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Internacional

Kosovo, una entidad criminal bajo la tutela de la OTAN que ha llenado Europa de delincuentes y mafias de todo tipo

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Albano-kosovares ondean banderas de Albania mientras celebran la independencia de Kosovo por el centro de Pristina
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LTY.- Entre los meses de marzo y junio del año 1999 tuvo lugar la llamada guerra de Kosovo. Han pasado, pues, 20 años desde aquella innoble agresión contra Yugoslavia. Kosovo ha dejado de estar presente en los titulares de la prensa. Otras urgencias lo han reemplazado. Echemos una mirada hacia atrás, vale la pena hacerlo, aunque sea brevemente.

Resulta aleccionador (que no sorprendente) que los mismos “progresistas” que se opusieron a grito pelado contra una campaña occidental, liderada por los EEUU, contra Sadam Hussein (2003), fueron los mismos, que 4 años antes reclamaron con no menos vehemencia (y aparcando su acendrado pacifismo y su rabioso antiamericanismo) a la OTAN, encabezada por los EEUU, una intervención militar contra Slobodan Milosevic. Las convicciones y la coherencia de esta gente es impresionante: un día se apuntan al Apocalipsis y al siguiente se visten de Mahatma Gandhi, todo por amor a la humanidad.

A algunos les resultaba tan intolerable la idea de atacar y destruir un régimen como el iraquí, fuente de tensiones regionales y amenaza permenente contra sus vecinos, como justificado el destrozar y humillar un digno pais como Yugoslavia, porque tuvo el coraje de defender su soberanía nacional y la vida de sus ciudadanos contra la agresión del violento separatismo albanokosovar y el terrorismo islámico. Este imperdonable “crimen” le valió a Yugoslavia, nación europea, cristiana y de gran cultura ser puesto en la picota y ser tratado como un paria, y al pueblo serbio, el elemento más valioso y civilizado de los Balcanes, ser machacado impiadosamente por la mayor potencia militar de todos los tiempos. Y esto en defensa de los objetivos independentistas (e islamistas) de los albanokosovares, el elemento más atrasado e incivilizado de la región, los afganos de Europa.

Esto lo sabemos muy bien los españoles, ya que por nuestra geografía pululan numerosos grupos criminales albanokosovares que han hecho de nuestro país (y de Europa en general) el escenario de sus fechorías, sin duda para agradecernos la sin precedente campaña de solidaridad de la sociedad española con los albanokosovares en aquella guerra. Si tenemos en cuenta que la población albanesa de Kosovo no alcanza los dos millones de personas (1.800.000), tendremos una cabal idea de las auténticas cualidades de este pueblo, que no obstante su reducido número ha logrado llenar Europa, desde el Mediterréneo hasta el Báltico, de una legión de delincuentes y mafias de todo tipo.

Kosovo es hoy una entidad criminal bajo la tutela de la OTAN, un territorio fuera de la ley, un agujero negro en el mapa, un cáncer mafioso en los Balcanes, una pista de aterrizaje del terrorismo islámico en Europa. Los gobiernos que apoyaron y protagonizaron aquella agresión ilegítima y salvaje contra una admirable nación y su noble pueblo en defensa de una escoria criminal de bandidos y salteadores de caminos se equivocaron de bando en aquella guerra y crearon, para su inextinguible vergüenza, un engendro peligroso en pleno corazón de Europa. Otro acierto de la política (anti) europea, tan faltada de cerebros como sobrada de prepotencia.

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Europa

Salvini manda su apoyo a las demandas independentistas del pueblo catalán

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Poco podía prever el oportunista Abascal que tendría que lamentar su viaje a Roma hace una semana exclusivamente para hacerse una foto con Matteo Salvini, quien se han convertido en un fiel aliado del movimiento independentista catalán.

El líder de la Liga del Norte ha dedicado un “pensamiento” al pueblo de Cataluña donde, dijo, “el voto cuenta”, durante un acto electoral en la plaza de San Juan de Letrán en Roma. “Mientras la Unión Europea sea pagada por el señor (George) Soros, hace bien Viktor Orban en defender el derecho al pensamiento libre de su pueblo. Que llegue un abrazo al pueblo húngaro, polaco, y también al alemán y al francés, que merecen un destino diferente”, consideró.

Y agregó: “Nosotros queremos ser amigos pero no siervos. Amigos de todos, esclavos de ninguno. Esa es la diferencia entre nosotros y la izquierda”. En ese momento Salvini envió un “pensamiento al pueblo catalán y británico, tierras donde el voto cuenta”, en clara referencia al proceso independentista de Cataluña y a la salida de Reino Unido de la UE.

Salvini, que salió del Gobierno italiano el pasado agosto tras dinamitar su coalición con el Movimiento Cinco Estrellas, nunca ha escondido su simpatía hacia el movimiento independentista de Cataluña.La Liga Norte ha cortejado durante décadas al independentismo catalán.

Matteo Salvini se ha dejado fotografiar innumerables veces con esteladas a lo largo de su carrera política: por ejemplo, sosteniendo una en el patio de su casa, vistiéndola en la Cámara de Diputados o durante una visita a Alguer, la ‘terra irredenta’ del pancatalanismo en Cerdeña. Eso no ha sido óbice para que Abascal posara con él hace escasas jornadas.

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Europa

Aprobada la enmienda que obliga a Johnson a retrasar el Brexit, aunque el «premier» se niega a pedir prórroga

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El Parlamento británico ha aprobado por 322 votos a favor frente a 306 en contra la Enmienda Letwin, que paraliza la votación final sobre el acuerdo de Brexit al imponer la aprobación previa de una legislación pertinente a la salida del país de la Unión Europea. Pese a estar obligado por la «ley Benn» —que le obliga a pedir una nueva extensión en la fecha de salida de la UE— a escribir una carta a Bruselas antes de medianoche, el «premier» Boris Johnson se ha negado a pedir una prórroga a Bruselas. «No negociaré una prórrogacon la UE, y la ley tampoco me obliga a hacerlo», insistió Johnson, decisión que le haría incumplir la ley.

Fuentes de la cadena británica ITV habían confirmado esta mañana que la enmienda gozaba mismo de un importante apoyo entre varios grupos parlamentarios como medida última de contención frente a una derrota en la cámara del plan de Brexit, que abocaría al país a una salida caótica de la Unión Europea.

El primer ministro británico ha garantizado que esta paralización no supondrá un aplazamiento de la salida del país, prevista para el 31 de octubre, y se ha comprometido a presentar la semana que viene la legislación pertinente.

El debate sobre el acuerdo entre Reino Unido y la Unión Europea, en la sesión extraordinaria del Parlamento británico, ha comenzado con un Boris Johnson de oratoria parsimoniosa, subrayando la gravedad del momento. Se trata, advirtió el primer ministro a los diputados, de que el Parlamento muestre «la misma amplitud de perspectiva que nuestro amigos europeos» en poner fin al Brexit.

Logró que se escuchara respetuosamente incluso su afán de unir al país en torno a este acuerdo. Quince minutos tardó la Cámara de los Comunes en levantar sus voces de asombro o de protesta. El primer ministro había dicho que «nadie en esta Cámara quiere rebajar los estándares laborales o medioambientales». Es uno de los temas en los que se disputa el desenlace de la sesión de este sábado.

Johnson insistió en que se retirase del acuerdo pactado por Theresa May la lista de protecciones para que Reino Unido y la Unión Europea mantuviesen igualdad competitiva. El nuevo acuerdo borra ese capítulo de la parte legal y en la declaración sobre el futuro se señalan intenciones de mantener los estándares de la UE y también de diferenciarse.

El laborista Jeremy Corbyn insistió en que este es un «Brexit de Trump», empujando a la economía británica hacia un futuro de menos regulaciones, de «pollos limpiados con cloro», dijo el laborista mencionando la posibilidad de que Estados Unidos imponga a Londres la aceptación de esos pollos. Quiere reducir al mínimo las disidencias en sus escaños que darían la victoria a Johnson.

Los disidentes laboristas, de quienes depende el resultado, permanecen callados, salvo Frank Field, ‘brexiter’ contumaz, y Kate Hoey, que también lo es, pero es también norirlandesa de nacimiento y ha sembrado dudas sobre si en la cuenta de votos Johnson ha perdido un casi seguro apoyo por el mecanismo irlandés que ha pactado en el acuerdo.

En los escaños de la oposición se puso en pie Pat McFadden. «El primer ministro promete a sus colegas conservadores el futuro de desregulación en el que sueñan y al mismo tiempo promete a la oposición un camino a más derechos para los trabajadores, algo que atacó como periodista. Las dos promesas no son verdades compatibles», afirmó. Johnson titubeó en su respuesta, provocando las risas de la Cámara.

Abruptas

Cerca del mediodía, se levantó en los escaños laboristas Caroline Flint, diputada del norte obrero y ‘brexiter’. Denunció a quienes quieren enmendar el acuerdo, condicionando su aprobación a que se tramite la legislación necesaria para que Reino Unido abandone la UE el 31 de octubre. El ministro Michael Gove se mostró alborozado. Compartió un papel con otros ministros. El voto de Flint parecía darles la victoria.

Poco después se puso en pie en los escaños conservadores, Mark François, para anunciar que todos los miembros del Grupo de Investigación Europea, los euroescépticos más radicales en el Partido Conservador, y que los miembros de esa facción, una treintena, han decidido, además de votar por el acuerdo, que apoyarán la tramitación íntegra de la ley posterior, eliminando así la necesidad de la enmienda de Letwin.

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Internacional

Emmanuel Macron se alinea con los mulás de Irán

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Por Guy Millière.- El 25 de agosto, los líderes del Grupo de los Siete (G7) se reunieron en Biarritz (Francia) para debatir los problemas del mundo. La situación en Oriente Medio no estaba en el orden del día. El presidente francés, Emmanuel Macron, organizador de la cumbre de este año, estuvo a punto de forzar su inclusión.

Había decidido invitar a la cumbre al ministro de Exteriores de Irán, Mohamed Yavad Zarif. Macron no avisó a sus invitados de la asistencia de Zarif hasta el último momento. Su objetivo, al parecer, era conseguir reunir al ministro iraní y al presidente de EEUU, Donald J. Trump. El presidente Trump se negó. Zarif mantuvo una conversación informal con Macron y algunos ministros franceses y después regresó a Teherán. Pero Macron no se rindió. En una rueda de prensa al día siguiente, le pidió públicamente al presidente Trump que se reuniera con los líderes iraníes lo antes posible.

Trump, respondiendo a la pregunta de un periodista sobre la posibilidad de dicha reunión, respondió educadamente que sí era posible, pero sólo “si las circunstancias son las correctas”. El régimen iraní respondió que, primero, Estados Unidos tendría que eliminar todas las sanciones. La Administración Trump no se molestó en contestar.

Macron invitó después a París a una delegación iraní encabezada por el viceministro de Exteriores de Irán, Abás Aragchi “para intentar definir una postura común para Francia e Irán”. El 3 de septiembre, un día después de que se marchara la delegación, se supo que Francia había propuesto ofrecerle a Irán una línea de crédito de 15.000 millones de dólares. En respuesta, Brian Hook, representante especial para Irán, dijo el 4 de septiembre: “No podemos dejar más claro que estamos volcados en esta campaña de presión y no tenemos intención de conceder ninguna excepción o exención”. Con esta declaración se dio a entender que Estados Unidos rechazó la propuesta francesa.

El mismo día, el presidente iraní, Hasán Ruhaní, anunció que Irán iba a acelerar su enriquecimiento de uranio. No hizo alusión a la maniobra de Macron.

Al parecer, ese anuncio no desanimó a Macron.

El acuerdo nuclear con Irán, conocido como Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), alcanzado entre Irán y China, Francia, Reino Unido, EEUU y Alemania el 14 de julio de 2015, pero que Irán nunca firmó, permitió a la República Islámica disponer de 150.000 millones de dólares que estaban congelados en bancos extranjeros. Los líderes franceses, evidentemente reconociendo una oportunidad económica, invitaron a Ruhaní a París.

Cuando el predecesor de Macron, el presidente François Hollande, recibió a Ruhaní en enero de 2016, anunció por todo lo alto que había que dejar a un lado las viejas disputas y que era hora de abrir “un nuevo capítulo en las relaciones entre los dos países”. Se firmaron varios acuerdos; Ruhaní dijo que Irán “combate el terrorismo” y Hollande agachó dócilmente la cabeza.

Una de las razones por las que el Gobierno francés considera la elección de Donald Trump una mala noticia es que Trump indicó en 2015 que consideraba que el acuerdo nuclear con Irán era un mal acuerdo del que quería retirarse.

Cuando Trump fue después elegido presidente, Macron convirtió en su máxima prioridad salvar el acuerdo, al parecer.

Durante una visita a Washington en abril de 2018, el principal objetivo de Macron fue convencer a Trump de que cambiara de idea. Lo intentó mediante la seducción, abrazando a Trump sin cesar. Lo intentó con arrogancia, anunciando en un discurso ante el Congreso:

“Francia no abandonará el acuerdo nuclear iraní porque lo firmamos. Su presidente y su país tendrán que afrontar sus responsabilidades”.

Después de que Trump anunciara en mayo de 2018 que EEUU abandonaba el acuerdo nuclear, Macron pareció entrar en pánico, y pidió una reunión de urgencia de los líderes europeos. La Unión Europea pidió a las empresas francesas y europeas que desafiaran a Trump, pero al final, temiendo las sanciones estadounidenses, algunas empresas europeas dejaron de hacer negocios en Irán.

Francia y Alemania intentaron después establecer un mecanismo para ayudar a las empresas a sortear la decisión de Estados Unidos y seguir haciendo negocios con Irán. El Instex (Instrumento de Apoyo al Intercambio Comercial) se introdujo oficialmente a principios de 2019, pero aún no está operativo. Nadie en Europa con la responsabilidad de tomar decisiones parece querer arriesgarse a usarlo y tener un problema con Estados Unidos.

El 8 de septiembre, días después de las declaraciones de Ruhaní sobre la aceleración del enriquecimiento de uranio iraní, el ministro de Exteriores francés, Jean Yves Le Drian, resumió la postura francesa. Dijo que Irán estaba tomando “malas decisiones”, pero que Francia intentaría ayudar y “mantener el diálogo”.

Añadió —incorrecta pero impávidamente— que Irán había respetado escrupulosamente el acuerdo nuclear hasta el momento en que Estados Unidos renegó del acuerdo. De manera desconcertante, añadió que Irán se había visto “privado de los beneficios” que podía esperar del acuerdo —refiriéndose, aparentemente, a la oportunidad de poder desarrollar pronto armas nucleares sin límites— y que ahora era necesario “evitar los riesgos de una desestabilización regional”. No especificó a qué región se refería.

Lanzó la crítica de que “Estados Unidos impide a las empresas no estadounidenses decidir libremente”.

Macron y el Gobierno francés saben perfectamente que el acuerdo nuclear era defectuoso, que no impedía al régimen iraní dedicarse a sus actividades belicosas. Macron y el Gobierno francés también saben que Irán vulneró el acuerdo repetidas veces. También saben que el Mossad, el servicio de inteligencia de Israel, confiscó miles de documentos condenatorios en Teherán. Eran de dominio público, y fueron revelados por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el 30 de abril de 2018.

Los funcionarios franceses, sin embargo, siguieron hablando como si no supieran nada. Mentían.
Lamentablemente, insisten en afirmar que el presidente Trump se retiró arbitrariamente del acuerdo no firmado y fingieron no saber lo que decía Trump cuando anunció su decisión:

“El régimen iraní es el principal patrocinador estatal del terrorismo. Exporta misiles peligrosos, aviva los conflictos en todo Oriente Medio y financia a los terroristas, proxies y milicias como Hezbolá, Hamás los talibanes y Al Qaeda.

“A lo largo de los años, Irán y sus satélites han bombardeado embajadas y edificios militares estadounidenses, asesinado a cientos de miembros en servicio de Estados Unidos y secuestrado, encarcelado y torturado a ciudadanos estadounidenses. El régimen iraní ha financiado su largo reinado de caos y terror saqueando la riqueza de su propio pueblo (…)

“el acuerdo permitió a Irán seguir enriqueciendo uranio y, con el tiempo, llegar al borde de una explosión nuclear. El acuerdo levantó sanciones económicas que estaban paralizando a Irán a cambio de unos límites muy débiles en cuanto a su actividad nuclear y nulos en cuanto a su conducta maligna”.

Los funcionarios franceses también afirmaron falsamente que Irán no se había “beneficiado” del acuerdo.

Sin embargo, Irán, en vez de hacer inversiones con las empresas extranjeras, utilizó la mayor parte de los 150.000 millones de dólares de fondos y créditos descongelados para proveer a las organizaciones terroristas de miles de millones para sembrar el caos y la muerte en todo Oriente Medio, atacar los activos de EEUU y el Reino Unido y dejar fuera de juego la mitad de la producción petrolífera de Arabia Saudí, que representa el 5% del suministro de petróleo diario mundial.

Los funcionarios franceses hablaron de “desestabilización regional” como si no vieran que Irán ya ha desestabilizado profundamente Siria, el Líbano, el Yemen y la Franja de Gaza.

Los funcionarios franceses también afirman falsamente la necesidad de defender el libre comercio y la libertad empresarial, una excusa que es un claro subterfugio para ayudar a un régimen criminal.

Tampoco mencionan nunca las innumerables violaciones de los derechos humanos perpetradas por el régimen, y la desesperación y la miseria de la población iraní. Tampoco hablan jamás de la dura retórica antisemita diseminada por la mayoría de los dirigentes del régimen y las incesantes llamadas a la destrucción genocida de Irán lanzadas por el líder de Irán, el ayatolá Alí Jamenei.

Los funcionarios franceses actúan y hablan como si el régimen iraní fuese totalmente honorable, como si no discernieran lo obvio: que el régimen iraní tiene objetivos destructivos. El acuerdo nuclear no desvió al régimen de su objetivo de construir armas nucleares. De hecho, el acuerdo ayudó al régimen respecto a ese fin preciso. La estrategia estadounidense de aplicar la máxima presión mediante las sanciones económicas parece la única manera no militar de presionar al régimen para que cambie de rumbo.

En vista del historial de Francia a la hora de apaciguar a regímenes hostiles, su actitud hacia el régimen iraní no es nada sorprendente.

En las últimas décadas, Francia intentó varias veces dar prioridad a sus intereses económicos inmediatos, aunque aumentara el riesgo para otros y a la postre incluso para sí misma. En 2001-2002, cuando Francia firmó los acuerdos petrolíferos con Irak, hubo documentos que mostraban que la oposición francesa al derrocamiento de Sadam Husein obedecía al deseo de salvar los acuerdos sobre el petróleo. Tres décadas antes, el 18 de noviembre de 1975, después de que Francia hubiese firmado un acuerdo de cooperación nuclear con Irak, el entonces dictador Sadam Husein dijo que el acuerdo era “el primer paso concreto hacia la producción de un arma atómica árabe”. Si Israel no hubiese destruido el reactor nuclear de Osirak el 7 de junio de 1981, es casi seguro que Irak habría podido adquirir armas nucleares.

El intento actual de Francia de dar prioridad a sus intereses económicos a pesar de las malignas actividades del régimen iraní es más de lo mismo.

Los dirigentes franceses han criticado a menudo —e incluso intentado poner obstáculos— a Estados Unidos, siempre que se ha enfrentado a enemigos. El 1 de septiembre de 1966, el general Charles de Gaulle pronunció un discurso en Nom Pen (Camboya) en el que criticó duramente el “imperialismo estadounidense” en Vietnam. Cuando el presidente de EEUU Ronald Reagan describió a la Unión Soviética como el “imperio del mal”, el ministerio de Exteriores francés expresó sus “reservas” sobre la “arriesgada actitud beligerante” de Estados Unidos. Cuando el presidente de EEUU George Walker Bush denominó a Corea del Norte, Irak e Irán como “el eje del mal”, el presidente francés Jacques Chirac habló de su “miedo”.

Además, los líderes franceses han tenido rara vez en cuenta la suerte que corrían las poblaciones de los países con los que tenían la posibilidad de mantener unas lucrativas relaciones. Nunca prestaron atención a los discursos antisemitas y llamadas a la destrucción de Israel que surgían de los líderes del mundo musulmán. En general, han soslayado las declaraciones de guerra de los enemigos de Israel. En 1967, poco antes del estallido de la Guerra de los Seis Días, el general De Gaulle decidió declarar un embargo de armas contra Israel. En 1973, durante la Guerra de Yom Kippur, cuando Egipto y Siria atacaron a Israel, el ministro de Exteriores francés Michel Jobert dijo que los “árabes querían volver a casa” y añadió que eso no era “necesariamente una agresión”. La indiferencia de los líderes franceses ante las amenazas de Irán a Israel concuerda perfectamente con la arraigada tradición política de Francia.

Francia no es el único país europeo que se comporta de ese modo con el régimen iraní. Cuando Angela Merkel se percató de que Macron no había logrado convencer a Trump de que se mantuviera en el acuerdo nuclear, fue a Washington e intentó influir en el presidente. Hasta la fecha, Alemania sigue apoyando las posturas de Francia respecto a Irán. El Instex fue fruto de la cooperación entre Francia y Alemania. El ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, incluso fue a Teherán a explicar al Gobierno iraní cómo funcionaría el instrumento comercial.

La Unión Europea, también, apoya la postura de Francia.

Macron, en resumen ha hecho lo mismo o más que cualquier otro país europeo a favor del régimen iraní; más que Alemania, e incluso más que la propia Unión Europea.

Podría haber optado por actuar como un aliado fiable de Estados Unidos, pero tomó otra decisión diferente.

El 31 de octubre de 2017, en un discurso ante el Consejo de Europa en Estrasburgo, Macron dijo que “hacer que prevalezcan los derechos humanos es una lucha, incluso para países como Francia”. A veces cuesta ver qué hace Macron para que prevalezca ningún derecho humano.

El analista político Daniel Krygier escribió hace poco que “el presidente Trump no ofrece nada sin recibir algo a cambio”. Aunque Trump decidiera reunirse con Ruhaní, e incluso aunque fuese una reunión inútil, Trump la abordaría desde una posición fuerte, y cabe esperar que sin tener que ceder en nada.

El 14 de septiembre, sólo unos días después de que el exasesor sobre seguridad nacional John R. Bolton desapareciese cómodamente de la Administración, Irán infligió grandes daños a una inmensa refinería de petróleo de Arabia Saudí, paralizando la mitad de la producción petrolífera del país y el 5% del suministro diario mundial. Aunque los insurgentes huzis que, con el respaldo de Irán, están librando una guerra con las fuerzas saudíes en el Yemen, se atribuyeron la autoría, EEUU culpa a Irán.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, publicó un tuit en el que dijo que “no hay pruebas de que el ataque se produjera desde el Yemen”, y añadió:

“Teherán está detrás de alrededor de 100 ataques contra Arabia Saudí mientras Ruhaní y Zarif fingen actuar por vías diplomáticas. Entre las llamadas a la desescalada del conflicto, Irán ha lanzado ahora un ataque insólito al suministro de energía mundial (…)

“Pedimos a todos los países que condenen pública e inequívocamente los ataques de Irán. Estados Unidos trabajará con nuestros socios y aliados para asegurar el buen abastecimiento de los mercados energéticos y que Irán rinda cuentas por su agresión”.

No obstante, Trump podría reunirse con Ruhaní en Nueva York.

El Gobierno francés emitió un comunicado en el que decía que el ataque contra la refinería saudí podría “agravar las tensiones y los riesgos de conflicto en la región”. Ni siquiera mencionó a Irán.

El ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, dijo:

“Hasta ahora, Francia no tiene pruebas que le permitan decir que esos drones provinieron de un lugar u otro, y no sé si alguien las tiene (…) Necesitamos una estrategia de desescalada para la zona, y cualquier medida que vaya contra esa desescalada sería perjudicial para la situación en la región”.

“El ataque no ayuda a lo que estamos intentando hacer”, añadió una fuente diplomática francesa.

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