. Por lo demás, lo decisivo no es tanto que esas variables sean operativas, sino, más bien, que su operatividad sea asumida como algo normal (y hasta deseable) por los propios militares.

Así, un lugar común es que “crecientemente, las misiones humanitarias y de mantenimiento de la paz son percibidas como firmemente establecidas dentro del núcleo principal de las misiones militares, en lugar de ser percibidas como una desviación del verdadero propósito de los militares” (Williams, 2000: 266).

Quizá porque este proceso tiene mucho de irreversible. Y así se asume por parte de los militares. Lo cierto es que en el concreto caso español se puede percibir un intento de canalizar esas tendencias de modo que sean digeribles por la Institución, sin traumas y sin solución de continuidad. Las dos cosas son importantes: tanto el esfuerzo de adaptación como la convicción acerca de la conveniencia de no distanciarse en exceso de los valores tradicionales. De ahí la insistencia en que adaptarse no consiste en renunciar a nada, sino en mejorar lo ya existente a partir de nuevas aportaciones. Es por eso que se aboga por soluciones sintéticas y yo diría que hasta sincréticas, cuya puesta en funcionamiento no tiene por qué ser fácil. En este sentido, los años ochenta y noventa son años en los que se divulgan y asumen los mensajes de Janowitz y Moskos.

En particular, el paradigma INSTITUCIONAL/OCUPACIONAL de este último es objeto de diversos comentarios en artículos y libros escritos por oficiales españoles pertenecientes a los ejércitos de tierra, mar y aire, indistintamente. Ahora bien, de la lectura de dichos textos se deduce que el segundo término de la síntesis deseada no es exactamente el modelo ocupacional de Moskos. En vez de ello se suele aludir a la idea más abstracta de “modernización”.

La ventaja que presenta este concepto, un tanto indeterminado, es que da más margen para aceptar algunas reformas y descartar otras. En particular, aquellos cambios que vayan a afectar a los valores y virtudes militares más tradicionales aparecen envueltos en un halo de circunspección. Y es que existe una lógica profunda que subyace a esta resistencia, una lógica también transversal a las FAS de los distintos países, pero especialmente arraigada en nuestro caso.

En efecto, desde hace bastantes años, los expertos que analizan esta cuestión advierten que, al fin y al cabo, por más especialistas que se integren en las FAS y por más nuevas misiones que se añadan a las clásicas, “la esfera distintiva de la oficialidad es la administración de la violencia” (Van Doom, 1975: 265). El propio Janowitz había señalado, anticipándose algunos años a la situación vivida en nuestros días, que las FAS del futuro acabarían funcionando a modo de una policía internacional. Pero no deja de advertir que, pese a todo, entre los militares “subsisten —en último extremo— las tendencias a asumir el rol de combatiente/luchador para resolver conflictos” (Janowitz, 1985: 87).

Probablemente, ocurre que “más bien, los roles de combatiente, gestor/técnico, y de militar-estadista/militar-intelectual van siendo sucesivamente añadidos, en lugar de ser sustituidos, a medida que el escenario internacional va cambiando” (Williams, 2000: 268).

De ser cierta esta hipótesis, desde luego muy plausible, los respectivos cambios de paradigma en la profesión militar (institucional, ocupacional y, si se desea, postmodemo) poseerían una relación acumulativa, soslayándose en lo posible los juegos de suma cero. Ni que decir tiene que esto incrementa sobremanera la complejidad de la institución militar, obligando a un gran esfuerzo de constante adaptación tanto a los propios militares como, por supuesto, a quienes nos dedicamos a la investigación social extramuros de dicha organización. Pero, más allá de esas dificultades añadidas, así como de los hipotéticos deseos o preferencias de cada cual (deseos y preferencias que, por definición, quedan muy alejados de las ciencias sociales), esta imagen compleja posee una carga explicativa muy considerable.

Por este motivo, la noción de pluralidad que vertebra la obra de Moskos suele ser bien recibida sólo a modo de intuición básica, pero es discutida en su concreción. La segmentación dentro de las Fuerzas Armadas, desde la perspectiva que ha sido objeto de este análisis, posee más inconvenientes que ventajas. No responde bien a los requisitos de la complejidad señalada. Por tanto, la síntesis antedicha tendría que operar dentro de cada unidad. Aunque no es preciso que las dosis respectivas estén repartidas por igual en todas ellas es conveniente que, cuanto menos, aparezcan en unas y otras.

En resumen, todo parece indicar, en primer lugar, que la previsión teórica de esa síntesis concibe unas Fuerzas Armadas que van integrando, con cierta generosidad, los avances derivados del proceso de modernización (doctrinal, orgánica, política y hasta de mentalidad).

En segundo lugar, también van integrando, pero con un talante bastante más prudente, aquello que de más específico posee el modelo ocupacional de Fuerzas Armadas (legitimación en términos de mercado/ compensaciones pecuniarias; pérdida de ciertos privilegios corporativos).

El teniente coronel Área Sacristán

El teniente coronel Área Sacristán

Por tanto, yo aludiría a la existencia de una síntesis entre lo institucional y lo ocupacional, pero a sabiendas de que se trata de una síntesis asimétrica, todavía sesgada hacia lo institucional. Por el momento, puede decirse que hemos abandonado el modelo institucional puro sin que ello suponga que se haya abrazado el modelo ocupacional. Más concretamente, puede aducirse que los elementos ocupacionales se van integrando sí, pero de forma lenta y selectiva, en el erario de unas Fuerzas Armadas que durante muchos años se han encontrado cómodas en el paradigma opuesto. El gran problema que tienen planteado las FAS españolas, en este sentido, es el de avanzar por la senda de la posmodemidad sin antes haber cubierto por completo esta etapa intermedia de la inclusión de los valores de perfil ocupacional entre sus cuadros de mando, lo que no es bueno ni malo en principio si tenemos en cuenta que las Fuerzas Armadas deben estar compuestas por individuos exquisitamente morales.

Y eso porque se plantea en todos los Ejércitos nacionales el concepto de ética militar, se estima más apropiado establecer la reflexión sobre la eticidad del militar, sobre la cualidad de ética que tiene, debe tener, la actividad y la función del militar. Aquí se entiende la eticidad militar como la búsqueda, mediante el análisis y la reflexión sobre juicios morales establecidos, de la coherencia entre valores, principios y objetivos que rigen la conducta profesional del militar en una sociedad y en una época determinada, así como entre las funciones del militar y la forma en que las desarrolla. Las reflexiones teóricas, en la práctica, se traducen en la moral militar, que se podría considerar como el conjunto de reglas y preceptos integrados en un cuerpo coherente, en un código, que oriente o sirva de guía para el ejercicio de la profesión militar, de forma que el comportamiento de los militares se ajuste al mismo y, cuando la adaptación perfecta no sea posible, quede bien definido el paradigma ético de referencia, o el ideal desde el que se juzga su conducta.

Desfile del 12 de Octubre en Pamplona

Desfile del 12 de Octubre en Pamplona

Al militar, en el desarrollo de sus funciones, le resulta esencial tener la convicción de que sus conciudadanos aprueban y apoyan lo que hace, pues solo así adquiere sentido sacrificar no solo el bienestar, sino incluso la propia vida. Sacrificio para cumplir, al servicio de su sociedad, la misión de los ejércitos con los que el militar se identifica gracias a los símbolos. En estos el soldado reconoce su propia individualidad y la subordina a la unidad militar y su cometido. La tesis que se defiende es que ser militar es ejercer las funciones propias de la profesión que alcanzan en la reflexión ética su más definitivo referente en “la utilización de la fuerza en operaciones militares”, o sea el combate letal, función que aunque no es la única a ejecutar, configura por su trascendencia moral la naturaleza de la actividad militar, y alrededor de la cual giran, o deben girar, todas las demás.

En la lucha contra otros seres humanos en defensa de la propia vida, valores e intereses, se ejerce una conducta violenta cuyo posible resultado es matar a otros seres humanos. En todas las épocas y para casi todos los seres humanos (sin duda en nuestras sociedades occidentales), se ha considerado, sea reflexión, creencia o sentimiento íntimo, que el matar es algo inherentemente malo, justo con excepción de la guerra cuando esta puede ser considerada justa.

Pero, finalmente, es esa función letal la que distingue al militar que se forma y prepara para “las situaciones de combate, cualesquiera que sean las misiones de las Fuerzas Armadas y los escenarios de crisis, conflicto o guerra”, actuando con eficiencia y convencido de la justicia y moralidad de su propia causa, así como de la posibilidad de muerte, tanto de seres humanos que combaten en el otro bando, como de compañeros del propio.

Desde un punto de vista ético es esencial ese convencimiento de la rectitud de la propia causa, apoyada en el conjunto de hechos y razones que hacen inevitable un conflicto o guerra cuando esta satisface los parámetros y condiciones para su justicia. La eticidad del militar alcanza su convicción moral personal en la posibilidad cierta de la muerte u otras consecuencias muy graves para la integridad personal, que acepta voluntariamente como riesgo propio. Y que debe asumir también como riesgo ajeno, tanto en el caso de los subordinados militares sobre los que se ejerce el mando, por cierto, la actividad inherente del militar en el desarrollo de su profesión, como en el de aquellos militares que asesoran o proporcionan apoyo técnico o de cualquier otro tipo, pues su objetivo final de referencia es el empleo legítimo de la fuerza letal.

Dado pues que la profesión de militar incluye en su naturaleza el producir destrucción y muerte y la esencia de la guerra lleva implícita la posibilidad y necesidad de provocar aniquilaciones y estragos, hay que dar las razones que fundamenten éticamente el ejercicio de la actividad militar. La primera justificación ética de esa función de combate, que se considera la esencial del militar, es el compromiso de los ejércitos con la paz.

Desfile militar en Melilla

Desfile militar en Melilla

En España la norma fundamental que rige su ordenamiento jurídico es la Constitución de 1978 (CE). En ella se establece que la misión de las Fuerzas Armadas es “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Esta sencilla descripción implica que las FAS deben defender los valores esenciales que inspiran nuestra convivencia democrática y que son la libertad, el imperio de la ley y la justicia, la igualdad y la dignidad del ser humano, el bien común y también la paz, recogidos por la Constitución así como la voluntad de lograr “relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la tierra”.

La responsabilidad de los Ejércitos y la Armada con la paz es plenamente coherente con el “derecho y el deber de defender a España” que tienen los españoles. Nadie quiere participar en una guerra o en un conflicto, pero será necesario hacerlo intentando volver lo antes posible al estado de paz, después de haber combatido y ganado en esa lucha.

Este es la responsabilidad con la paz que tienen los que forman parte de las FAS, los militares españoles, y que reafirman en un juramento o promesa.

*Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca.


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Algo huele mal en la jefatura de la Guardia Civil: ¿El honor de este General? Ni se divisa: El número 2 de la Guardia Civil dice que trabajan para «minimizar» las críticas al Gobierno

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Si alguien tenía dudas sobre los objetivos que persigue el Gobierno en su supuesta lucha contra la desinformación, hoy, el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el General José Manuel Santiago, lo ha dejado claro. El mando policial, en la rueda de prensa diaria del comité técnico de gestión de la crisis del coronavirus, ha reconocido que el instituto armado trabaja en «minimizar todo ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno».

José Manuel Santiago ha explicado que la labor de defensa del Ejecutivo es una de las dos líneas de trabajo de la Jefatura de Información de la Guardia Civil. La otra línea, ha dicho el coronel, es «evitar el estrés social que persiguen todos estos bulos».

Desde hace varias semanas, a petición del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, los cuerpos y fuerzas de seguridad monitorizan las redes sociales a la búsqueda de bulos y desinformación.

El Gobierno, según han detallado varios de sus miembros en ruedas de prensa, trabaja intensamente para poner coto a la desinformación. En definitiva, para acallar en las redes sociales a aquellas personas que critican su gestión a través de las redes sociales. Un objetivo confirmado hoy por uno de los máximos responsables de la Guardia Civil y que dejan al descubierto el ataque a la libertad de información que persigue Moncloa. [SIGUE MÁS ABAJO]

Además de monitorizar las redes sociales, el Ejecutivo también está trazando un plan para limitar el trabajo de los medios de comunicación que no siguen al dictado las órdenes de la Secretaria de Estado de Comunicación. Camuflando esa censura en una mayor protección de la ciudadanía en un momento de crisis el Gobierno avanza en sus planes de amordazar a la prensa crítica. [SIGUE MÁS ABAJO]

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Cabe recordar que hasta hace pocas semanas Moncloa elegía y censuraba las preguntas de los periodistas que, diariamente, tenían que responder los miembros del Gobierno. Esa fórmula indignó a los profesionales de la comunicación que, por primera vez, firmaron un manifiesto conjunto con más de 500 periodistas adheridos.

El descontento con la frase lanzada por Santiago ha ido mucho más allá: ha generado malestar incluso entre sus propios compañeros de profesión. Sin ir más lejos, una de las críticas que ha recibido llega por parte de alguien que le precedió en lo que respecta a los altos mandos de la Guardia Civil.

La crítica de todo un ex Director General del cuerpo

Joan Mesquida, ex director general de la Guardia Civil, ha decidido usar Twitter para mostrar su sorpresa con respecto a las declaraciones de José Manuel Santiago. El hoy vicesecretario general de la Comisión Ejecutiva Nacional de Ciudadanos ha manifestado lo siguiente: “Como ex Director General de la Guardia Civil no doy crédito a las palabras del General. Investigar las críticas a la gestión del Gobierno es totalmente inaceptable. Me gustaría saber quién ha dado esta orden claramente inconstitucional y una malversación de recursos públicos”.

Mesquida ha lanzado su opinión a raíz del tuit de un excompañero de partido, Pablo Cambronero. Policía nacional, ha considerado “gravísimo” lo ocurrido en la comparecencia de este domingo por la mañana. Al igual que la inmensa mayoría de usuarios de la red social de los 140 caracteres que han reaccionado a los mensajes de ambos.

“Usted no da crédito, los demás tampoco, por favor, la guardia civil NO, no deje que la mancillen ,que la arrastren con ‘ellos’. No ensucien el honor de la guardia civil”, se ha lamentado una tuitera. “Prevaricación, malversación, atentado contra los derechos fundamentales, abandono de la neutralidad política de todo funcionario. Y más y más”, ha comentado otro.


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Enrique Vivero, coronel, Diplomado de Estado Mayor y experto en Administración de Recursos: «La guerra biológica es también objeto de la Defensa nacional»

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Luis Romero.- Enrique de Vivero Fernández inició su brillante carrera militar en el Sáhara cuando todavía era una de las provincias españolas. Vinculado siempre a la Legión (estuvo al frente del legendario Tercio Gran Capitán I de La Legión entre 2000 y 2002), ha participado en numerosas misiones internacionales y ha estado destinado en puestos de Estado Mayor. Católico practicante, Enrique de Vivero Fernández hizo siempre del compromiso ético con España una de sus principales razones de ser y de existir.

En un contexto de incertidumbre como el actual, donde la gestión de recursos, tanto de salud pública, como económicos y políticos, para la detección y prevención de riesgos está dejando mucho que desear, hemos entrevistamos al que sin duda es uno de los mayores expertos españoles en la materia.


– ¿Cómo es posible que hallamos llegado a esta situación con el coronavirus?

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En mi opinión, hay dos causas fundamentales: imprevisión e intereses de poder.

La imprevisión viene de antes de enero de este año, cuando según el ministro de Ciencia, se conoció la existencia del COVID-19. La capacidad nacional de gestión de emergencias ha sido debilitada de una forma irresponsable en varios frentes, también en el militar con la excepción de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Todavía pesa la idea disfrazada de buenismo de que invertir en medios militares es per-se belicista y por tanto incompatible con la sociedad del bienestar. Este discurso ha servido para reasignar recursos a otras partidas, buscando réditos políticos. De forma flagrante, se está demostrando que se necesita a lo militar en la propia defensa de la vida de nuestros compatriotas en situaciones no bélicas convencionales. Nada nuevo bajo el sol: In pacem, para bellum (Julio César).

– ¿Quiere decir con ello que la UME no es suficiente?

La UME es un acertado complemento operativo militar a las situaciones de emergencia civil, lo que en esencia confirma lo que he dicho antes. Y ha demostrado que la experiencia militar es muy útil para la sociedad a la que sirve, siempre que la política no sea un obstáculo.

Los recursos humanos, materiales y de infraestructuras se deben dimensionar respecto a necesidades habituales y excepcionales. Para las necesidades habituales tenemos los medios civiles, tanto sanitarios como de Protección Civil, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, entre otros. Como español, vaya por delante mi agradecimiento por la labor que están haciendo.

Sin embargo, las situaciones de emergencia no requieren sólo de unidades operativas, como demuestra esta pandemia. El desconocimiento del COVID-19 ha superado nuestras necesidades previsibles, poniendo de manifiesto la escasez infraestructuras de aplicación inmediata que bien existían, bien existen pero están abandonados.

En junio de 2019, el Gobierno desmanteló la Agrupación del Ejército de Tierra encargada en montar hospitales de campaña en 24 horas frente a ataques bacteriológicos, nucleares y químicos.

Cada hospital dispondría de 90 camas, tres quirófanos, y servicios de telemedicina con el Hospital militar Gómez Ulla, referencia en Defensa. Su capacidad operativa habla por sí misma, según los estándares de la OTAN ROLE 2 Bravo/Eco, con capacidades mínimas cada 24 horas de al menos estabilizar 50 pacientes, 10 cirugías, medidas de soporte vital avanzado y reanimación en heridas leves a 100 pacientes, 3 camas de UCI de alta rotación, etc. Si China levantó un hospital de 1000 camas en 10 días, nuestras Fuerzas Armadas tenían una capacidad similar prevista. Pero siempre podemos hacer mas: en IFEMA, El Ejército ha instalado 5.500 camas en 48 horas.

Por otro lado, los edificios que todavía hoy tiene el Ministerio de Defensa en el Paseo de Extremadura en Madrid están abandonados. Algunos podrían estar preparados para estrictas Emergencias con bajo coste de mantenimiento relativo y alta capacidad de reacción. O el caso del Hospital Militar de Sevilla, hoy abandonado al vandalismo, con 83.000 m2, en su día 750 camas y algo que hoy sería muy útil: un helipuerto.

En una situación de UCIs saturadas y falta de camas, no olvidemos a los enfermos por causas distintas al famoso virus. Imagine si un caso grave, que es atendido por una ambulancia en un protocolo rutinario de 8 minutos, sólo puede serlo en 30 minutos, o que al llegar a la UCI no haya capacidad de respuesta rápida. La redistribución de atención por especialidades y urgencia contando con la infraestructura militar, hubiera facilitado también garantizar el nivel de atención a otros enfermos.

La capacidad de España para afrontar el desafío hubiera sido, en cuanto a medios e infraestructura militares al servicio de la población civil, muy rápida. Y debemos tomar nota, porque las guerras modernas van a dejar de parecerse a las que ahora nos parecen convencionales.

– ¿Y de otros medios, por ejemplo equipos?

Primero habría que equipar con medios adecuados a los miembros de los servicios civiles. Por respeto a su trascendente trabajo y responsabilidad hacia la ciudadanía de los que ellos forman parte. Las Fuerzas Armadas deben estar para las situaciones excepcionales, cuando los servicios civiles necesiten ser complementados, como ahora.

4. Hace pocos días, el director operativo adjunto de la Guardia Civil, don Laurentino Ceña informó que todos los dispositivos que están en la calle tiene los medios oportunos de protección.

Desde mi retiro no puedo contrastar esa información, pero si es verdad lo que aparece en ciertos medios, en menos de dos semanas después de las primeras alarmas de China los servicios internos de Prevención de Riesgos Laborales de la Policía Nacional avisaron de la que se venía encima a un cuerpo con 65.000 efectivos. Además, recomendaban medidas concretas como utilización de guantes, evitar aglomeraciones, entre otras. Lo cierto es que a día de hoy circulan muchas noticias que muestran quejas de sanitarios, integrantes y sindicatos de la Guardia Civil y Policía Nacional, por la falta de equipación (EPIs) y asunción de riesgos innecesarios. No hay mas que leer el comunicado del padre de un joven Guardia Civil fallecido. Si eso se contrasta con las declaraciones del señor Pedro Sanchez en las que dice que nuestras Fuerzas de Seguridad no son un gasto superfluo… alguien no está contando la verdad.

– En su opinión, ¿qué se debería haber hecho, y qué se debe hacer ahora?

Primero, no celebrar una manifestación innecesaria a la fecha del 8 de marzo en Madrid, ignorando los avisos hasta de la Organización Mundial de la Salud.

Segundo, no desviar fondos públicos, cuando ya se conocía el riesgo pandémico, para pagar pactos con los separatistas.

Tercero, una buena gestión de compras internacionales de equipos, como mascarillas, que por hacerlas tarde, llegarán aún con mas retraso por entrar tarde en la cadena de producción de las fábricas que ya están a pleno rendimiento. Que el 12% de los sanitarios ya esté infectado, y que todavía no se hayan iniciado los tests de contagio masivos, son datos que hablan por sí mismos.

Cuarto, la descoordinación que el sistema autonómico está produciendo. Por ejemplo, un hospital en Toledo terminado no une su capacidad a la infraestructura de Madrid por decisión del Gobierno autonómico, pero el Hospital de Osuna transforma un Archivo en centro de atención a pacientes y se monta un hospital ex novo en IFEMA; en las cárceles catalanas fabricando mascarillas que se venden a Italia… Cada región por su lado, cuando Francia y Alemania están iniciando colaboración transfronteriza.

Ahora, el tiempo es oro mas que nunca: hacen falta medidas masivas y ejecutivas. Entre las mas conocidas en los medios, como son los EPis, los respiradores y las mascarillas, destacaría la importancia de los tests masivos, la trazabilidad de los infectados, el aislamiento relativo de la población vulnerable y tan pronto se obtenga una vacuna, incluirla en el calendario de vacunación masiva anual. Y todo ello en base a que en el sudeste asiático ya hay aplicaciones informáticas que permiten la trazabilidad, tras los tests masivos. El índice de contagio y mortandad a partir de los 45 años crece entre el 200% y el 400% según los rangos de edad, si los datos del Ministerio son correctos.

La inclusión en el calendario de vacunas no es baladí: Un virus como el COVID-19 o el de la gripe (de base ARN, acido ribonucléico) muta 100 veces mas rápido que uno de base ADN, y en la situación actual el COVID-19 tiene millones de oportunidades para hacerlo.. y a más oportunidades, más éxito de mutación.

¿Y sabe lo que significa todo esto si no se es efectivo en las medidas? Algo que no tiene previsto ni los mejores sistemas sanitarios del mundo, como el español: El colapso.

– ¿Es usted optimista?

No debemos ser pesimistas. España ha salido siempre de situaciones muy adversas a pesar de no haber tenido normalmente suerte con sus dirigentes. España somos todos y cada uno de nosotros, hagamos lo que debemos con solidaridad y generosidad. Mi reconocimiento a las iniciativas privadas que están participando con fondos, estructuras empresariales o religiosas, o incluso particulares que con sus propias manos están haciendo mascarillas.

Una vez más, el espíritu de los españoles solidario y con alta capacidad de padecimiento, supera la insensatez de sus dirigentes. Parece un sino histórico, ante el que de nuevo estaremos a la altura.

Y los gobernantes deberían sacar una lección de esta crisis: la guerra biológica es también objeto de la Defensa nacional.


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Jefe de la UME: “La situación en las residencias de mayores es preocupante”

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El jefe la UME, el Teniente General Luis Manuel Martínez Mejide, ha advertido este sábado que “la situación en la que se encuentran nuestros mayores es verdaderamente preocupante”. Y es que, señala, las residencias de mayores, por sus características, “a lo mejor no tienen ese personal sanitario como tienen los hospitales, que también están sufriendo una situación de saturación”. Subraya que en las residencias de mayores “hay un número importante de personas infectadas y fallecidos”.

Y es que, en este momento, las tareas principales de la UME están orientadas a contribuir a la desinfección de puntos de tránsito y de mayor tráfico de personas. “Desinfección de residencias de mayores, que se está convirtiendo en la piedra angular de la misión, desinfección de salas de control de aeropuertos, zonas críticas, para que los trabajadores puedan ejercer su labor sin enfermar”, explica el Teniente General. “La principal tarea es no enfermar, y todos tenemos que contribuir a esa tarea de no enfermar”.

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En este momento la UME está contribuyendo con aquellos ayuntamientos que tienen grandes instalaciones como IFEMA. El principal aporte de la Unidad Militar de Emergencias en estos centros está en el “conocimiento y la experiencia que tenemos en el exterior para montar organizaciones hospitalarias o campamentos”, así como la “capacidad de transporte, logística o trasladar enfermos de unos hospitales a otros”.

En la misma madrugada de este viernes, la UME ha contribuido con el SUMA de Madrid para trasladar a 50 pacientes de un hospital en el que estaban en la UCI y, “como se les consideraba menos grave, que no saturaran los hospitales”. “Este es uno de los éxitos de la misión, porque este mando único es el que evita que haya duplicidades o que haya puntos que no reciban el apoyo que se necesita”.

LA UME, EN CATALUÑA: “PARA NOSOTROS NO HAY REGIONES”

Respecto a Barcelona, especifica el jefe de la UME que contribuyen “a la desinfección del Prat, del puerto de Barcelona y se nos solicitó desde el Ayuntamiento montar un albergue en la Fira de Barcelona”. “Es el Ejército el que tiene las capacidades, nosotros damos el apoyo en ‘expertise’, cual es la mejor disposición para montar ese albergue”.

El Teniente General se desmarca de posturas políticas y rechaza valorar la polémica entre el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, que le acusaba de “deslealtad”. “No podemos entrar en cosas políticas, no tenemos tiempo, no entramos en territorios y regiones, nosotros entendemos de gente, los vínculos con Cataluña son familiares, personales, cuando estamos en Cataluña o en País Vasco es como nuestra propia casa”.

“El pueblo español es un pueblo maravilloso, con una capacidad de iniciativa, cuando entiende una misión, somos capaces de los mejor y estoy verdaderamente orgulloso de la sociedad española”, concluye.


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La Comunidad de Madrid instalará un hospital en el IFEMA para personas con coronavirus con la ayuda de la UME

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La Comunidad de Madrid ha diseñado un plan, en colaboración con el Ministerio de Sanidad, para instalar en los próximos días un hospital provisional específico de coronavirus con 5.500 camas en las dependencias del recinto de IFEMA, que contará también con atención de cuidados intensivos. Para ello, está trabajando con la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, lo ha anunciado en rueda de prensa este jueves. Tras destacar la «estrecha colaboración» con la que está trabajando el Ministerio con la Consejería de Sanidad madrileña, ha destacado: «Todos los madrileños y españoles pueden sentirse tranquilos» porque el Gobierno «va a reforzar el papel de las autonomías» en la gestión de la crisis.

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El objetivo principal de esta nueva dotación sanitaria será dar una respuesta adecuada a las necesidades de hospitalización y atención en UCI que se producirán, debido al repunte de nuevos casos que se están previendo para la región en los próximos días.

El número de fallecidos con coronavirus en la Comunidad de Madrid ha aumentado en 130 personas en 24 horas, hasta sumar 628, el 62,7 % de todas las muertes registradas en el país, que acumula 1.002 muertos y 19.980 casos de coronavirus. Madrid es la región que registra más «tensión» sanitaria debido a los casos, ha reconocido Illa.

Las autoridades madrileñas han estado en contacto con responsables del Gobierno de España en las últimas horas para diseñar de manera conjunta esta nueva dotación sanitaria. Su puesta en funcionamiento se producirá a lo largo de los próximos días.

La Comunidad urge a la entrega de material sanitario

Este viernes, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, ha urgido al Gobierno a entregar respiradores para las UCIS, equipos de protección individual (EPI) para los sanitarios y otro tipo de material sanitario porque la situación «es dramática» y «no están llegando». También la presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso, acusó al Gobierno el jueves de «requisar» en las aduanas el material necesario.

En este sentido, Salvador Illa ha negado que se esté bloqueando la entrega de mascarillas.»Hemos mandado mascarillas a todas las comunidades autónomas conforme nos han ido pidiendo. No hay requisación ni impedimento en aduanas», ha afirmado rotundamente Illa en rueda de prensa.

Ha informado de que a fecha de hoy se han repartido un millón y medio de equipos de protección personal a las comunidades autónomas de forma «equitativa» y este mismo viernes se han enviado a la Comunidad de Madrid 324.000 mascarillas, así como otras 245.000 a Andalucía.

Pero ha pedido entender que hay escasez de estos equipos ya que la demanda es grande a nivel internacional. «Estamos trabajando para recibir un suministro regular de estos productos», ha destacado el ministro, incluyendo entre ellos a los respiradores.

A su vez, ha afirmado que se ha pedido «aumentar la capacidad de producción» a las empresas que producen estos equipos, y ha sentenciado: «Estamos trabajando con la máxima intensidad, complementando a las comunidades autónomas».


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