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Victorino Martín: «El movimiento animalista internacional trata de imponer un nuevo orden moral en el mundo»

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Victorino Martín, en el Senado / Imagen: Youtube
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El prestigioso ganadero Victorino Martín, presidente de la Fundación del Toro de Lidia (FTL), compareció el pasado 22 de enero ante la Comisión de Cultura y Deporte del Senado en representación del mundo del toro. Por su interés, Alerta Nacional reproduce su discurso íntegramente:

«Señorías,

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Es un honor poder intervenir hoy en esta casa, representación del pueblo español y de sus territorios.

Comparezco en mi condición de ganadero.

En representación de una estirpe que ha seleccionado durante cientos de años un animal, el toro bravo, que además de ser la imagen más reconocida de España en cualquier punto del planeta, es uno de los tesoros genéticos de nuestro patrimonio.

Pero comparezco sobre todo como presidente de la Fundación del Toro de Lidia, una entidad de la sociedad civil que representa a todo el mundo del toro, tanto a los profesionales como a los millones de amantes de la cultura del toro en sus múltiples expresiones.

La del toro en la plaza, pero también la de los bous al carrer, los cortes y los recortes, la de los correbous, los encierros, el toro de cuerda, la ‘sokamoturra’ o tantas otras.

El toro vertebra desde hace siglos nuestro territorio.

No es un azar gratuito por lo que el toro es nuestra incuestionable seña de identidad en el mundo entero.

Por tanto, ningún lugar mejor que este para hablar de tauromaquia, expresión cultural ancestral, que en cada uno de los territorios de España encuentra una manera propia de manifestarse.

Me gustaría que mi intervención hoy en la Comisión de Cultura del Senado arrojara alguna luz que pudiera ayudar a interpretar de una manera más clara algunos de los aspectos que están hoy en juego cuando hablamos de tauromaquia.

Y para poder hacerlo, lo primero es encuadrar adecuadamente el marco de discusión.

Abandonar por un momento el casi folclórico debate de “toros sí – toros no”, para profundizar un poco más en la esencia de las cosas.

Entendemos que el debate sobre los toros requiere separarlo en dos, si queremos realizar un análisis acertado del mismo, lejos de vulgares lugares comunes.

El primero se refiere a nuestra relación con los animales.

¿Cómo debe ser esa relación?

Nuestra cultura, nuestra civilización, se ha construido desde el dominio del ser humano sobre otros actores con los que compartimos planeta: objetos inanimados, plantas y animales.

El homo sapiens inicia su espectacular historia de éxito en el momento en el que comienza a dominar tanto las plantas como los animales.

La revolución neolítica nos ha hecho llegar hasta donde estamos.

Los modelos de pensamiento no han hecho otra cosa que recoger ese estado de cosas, ese dominio del hombre sobre la naturaleza, que podríamos resumir en aquella sentencia de Protágoras: “El Hombre es la medida de todas las cosas”.

Dentro de este marco, que ha logrado que seamos lo que somos, el ser humano usa a los animales.

Y los usa para muchas cosas, no solo por una imperiosa necesidad alimenticia.

Los utiliza para comer, para su supervivencia; pero también en la alta gastronomía, refinamiento intelectual para nuestro deleite.

Utiliza también a los animales para su vestimenta, cuando usamos prendas de lana o de cuero. Prendas que cubren nuestras necesidades, pero también nuestros caprichos, en forma de exquisitos bolsos, cinturones, chaquetas o zapatos.

Y utilizamos los animales para nuestro ocio, para darnos un paseo a caballo, admirar un animal en un zoológico o como parte de nuestro milenario folclore.

Así, solo en España y sin considerar a los peces, se matan cada segundo aproximadamente 26 animales.

1.560 animales por minuto.

Si consideráramos los peces, que también son animales, seguramente podríamos triplicar estos datos.

Repito, Señorías, 26 animales por segundo.

Esta es, por tanto, la fría realidad.

Vuelvo a plantear el interrogante. ¿Podemos seguir utilizando a los animales?

Y ante esta pregunta debemos responder con un “sí” o con un “no”.

Y la respuesta podría ser “no”. Esto es, en esencia, lo que defiende el movimiento animalista.

El animalismo es una ideología que, con diferentes matices, impone que los hombres no tienen derecho a utilizar animales para ninguno de sus fines.

El animalismo, nos quiere poner en pie de igualdad a hombres y animales.

El animalismo, Señores Senadores, es un movimiento que tiene su origen en el mundo anglosajón.

Y es desde el mundo anglosajón, norteamericano más específicamente, desde donde principalmente se está promoviendo la agenda animalista a nivel mundial.

Son decenas las entidades animalistas que con presupuestos de millones de dólares al año están imponiendo de manera permanente esta agenda.

Es difícil que pase un solo día en el que no pueda verse en cualquier medio, alguna noticia relacionada con el avance del animalismo.

Tenemos pues un movimiento internacional organizado, con el único fin de imponer un nuevo orden moral en el mundo, de manera que este sea más plano culturalmente, más homogéneo, con menos matices.

Un mundo plano culturalmente, listo para que el vacío dejado por nuestras expresiones culturales sea colonizado, qué duda cabe, por nuevas costumbres, un pensamiento único en un mundo con consumidores homogéneos.

Y Señores Senadores, no se trata por desgracia de un futuro de ciencia ficción, muy lejano todavía para nosotros.

El animalismo está ya muy presente en nuestra vida pública.

Así, el partido PACMA, cercano ya a la representación parlamentaria, pretende de manera expresa imponer el credo animalista.

Pero también otros partidos más fuertes trabajan para imponer la doctrina animalista.

Permítame que les lea un fragmento de una propuesta de ley de bienestar animal presentada en 2018 en el Parlamento de Andalucía por un partido con representación parlamentaria:

“Cuestionar la muerte, el maltrato o la privación de libertad de los animales son avances consolidados en la conciencia de millones de personas en Andalucía, al mismo tiempo que avanzan otro tipo de cuestionamientos sobre su uso para eventos lúdicos, para experimentación, para vestimenta o incluso para alimentación”.

Como ven, se trata de la ideología animalista expresada de manera ortodoxa.

El animalismo, tengámoslo claro, es en nuestra opinión una filosofía absolutamente incompatible con nuestra cultura, con el humanismo mediterráneo.

El animalismo supondría una hecatombe cultural, económica y ecológica.

Cultural, porque el animalismo sería el fin de centenares de expresiones culturales que nos definen como pueblo: la rapa das bestas, la romería del Rocío, el arrastre de piedras, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, los corre bous, la cetrería, la matanza del cerdo, los encierros en Pamplona o en Medina del Campo, la fiesta de la lamprea, del campanu, la caballada de Atienza, la fiesta del pulpo o tantas otras.

Económica, porque acabaría con las explotaciones ganaderas, por supuesto, pero también con el trabajo con cuero en Ubrique, los atuneros vascos, el jamón de Jabugo, de Teruel o de Guijuelo, las mantas de Ezcaray, los zapatos artesanales de Mallorca o los de Alicante, el queso en sus cientos de estilos, los embutidos salmantinos, la butifarra gerundense y leridana, el fin del marisqueo gallego o de la almadraba en Barbate y Zahara de los Atunes.

Y finalmente, también el animalismo supondría una debacle ecológica. El paisaje en España, uno de los más biodiversos de Europa, es un paisaje conformado en gran medida por la relación del hombre y los animales que utilizamos.

De esta manera, el animalismo pondría fin a la dehesa, joya ecológica mundial, pero también sería el fin de los prados cantábricos, de las dehesas boyales o del impagable cuidado que ovejas y cabras realizan en nuestros campos.

El animalismo es la aniquilación total y absoluta de nuestra cultura y también de nuestro mundo rural, con toda su cultura material e inmaterial, con ese acervo de maneras de hacer, de decir, de cantar, de bailar o de sentir.

Y el toro, como tótem y representación de la cultura más representativa de España, es la primera cabeza que se quieren cobrar.

Pero tengámoslo claro, Señorías, detrás de los toros irá todo lo demás. El animalismo no se va a detener en la prohibición de los toros.

Piensen por un momento en cómo va a afectar el animalismo a los diferentes territorios que representan.

Y decidan entonces si quieren seguir el juego antitaurino a esas fuerzas internacionales.

Entiendo que desde un despacho en Madrid pueda resultar fácil defender el animalismo.

Yo soy una persona orgullosamente de campo.

Y me gustaría decir a todos aquellos que defienden el animalismo, que vengan a la España rural y que nos digan, mirándonos a los ojos, que ya no podemos vivir de lo que vivimos.

Puede que alguno se le ocurra decir algo como “bueno, que se reinventen, que se dediquen a otra cosa”.

¿A qué exactamente? ¿qué se supone que tenemos que hacer los millones de personas de la España rural? ¿todos desarrolladores de aplicaciones para móviles? ¿diseñadores gráficos? ¿innovadores en no sé qué cosa que esté de moda?

¿Pero en qué mundo vive esta gente?

A toda esa gente animalista les invito a salir de la ciudad, a pisar el campo de la realidad, a que nos digan a la cara que nos quieren destruir, que quieren acabar con toda nuestra realidad.

El animalismo no es cuidar gatos y perros, el animalismo quiere aniquilar la España rural, así de simple, así de claro, así de rotundo.

Y cualquier partido que apoye estas opciones ideológicas, será corresponsable de ese intento de destrucción.

En todo caso, la realidad en el mundo y desde luego en España, nos dice que a la pregunta de si podemos utilizar los animales, hoy por hoy solo podemos responder con un “sí”.

Y si podemos usar los animales, ¿por qué hay gente que pide que se prohíban los toros?

Es que es un espectáculo cruel, suele ser la respuesta a esta pregunta.

Pero yo pregunto, ¿en serio la tauromaquia se puede considerar más dura que la vida que lleva la inmensa mayoría de los animales en explotaciones industriales?

¿O lo relevante es el hecho de que la crudeza en la tauromaquia sea pública? ¿El problema es verlo?

Este es un tema tremendamente interesante, Senadoras y Senadores.

¿Qué clase de sociedad queremos? ¿Queremos una sociedad donde una parte se arrogue la potestad de decir qué puede ser visto y qué es lo que no puede ser visto?

¿Una casta inquisitorial y censora que decida qué es moral y qué es inmoral? ¿qué es cultura y qué no es cultura?

¿Velará esa casta por que solo se pueda exponer un tipo de obras de arte? ¿Habrá arte moral y arte inmoral prohibido? ¿decidirán cómo debemos vestirnos para ir decentes? ¿decidirán el largo de las faldas? ¿decidirán dónde y con quién podemos besarnos?

Señorías, son ustedes garantes de que nadie se atreva a hacer de España un país menos libre, no pueden consentir que alguien se arrogue el derecho a decir qué es cultura o qué no es cultura.

Aunque puedo casi escuchar alguna protesta diciendo “no, no es lo mismo, aquí hay un animal involucrado”.

Sí, hay un animal involucrado, es cierto. Ya hemos dicho que el hombre usa a los animales para su provecho, para sus fines.

La UNESCO solo pone una línea roja para que una expresión cultural sea admisible, la de los derechos humanos y libertades fundamentales.

Y la tauromaquia, obviamente, no trasgrede esa línea roja.

Tenemos los seres humanos, desde luego, una serie de deberes éticos con los animales, faltaría más. Y esos deberes los tenemos muy presentes en el mundo de la tauromaquia, que a nadie le quepa la menor duda.

Tenemos presentes esos deberes desde que son cuidados en nuestras dehesas durante años, hasta que mueren en la plaza, en el marco de un rito centenario, rodeado de respeto y admiración.

Solo desde el desconocimiento más absoluto o desde la mentira maliciosa, se puede decir que la gente acude a una plaza de toros para disfrutar del sufrimiento.

Si la gente disfrutara con el sufrimiento, tengan por seguro que hace mucho tiempo que habría gradas en los mataderos.

Y habrá mucha gente que no lo entienda, que lo vea innecesario.

Pero los toros, les aseguro, no son una simple afición para muchas personas. Son una parte consustancial de la propia esencia de muchos de nosotros.

Savater dice que el hombre necesita del arte, de los ritos, para crear mecanismos contra la muerte, bálsamos contra la evidencia de nuestro destino. Quizá sea esta una explicación al misterio del toro.

La corrida y las demás expresiones de la tauromaquia sostienen una visión integral de la vida.

En una sociedad en la que la muerte se obvia y en ocasiones se oculta deliberadamente junto con la vejez, la enfermedad o el dolor, la fiesta de los toros enfrenta la muerte desde todos los planos.

Este recordatorio de la muerte permite que el que participa en la fiesta de alguna manera se sienta más pegado a la vida.

Esa invitación a vivir con más intensidad se irradia más allá de la plaza y de la calle donde se juegan los toros. La consciencia de la muerte permite que se pueda vivir la vida más plenamente.

Los toros se hacen universales porque transmiten la necesidad de aceptar la vida en todas sus dimensiones y vivirla en una mayor plenitud.

Los toros no son un espectáculo de muerte, sino de exaltación de lo que somos: confrontamos la muerte para sentirnos vivos.

Esta es la realidad para millones de personas en todo el mundo. No pedimos que todos la compartan. Pero sí exigimos que todo el mundo la respete.

Y comprendo que sigue flotando una pregunta que no acaba de tener respuesta: ¿es necesaria la tauromaquia?

Pues, no estoy muy seguro…

¿Es necesaria la danza?

¿Es necesario el teatro?

¿Son necesarias las diferentes expresiones culturales?

¿Podríamos haber avanzado como especie sin la pintura cubista o sin la música rock? ¿Son necesarios Goya, Falla o García Lorca?

Quizá podríamos haber existido sin alguna de estas cosas. Seguramente.

Pero indudablemente el mundo sería un lugar mucho más pobre.

Como sería más pobre el mundo si no existiera la tauromaquia.

Y precisamente, para preservar la riqueza cultural del mundo, la UNESCO aprobó en 2005 su Convención sobre la protección y la promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, aprobada para prevenir de los posibles censores de cualquier expresión cultural.

Porque cualquier expresión cultural es patrimonio de todos, hace que el mundo sea más rico. Lo contrario de lo que pretenden algunos.

Y aprobó la UNESCO esta Convención apenas unos años después de la destrucción de los Budas de Bamiyán, en Afganistán, por parte del régimen islámico talibán.

Los bombardearon porque alguien decidió que aquellas estatuas milenarias eran contrarias a la moral.

Reflexionen sobre esto, Senadoras y Senadores: destruyeron un patrimonio cultural de todos, por la única razón de que a algunos les pareció inmoral.

Esto, ni más ni menos, es lo que algunos están pretendiendo con la tauromaquia.

Finalizo ya, Señorías.

La cultura del toro nació en las orillas del Mediterráneo El toro como animal totémico, es un mito necesario en nuestra manera de entender el mundo.

No es casualidad que sea precisamente un toro el animal sobre el que se sostienen los mitos fundacionales de la propia Europa.

Es sin embargo el genio íbero el que encuentra significados más profundos sobre la vida y la muerte en su relación con ese toro universal.

Y es así cuando, en tiempos en que nuestro Siglo de Oro se encuentra en su plenitud ensanchando los límites de la cultura de la humanidad, se alumbra la tauromaquia moderna como una de nuestras expresiones culturales más características.

La cultura ni se crea ni se destruye por decreto, sino que es el producto del tiempo, de la creación de unos y de la asunción por un pueblo de esas creaciones.

Así surge y se desarrolla la tauromaquia.

También de esta manera, desde los orígenes íberos, la tauromaquia se adopta en otros lugares, pueblos con una pulsión vital similar, una manera parecida de encarar la vida y la muerte, de celebrar y exaltar de forma radicalmente vital la existencia.

La tauromaquia, Señorías, es el regalo cultural de España a la humanidad.

Francia, Portugal, México, Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y España, somos hoy guardianes de un exquisito patrimonio de todos, y somos todos responsables de su cuidado y de su traslación de generación en generación.

Señorías, sean dignos representantes de su pueblo y luchen por la tauromaquia, con orgullo, como patrimonio cultural común de la humanidad.

Muchas gracias».

 

 


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Muere el mítico almohadillero de Las Ventas: «No digáis que estoy en el hospital, que no me llaman para San Isidro»

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«No contéis que estoy en el hospital, que no me llaman para San Isidro». Su afición de tres largas décadas era lo que más preocupaba a Pedro Cano, el entrañable vendedor de almohadillas en Las Ventas. Había trabajado de ello durante más de treinta años, y en los últimos lo hacía ya por pura pasión taurina.

El 4 de marzo, camino del hospital Infanta Leonor, era todo en lo que pensaba: su San Isidro, sus Ventas. Pedro no sabía que la cornada del coronavirus había hecho mella en su organismo y pasó a la UCI con su sempiterna sonrisa. «Mi padre nunca se quejaba -cuenta su hijo Pedro Daniel, hoy en cuarentena-. Nosotros no quisimos decirle que tenía el Covid-19 para que no se asustara. Cuando le llamábamos por teléfono, su respuesta era siempre la misma: «Estoy bien, me tratan muy bien. Si estoy hecho un toro, ¿no veis que tengo 20 años?»». Su espíritu era el de un veinteañero con DNI del 5 de octubre de 1940. Pedro había nacido en el pueblo jiennense de las Navas de San Juan, pero su vida laboral transcurrió en Madrid. «Trabajaba en una fábrica de metalurgia y tan obsesionado estaba con El Cordobés, y luego con su hijo, que se quedó con el mote». Pedro era de los que empeñaban el colchón por ver torear a Manuel Benítez, el primer torero que cobró un millón de pesetas. «O te compro una casa o llevarás luto por mí», fue el eslogan que inundó media España en los tiempos de la posguerra.

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Y de ahí derivaba su propio lema en la vida. A este veterano alhomadillero de Las Ventas, siempre con su camisa abotonada y el nudo en la corbata, no había nada que le parase para estar cada tarde de feria en la Monumental. Salvo ese luto que ahora llevan sus hijos, Pedro Daniel y Alicia, y su mujer, Manuela, una pena negra sin despedida del hombre amado. «Estamos en estado de shock. Esto parece mentira. Yo creo que aún no se ha ido y que volveremos a verle», dice su hijo con la voz rota.

La soledad

Pedro Cano murió ayer y este viernes será incinerado. Sin velatorios ni pésames. Sin el abrazo de la familia. En la más absoluta soledad, esa que este vendedor de almohadillas conocía tan bien por esos toreros a los que admiraba nada más llegar al patio de cuadrillas. Solo los primeros días permitieron a sus hijos visitar al padre: «Le veíamos a través de una cristalera. Era muy duro, pero mucho más lo es no poder habernos despedido de él». El destino ha querido que Pedro abandone el ruedo de la vida en el hospital de los toreros, el San Francisco de Asís, donde fue trasladado. «Le llamábamos. Hasta que un día no nos cogió el teléfono…» Conmueven sus palabras. Guarda silencio. Respira y sigue: «Nos daban el parte vía telefónica y nos comentaban que dentro de la gravedad estaba estable; teníamos una esperanza, pero mi padre era diabético y este virus está golpeando fuerte».

Pedro Daniel, su hijo, habla con entereza, aunque a veces las palabras dolientes se resquebrajan. Como tantos otros, no ha podido despedirse del hombre que le dio la vida, apretarle la mano, decirle lo orgulloso que estaba del padre que también repartía alhomadillas en el Bernabéu «para ganar dinero, comprar los abonos y hacernos socios de su equipo». «Era taurino y madridista hasta la médula», comenta. Y lamenta no poder compartir hoy, cara a cara, anécdotas del padre con sus seres queridos. «Estamos hechos polvo. Un día del padre sin padre ya. No podemos ni vernos, solo hablar. Yo estoy en cuarentena porque tengo síntomas y, aunque no me han hecho la prueba, me consideran positivo en coronavirus». Pedro Daniel vive aislado en su habitación, en la misma casa que su pareja, pero separados por un muro. «Ni si quiera podemos darnos ese abrazo que tanto reconfortaría. Tenemos que ser responsables y cumplir las normas de Sanidad. Esta crisis es muy dura para todos, pero cuando todo pase, nosotros ya no tendremos a nuestro padre».

Pedro será incinerado este viernes. «Tan solo mi hermana Alicia podrá ir. Y según nos ha dicho la interfuneraria, solo verá el coche fúnebre. Más adelante, en un mes o así, podremos recoger las cenizas y ver qué hacemos. Nunca quieres pensar en la muerte de un padre, pero tampoco imaginas que ni siquiera podrás velarle. Ahora no nos queda otra que afrontar la situación, ser conscientes de la realidad y tirar para delante con mi madre y mi hermana».

En los bajos del tendido 8, el 9 o el 10 ya no estará ese Cordobés que tanta nobleza derrochaba para limpiar con esmero y entregar la almohadilla -«allí conocía a mucha gente encantadora, como la Infanta Elena», comenta su hijo-, ni para apilar los cojines en forma de teja en los días de lluvia o con el sueño de volver a ver a Talavante en la capital. Pedro murió sin saber que muy posiblemente este mayo Madrid se quede sin San Isidro, esa feria por la que clamaba desde la camilla. Pero sus compañeros, que tanto le querían, ya le preparan un homenaje cuando la Puerta Grande que tantas veces cruzó se abra.

La crudeza de este virus ha hecho que Pedro, «al que le gustaba estar rodeado de gente», muera solo, pero rodeado de un cariño infinito en el hospital donde sanan las heridas los toreros. Esa herida que tanto tardará en sanar en su familia. El brindis de sus compañeros es hoy para este Cordobés de las Navas de San Juan.

(ABC)


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Estos son los carteles taurinos de la Feria de Abril de Sevilla 2020: Roca y Aguado no se ven las caras

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Los carteles oficiales de la Feria de Abril de Sevilla 2020 ven este jueves la luz. Las principales figuras se citan desde el Domingo de Resurrección a San Miguel en un abono en el que Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado son la base con cuatro tardes, pero estos dos últimos no se verán las caras. Por lo tanto, el cartel de la rivalidad no se verá pese a tener combinaciones de relumbrón. La ausencia más sorprendente es la de Paco Ureña, triunfador indiscutible de la última temporada española. También choca la ausencia de Diego Ventura, el rejoneador más brillante de estos tiempos.

Estas son las combinaciones de toros y toreros en el escenario en el que volverá a los ruedos españoles Alejandro Talavante:

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Domingo de Resurrección, 12 de abril. Toros de Garcigrande para Morante de la Puebla, Alejandro Talavante Talavante y Roca Rey.

Domingo 19 de abril (preferia). Toros de La Palmosilla para Alberto López Simón, David de Miranda y Ángel Jiménez.

FERIA DE ABRIL

Miércoles 22 de abril. Toros de Fuente Ymbro para Juan Ortega, Juan Leal y Rafa Serna.

Jueves 23. Toros de Jandilla para Morante, Cayetano y Pablo Aguado.

Viernes 24. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande para Antonio Ferrera, El Juli y José María Manzanares.

Sábado 25. Toros de Victorino Martín para Curro Díaz, Emilio de Justo y Román.

Domingo 26. Toros de San Pelayo para Andrés Romero, Lea Vicens y Guillermo Hermoso de Mendoza.

Lunes 27. Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés para El Juli, Alejandro Talavante y Roca Rey.

Martes 28. Toros de Juan Pedro Domecq para Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Pablo Aguado.

Miércoles 29. Toros de Santiago Domecq para Antonio Ferrera, Diego Urdiales y Miguel Ángel Perera.

Jueves 30. Toros de Núñez del Cuvillo para Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Pablo Aguado.

Viernes 1 mayo. Toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez para El Fandi, Daniel Luque y Ginés Marín.

Sábado 2. Toros de Núñez del Cuvillo para Sebastián Castella, José María Manzanares y Roca Rey.

Domingo 3. Toros de Miura para Manuel Escribano, Pepe Moral y Rubén Pinar.

SAN MIGUEL

Viernes 25 de septiembre. Novillada. Final del certamen de la FTL.

Sábado 26. Toros de Victoriano del Río para Enrique Ponce, Manzanares y Roca Rey.

Domingo 27. Toros de Juan Pedro Domecq para Morante, Diego Urdiales y Pablo Aguado.

Ramón Valencia: «¿Y por qué no Garcigrande?»

Ramón Valencia respondió a las numerosas preguntas de los periodistas. El empresario, que estuvo acompañado en la mesa por Pedro Rodríguez Tamayo, consejero de la empresa Pagés, dio explicaciones sobre el Domingo de Resurrección:

«Mi idea era potenciar este día, en el que en los últimos años no ha habido un triunfo fuerte, con la corrida de Garcigrande, que ha sido triunfadora en los últimos años. Convencí al torero al que apodero de que la matara, Morante no puso pegas y Pablo mató cuatro o cinco corridas de este hierro el año pasado y pensaba que no iba a poner pegas. Si la admiten Morante y Roca Rey, ¿porqué no la va a admitir Pablo Aguado?». Pero el torero sevillano declinó finalmente la posibilidad de matar estos toros en Resurrección y quedó fuera del cartel.

También explicó la ausencia de Paco Ureña: «Se le ofrecieron dos corridas, una la de Juan Pedro en San Miguel con Morante y Pablo Aguado y otra la de Santiago Domecq, triunfadora el año pasado, y dijo que no. Creo sinceramente que no ha sido maltratado».

Sobre Diego Ventura fue claro: «Se le ha ofrecido todo para venir, empezando por el cambio de ganadería, que era lo que él pedía», pero la negociación no llegó a buen puerto al pedir el rejoneador no abrir plaza, entre otros condicionantes.

Este último aspecto dio pie a Ramón Valencia a una reflexión: «Esta es la feria del ‘por qué no Garcigrande’ y la del ‘uno por delante’. Las figuras no quieren abrir plaza y el tema de la antigüedad me quita la posibilidad de dar oportunidades a chavales colocándolos por delante en carteles de figuras. Es una norma que no deja evolucionar y yo me pregunto: ¿a quién molesta? Por qué no voy a poder hacerlo si estoy mirando por el bien de la Fiesta dando oportunidad a gente que no la tendría… Todo tiene que ir evolucionando: eso da facilidad a las empresas y oportunidad a toreros que la necesitan».

En cuanto a los carteles, señaló: «Estoy contento con la feria, pero Pedro y yo hemos estado haciendo recuento y como no salgan las cosas en estos nueve carteles la cosa va a ir mal». Y concluyó reiterando una frase que quiso afianzar entre los presentes: «¿Y por qué no Garcigrande?»


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Cuarenta años de la mayor tragedia en una plaza de toros: 400 muertos y 2.000 heridos

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Un mozo es embestido durante las tradicionales corralejas en Colombia
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Han pasado cuarenta años de la tragedia que sacudió el corazón de la Colombia taurina. Más de cuatrocientos muertos y dos mil heridos fue el balance de aquel fatal suceso en la plaza de toros Hegémones Cumplido, de Sincalejo. Ocurrió durante las tradicionales corralejas cuando, al comenzar a llover, el público corrió a refugiarse en los graderíos de madera, que cedieron por el excesivo peso. Además, antes del derrumbamiento, viente aficionados sufrieron heridas mientras «toreaban» a los cuarenta toros que saltaron al ruedo colombiano.

Según recoge un teletipo de Efe publicado en las páginas de ABC del 22 de enero de 1980, los organizadores de los festejos habían contruido 32 palcos o gradas, con una capacidad para más de 40.000 personas. La plaza, levantada con tablas de madera, tenía un exceso de público «de un 50 por 100».

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Respecto a las causas de la tragedia, se decía: «Si hay que buscar una causa directa, esta no es otra que el débil entramado de los graderíos. La causa indirecta la tendría el tiempo, como tantas otras veces sirve de excusa. En efecto, cuando la fiesta se encontraba en su apogeo, con decenas de personas que intentaban lidiar a su aire y por todos los medios imaginables a unos cuarenta ejemplares de la raza cebú, toros de media casta y muy pesados, comenzó a llover».

Cornadas y madera clavada

¿Qué pasó entonces? Aquellos que ocupaban las zonas sin techar, corrieron a resguardarse en las zonas cubiertas, «sobrecargándose de peso». Y continúa la crónica: «Como, además, había llovido por la mañana, las tablas ya no aguantaron más y cedieron, arrastrando numerosos graderíos, con su abigarrada masa humana». A partir de entonces, se vivieon momentos aterradores: «El coso se convirtió en un infierno, con gritos desgarradores de personas atrapadas entre los maderos y los gemidos de impotencia de los que eran pisoteados por una marabunta humana que huía enloquecida no solo de la tragedia, sino también de los cuarenta astados que, asustados por el estrépito, corrían de un lado para otro corneando a diestro y siniestro». Un testigo comentó que vio «a cuerpos de niños, mujeres y hombres moribundos tras haber sido pisoteados por los que huían empavorecidos. Algunos de ellos tenían incluso clavadas estacas de madera en el cuerpo, procedentes de las astillas en las que quedaron convertidos los graderíos».

En aquel teletipo del día 21 de enero de hace cuatro décadas, se hablaba de un balance provisional de trescientos muertos y mil heridos, que subirían a 400 fallecidos y dos mil heridos. Se cuenta en la crónica que el escenario era una auténtica «batalla medieval».

Historia de la corraleja

Aunque su nacimiento se pierde en la memoria del tiempo, la corraleja tiene sus primeros respiros en las suertes de capotear las reses que los vaqueros llevaban de potrero en potrero entre las extensas sabanas del norte de Colombia.

Su herencia española está relacionada que las primeras haciendas que se fundaron en esta región por españoles o por hijos de españoles que traían la fiesta brava arraigada en su cultura.

Estas faenas diarias fueron tomando forma hasta convertirse en el eje de casi todos los festejos populares que anualmente se cumplen en muchos poblados, al punto de que si la celebración que por lo general incluye algún santo patrono no tiene la corraleja, la fiesta queda incompleta.

En la corraleja participan además de los espontáneos, otros que por su experiencia en el manejo del ganado hacen de manteros y lidian al toro con un capote; y los garrocheros a caballo.

También están los banderilleros que a pie o a caballo clavan los palitroques en el lomo del animal y, finalmente están los paragüeros que saltan al ruedo para lidiar con un paraguas o sombrilla con lo que dan un toque gracioso al encuentro.


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El PSOE desactivará la prohibición de las corridas de toros que pretende Podemos

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La Ley de Bienestar/Protección Animal acordada entre PSOE y Podemos ya está redactada en sus bases generales. Se trata, textualmente, de la ‘Garantía de un trato digno a los animales‘, término éste (animal) que no discrimina ni reconoce al toro de lidia. Observando la ley ‘catalana’ actual sobre bienestar animal, el toro de lidia no aparece en la tipología legal de los animales, que son las siguientes: animal doméstico, de compañía, fauna salvaje autóctona, animal de compañía exótico, animal abandonado, animal perdido, animal salvaje urbano, animal asilvestrado, animal de núcleo zoológico, animal de centro de cría y animal de competición o carrera.

La Ley futura no especificará la existencia explícita de un ‘animal de lidia’ o animal para la Tauromaquia, evitando así un trato específico legal para el toro bravo. La redacción de ese ‘trato digno’ considerará delito todo acto de ‘mal trato’ para todo tipo de animal sin detenerse en una visión especial o exclusión del toro para el desarrollo de la Tauromaquia en cuanto a la corrida de toros actual se refiere. De esta forma se evita que se especifique de forma clara que cual es el trato ‘digno’ al toro bravo. Porque no existe en la clasificación legal.

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La Ley futura no especificará la existencia explícita de un ‘animal de lidia’ o animal para la Tauromaquia, evitando así un trato específico legal para el toro bravo.

Las corridas tampoco van a ser prohibidas por esta ley. El antecedente de lo sucedido en Cataluña no aconseja a Podemos y PSOE prohibirlas. En Cataluña, las corridas de toros fueron prohibidas en 2010 y anulada su prohibición por el Tribunal Constitucional en 2016. Una sentencia que obligó a excluir la prohibición expresa de las corridas, que decía lo siguiente. Quedan prohibidas: ‘Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las suertes de la pica, las banderillas y el estoque, así como los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que tengan lugar dentro o fuera de las plazas de toros, salvo las fiestas con toros a que se refiere el apartado 2’. (este apartado se refiere a los bous o toros de la calle).

Por tanto la ley futura basa su estrategia en dos elementos. En NO catalogar al toro bravo o de lidia dentro las definiciones de tipología animal legal. Y en no expresar directamente la prohibición, que, como se sentenció en 2016, es inconstitucional. ¿Qué hará entonces esta ley?. Un texto y estrategia ‘a la Catalana y a la Balear’, que siga al pie de la letra la sentencia del Tribunal Constitucional. Este anuló la prohibición porque ‘prohibir’ es competencia del Estado y jamás de un Gobierno de una Comunidad, cuyo límite está en REGULAR una actividad legal. La sentencia de 2016 del TC, dice así:
Nada impide que la Comunidad Autónoma, en el ejercicio de su competencia sobre ordenación de espectáculos públicos, pueda “regular el desarrollo de las representaciones taurinas”; o pueda, en materia de protección de los animales, ‘establecer requisitos para el especial cuidado y atención del toro bravo’.

¿Qué hará entonces esta ley?. Un texto y estrategia ‘a la catalana y a la balear’, que siga al pie de la letra la sentencia del Tribunal Constitucional.

Por tanto, la ley mantendrá esta estrategia de impecable (e implacable legalidad). Definir por ley que es el mal trato a los animales catalogados (no al toro de lidia, porque no entra en catalogación alguna, no existe como animal clasificado) para su cumplimiento en todo el país. Y dejar que cada Comunidad autónoma regule las corridas de toros a su criterio y gusto político. Habrá tantos tipos de corridas de toros como normativas deseen las administraciones de cada comunidad y signo político.

El PSOE no desea pasar a la historia como partido que prohibió las corridas. Al mismo tiempo, debe de cumplir su pacto con Podemos y esta es la fórmula. Que en un sitio sea legal banderillear al toro y en otro no, que un sitio exista la corrida de toros como existe ahora y en otro no. Con un añadido: que los gobiernos autonómicos, además, pueden exigir requisitos de cumplimiento muy costoso o imposible, para celebrar una corrida que, además, sea incruenta. Una forma de impedirlas sin prohibirlas.

Que en un sitio sea legal banderillear al toro y en otro no, que un sitio exista la corrida de toros como existe ahora y en otro no. Una forma de impedirlas sin prohibirlas.

El PSOE no desea pasar a la historia como partido que prohibió las corridas. Al mismo tiempo, debe de cumplir su pacto con Podemos y esta es la fórmula. Que en un sitio sea legal banderillear al toro y en otro no, que un sitio exista la corrida de toros como existe ahora y en otro no. Con un añadido: que los gobiernos autonómicos, además, pueden exigir requisitos de cumplimiento muy costoso o imposible, para celebrar una corrida que, además, sea incruenta. Una forma de impedirlas sin prohibirlas.

La Ley también recoge como base argumental los votos en contra de los magistrados del TC, Asúa y Valdés, quienes afirmaron que “una “prohibición precisa” (la de las corridas de toros) no es la prohibición de la Tauromaquia. Es decir, que prohibir las corridas de toros no es prohibir la Tauromaquia y que, por tanto, no se está prohibiendo sino sólo regulando una actividad de la propia Tauromaquia.

(Mundotoro)


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