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Cartas del Director

La instrumentalización de la mujer

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La noble causa de la igualdad entre sexos se ha convertido en España en una campaña viciada por la ideologización excluyente y sectaria. La izquierda se ha adueñado de una concepción del feminismo completamente anacrónica, de modo que quien no se someta a una idea izquierdista de la figura de la mujer aparece ante los ojos de la opinión pública como la de un machista recalcitrante, fascista y misógino. Nada está más lejos de la realidad.

La izquierda no tiene derecho a apropiarse de la mujer, ni de su papel en la sociedad del siglo XXI, ni a abanderar la batalla cívica contra la violencia de género. Dibujar a una derecha compuesta por PP, Ciudadanos y Vox como si fuesen partidos que fueran a legislar contra derechos elementales de la mujer, o contra la igualdad, es una bajeza moral, incluso en campaña electoral, porque las urnas no lo justifican todo.

Convertir el día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en un acto que no reivindique el papel del feminismo igualitario, sino que sea una suerte de condena de la derecha política en las calles es absurdo e injusto desde cualquier punto de vista. Cargados de simbología republicana y marxista, los colectivos feministas convocantes de actos a favor de la mujer deberían reflexionar sobre dos cuestiones: primero, en torno a las miles de mujeres que votan a la derecha sin complejo alguno de inferioridad y en la sana convicción de estar delegando su sufragio en opciones beneficiosas para España y para la causa de un feminismo real y apolítico; y segundo, en torno al cinismo con el que la izquierda maneja sus actuaciones, ya que en nueve meses de Gobierno, Pedro Sánchez no ha adoptado ni una sola medida en apoyo de la mujer. Una cosa es la política virtual basada en la demagogia más absoluta, típico de la izquierda en España, y otra distinta, concertar con todos los grupos parlamentarios medidas idóneas a favor de la igualdad, cosa para la que ni Pedro Sánchez, ni sus socios de moción de censura, han dedicado un solo minuto. Basta recordar algunos comentarios públicos de Pablo Iglesias, por ejemplo, para comprender que todo en él respecto a la mujer es de una hipocresía lacerante.

España no está para juegos. Ni siquiera para las soflamas pronunciadas ayer por Adriana Lastra, número dos del PSOE, cuando apelaba a «vestir las calles de rojo» contra los partidos conservadores, como si el socialismo o el populismo de extrema izquierda fuesen un bálsamo para la mujer y la derecha fuese una amenaza. Ese discurso simplista ha dejado de ser convincente, porque de facto se basa en la premisa de tratar a la mujer como un simple objeto político. Es legítimo centrar la campaña en criterios de polarización, porque en eso se basará el voto del próximo 28 de abril. Sin embargo, ese discurso resulta infantil. La instrumentalización política de la mujer es hoy insultante.

 


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