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Comienzan los experimentos globalistas a gran escala con la excusa de la pandemia: La población mundial será sometida a vigilancia biométrica

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La pandemia del coronavirus ha supuesto un frenazo en seco del mundo tal y como lo conocíamos hasta ahora. Estamos inmersos en una catástrofe de dimensiones que todavía no alcanzamos a vislumbrar. El futuro que nos espera es la gran incógnita en estos momentos. El historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de los fenónemos «Sapiens» y «21 lecciones para el siglo XXI», ha publicado hoy un artículo en el Financial Times en el que perfila inquietantes escenarios posibles en función de las decisiones que las autoridades mundiales adopten. Y todo ello bajo una gran presión social. [SIGUE MÁS ABAJO]

Esas decisiones son las que definirán nuestro modo de vida futuro. «Esa es la naturaleza de las emergencias. Aceleran los procesos históricos. Las decisiones que en tiempos normales podrían llevar años de deliberaciones se aprueban en cuestión de horas. Se apresuran a poner en funcionamiento tecnologías en fase de desarrollo y hasta peligrosas porque los riesgos de no hacer nada son mayores. Países enteros sirven como conejillos de indias en experimentos sociales a gran escala», desgrana el autor de «Sapiens».

Las medidas que se están adoptando actualmente se articulan en torno a dos frentes diferentes. El primero tiene que ver con las restricciones de movimiento, y aquí se trata de «decidir entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento de la ciudadanía». El segundo, con las soluciones y aquí hay que optar por «el aislamiento nacionalista o la solidaridad global», explica Harari.

Vigilancia biométrica

De acuerdo con el artículo del Financial Times hay dos formas de frenar la pandemia: «Una de ellas es que el gobierno monitorice a la gente y castigue a quienes incumplen las normas», afirma el escritor, que señala a China como principal ejemplo de la monitorización biométrica, cuyo avance «podría convertir las polémica técnicas informáticas de Cambridge Analytics en un juego de la edad de piedra».

Si esta es la vía elegida, el peligro es que, tras la erradicación del coronavirus, «algunos gobiernos hambrientos de datos podrían argumentar que necesitan mantener la vigilancia biométrica para evitar una segunda oleada, o porque hay una nueva plaga de ébola extendiéndose en Africa central, o porque… lo que ellos quieran. Se ha declarado una gran batalla contra nuestra privacidad en los últimos años. La crisis del coronavirus podría ser un punto de inflexión en esta contienda. Cuando la gente tiene que elegir entre la privacidad y la salud se suele elegir la segunda», señala el autor.

Sin embargo, existe otra posibilidad: «Podemos elegir proteger nuestra salud y frenar la pandemia sin instaurar regímenes de vigilancia totalitaria, dando la fuerza a la ciudadanía. En las últimas semanas algunos de los esfuerzos más exitosos se produjeron en Corea del Sur, Singapur y Taiwán.

Mientras estos países han hecho uso de aplicaciones de rastreo no han renunciado a un uso honesto y de cooperación para mantener a a la sociedad bien informada», explica Harari. La clave radica en la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios. Cuando los ciudadanos confían en que las autoridades públicas les van a contar los hechos científicos que están detrás de las directrices que van a tomar, «hacen lo correctosin que haga falta un Gran Hermano vigilante sobre sus hombros».

«En los próximos días -prosigue-, cada uno de nosotros debe optar por confiar en los datos científicos y los expertos en salud en lugar de teorías de conspiración infundadas y políticos egoístas. Estamos en un momento crucial. Si fallamos a la hora de tomar la decisión correcta estaremos renunciando a nuestras más preciadas libertades pensando que es la única vía para salvaguardar nuestra salud».

Nacionalismo versus globalización

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para el pensador israelí solo la solidaridad global nos llevará a buen puerto porque, tanto la pandemia como la crisis económica que viene, afectarán a todo el mundo. Salir de ésta pasa por un plan global basado en la confianza y cooperación en los distinos países.

Esas premisas hay que aplicarlas en primer lugar en el hecho de compartir la información, porque en eso le llevamos ventaja al virus: «Un coronavirus en China y un coronavirus en los Estados Unidos no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los seres humanos. Pero China puede enseñarle a Estados Unidos muchas lecciones valiosas sobre el coronavirus y cómo lidiar con él. Lo que un médico italiano descubre en Milán por la mañana bien podría salvar vidas en Teherán por la noche».

Además, se necesita un esfuerzo común para la producción y distribución de equipo médico, especialmente los test de detección y los equipamientos de respiración. Lo mismo ocurre con el personal médico: «Los países menos afectados ahora podrían enviar personal médico a las regiones más afectadas del mundo, tanto para ayudarlos en momentos de necesidad como para adquirir una experiencia valiosa. Si más adelante el foco de la epidemia cambia, la ayuda podría comenzar a fluir en la dirección opuesta».

Por último, «la cooperación mundial también es vital en el frente económico. Dada la naturaleza global de la economía y de las cadenas de suministro, si cada gobierno hace lo suyo sin tener en cuenta a los demás, el resultado será el caos y una crisis cada vez más profunda. Necesitamos un plan de acción mundial, y lo necesitamos rápidamente».

«Al parecer, no hay adultos en la habitación. No hay liderazgo global. La Administración estadounidense está más preocupada por la grandeza de América que por la supervivencia de la humanidad», concluye.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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