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Opinión

Somos Identitarios, contra la globalización y la inmigración masiva

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Somos Identitarios es un partido político nacido en junio del año 2016, que tiene su origen en Cataluña y con la perspectiva de proyectarse a nivel de España.

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En Somos Identitarios somos conscientes del vacío de representación que existe en el espacio electoral de partidos identitarios. Había que crear, pues, un nuevo partido, con perfil propio, en el que pudieran sentirse representados los ciudadanos que se habían quedado huérfanos de representación”, apuntan.

Era necesario un proyecto identitario que evite las consecuencias nefastas que suponen para nuestra supervivencia la globalización, el capitalismos y la inmigración masiva“, dicen.

Es urgente hacer un giro social hacia la izquierda sociológica como defensa política de los intereses morales y materiales de los trabajadores del país, principales perjudicados por la actual política de inmigración”.

Anglada ha añadido que “Somos Identitarios trabajará para regenerar la democracia en Cataluña y España a través de una formación identitaria que lleve a cabo políticas nuevas i distintas para acabar con la corrupción.

La defensa de la nación española y de Europa como civilización es fundamental para defender la cultura social y laboral europea para defender a los trabajadores y a las clases populares frente a las élites político-financieras.

Este es el Manifiesto ideológico de Somos Identitarios (SOMI) sobre las consecuencias de la globalización, el capitalismo y la inmigración masiva:

  1. Las naciones de Europa se aprestan hoy a un combate de carácter histórico contra el capitalismo global. Estamos en los comienzos de una lucha profundamente revolucionaria.

En Europa toda lucha política revolucionaria tiene que basarse en una idea racional que sea más racional que todas las ideas que compiten con ella. Esto es así porque la historia ha demostrado que, en el medio y largo plazo, Europa marcha siempre hacia mayores niveles de racionalidad.

En consecuencia, una lucha revolucionaria necesita identificar una idea última que la informe y la gobierne y que resulte ser la portadora de la racionalidad histórica de la época. Hoy, para nosotros, esa idea sólo puede ser la preservación de la civilización europea. Hagamos entonces solamente no más que un intento de caracterizar a nuestra civilización. Intentémoslo primero a través de sus cuatro grandes valores:

-el conocimiento riguroso, como acercamiento racional a la realidad;

-el deber, como mandato de la racionalidad práctica;

-el amor, como empatía con todos los seres capaces de sufrir;

-la belleza, en la naturaleza y en el arte.

Para seguir caracterizándola, debemos señalar que nuestra civilización exige de la sociedad, para considerarla una sociedad civilizada, que satisfaga las condiciones siguientes:

-que esté dirigida a propiciar el desarrollo de la racionalidad y, por tanto, que respete las libertades cívicas que permiten al ciudadano pensar, investigar, expresarse, asociarse y manifestarse libremente, y que a la vez eduque a los ciudadanos para que desarrollen el sentido del deber y el temperamento que permite cumplirlo, incluso en las condiciones más desfavorables;

-que no admita más desigualdades que las que están justificadas por los méritos o las capacidades o por el bien común de todos los ciudadanos;

-que sea una sociedad democrática, basada en la soberanía popular, en la que las decisiones políticas no estén reservadas a una persona o a un grupo sino que emanen del pueblo;

-que en ella la economía esté al servicio de la comunidad, controlada por el poder político y sometida a mecanismos de solidaridad que aseguren la cohesión social; es decir, las conquistas sociales de los trabajadores en los últimos ciento cincuenta años son parte esencial de la civilización como los europeos la entendemos.

Erigir la defensa de la civilización europea como eje ideológico de una lucha política sólo tiene sentido si esa civilización está bajo una amenaza de dimensiones históricas: hacer política revolucionaria es hacer historia y para hacer historia hay que captar el sentido del momento histórico, es decir, hay que identificar qué es lo que está históricamente en juego en el punto de la historia en el que se opera.

El sentido de nuestro momento histórico es este: la civilización europea está hoy amenazada por un avatar del capitalismo salvaje: el capitalismo global. El capitalismo global destruye las bases, es decir, las condiciones de posibilidad de la civilización como la entendemos. Por una parte, el capitalismo global mina las bases naturales de la civilización, esto es, sus condiciones naturales de posibilidad, y, por otra parte, socava igualmente sus condiciones sociales de posibilidad.

El capitalismo global amenaza las condiciones naturales de posibilidad de la civilización europea eliminando progresivamente la población que ha creado esta civilización a lo largo de los últimos 2.500 años: no hay garantía alguna de que la civilización, tal como la conocemos y valoramos, pueda sobrevivir a la desaparición de la población que la creó. Y amenaza igualmente esas condiciones destruyendo el medio natural que es imprescindible para el mantenimiento de una vida humana digna de ese nombre.

Además, el capitalismo global amenaza las condiciones sociales de posibilidad de la civilización europea al menos de tres maneras:

-destruyendo la tradición cultural y moral europea;

-sustituyendo la democracia por el poder del dinero y sustituyendo los procesos democráticos de toma social de decisiones por los mecanismos del mercado global;

-eliminando el sentido social de la economía: el capitalismo global es intrínsecamente neoliberal y está aprovechando la apertura de los mercados a nivel mundial para destruir las conquistas de las clases trabajadoras en los últimos 150 años, conquistas que son ahora parte integrante de nuestra civilización.

  1. Todo movimiento político necesita analizar quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos. Sus amigos se convertirán en su clientela política potencial.

Una lucha política por la civilización europea y contra el capitalismo global tendrá en Europa como aliados naturales a las clases trabajadoras y a las pequeñas empresas; tendrá como enemigos al gran capital y a la clase política ligada a él. Igualmente tendrá como enemigos a los transmisores de la ideología dominante, a quienes, diciéndose de izquierdas o de derechas, son en realidad neoliberales o meros ‘progres’ apegados a los dogmas de la superestructura ideológica del capitalismo global; y éstos son esencialmente los medios de comunicación.

La globalización es consecuencia de la dinámica del capitalismo y parte del credo neoliberal: es esencialmente la libre circulación de mercancías, capitales y mano de obra. A su vez el neoliberalismo es consecuencia de la concepción individualista del ser humano como un yo puro, un yo sin contexto o circunstancia, un individuo sin vínculos comunitarios; es consecuencia de la falsificación sistemática de la naturaleza humana. El ser humano no es ese yo perfectamente autodeterminado que los pensadores liberales de la Ilustración querían dueño absoluto de sí y de lo suyo, capaz de vincularse con sus semejantes solamente a través de contratos. Es esta falsificación racionalista del ser humano la que ha

desembocado históricamente, como en su producto final, en el capitalismo global: el mercado global -esa vertiginosa maraña de contratos- es el contenido real, la materialización histórica de la falsificación individualista de la naturaleza humana. La concepción del hombre como un yo puro sobrevivirá con el triunfo de la globalización o sucumbirá con su fracaso porque la barbarie de la globalización capitalista es el secreto desvelado de las ideologías que se articulan sobre la concepción del hombre como un individuo puro; es la conclusión que la historia deduce de sus premisas. La falsificación racionalista de la naturaleza humana no es una ganancia de racionalidad sino una merma, porque una merma de razón es lo único que la mentira puede aspirar a ser.

En esta circunstancia histórica hay tres intereses que convergen llamativa y poderosamente:

-los intereses morales de quienes están dispuestos a luchar por ese milagro de la historia que llamamos civilización europea;

-los intereses ideológicos de quienes defienden una concepción del hombre alternativa, patriótica y comunitaria;

-los intereses económicos de las clases trabajadoras en lucha por la defensa de sus conquistas sociales.

A nivel abstracto esto es así porque todos esos intereses son enemigos del capitalismo global y ante tamaño enemigo la definición política esencial es a favor o en contra.

Pero la historia tiene tramas mucho más concretas. El capitalismo global, mediante la anulación de facto de las fronteras nacionales, ha puesto a competir a los trabajadores de Europa con los trabajadores del resto del mundo, cinco veces más numerosos y con salarios medios siete veces más bajos. Esta competencia se realiza a través de tres mecanismos:

-la inmigración masiva;

-la deslocalización y la concentración de las inversiones en el tercer mundo;

-las importaciones desde países que producen con dumping social y ecológico, es decir, con salarios de miseria, con condiciones laborales de semi-esclavitud y sin pagar impuestos para la protección del medio natural.

Mientras los trabajadores europeos perciban salarios más altos o disfruten de mejores condiciones salariales:

-serán despedidos, si no aceptan salarios menores y peores condiciones laborales, para ser paulatinamente sustituidos por inmigrantes;

-serán despedidos, si no aceptan salarios menores y peores condiciones laborales, porque la producción se trasladará a países con mano de obra más barata;

-serán despedidos, si no aceptan salarios menores y peores condiciones laborales, porque sus empresas no podrán competir con las que producen en el tercer mundo y exportan a Europa.

El proceso sólo terminará cuando

-los salarios reales de los trabajadores europeos hayan descendido hasta igualarse con los del tercer mundo;

-cuando sus condiciones de trabajo hayan empeorado sustancialmente y ellos estén incondicionalmente en manos de las empresas;

-cuando las cotizaciones sociales, y con ellas las prestaciones sociales, hayan disminuido hasta hacer desparecer el estado del bienestar.

Es decir, será un proceso de tercermundización que desembocará en la restauración del capitalismo salvaje y la consiguiente destrucción de las conquistas sociales de los trabajadores en Europa; ahora bien, como las conquistas sociales de los trabajadores son elemento integrante de la civilización europea, el proceso llevará a la destrucción de la misma civilización europea.

Lo que la globalización significa en términos sociales es esencialmente esto: los trabajadores dejan de estar protegidos por sus estados nacionales (de las patrias que en su lucha conquistaron e hicieron solidarias), de modo que sus vidas empiezan a estar en manos de los mercados mundiales. El final del siglo XX vio romperse el pacto fordista-keynesiano, que había limado la lucha de clases desde 1945. Desde los años ochenta el gran capital ha lanzado una nueva lucha de clases, dirigida contra los derechos de los trabajadores y contra la economía social. Los trabajadores tarde o temprano responderán alzándose contra el capitalismo global. Y sólo podrán hacerlo buscando sustituir la lógica del dinero por la lógica democrática, la lógica de los mercados por la lógica política, es decir, apelando al poder político de los estados nacionales. Pero el fundamento de esos estados es la identidad nacional y cultural de las poblaciones. Por eso, la rebelión de las clases trabajadoras es lo único que se interpone entre nosotros y la sustitución de la civilización por el capitalismo salvaje, y esa sublevación será una revolución contra los mercados y por los estados nacionales. En consecuencia, la lucha obrera, la lucha patriótica y la lucha por la civilización europea han sido unidas por la historia con lazo tan fuerte que el hombre no podrá separarlas.

Y ese lazo alumbrará nuevas ideologías, que serán nuevas concepciones del ser humano.

Para poner en pie la lucha social y nacional en el siglo XXI hay que comprender la naturaleza del capitalismo global y la de su única alternativa posible: la revolución social y patriótica. Todo lo demás es tontería. Quienes digan defender a los trabajadores y luchar contra el capitalismo pero renieguen de las fronteras e identidades nacionales, defiendan la inmigración y el libre comercio sin restricciones, no defienden a los trabajadores ni luchan contra el capitalismo: hacen el juego al capitalismo y paralizan la lucha de los trabajadores, dificultando que estos reconozcan las causas de su creciente sufrimiento y las correspondientes soluciones. Esos constituyen esa izquierda, ya falsa por vieja, que, ignorando cómo luchar contra el capitalismo global, se dedican a expandir la ideología antipatriótica que allana su desarrollo.

Y la única manera de revertir el proceso globalizador para preservar nuestras tradiciones culturales y los valores de la civilización europea consiste en apoyarse en los intereses de los trabajadores: quienes no vean que toda lucha por las identidades nacionales y por la civilización pasa hoy por una posición social y económica anticapitalista serán absolutamente incapaces de contribuir a esa lucha y se convertirán en aliados objetivos de los globalizadores.

  1. El arma más poderosa del capitalismo es la ideología.

El control moderno de las masas no se realiza generalmente a través de la violencia o la coerción física sino mediante el control mental: en palabras de Marx, mediante la superestructura ideológica.

La superestructura ideológica del capitalismo global es el falso “antirracismo” de los políticos y los medios de comunicación. No es un antirracismo sincero, entendido como defensa de los pueblos y las personas contra la opresión de otros pueblos o contra las discriminaciones injustas: ese verdadero antirracismo lo asumimos y lo proclamamos. Pero no es ese el antirracismo que transmiten los medios de comunicación.

Lo que transmiten es un falso antirracismo que se presenta como anti-patriotismo y anti-identitarismo, es decir como negación del derecho de los pueblos a su identidad y a regir sus destinos dentro de sus legítimas fronteras. Se trata de un antirracismo diseñado para paralizar en el alma de los trabajadores, y mediante el sentimiento de culpabilidad, las protestas contra la inmigración, la deslocalización y las importaciones con dumping social y ecológico. Se trata de un antirracismo diseñado para obligar a los pueblos a abandonar el control democrático-político de sus vidas en manos de los mercados. Se trata de un antirracismo que es en realidad un racismo anti-blanco, que pretende infiltrar en el sentir de los trabajadores a los que quiere dominar un sentimiento de culpabilidad que atenace su capacidad para ver claramente la realidad y para alzarse eficazmente para transformarla.

El falso antirracismo de los políticos, de los medios de comunicación, de los libros de texto no es más que una superestructura ideológica diseñada con el propósito de hacer bajar los salarios, para empeorar las condiciones de trabajo y para desmantelar el estado del bienestar.

La defensa de los derechos de los trabajadores europeos, la defensa de la civilización europea, la defensa del derecho de los pueblos a ser dueños de su destino y a conservar su identidad, no es racismo. Oponerse a la invasión migratoria que va a destruir la identidad y las conquistas sociales de Europa no es racismo, no es oponerse al inmigrante. Y no lo es porque sólo si Europa se mantiene como fortaleza social y civilizatoria, como plaza fuerte de las conquistas sociales y civilizatorias de la humanidad, será posible evitar que la humanidad entera se sumerja en la barbarie del capitalismo salvaje. Europa debe erigirse en fortaleza social y civilizatoria para que su coraje en la lucha por la justicia sea ejemplo y semilla para la lucha de los trabajadores por sus derechos en el mundo entero. Luchando por los derechos de los trabajadores españoles y europeos, luchamos a la vez por los derechos de los trabajadores del mundo entero.

Si los medios de comunicación (es decir, los transmisores canónicos de la ideología del capitalismo global) tachan de racismo a nuestra posición, la razón última es que nuestra lucha por la identidad amenaza al capitalismo y a los intereses del dinero.

  1. Los europeos tenemos varios niveles de identidad. Somos bávaros o provenzales o galeses o gallegos. Somos españoles, alemanes o franceses. Somos europeos.

El patriotismo de los trabajadores, el que tiene que enfrentar y vencer al capitalismo global, debe respetar todos esos niveles de identidad. Cualquier centralismo jacobino que ahogue la identidad de las regiones de Europa peca contra el derecho de los pueblos a su identidad. Y los nacionalismos separatistas pecan contra la necesidad de apuntalar los estados nacionales para hacerlos más fuertes que el poder del dinero, más fuertes que los mercados, más fuertes que sus enemigos. Finalmente, cualquier sentimiento antieuropeo basado en exclusivismos nacionales peca contra la patria futura de los trabajadores europeos y la cuna de nuestra civilización compartida. Examinemos este último punto.

El primer gran intento de globalización capitalista se quebró en la crisis del 29 y dio lugar a un resurgir de los nacionalismos. Estamos ahora en otro nivel de la historia. Ninguna nación europea podrá jugar en solitario un papel relevante en la política mundial. Sólo Europa podrá hacerlo. Los actuales estados nacionales europeos deben constituirse en los ladrillos de la construcción europea, de una confederación europea que actúe a nivel mundial como un solo agente político para defender los valores de nuestra civilización. A pesar de que la Unión Europea y la Eurozona son creaciones del capitalismo, concebidas como grandes espacios para el neoliberalismo y como pasos hacia la globalización, nosotros no debemos destruirlas sino más bien conquistarlas y cambiarlas de signo hasta dotarlas de carácter social, identitario y civilizatorio. Igual que durante siglos los estados nacionales sirvieron a los intereses de la burguesía hasta que los trabajadores y su lucha los conquistaron e inculcaron en ellos la dimensión social y solidaria que hoy estamos en trance de defender, de esa misma manera los trabajadores conquistarán y transmutarán el monstruo neoliberal que hoy llaman Europa en una confederación a la vez social y verdaderamente comprometida con la identidad y la civilización europeas.

  1. Nadie puede adivinar el futuro.

Pero hay razones para la esperanza. El capitalismo global se convierte progresivamente en un modo de producción ineficiente. Los mercados, cuanto más independientes se hacen del control estatal, se vuelven más inestables, porque los sistemas complejos tienden a hacerse inestables si no se dotan de elementos de control central. Los mercados, cuanto más internacionalizados se vuelven, más inestables resultan, porque los sistemas complejos se vuelven inestables cuando no adoptan fronteras que los protejan de las perturbaciones procedentes del exterior. Un puñado de teorías lógico-matemáticas (la teoría de sistemas, la dinámica de sistemas, la teoría de los sistemas dinámicos discretos…) nos están avisando de que el capitalismo global es intrínsecamente inestable y, como tal, condenado a convertirse en ineficiente. Las repetidas burbujas y sus estallidos son manifestaciones de esa ineficiencia.

Como consecuencia de la inestabilidad del capitalismo, estamos viendo a las clases trabajadoras de los países occidentales (Francia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Suecia, Hungría… e incluso los EEUU) poner freno con su voto a la globalización. Estamos asistiendo a una progresiva desaparición del poder que de los medios de comunicación de masas ejercen sobre el pueblo transmitiendo el discurso políticamente correcto que no es más que la ideología del capitalismo global. La gente está harta en Occidente de lo políticamente correcto y los nuevos medios de comunicación (las redes sociales) le está permitiendo expresar y compartir ese hartazgo. Se está creando una nueva opinión pública al margen de los medios de comunicación tradicionales y al margen del discurso políticamente correcto.

Todo indica que podríamos estar a las puertas de una reorganización cultural, económica y política de gran envergadura. ¿Hacia qué organización económica tenderá la humanidad en el futuro próximo?

Probablemente, el modelo económicamente más eficaz de organización para la humanidad es el modelo de las áreas autocentradas: grandes áreas de tradición y cultura semejantes convertidas en zonas de libre comercio y en actores geopolíticos en la escena mundial: Europa, Norteamérica, los países árabes, Latinoamérica, China y el extremo oriente… Las simulaciones por ordenador sugieren que la organización económica más estable es la que se corresponde con un mundo dividido en un puñado de áreas autocentradas, áreas en las que la economía esté controlada por poderes políticos democráticos e imbuidos de los valores de los pueblos, áreas nunca aisladas pero sí dotadas de fronteras que eviten que el colapso en un punto del globo se convierta en colapso universal.

El capitalismo global es además ineficiente en el medio plazo porque es un sistema depredador, porque la lógica de los mercados y el dinero es incompatible con la lógica del equilibrio entre la humanidad y su planeta. Sólo una lógica política nueva, sustentada por una concepción nueva del hombre y su relación con la naturaleza, puede resultar en una economía sostenible.

La humanidad evoluciona siempre en el medio y largo plazo hacia mayores cotas de racionalidad y eso en economía significa también mayor eficiencia. Esa simple constatación alimenta la esperanza de que, por simples necesidades económicas, el capitalismo global tendrá que ser desechado. Esa mutación histórica, el hundimiento del capitalismo global, otorgará una oportunidad a quienes luchan por un orden más justo y más acorde con la verdadera naturaleza humana.

Al menos sí han visto con lucidez y se han preparado con diligencia.


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El coronel de La Legión Enrique de Vivero avisa que España está cerca de ser una república y apunta a George Soros: «Nos vemos abocados al Caos»

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Enrique de Vivero*.- Asistimos desde hace unos meses a los ataques a la Corona, en unos casos velados y en otros claramente, por parte de determinados partidos políticos. El problema no es que los partidos independentistas o filoterroristas ataquen la institución monárquica, lo verdaderamente extraño es que el Gobierno no haga una defensa de la institución en toda regla.

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La persona del Rey es inviolable y no tiene responsabilidad. Según el artículo 56.2 de nuestra Constitución, todos sus actos han de ser refrendados por un ministro o en su caso por el presidente del Gobierno. El cometido que le asigna la constitución, en su artículo 56.1, es el de arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones.

¿Qué quiere decir esto? Que cuando se ataca a la Corona, se está atacando a la Constitución y es en ese momento cuando el Gobierno debe actuar y poner coto a los desafueros que se están produciendo desde hace unos meses.

Tenemos que remontarnos al desastroso presidente Rodríguez Zapatero para ver los orígenes de estos movimientos, que se están transformando en temblores y que pueden acabar con un terremoto, en el caso de que el Gobierno no ponga coto a esta situación en la que la persona del Rey es objeto del pim pam pum, a ver quién le da más fuerte a su persona.

El incalificable presidente Zapatero fue el primero que dijo del Rey Juan Carlos: «Tenemos un Rey muy republicano». Esto lo dijo Zapatero el 14 de abril de 2005, en una entrevista que le hacían con motivo de la celebración del tristemente recordado día de La II República. En la misma entrevista dejaba otra perla que revelaba cómo piensa y cuáles son sus propósitos ocultos: «España tiene unos valores democráticos que nos hacen evocar que aquel proyecto que entonces no pudo ser, hoy sí lo es». Toda una declaración de intenciones de cómo quería que evolucionase la Monarquía.

La Monarquía es la forma de estado que nos dimos los españoles en el año 1978. Ya sé que muchas personas me pueden decir que ellos no pudieron votar por razón de edad o porque no habían nacido. La mayoría de los países civilizados no refrendan su constitución y su forma de estado cada 10 años; las modificaciones se producen en los países como Venezuela, Bolivia y otros de América del Sur y Centroamérica, donde sus gobernantes han modificado las constituciones a su antojo para perpetuarse en el poder.

Por otra parte, cada cuántos años habría que revisarse la Constitución y la forma de estado. ¿Cada 5, 10, 20 años? ¿Y por qué no la revisamos anualmente y hacemos un referéndum para determinar si Monarquía o República, ya que todos los años un nutrido grupo de hombres y mujeres accede a la mayoría de edad y reclaman su derecho a opinar sobre tan sensible materia?

La realidad es que nuestra forma de Estado, desde que el presidente Zapatero se despertó un día con la genial idea de poner en duda en duda la existencia de la Nación española, con su célebre frase pronunciada en 2004: «La Nación española es un concepto discutido y discutible». Esta frase, dicha por el presidente del Gobierno español, fue un torpedo en la línea de flotación de la estructura del Estado.

De aquellos barros estos lodos. El cambio que se produjo en la línea de pensamiento del PSOE, con la llegada de Pedro Sánchez, fue un cambio radical no solo con el ideario socialista existente hasta entonces, sino que vino a poner en duda la transición española aceptada hasta por Santiago Carrillo, del que, obvia aclararlo, no soy ningún admirador.

Los pactos de Pedro Sánchez con comunistas, independentistas, separatistas y aprovechados de turno como ese señor diputado de Teruel, han supuesto la mayor felonía de la historia de España, superando con creces al Rey Felón, Fernando VII. La obsesión de Pedro Sánchez por llegar a la Moncloa rayó en lo enfermizo. Todo vale con tal de alcanzar la Presidencia.

El hecho que marcó la línea a seguir fue el recibimiento en la Moncloa al magnate George Soros. Este húngaro de nacimiento es el que, con todo su poder empresarial y financiero, ha estado detrás de la celebración del fallido referéndum en Cataluña e instigando en todos los acontecimientos de Cataluña. Este multimillonario se mueve como pez en el agua en la teoría del Caos. Sobre George Soros no me voy a entretener. En el libro «Soros Rompiendo España», escrito por Juan de Castro y por Aurora Ferrer, se ofrece suficiente información sobre las oscuras motivaciones de este personaje.
Para conseguir el apoyo de ERC, Sánchez tuvo que aceptar la comisión bilateral Cataluña –España, con lo que se ponía al Gobierno catalán al nivel del Gobierno de España y quedaba por descontado que no iban a participar en las reuniones que tiene el Gobierno con la comunidades autónomas. Esta fue la cesión que marcó la debilidad de Pedro Sánchez.

Los acuerdos con Pablo Iglesias han sido públicos, entre ellos hacer desaparecer a la Iglesia Católica del ámbito de la enseñanza, retirarle la propiedad de sus bienes, comenzando por la Catedral-Mezquita de Córdoba, hacer desaparecer la familia tradicional e imponer por ley que existen otros tipos de familia, tantos como demanden los más radicales.

Las declaraciones de Pablo Iglesias en contra de la Constitución y de la Monarquía han sido habituales mientras estaba en la oposición, pero con la cesión de Sánchez al darle una Vicepresidencia, lo que hizo fue poner al zorro a guardar las gallinas.

Las declaraciones del podemita en el diario El País no tienen desperdicio. Analiza el papel de la Monarquía durante la Transición y en años posteriores, para concluir que su tiempo ya pasó y que dicha institución no es necesaria. En consecuencia, solicita modificar la figura del jefe del Estado para que se acceda “por elecciones y no por fecundación”. A continuación se pregunta: ¿sigue siendo útil la Monarquía para nuestra democracia?”. Él mismo se contesta diciendo que la Monarquía es una organización caduca y que el Rey Felipe VI se debilitó con los acontecimientos del 3 de octubre en Cataluña.

Podemos ha intentado crear una comisión para investigar las actividades de Don Juan Carlos I y para que compareciese Felipe VI en la misma. Lo importante no era poner en marcha la comisión, que se sabía que no iba a prosperar por no contar con el apoyo de PSOE, PP y VOX. Lo importante era cuestionar la Corona, en un momento en que los sondeos no le favorecen.

Juan Carlos I junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, mientras este último refrenda la ley orgánica de abdicación. Madrid, 18 de junio de 2014.La idea de Podemos es suprimir la actual Constitución, y cambiar la forma de Estado. Para este propósito cuenta con el apoyo de independentistas y separatistas, de los partidos vascos y catalanes sin distinción .El PSOE, o mejor dicho Sánchez, da dos pasos hacia adelante y un paso hacia atrás, con lo que le permite a su vicepresidente continuar con esta peligrosa deriva hacia la desestabilización del pilar básico de nuestro estado: la Monarquía.

Otra forma de cuestionar la forma de estado ha sido la carta que ha enviado Podemos al Rey Juan Carlos para que comparezca en el Congreso. En realidad no es una carta, son 67, una por cada diputado de Podemos, de esta forma el ruido mediático es mayor.

Esto es la aplicación de la teoría del Caos que maneja tan bien George Soros.

El 14 de abril, aniversario de la desastrosa II República, Pablo Iglesias, en tanto vicepresidente de Asuntos Sociales, debía haber centrado su atención en las residencias de mayores. Pues no. A lo que se dedicó fue a la exaltación republicana, pese al insoportable número de ancianos que estaban muriendo.

Iglesias dijo que los «mejores valores» para avanzar hacia el «futuro», en este momento de crisis por el coronavirus, son los republicanos, y tal vez por eso rindió homenaje «a todos los compatriotas que imaginaron un país, una República», donde «todos fueran iguales ante la ley» y «donde mandara el pueblo y no el poder económico». Esta fue la perla de su intervención.

Otro que colabora con esta teoría del Caos y para hacer temblar los cimientos del Estado de Derecho es nada menos que el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, actual novio, pareja o como quiera que le llamen, de Meritxel Batet, presidente del Congreso (no presidenta) y mano derecha de Pedro Sánchez. El ministro de Justicia, Notario mayor del Reino, el garante del cumplimiento de la Constitución, admitió en sede parlamentaria que estamos ante una crisis constituyente. Por si no había quedado claro insistió: «una crisis constituyente que se suma a un debate constituyente». Resulta que hemos entrado en período constituyente sin disolver las Cortes. Y esto lo dice el Notario Mayor del Reino.

El ministro Campo se pone a disposición de todo este entramado de confusión para crear incertidumbre sobre la Monarquía constitucional.

España ha entrado en crisis, pero no en crisis constituyente, como apunta el ministro de Justicia, sino por causa de unos partidos que están empeñados en desafiar toda la legalidad vigente y poner en duda la legitimidad de la Constitución del 78 y la Monarquía.

Otros que aprovechan esta confusión son los políticos vascos, ya sean nacionalistas o filoetarras. Estos que gracias a esa prerrogativa constitucional disfrutan de su propio régimen foral y de unas condiciones económicas en Vascongadas, que no son otra cosa que privilegios y un anacronismo en Europa, donde no existe ninguna región que goce de estos privilegios.

El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, ha defendido las críticas al Rey Felipe VI en la investidura de Sánchez. La TV vasca emitió el 20 de marzo un programa criticando al actual Rey. Incluso se habló de sus tendencias sexuales. ¿Cómo es posible que desde las televisiones públicas autonómicas se ataque al jefe del Estado?

Me resulta incomprensible que el Gobierno de España no haya hecho ni el más mínimo gesto en defensa del Rey, al que tiene la obligación constitucional de defender. El Rey no puede querellarse con las televisiones públicas, para eso está el Gobierno; el problema es que el Gobierno español hace dejación de sus funciones y habrá que pensar cuál es la razón. ¿Acaso es que no cree en el sistema actual, o quizás exista algún plan oculto para poner fin al actual régimen?

El PNV estuvo dispuesto a quitarle al Rey su inviolabilidad y se sirvió para ello del apoyo de EH Bildu y de los independentistas catalanes. La pretensión peneuvista fue rechazada con los votos de PP, VOX y PSOE. A los socialistas, en esta ocasión, le tocó dar un pasa atrás.

Asistimos estos días a la concesión del tercer grado a los políticos que se juzgaron con motivo del acto de proclamación de independencia en Cataluña. Aquí tenemos que hacer varias precisiones:Primera, ¿qué privilegios tiene Cataluña para que los presos de sus cárceles puedan tener tan benigno trato? En su día un Gobierno del PP les concedió esa competencia, como precio a pagar por el apoyo de los nacionalistas catalanes a la investidura de Aznar.

Segunda, ¿por qué el Tribunal Supremo no tomó las medidas legales que tenía a su alcance para limitar esa previsible puesta en libertad por la puerta de atrás?.Probablemente las presiones ejercidas sobre el juez Marchena y el resto del Tribunal fueron demasiado grandes.

Todas estas situaciones que se están dando en España tienen su origen en la obsesión de Pedro Sánchez por ser presidente del Gobierno. PP y C,s le ofrecieron un pacto de Estado para que no gobernase con el apoyo de los que quieren violentar nuestro ordenamiento constitucional, pero él prefirió echarse en manos de Podemos y los separatistas, porque se lo pedía el cuerpo.

La II República española dista mucho ser el régimen ideal que nos quieren vender desde el Gobierno social-comunista. Recordemos que la república entró en España de la mano de unas elecciones municipales, que no ganaron las izquierdas, que los políticos de derechas que debían haber apoyado al régimen en vigor hicieron dejación de sus funciones y además se contó con la debilidad de un Rey como Alfonso XIII, voluble, caprichoso e irresponsable.

Esta combinación de factores provocó la entrada de la anhelada República, cuyos gobiernos populistas, cuando no fueron sectarios, fueron golpistas, como el golpe promovido en 1934, contra un Gobierno de derechas. Cómo sería la II República que prohombres como Marañón, Ortega y Gasset, Ayala y hasta el mismísimo Azaña criticaran con dureza que esa no era la República que ellos querían.

La Transición, con la aprobación de La Constitución del 78, supuso un punto y aparte en la política española, tan acostumbrada al sectarismo. Ahora por capricho o debilidad de nuestros gobernantes, nos vemos abocados a esta situación del Caos que ni George Soros se habría imaginado ni en sus mejores sueños.

Stalin en la Puerta de Alcalá madrileña: significativa expresión de la hegemonía comunista en la II República,


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El coronel de La Legión Enrique de Vivero insta a «poner en alerta» a la población española tras la «deriva separatista»

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Enrique de Vivero Fernández.- El pasado domingo 12 de julio ha tenido lugar las elecciones a los parlamentos autonómicos en Galicia y País Vasco. Antes de hacer un análisis político de los resultados, extraigamos algunas consecuencias de los resultados electorales y de su comparación con las elecciones de 2016 en ambas comunidades autónomas.

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Comencemos por las elecciones en Galicia. A simple vista se nos presenta como una victoria arrolladora de Núñez Feijóo. Así, los populares han obtenido 41 parlamentarios, el BNG 19 y el PSOE 15. Al hacer la comparación con el 2016 vemos que el PP ha mantenido sus 41 actas, el BNG ha dado un salto espectacular, el PSOE ha subido un parlamentario y Podemos ha desaparecido.

Hasta aquí los datos, pero tenemos que mirar el fondo y no quedarnos en la superficie. Lo primero que llama la atención es la abstención tan elevada que se ha producido: más de 900.000 personas no han ido a depositar su voto, de un censo de de 2.234.309. Es decir que el partido de la abstención es el que ha ganado las elecciones, por mucho que el PP diga que ha ganado con más de 625.000 votos.

El BNG saca pecho y presume de su impresionante avance desde los 6 escaños en 2016 a los 19 actuales.

El PSOE presume que ha ganado un diputado, a pesar de haber obtenido menos votos que en 2016. Como hacer trampas en el solitario.

Podemos ha desaparecido del parlamento después de perder cerca de 25.000 votos. VOX no ha conseguido su objetivo de conseguir representación, pero sí ha logrado obtener el respaldo de casi 27.000 electores, lo que en días previos parecía una cifra inalcanzable.

En el País Vasco también se han producido unos resultados curiosos. El primero es la muy baja participación, un 52% del censo, lo que convierte a la abstención en el partido ganador. El PNV sube hasta los 31 escaños, pero curiosamente le han votado 50.000 vascos menos; es decir, pierde votos pero aumenta escaños.

Bildu alcanza el segundo puesto con 22 actas, aumentando en dos el resultado de 2016. Al PSOE le sucede lo mismo, aumenta un escaño respecto a 2016 pero tiene menos votos. Otros que se hacen trampa jugando al solitario. Los de Pablo Iglesias han perdido la mitad del electorado. Y es que desde que se ha convertido en marqués de Galapagar pierde seguidores. El PP, a pesar de tener un buen candidato, Carlos Iturgáiz, se ha desangrado en votos y escaños, y a pesar de ir en coalición con Ciudadanos, se ha dejado por el camino cerca de 60.000 votos. No le pueden echar la culpa a VOX de su derrota. Los de Abascal han conseguido rentabilizar muy bien los votos y han conseguido un diputado por Álava, lo que les permite entrar en el Parlamento vasco, lo que creo que está resultando especialmente doloroso para el PP.

Vayamos ahora al análisis político de estos resultados en las dos comunidades autónomas. Ambas tienen en común la baja participación, en el caso de las provincias vascongadas, la más baja de la historia. Las elecciones autonómicas se antojan como algo innecesario por parte de una gran masa del electorado.

En ambas regiones, la abstención ha sido el partido ganador con gran diferencia sobre el primer partido en votos. El sistema autonómico que nos dio la Constitución del 78 es totalmente ficticio, solo se trataba de agradar a vascos y catalanes. En el caso de los vascos, además con el premio gordo gracias al Concierto Económico, lo que coloquialmente se conoce como el Cupo, que permite al Gobierno vasco fijar unas pensiones superiores al resto de España, y dar un trato especial a los inmigrantes en el aspecto económico.

El País Vasco es la segunda región española en renta per cápita, casi duplica la de Andalucía o Extremadura. La especial distinción que se tiene en el aspecto económico con el País Vasco hace que los vascos se puedan permitir unos lujos impensables en Andalucía o Extremadura.

La cuestión económica ha hecho que muchos votantes de derechas voten al PNV, que es la principal garantía a la hora de establecer estas diferencias con el resto de España.

En Galicia, el PP ha tenido que cambiar sus postulados ideológicos y adoptar tintes nacionalistas para diferenciarse en el aspecto de la lengua. Parodiando a Groucho Marx: Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros». El discurso de Núñez Feijóo en Galicia se aproxima al de los nacionalistas, con un barniz socialdemócrata para no perder electorado.

En el País Vasco hemos visto un desplazamiento del voto de la extrema izquierda (Podemos) hacia el sector más radical del independentismo, el partido EH Bildu. Los vascos parece que ya han olvidado que va a hacer 23 años que mataron a Miguel Ángel Blanco y que hoy día 15 de julio hace 20 años que José María Martín Carpena fue asesinado en Málaga por la banda terrorista ETA. Sin embargo, los defensores de los etarras son lo que crecen más. Hemos visto la actuación de los proetarras en esta campaña reventando los mítines de VOX o del PP, y todo ello con el beneplácito del Gobierno PNV-PSOE.

Todo esto no ha sucedido en cuatro año, sino que ha sido consecuencia de la permisividad con la que los diferentes gobiernos de España han hecho frente al problema vasco, siendo complacientes a cambio de votos en los apoyos a la aprobación de los presupuestos del Estado. El cupo vasco se negocia a cambio de apoyos en las votaciones en el Congreso. Esto lo han hecho y lo siguen haciendo los gobiernos de PSOE y PP. El caso del Gobierno actual es el más escandaloso, ha tenido que ceder a las presiones de lo peor de los partidos políticos independentistas y separatistas para poder gobernar.

En Galicia el BNG ha conseguido aunar con su discurso separatista e independentista a los votantes de Podemos, convirtiéndose en la segunda fuerza en esta Comunidad. Es preocupante la deriva que están tomando los partidos con ideología separatista en España, con la connivencia del Gobierno actual, que se ha vendido por un plato de lentejas.

La situación en España se ha ido agravando con el paso de los años desde el 78. La Constitución Española se elaboró basada en la buena fe de las comunidades autónomas. Nuestros Padres Constituyentes fueron demasiado confiados: no se puede poner al zorro a guardar las gallinas.

Estas elecciones en Galicia y País Vasco han puesto de manifiesto la deriva independentista en Galicia y el País Vasco. Cuando un partido político, como el PP, tiene que cambiar su ideario y su discurso para poder ganar las elecciones, tenemos un grave problema. EL PP debería recordar que el incumplimiento de de las promesas electorales por parte del Gobierno de Mariano Rajoy le supuso perder la mayoría absoluta en Congreso y Senado, y poner las bases de la escisión de los votantes de derechas, dando lugar al nacimiento de VOX. El PP debe buscar en su política contemporizadora la pérdida de votos que fueron a parar a VOX .

Cuando los defensores de los asesinos de ETA aumentan su poder en Vascongadas, nos encontramos que un sector de la población, de forma contranatura, se inclina por ideologías que defienden la extorsión, la violencia y si hace falta quitar la vida a las personas, esto no va ser un obstáculo para ellos. Cuando se tiene una fiera en casa y se le deja crecer , esa fiera termina por devorarte.

Estas elecciones deberían poner en alerta a la población española. Hay que abandonar la comodidad y el hedonismo que la izquierda ha inyectado en la masa acomodaticia y subvencionada, adormecida ahora con mayor gravedad por la pandemia del COVID, que está explotando con gran eficacia el Gobierno social –comunista.

Hoy se ha dado a conocer el CIS de Tezanos , que le otorga al PSOE un aumento de votos y su consolidación como primera fuerza a nivel nacional. Debe ser que este sondeo no se ha hecho en Galicia.

Por otro lado ABC, con una encuesta de GAD 3, nos dice que el PP se convierte en la primera fuerza a nivel nacional. Estos han debido de hacer la encuesta solamente en Galicia.

De cualquier forma asistimos a encuestas pagadas por todos, el caso del CIS y otras la de ABC, no sabemos pagada por quién, en las cuales lo que se intenta es crear opinión para que los españoles, a los que este Gobierno ha conseguido atemorizar con el COVID, no tengamos opinión si no que creamos lo que nos cuentan como si fuésemos niños pequeños.

La derecha española debería asumir que si quiere ganar las elecciones, debe presentar un frente unido, pero para ello los dirigentes del PP van a tener que mostrar una nueva cara que sea capaz de aglutinar e ilusionar a un electorado tan dividido, que a los únicos que beneficia es a la izquierda más sectaria, demagógica y de corte totalitario en sus formas de gobernar España (“Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre que los conduzca: deben saber cuidarlo de los enemigos que tienen en las antesalas de todos los gobiernos”) Eva Perón.

*Enrique de Vivero fue coronel jefe del Tercio Gran Capitán I de La Legión, con base en Melilla.


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Opinión

NO, aunque sea usted patriota, no hace falta que insulte al Rey

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Su Majestad el Rey Felipe VI
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La inveterada imbecilidad de autodenominarse “Patriota” y odiar al Rey con rabia irrefrenable.

Sí, señores. Tal cual se explicita en el titular. Por más que nos esforcemos, se nos escapan entre los dedos de las manos las posibles razones coherentes para decir de uno mismo que ama a España, que el Caudillo nos salvó a todos del comunismo, que el actual régimen pseudodemocrático es la perdición de la Patria… para luego atacar con todo el odio posible y machacar al máximo la figura del actual Rey, Su Majestad Felipe VI, y de su padre, el Rey Juan Carlos I.

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Es decir, se nos escapan de las manos las razones… a menos, claro, que, o bien uno sea idiota, en cuyo caso le disculpamos, o bien que sea un traidor, en cuyo caso nos produce la náusea natural, pero que, al fin y al cabo, nos lleva a entender la razón de ser de semejante actitud, aunque sea por un comportamiento deleznable y abominable pero muy extendido entre muchas de las personas que se autodenominan “Patriotas”.

Porque, en realidad, una de las cosas más tristes, y una de las cosas de las que más se aprovechan las hordas rojas es, sin duda, la imponente minusvalía intelectual de la que hace gala una parte importante de la masa “patriótica” española, sobre todo de aquella que se mueve y se deja sentir por las llamadas “redes sociales”.

Es un ultraje, y es un insulto evidente, doloroso e inadmisible que tantas personas -no sé si de buena o mala fe- que se titulan de patriotas dejen sus pensamientos en Facebook o en Twitter -pero en Facebook sobre todo- garrapateados en un español vergonzoso, trufado de faltas de ortografía que avergonzarían a un párvulo y que demuestran una ignorancia y un analfabetismo tan magno y gigantesco que uno no puede por menos de comparar la ortografía patriótica con el Peñón de Gibraltar: ambas dos, cosas enormes y, ambas dos, cosas que nos han sido arrebatadas y parecen irrecuperables. Pero, sobre todo, la ortografía de tanto semoviente patriótico. Esa sí que es inalcanzable.

Lo que parece claro es que, con semejantes mimbres, es imposible hacer una cesta decente. ¿Qué podemos esperar de un personal que tan pronto protesta por la profanación de un cadáver como se medica con lejía para tratar no se sabe muy bien qué trastorno siguiendo los dictados de un sinvergüenza -encima independentista- como el delincuente de José Pamiés?

Y luego tenemos el tema favorito de muchos patriotas. O eso dicen que son: maltratar verbalmente al Borbón. Exactamente de la misma forma y manera que los “rojos” a los que tanto odian. Y siempre, usando como excusa el mismo argumento idiota: ¿Por qué el Rey no hace nada cuando….? ¿Por qué el Rey permite que…? ¿Por qué el Rey no les echa y toma el mando cuando…?

¡Maldición! 40 años criticando la maldita Constitución del 78 y ¡No se la han leído! Básicamente, señoras y señores, el Rey no hace nada PORQUE NO PUEDE.

Puede que además, no le apetezca, no quiera, le parezca todo bien o sea tonto. No lo sé, y no me importa, verdaderamente. Podría ser una eminencia, y seguiría sin poder hacer más de lo que hace.

Porque sí, hace cosas, pero son cosas que entran dentro del Reino de la sutileza institucional… y lo que es sutileza, el pueblo español -el populacho, vaya- carece de ella por un problema genético: el común del español genérico, del montón, el Pérez de turno sería incapaz de reconocer una sutileza aunque la sutileza le diera una bofetada.

Y luego tenemos a los conspiranoicos del postureo borbónico: los que están absolutamente convencidos de que el Rey es mucho más poderoso que el Presidente de los Estados Unidos y ha urdido todas las conspiraciones de los últimos cien años: desde la muerte de Kennedy hasta la de Carrero, pasando por el 11M, el 11S y la “performance” nacionalista catalana. Todo. Todo es culpa del Borbón que, no se sabe bien cómo ni porqué, está detrás de todo aquello.

Lo más grave, en realidad, sigue siendo la ignorancia del pueblo español. Esa petulancia chulesca del “Soy un ignorante y me chuleo de ser un ignorante” y negarse a leer, aprender, averiguar, pero sobre todo, negarse a PENSAR.

Aún así, me gustaría que con estas letras, alguien encendiera la llama del pensamiento neuronal, y le diera -así de ingenuo soy- por seguir el razonamiento que pienso exponerles de inmediato.

Vean, señoras y señores patriotas de buen corazón y mejores intenciones: tienen ustedes derecho a que les guste o no la Monarquía. Tienen derecho a que les guste o no la Dinastía Borbónica -a mí NO me gusta- y por supuesto tienen derecho a criticar a Su Majestad, a su Esposa -pero si tienen ustedes una pizca de honor- háganme el favor de respetar a sus hijas, si no quieren que si me cruzo con ustedes les tumbe de un bofetón.

Pero piensen en lo siguiente: Miren al Gobierno; miren al felón del Presidente, y al ente inefable e indescriptible del Presidente Segundo y su barragana. ¿Saben lo que tardarían esa piara de animales de bellota en proclamar la III República, a imagen y semejanza de la II?

Minutos, señores. Tardarían minutos. Puede que menos.

¿Para qué queremos un Rey? Preguntan.

¡Coño! ¡ES EVIDENTE! Para que estos presuntos delincuentes que gobiernan NO puedan proclamar otra República. ¿Acaso no les parece suficiente?

A MI, SÍ.


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