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España

El Ejército debe detener a Sánchez por entregar España a los separatistas por seguir en Moncloa

Redacción

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(Reproducido) La unidad nacional está por encima de los regímenes políticos y de especímenes políticamente tan execrables como Pedro Sánchez.

Ni la soberanía nacional ni la unidad de España se negocian, sino que se defienden. Nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe consentir que el Gobierno de España sitúe mediadores entre el Estado de Derecho constitucional y el golpismo independentista.

Situar mediadores o relatores significa, en la práctica, poner en el mismo nivel de legitimidad el Estado de Derecho constitucional y la ruptura del mismo. Es, de facto, legitimar como admisibles las demandas separatistas. La libertad y la ley no se negocian y menos con intermediarios.

Establecer mediadores supone asumir la demanda de bilateralidad, constante en las exigencias independentistas, que buscan poner a España y a la Comunidad Autónoma de Cataluña como si fueran entidades políticas del mismo nivel.

La vigencia de nuestra unidad nacional, de la Constitución y del imperio de la Ley, por encima de quienes pretenden romperlas mediante actos de rebelión, o mediante una negociación que equivale a una traición a España y a todos los españoles.

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Dicho lo anterior, tenemos toda la autoridad política, legal y moral para exigir a nuestras Fuerzas Armadas que asuman la solución correctora del caos que vivimos, que restablezcan la legalidad y que detengan al presidente del Gobierno por premiar a los separatistas con tal de mantenerse en el poder. Cada minuto que pase sin respuesta nos aleja más de la continuidad histórica de España.

Un Estado que renuncia a defenderse frente a quienes quieren destruirlo no es Estado, es un cadáver. Por eso es imperativo que el Ejército asuma el mandato constitucional de preservar la unidad de España.

Queremos tener esperanza en el papel de las Fuerzas Armadas ante una situación límite como la que vivimos. Queremos creer que el principal rasgo distintivo de los militares españoles sigue siendo su patriotismo. El papel arbitral del Ejército ante esa situación límite debe ser el de restablecer el orden legal de acuerdo al mandato constitucional. Si el Gobierno no lo hace y desatiende los llamamientos de la oposición para que convoque elecciones, deben ser los militares los que defiendan las fórmulas legales que reglan nuestra convivencia dentro de una patria común e indivisible.

Pedro Sánchez está arrastrando a nuestro país a una quiebra de consecuencias imprevisibles. España corre el riesgo de ser pasto de las llamas y difícilmente un pirómano, y mucho menos un traidor a las órdenes del separatismo, puede tener legitimidad moral para imponer su autoridad a millones de españoles.

Reiteramos la urgencia de una solución correctora que permita regenerar una situación que solo puede empeorar si continúa en las mismas manos hasta hacerse irreversible.

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Por ello, la solución pasa únicamente por la salida del poder de un presidente repugnante y felón, que nunca estuvo al servicio de los españoles, y la posterior llamada de los ciudadanos a a las urnas. Si Pedro Sánchez se obstina en vender España a los separatistas por un plato de lentejas, en acertada expresión de Casado, entonces es el Ejército quien debería asumir la tarea que le encomienda el artículo 8 de la Constitución.

El PP de Pablo Casado ha estado esta vez a la altura de la gravedad del momento al alertar de una «alta traición» del presidente Sánchez a España, por sus concesiones a los independentistas catalanes. De momento, Pablo Casado ha subrayado que Sánchez es un presidente «ilegítimo» y ha avisado de que baraja todos los mecanismos legales a su alcance para frenar al presidente del Gobierno, incluida una moción de censura, por admitir un diálogo con los separatistas con presencia de una especie de mediador o «relator». Desde Ciudadanos, Albert Rivera se ha apresurado a decir que no le prestará los votos para una moción de censura, y ha insistido en reclamar elecciones ya.

En Cuenca, Casado ha advertido de que «no se puede vender España a cambio de un plato de lentejas en Moncloa». El líder del PP, en un acto con simpatizantes, ha subrayado que Sánchez es un presidente «ilegítimo», porque ilegítimo es estar «chantajeado». «Sánchez está deslegitimado para seguir al frente del Gobierno de España. Cada día que pasa en el Gobierno es un escarnio para este país».

Elecciones inmediatas

«Exigimos la convocatoria inmediata de elecciones, y si no pondremos todos los mecanismos parlamentarios a nuestro alcance » para devolver la dignidad al Gobierno de España, ha subrayado.

Casado ha enviado un mensaje al PSOE, donde se han escuchado voces críticas por la actitud del Gobierno ante los independentistas: «Antes de que rompan España, deberían poner freno a su secretario general, que es el mayor felón» que han tenido. «Es un mentiroso compulsivo».

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«O rectifican o el PP no tiene absolutamente nada que hablar con el Partido Socialista», ha advertido.

Pedro Sánchez está traicionando a España y no tiene límite por seguir en Moncloa a costa de lo que haga falta. Estamos viendo cómo el independentismo usa los Presupuestos para seguir rompiendo España y Sánchez para seguir en Moncloa, a costa de doblegar a 57 millones de españoles.

Asistimos a una rendición del Gobierno de España ante esos socios que le hicieron presidente. Sánchez sabe que se lo debe todo a los independentistas que se van a sentar en el banco de los acusados por intentar cercenar los derechos y libertades de los españoles.

Millones de españoles apoyan las protestas del pueblo de Venezuela contra Maduro. La situación política en aquel país no difiere en lo sustancial de la que vivimos en España. Maduro ha entregado su país a la corrompida oligarquía chavista vinculada al narcotráfico y Pedro Sánchez está dispuesto a entregar España a los separatistas con tal de mantener unos meses más su millonario nivel de vida.

La ilegitimidad de Maduro y la ilegitimidad de Sánchez para mantenerse en el poder a toda costa merecen el más severo correctivo en nombre de la dignidad y del futuro de ambas naciones.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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