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Cine y Televisión

«Un, dos, tres… responda otra vez», el programa que cambió la televisión española

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El 24 de abril de 1972, a las 22,40 de la noche, TVE emitió el primer programa del concurso más importante de la historia de la televisión en España, «Un, dos, tres… responda otra vez». Y gracias a él, a gran parte de los españoles les resulta familiar el nombre de Chicho Ibáñez Serrador (nacido el 4 de julio de 1935 en Montevideo, Uruguay). Incluso las nuevas generaciones han escuchado en repetidas ocasiones aquello de «Un, dos, tres… responda otra vez». Auténtico patrimonio nacional, es un fenómeno social que reunió a más de 20 millones de espectadores en los años 60 y 70, con la televisión en blanco y negro y solo dos canales. Incluso se ha colado entre los 25 mejores programas de televisión de la historia en el mundo entero.

Contaba Chicho en el cuarenta aniversario del programa, y recogió nuestro compañero José Eduardo Arenas, que cuando le propusieron hacer un programa de preguntas y respuestas empezó analizando «cómo eran estos espacios hasta entonces». «Llegamos a la conclusión de que solo había tres tipos: de preguntas y respuestas, de vencer dificultades físicas y de cambiar esto por lo otro, sin que los concursantes supieran de qué se trataba. (…) Había que elegir una de las formulas. Pero qué tontería, me dije. Lo más original es que estuvieran los tres componentes. Así fue y por eso se llamó “Un, dos, tres”. Uno, preguntas y respuestas; dos, pruebas físicas; y tres, la subasta».

Los supertacañones, ¿de dónde salieron? «Eran personajes en contra de los concursantes. Hasta ese momento, los presentadores casi siempre se mantenían ajenos a lo que estaba pasando o ayudaban a los concursantes. Poner unos protagonistas en contra gustó mucho».

Pero no fueron los únicos nombres que salieron del programa. Después de 411 emisiones y diez temporadas, salieron muchos míticos presentadores, sobre todo Kiko Ledgard, Mayra Gómez Kemp y Jordi Estadella –y Miriam Díaz-Aroca, José María Bachs y Luis Roderas–; las azafatas, con sus interminables piernas y las enormes gafas de pasta: Aurora Claramunt, Blanca estrada, Yolanda Ríos, Ágata Lys, Victoria Abril, María Casal, Beatriz Escudero, Alejandra Grepi, Silvia Marsó, Lydia Bosch, Isabel Serrano, Nina, María Abradelo o Paula Vázquez. Los inolvidables tacañones, sobre todos los primeros: Valentín Tornos (Don Cicuta), Pedro Sempson (profesor Lápiz), Francisco Cecilio (Don Rácano) y Juan Tamariz (Don Estrecho). Las Hermanas Hurtado les sustituyeron más tarde. Y luego estaban los humoristas que aparecían en la Subasta: Bigote Arrocet, Antonio Ozores, Fedra Lorente (aquella inolvidable «Bombi» protagonista de tantos sueños adolescentes), Beatriz Carvajal, Raúl Sénder, Árevalo, Juanito Navarro, el Dúo Sacapuntas o Ángel Garó. Y muchos otros que aparecieron de manera menos regular, pero que dan cuenta de la importancia del programa: Gila, Tip y Coll, Joe Rígolli, Andrés Pajares, Rafaela Aparicio, Eugenio, Martes y Trece, La Trinca, Los Morancos o Cruz y Raya.

Kiko Ledgard y don Cicuta

Un increíble listado de nombres para un programa inolvidable, con la sintonía más famosa de la televisión en España, banda sonora de muchos millones de españoles. ¿Quién no recuerda aquello de «por 25 pesetas, ríos de España, como por ejemplo el Tajo. Un, dos, tres…responda otra vez»? Comenzaba el reloj, en casa se discutía por las respuestas, los tacañones interrumpían ante un fallo. Luego llegaba la eliminatoria, en la que las parejas perdedoras pugnaban por llegar al menos a la subasta. Y entonces empezaba lo que más nos gustaba del programa: la subasta.

Poco a poco se abrían los sobres, los concursantes decidían, nerviosos («Bueno, hemos venido a jugar, ¿no? Pues juguemos», decían algunos sin mucha convicción) y al final llegaba el premio: el coche. Ni siquiera cuando llego el apartamento en la playa dejó de ser el rey del concurso: el coche… O se quedaba en nada, la calabaza Ruperta. Bueno, es cierto que luego se intentó con la bota Botilde o el Chollo, pero nadie como aquella calabaza cantarina. Todas las mascotas del programa fueron creadas por José Luis Moro, creador de los Estudios Moro, recientemente fallecido.

Terminaba la temporada y Narciso Ibáñez Serrador caminaba por un plató medio vacío, con su fular eterno, un puro en la mano. La música triste de piano, el tono magnífico de su voz, el ambiente creado, nos dejaba al borde de las lágrimas. Aunque supiéramos que al año siguiente volvería el programa. ¡Cuántos recuerdos aparecen al escuchar su sintonía! Y cierta nostalgia por aquellos tiempos en los que, como refelxionaba nuestro compañero Federico Ayala, aún éramos niños, jugábamos con madelman y estudiábamos la EGB. Y por más que pensamos sobre ello no conseguimos responder a la pregunta ¿en qué momento crecimos?

 


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Cine y Televisión

El Washington Post denuncia cómo la “televisión de pacotilla” de Mediaset hizo “tontos” a los niños italianos

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Silvio Berlusconi, fundador de Mediaset.
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EM.- La guerra está abierta; la polémica, servida. El diario norteamericano The Washington Post ha golpeado a Mediaset con un artículo en el que analiza cómo a lo largo de los años el canal que creó Silvio Berlusconi ha conseguido hacer “tontos” a los italianos y, como consecuencia, ha permitido que los líderes populistas lleguen al poder.

Bajo el título Cómo la televisión de pacotilla hizo a los niños más tontos y permitió una ola de líderes populistas, el periodista analiza, en base a numerosos estudios y las citas de investigadores, cómo la programación del canal, “agresivo y descaradamente poco sofisticado”, “contrarrestó la misión educativa de la RAI con una gran dosis de caricaturas, deportes, telenovelas, películas y entretenimiento” y dio “un impulso” a los candidatos populistas, “que venden mensajes simples y repuestas fáciles”.

El artículo de The Washinton Post afirma que el auge del populismo en Italia “no es sólo un efecto de Berlusconi” sino que “se extiende a sus competidores”, como el Movimiento de Cinco Estrellas, quien en las elecciones del pasado se convirtió en el mayor partido en el Parlamento italiano. Y que, en palabras del profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Benjamin Oklen, “la televisión que no es explícitamente sobre política puede tener un efecto en la política”.

Durante, asegura que los jóvenes que vieron Mediaset durante sus años de formación crecieron siendo “menos sofisticados cognitivamente, menos cívicos y menos políticamente activos” y que “obtuvieron puntuaciones en matemáticas y lectura significativamente peores” que los de sus compañeros que no vieron el canal. Aunque, eso sí, dice el artículo, que los “efectos del adormecimiento del cerebro de la televisión de pacotilla no fueron tan pronunciados más adelante en su vida”.


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Cine y Televisión

El babosismo de Luis María Anson en LaSexta

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AR.- Ha llegado a un grado tal de babosismo que parece difícil de superar. Pero seguro que se superará en su próxima comparecencia televisiva. Hablo de Luis María Anson, perejil de todas las salsas en los 90 para echar del poder a Felipe González, al que hoy considera, sin ningún rubor, el mejor estadista español del siglo XX.

Luis María Anson estuvo el sábado en LaSexta Noche y satisfizo las expectativas de sus anfitriones progresistas. No sé por qué pero me cuesta menos imaginar a este hombre embutido en un mandil que portando una adarga antigua. Lo asombroso en Anson es cómo ha podido alcanzar una posición tan rastrera e indigna habiendo representado tanto, durante años, para la derecha social española, siempre tan errática. El babosismo se convirtió en torrentera al hablar de algunos protagonistas de la crónica española. Blasonó tanto las virtudes políticas e intelectuales de Pablo Iglesias que a su lado hubiera hecho pasar a Carl von Clausewitz por un simple becario. De su churri (la de Iglesias) dijo que “habla divinamente”. Elogió de Sánchez su “inteligente rocosidad” y al referirse a Felipe González, quién lo ha visto y quién lo ve, el acabose. Nada menos que el mejor estadista español del siglo XX.

Para tan grande ocasión, un monárquico como Anson dedicó sus mejores loas a la ejemplaridad de Juan Carlos I como concepto moral. Y no solo eso. La desvergüenza de Anson alcanzó su momento más delirante al situar a Juan Carlos en la posición más antagónica con respeto a Franco. Escuchando al rastrero uno pensaría que el sucesor de Franco creció bien henchidito de compromiso antifranquista. No faltaron las imprecaciones contra Falange por sus campañas de insidias contra el entonces príncipe. Pero ya sabemos del doble fondo moral de un personaje que mientras coloca el reinado de don Juan Carlos a la altura de los acontecimientos cenitales de nuestra historia, se olvida de algunas cuestiones no tan ejemplares como los líos extramatrimoniales de don Juan Carlos, sus safaris por medio mundo o su fortuna patrimonial valorada por el New York Times en 2.700 millones de euros. Asuntillos menores…
Anson va teniendo ya una edad en la que estar a bien con Dios le compensaría más que estarlo con algunos hombres. La mentira es mala consejera espiritual.

¿Sería hoy Rey Don Juan Carlos si Franco no lo hubiese dispuesto? Lamento tener que remover hechos que la amnesia nos aconsejó ignorar durante años, pero escuchando al exdirector de ABC diríase que la Monarquía no tiene memoria histórica, que se trata de una institución huérfana de pasado. Debe ser la única en el mundo que no bebe ni se nutre de la tradición ni de la herencia. Al menos no para los que quieren desenterrar ahora parte del pasado para exorcizar el presente y ya no digamos el futuro.

A la luz de los testimonios que han circulado estos últimos años, cabía deducir que la Monarquía española era la única forma de superar la guerra civil y dictadura, de llegar a una instancia superior ajena a ella, sin vinculación a ninguno de los beligerantes. Según la mayoría de los historiadores, cabe pensar que la Monarquía de Alfonso XIII -muerto en la Roma beligerante de Mussolini en 1941- se mantuvo ajena a la guerra y sin vinculación con ninguno de los contendientes. Para echar por tierra esta tergiversación bastarían las declaraciones del propio Rey exiliado, los intentos del heredero por entrar en combate, la ubicación inequívoca de los monárquicos en el bando franquista, sus victimario y su influencia.

En julio de 1969 las Cortes franquistas aprobaban, con la obediencia debida, a don Juan Carlos como sucesor del Caudillo «a título» de Rey. A las siete de la tarde del 23 de julio de 1969 el nuevo Príncipe heredero del general Franco introdujo su juramento con estas palabras: «Esto profundamente emocionado por la gran confianza que ha depositado en mí Su Excelencia el Jefe del Estado…Formado en la España surgida el 18 de julio, he conocido paso a paso las importantes realizaciones que se han conseguido bajo el mando magistral del Generalísimo…»

Luego juró tres cosas, por este orden; primero, lealtad a Franco, segundo, fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y tercero, a las Leyes Fundamentales del Reino. A continuación pronunció unas emotivas referencias personales que electrizaron a cuantos abarrotaban la sala, Caudillo incluido:

“Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936…(momento en el que fue interrumpido por una ovación de los procuradores puestos en pie)…Pertenezco por línea directa a la Casa Real Española…Mi general: a pesar de los grandes sacrificios que esta tarea pueda proporcionarme, estoy seguro de que mi pulso no temblará para hacer cuanto fuera preciso en defensa de los Principios y Leyes que acabo de jurar”.

Franco había al fin decidido quién le sucedería y bajo qué cláusulas. Nada más.

Si removemos el pasado, carcamal, que sea sin trampas.


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Cine y Televisión

El discurso LGTB de ‘Stranger Things’

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Noah Schnapp (Will Byers), uno de los protagonistas de Stranger Things
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Jacobo de Andrés.- Las películas y las series de televisión son una de las principales herramientas utilizadas por la izquierda occidental para tratar de imponer su magma ideológico y cultural totalitario.

Desde hace varios años, éstas difunden, independientemente de la historia que traten, varios mensajes invariables que pueden resumirse en apenas unas líneas:

  • Todas deben incluir un personaje o una relación LGTB.

  • El terrorismo islamista, causante en 2018 del asesinato de 10.591 personas en 37 países a lo largo y ancho del planeta, no existe en estas producciones, ya que los atentados de ficción ahora siempre son provocados por oscuras organizaciones de “extrema-derecha”, “rusas”, “radicales” o “supremacistas”.

  • El hombre blanco, heterosexual y occidental siempre es el culpable de todos los males, y cuando no lo es directamente, siempre está detrás del victimario.

  • Ejércitos, policías, fuerzas de seguridad occidentales siempre son organizaciones corruptas causantes de más males que beneficios.

  • El fundamentalismo religioso siempre es de origen… cristiano o judío, nunca islámico.

  • El discurso feminista supremacista siempre estalla en boca de algún personaje, venga o no a cuento.

  • La promoción del consumo de drogas, especialmente opiáceos, no es una opción, es casi una obligación en toda nueva realización audiovisual occidental que se precie.

(Un ejemplo paradigmático hasta la vergüenza de todas estas características es la nueva versión de la un día magnífica “Los hombres de Harrelson”, hoy convertida en un vergonzoso manifiesto del marxismo cultural más burdo y en un ridículo altavoz de la corrección política más imbécil).

“Stranger Thinks”, la serie de Netflix que bien podría ser una especie de trasunto posmoderno de los míticos “Goonies”, no podía sustraerse a estos principios, especialmente, al de incluir un persona abiertamente LGTB en la historia.

A partir de aquí, alerta de ‘spoilers’

Y es que la tercera temporada de la serie de los hermanos Duffer no solamente ofrece al espectador un Will Byers más gay que nunca (incluso su amigo Mike se lo dice en una de las escenas más dramáticas de la historia: “Ya sabemos que no te gustan las chicas”), sino que, además, “Stranger Thinks” presenta en sus nuevos capítulos a Robin, la compañera de trabajo de Steve (Joey Keery) en la heladería ‘Scoops Ahoy’.

La joven, interpretada por Maya Hawke, hija de los conocidos actores Ethan Hawke y Uma Thurman, es el primer personaje LGBT en el universo de la serie de Netflix: en el penúltimo episodio, Robin tiene una charla con Steve, a través de la cual, sutil pero rotundamente, le confiesa que deesde siempre se ha sentido atraída por otra chica de su clase.

Al parecer, Maya Hawke responde al perfecto estereotipo que para Holywood ha de cumplir el perfecto actor norteamericano de izquierdas, es decir, casi todos, salvo honrosas excepciones. La chica cree que en Estados Unidos todo aquel que no vive en Los Angeles o en Nueva York es poco menos que un inculto reaccionario, pues ha declarado a ‘The Hollywood Reporter’, lo siguiente: “Lo grandioso de ‘Stranger Things’ es que ha alcanzando a tanta gente que hay muchos que nos ven en el centro de Estados Unidos, donde un pequeño gesto con un personaje gay es un gran paso”.

(La Tribuna del País Vasco)


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