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Internacional

La nueva yihad: más amenazante que nunca

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En la imagen, policías y militares acordonan el escenario de un ataque terrorista en el que perdió la vida un policía. París, 27 de abril de 2017.
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Por Guy Millière.- Cuando tuvo lugar el ataque terrorista en Barcelona el 17 de agosto de 2017, a pesar de lo horroroso que fue (13 muertos, 130 heridos), los yihadistas no lo consideraron un éxito. Tenían un proyecto más letal. Querían empotrar furgonetas cargadas de explosivos contra la basílica de la Sagrada Familia y otras dos zonas turísticas de la ciudad. Sin embargo, ese fue el último gran atentado yihadista en un país occidental. El atentado de Mánchester, producido dos meses antes, el 22 de mayo de 2017; el atentado en Niza (Francia) tuvo lugar el 14 de julio de 2016 y el atentado en Orlando (Florida), el 12 de junio de 2016.

La destrucción del Estado Islámico, con el presidente Donald J. Trump, no sólo ha privado a los yihadistas de lo que se había convertido en un santuario y campo de entrenamiento; también les privó de la idea de que podrían derrotar rápidamente a Occidente.

Enseguida, la conciencia del peligro que encarna el islam radical se desvaneció en Estados Unidos y se borró en gran parte en Europa. Los ataques con cuchillo y el asesinato de los transeúntes en Francia o Gran Bretaña no recibieron mayor relevancia en los principales medios que los accidentes de tráfico. Los asesinos yihadistas solían ser definidos inmediatamente por las autoridades como trastornados mentales. En Europa, el nombre de los asesinos se ocultaba a menudo para evitar la posibilidad de desencadenar los “prejuicios” contra los musulmanes.

Lo que ocurre en otras partes del mundo rara vez llega a los titulares y se suele tratar como un problema local sin importancia global. Apuñalar a los israelíes y lanzar cohetes y cometas y globos incendiarios desde Gaza a Israel se considera estrictamente parte del “conflicto en Oriente Medio”. Los ataques contra los cristianos coptos en Egipto son definidos como un problema egipcio. Más de 1.800 cristianos masacrados en Nigeria apenas se mencionan en las noticias. La sentencia a muerte por blasfemia en países como Pakistán no se mencionan en absoluto.

El islam radical puede estar a la defensiva, pero su ofensiva no ha cesado. Las principales organizaciones islamistas parecen estar esperando el momento para atacar otra vez. Al Qaeda fue recientemente descrita en un informe de la ONU de enero de 2018 como “fuerte”, “influyente” y “resistente”. El Estado Islámico puede haber perdido territorios que antes gobernó en Siria e Irak, pero, según el informe de la ONU, “la organización sigue transformándose en una organización terrorista con una jerarquía plana, con células y afiliados que actúan cada vez con mayor autonomía”.

Los grupos de yihadistas islamistas siguen activos en Libia, donde controlan las actividades de tráfico de personas e infiltran a sus operativos entre los inmigrantes que tratan de cruzar el Mediterráneo hacia Europa. La policía sigue incautándose componentes utilizados para fabricar dispositivos explosivos y ha desbaratado intentos de atentado en suelo europeo, pero siguen circulando vídeos con instrucciones.

Lo que es importante recalcar es que los islamistas radicales usan otros medios aparte del terrorismo para ganar terreno. Los Hermanos Musulmanes, la principal organización islamista suní, jamás ha rechazado la violencia, pero dice que prefiere la da’wa (proselitismo, infiltración e influencia) para alcanzar el poder en el mundo musulmán y más allá. Sayid Qutb, su líder en la década de 1950, dijo que el objetivo de los Hermanos Musulmanes era “establecer el régimen islámico” allá donde fuese posible, por “cualquier medio al alcance”. Sus miembros pueden haber pensado que estaban logrando su objetivo durante la revuelta que los periodistas llamaron “Primavera árabe”. Por desgracia para ellos, el intento del expresidente egipcio Mohamed Morsi de convertir Egipto en un Estado islámico totalitario, y la crisis económica que le siguió, dio lugar a una toma del Gobierno por parte del actual presidente de Egipto, Abdel Fatah al Sisí, y a una represión que erradicó a la organización allí. Los Hermanos Musulmanes, sin embargo, no han desaparecido. Siguen teniendo el apoyo de Turquía y Qatar, y Hamás se fundó como la rama palestina de los Hermanos Musulmanes.

Las informaciones señalan ahora que los miembros de los Hermanos Musulmanes pueden recurrir ahora a una red de afiliados en más de 70 países. Mantienen su esperanza de ganar en todo el mundo musulmán, pero su objetivo principal parece seguir siendo transformar Occidente.

Los líderes delos Hermanos Musulmanes parecen pensar que si Occidente cae, el resto del mundo caerá después. En EEUU, los Hermanos Musulmanes tienen ramas no oficiales que intentan ocultar lo que son en realidad, pero están muy activas; entre ellas se encuentran el Consejo para las Relaciones Islámicas Americanas (CAIR) y la Sociedad Islámica de Norteamérica (ISNA).

Los Hermanos Musulmanes tienen una fuerte implantación en la Europa occidental, donde controla muchas organizaciones y asociaciones benéficas que hacen todo lo posible por ocultar lo que son. Éstas incluyen “La Comunidad Islámica de Alemania”, la Asociación Musulmana de Gran Bretaña y “Los Musulmanes de Francia”. Los Hermanos Musulmanes han creado, además, vastas redes de mezquitas y escuelas que reclutan, adoctrinan y afirman que el futuro de Europa occidental será pertenecer al islam y que los europeos seguirán sometiéndose.

Esta semana, los jueces no electos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos se sometieron a las demandas de las leyes sobre blasfemia de la sharia y decidieron no permitir las críticas a Mahoma, no vaya a ser que se hieran los sentimientos de los musulmanes. El Tribunal eligió en realidad herir los sentimientos por la libertad de expresión y la defensa de la verdad. Probablemente es hora de “deselegir” a estos jueces no electos.

Las organizaciones islamistas están presentes y creciendo. A menudo, aúnan fuerzas para promover campañas de intimidación y presionar a los gobiernos, los grandes medios y las universidades para prohibir toda crítica al islam e imponer una creciente islamización de la vida cotidiana. Los ejemplos incluyen los esfuerzos por cambiar los programas académicos para presentar la civilización musulmana con una luz más atractiva; los esfuerzos por tener hospitales que acepten que las mujeres musulmanas sean examinadas únicamente por doctoras, y que las agencias de servicios sociales deben respetar la poligamia. Muchas organizaciones recurren al apoyo de los “compañeros de viaje”, principalmente occidentales que odian la civilización occidental y pueden ver el auge del islam como un medio para desestabilizarla. Quieren, y consiguen, resultados.

Los políticos occidentales europeos, de izquierda y derecha, confían cada vez más en el voto musulmán para salir elegidos: piensan que las tasas de natalidad (que ahora es inferior a los niveles de reemplazo) y los flujos migratorios crean un cambio de la población; calculan que ser demasiado hostiles con el islam podría conducir a su derrota política.

Aunque el escritor suizo islamista Tariq Ramadan sigue en prisión en Francia acusado de violación, sus libros siguen escalando en las listas de los más vendidos. Las librerías islámicas son cada vez más numerosas. Venden libros antisemitas y antioccidentales que incitan a la violencia. Las zonas de exclusión siguen proliferando en Francia, Gran Bretaña y ahora en Alemania. En su libro No Go Zones, Rahim Kasam muestra la mutilación genital femenina, las agresiones sexuales y a veces los asesinatos por honor que tienen lugar en estas zonas.

Unos pocos políticos –el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, el vice primer ministro y ministro del Interior italiano, Matteo Salvini y el canciller austriaco Sebastian Kurz– están intentando defender la civilización occidental. Son arrastrados al barro por Merkel, May, Macron y otros líderes europeos occidentales. La oportunidad de Orbán, Kurz y Salvini de ganar la lucha en el corto plazo se ve limitada por el rápido envejecimiento de las poblaciones de sus países.

Se sigue permitiendo escribir a los escritores que critican el islam en Europa occidental, pero, con algunas excepciones, como la de Éric Zemmour en Francia o Thilo Sarrazin en Alemania, son casi totalmente ignorados por los grandes medios. Todos ellos han sido hostigados por los islamistas y a veces mediante procesamientos. Cualquiera que haya abandonado el islam se arriesga a que lo maten. Algunos han optado por escapar a una parte más segura del mundo. Ayaan Hirsi Ali abandonó los Países Bajos en 2006 y ahora es ciudadana estadounidense. Otros que han permanecido en Europa tienen que vivir bajo la protección policial. Hamed Abdel-Samad, exmiembro de los Hermanos Musulmanes que ahora vive en Alemania, es el autor de Islamic Fascism. Abdel-Samad dice lo que los líderes europeos occidentales se niegan a ver: “El islam es una religión de guerra”. En una entrevista reciente, añadió que cuando un país no musulmán es fuerte, “el islam puede acabar accediendo a convivir”, pero cuando un país no musulmán es pasivo “vuelve la guerra” sobre el horizonte. Esta guerra, continuó, “puede ser violenta. Puede ser no violenta. Los países europeos occidentales muestran todos los síntomas de ser pasivos.

Estados Unidos es más fuerte. ¿Seguirá siendo un refugio seguro para los exmusulmanes y la libertad de expresión? Los islamistas están trabajando. Algunos en las mezquitas incitan a la violencia. Encuentran apoyo. Intimidan a las instituciones. En abril de 2018, M. Zuhdi Yaser, médico practicante y fundador y presidente del American Islamic Forum for Democracy, que defiende la separación entre religión y Estado, fue invitado a hablar en la Universidad de Duke. Por la presión de los estudiantes islamistas, la invitación se canceló, después se reinstauró.

En 2014, cuando la Universidad de Brandéis quiso homenajear a Ayaan Hirsi Ali, escritora que abandonó el islam, las organizaciones islámicas y “progresistas” exigieron que Brandéis revocara la invitación. Fue “desinvitada” y no se le volvió a extender la invitación. Hirsi Ali dijo:

“Como conocedora de lo que es vivir sin libertad, observo atónita a los que se dicen liberales y progresistas –personas que afirman creer fervientemente en la libertad individual y los derechos de las minorías– hacer causa común con las fuerzas del mundo que representan de forma manifiesta las mayores amenazas a esa propia libertad y a esas mismas minorías […]. Tenemos que decirles a los musulmanes que viven en Occidente: si queréis vivir en nuestras sociedades, compartir sus beneficios materiales, entonces tenéis que aceptar que nuestras libertades no son opcionales”.


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Hispanoamérica

(IMÁGENES DE VIOLENCIA EXTREMA) El nuevo sistema de justicia que triunfa entre la policía mexicana

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Es curioso (lo de curioso es un decir) que podamos encontrar tantas similitudes entre el oficio de político y el de “chorizo” de poca monta. En ambos casos, los sujetos de nuestro análisis claman por su inocencia, se justifican diciendo que se vieron obligados, y culpan a la sociedad y a las circunstancias.

No me digan que no es cierto.

También resulta llamativa la propensión de los legisladores a ir ablandando las leyes que se aplican a estos criminales que tanto daño hacen, sobre todo, a las personas más humildes de la sociedad. Reconozcámoslo: que nos roben el móvil a nosotros nos descabala el presupuesto de seis meses y nos hunde en una depresión. Que se lo roben a -un político, verbigracia- implica la molestia de pedir otro al personal del Congreso de los Diputados. Y rezar para que no se difundan “aquellas” fotos con la señorita XXX… o esas otras con los amigotes preparando XXX sobre un cristal.

Quizá también el subconsciente -o el consciente- de estos legisladores les haga pensar que, oye, que en cualquier momento pueden sufrir los rigores de la justicia, y mejor que ésta sea benevolente.

Seguramente, por todo lo anterior, hace ya tiempo que el chorizo de poca monta roba sin freno ni medida porque aunque lo hayan pillado 10, 20, o más de 300 veces (no exagero, se dan casos) lo van a soltar en 24 horas.

El caso es que en México parece que han encontrado una solución sencilla, práctica y realmente efectiva: apelando a los instintos más fuertes del ser humano, unos policías castigan a un ladrón confeso con un sistema que no por arcaico deja de ser muy efectivo.

Pasen y vean.

Y si les han robado alguna vez, disfruten estas imágenes.

 


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Hispanoamérica

Venezuela: el 94% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y el 70% de los niños no va al colegio

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El Parlamento Europeo ha aprobado una resolución en la que muestra su profunda inquietud ante la “grave situación de emergencia” en Venezuela y culpa a Nicolás Maduro de la feroz represión y la violencia indiscriminada existente en el país.

En línea con el informe preparado por la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, tras visitar el país, los eurodiputados subrayan la “responsabilidad directa de Nicolás Maduro y de las fuerzas armadas y de inteligencia en el uso indiscriminado de la violencia para reprimir el proceso de transición democrática y la reinstauración del Estado de derecho en el país”.

El texto, que fue aprobado con 455 votos a favor, 85 en contra y 105 abstenciones, reitera el apoyo total al presidente interino legítimo, Juan Guaidó, y la Asamblea Nacional, y respalda el proceso de facilitación impulsado por Noruega, “que debería conducir a la celebración de elecciones libres, transparentes y creíbles”.

La Cámara pide al Consejo que adopte sanciones adicionales contra los responsables de las vulneraciones de los derechos humanos y la represión en Venezuela. “La UE debe restringir sus movimientos, congelar visados y activos y extender el castigo a sus familiares cercanos”, insisten los eurodiputados.

Represión y ejecuciones extrajudiciales

El Parlamento Europeo condena la feroz represión y la violencia, que incluye el uso de detenciones arbitrarias, tortura sistemática y ejecuciones extrajudiciales, y demanda el establecimiento de un mecanismo independiente, con apoyo internacional, para investigar los asesinatos perpetrados en operaciones de seguridad (más de 7.000 en el último año y medio, según cálculos de la ONU).
La resolución destaca también el caso reciente de Rafael Acosta, el capitán de corbeta que fue arrestado y torturado por su supuesta implicación en un complot para asesinar al presidente Maduro y que murió en prisión.

Crisis humanitaria y migratoria

Los eurodiputados subrayan que más de siete millones de personas en Venezuela requieren asistencia humanitaria, el 94% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y el 70% de los niños no van al colegio. Ante la escasez de alimentos y medicinas, instan al régimen a garantizar la distribución de ayuda humanitaria entre toda la población, sin sesgo político.

Respecto a la crisis migratoria y de refugiados, inciden en que más de 3,4 millones de venezolanos han abandonado el país y advierten de que la cifra puede llegar a 5 millones a final de este año. El Parlamento valora los esfuerzos y solidaridad demostrados por los países vecinos, en particular Colombia, Ecuador y Perú, y pide a la Comisión Europea que continúe cooperando con estos países.

(La Tribuna del País Vasco)


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USA

Trump representa la lucha del patriotismo identitario contra el globalismo satánico

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La de Donald Trump ya no es una lucha ideológica entre demócratas y republicanos. Lo que está en juego es una lucha entre el Bien y el Mal, entre el patriotismo identitario y el globalismo satánico.

Hace sólo un lustro, jamás hubiésemos podido imaginar que pudieran realizarse campañas de tal envergadura contra el presidente de los Estados Unidos de América. La mafia mediática de dentro y fuera de Estados Unidos no ha cejado en el empeño de desacreditar al hombre que rompió todos los pronósticos al convertir en realidad lo que se antojaba una quimera: arrebatarle la Presidencia del país más poderoso de la tierra a la candidata de las elites globalistas, que controlan más del 90 por ciento de los periódicos, cadenas radiales y canales televisivos en todo el mundo.

Estas campañas utilizan algunos de los argumentos tradicionales de la propaganda de guerra, tal y como los definió en 1928 el político británico Lord Arthur Ponsonby, en su libro Falsehood in Wartime y posteriormente precisados por la historiadora belga Anne Morelli en su obra “Principes élémentaires de propagande de guerre”:

– El señor Trump es una personalidad peligrosa.

– Nosotros defendemos una noble causa, la de los principios de nuestra Constitución –en Estados Unidos– mientras que el señor Trump sólo se preocupa por sus proyectos megalómanos.

– El señor Trump está portándose muy mal porque no sigue nuestras indicaciones, como han hecho todos los presidentes que le han precedido.

– El señor Trump recurre a métodos no ortodoxos.

– Los artistas e intelectuales comparten nuestra indignación.

– Nuestra causa es sagrada.

– Quienes cuestionan a nuestros medios de difusión no son verdaderos «americanos».

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, proclamando y demostrando con sus acciones que el único credo al que esta sujeta su presidencia es el americanismo y no el globalismo, tuvo en seguida un efecto inmediato sobre el sistema nervioso de las élites financieras, sus mariachis de Hollywood, sus oenegetas siempre ávidas de dinero y sus putas mediáticas a uno y otro lado del Atlántico.

Lo mejor que podemos destacar de Donald Trump es el mérito de tener tan rabiosamente en contra a tantos y tan grandes canallas. Que sus principales órdenes ejecutivas coincidan con lo que prometió a los electores durante la campaña, no parece haber conturbado la sensibilidad democrática de los que se erigen hoy en paladines de la libertad. Hasta en ese punto, Donald Trump está resultando ser un presidente radicalmente transgresor. Que un mandatario cumpla lo que promete a su pueblo está resultando demasiado turbador para un sistema donde las decisiones y los acuerdos se establecen casi siempre a espaldas de lo que ese mismo pueblo, y no las élites, haya elegido.

Ya antes de que Trump entrara por vez primera en la Casa Blanca como su inquilino, una muchedumbre tomó las calles de la capital del país para reclamar que se alterara la voluntad popular. Descubrimos que una de las organizadoras de “la marcha de las mujeres contra Trump” era Linda Sarsour, una activista islámica cercana a Hamas y promotora de la sharia.

El progresismo se disfraza como nosotros para destruirnos, de la misma manera que en ONGs, redes sociales y manifestaciones progres podéis encontrar a mujeres islamistas haciéndose pasar por feministas, e incluso haciéndose pasar por católicas. La hembra del cuco pone sus huevos en el nido de la lechuza, pues al ser físicamente parecidos, la lechuza no se da cuenta y cree que son suyos propios y los encuba. Pues lo mismo.

Donald Trump prometió a sus millones de votantes una América americana y no mundializada. Eso significa tener que tomar medidas que sirvan de muro de contención contra el progresismo destructor de los pueblos de raza blanca y también contra la corrupción política y científica. La ideología de Donald Trump está basada en el “nativismo”, que se caracteriza por defender los valores morales tradicionales de la sociedad norteamericana (allí conocidos como “familiy values”) y también por tener como patrón referencial la sociedad americana de los años 50 y 60 del pasado siglo, cuando EE.UU. era un país próspero y con una población de raza blanca abrumadoramente mayoritaria. La hercúlea tarea que Trump está llevando a cabo no consiste únicamente en enderezar el rumbo económico de su nación (los resultados económicos hasta ahora están siendo espectaculares), sino en destruir los perversos planes de las altas esferas para acabar con la América que retoza en cada iglesia, en el trabajo colectivo de cualquier comunidad rural, en el fuego del hogar que aglutina a las familias, en cada interpretación country, en la fuerza de la razón y también en la razón de la fuerza. La gigantesca tarea que Trump nos concierne a todos. Del resultado de su lucha contra los poderes mundialistas, promotores del ateísmo, el multiculturalismo, las ideologías de género y la disolución de las identidades nacionales, dependerá nuestro destino histórico. Por ello no hay tarea más importante que tengamos por delante que la de servir de contrapeso a la descomunal fuerza a la que nuestro héroe americano tiene ya que enfrentarse.
La envergadura de su proyecto antiglobalista es de tal calado que ya ha obligado a los poderes mundialistas y a sus tontos útiles a desprenderse de sus caretas y mostrarnos sus verdaderos rostros. Y ahí los tenemos, debidamente conjurados contra Trump y en contra de cualquier otra forma de vida que la que unos pocos nos proponen. A los enemigos de su proyecto, que es también el nuestro, mal les deben ir las cosas cuando han obligado a los representantes de la mafia mediática a recurrir al victimismo.

Y quien habla de la mafia mediática habla también de esos representantes de la fanfarria hollywoodiense. Azuzan teatralmente a las masas para que se rebelen contra los planes antiinmigratorios de Donald Trump, mientras ellos y ellas viven pertrechados en sus lujosísimos territorios de Beverly Hills, a salvo de las intromisiones que defienden para otras zonas de los Estados Unidos. Y quien habla de los actores habla también de los jueces y burócratas, que han vivido durante décadas del dinero público vitalicio, a cambio de elaborar y aplicar normas tóxicas contra el pueblo. No soportan que los votos de la gente sencilla les hayan desposeído de sus prerrogativas palaciegas. Y quien habla de estos corrompidos funcionarios habla también de los representantes de la prensa.

Hace poco tuvo lugar en las calles de Washington la mayor manifestación antiabortista que se recuerda. Ni una sola mención en los medios. Y si la hubo fue para demonizar a los cientos de miles de manifestantes, llegados desde todos los rincones del país, por la presencia entre ellos del vicepresidente Mike Pence. De la corrupción y prostitución de la prensa europea y de Estados Unidos, poco más podríamos apuntar que ustedes no sepan. Tal vez ha llegado el momento de encauzar nuestra indignación proscribiendo de nuestras casas y de nuestras vidas la presencia de estas “deshonestas” voces siempre al servicio de sus amos y de nuestra destrucción colectiva.

El “fenómeno Trump”, sin embargo, no sólo está poniendo al descubierto las vergüenzas de la profesión periodística. El procaz sectarismo que ésta acredita está permitiendo que millones de personas se liberen de las anteojeras que siempre han llevado. Los medios del planeta están dando visibilidad a las voces detractoras contra Trump, pero no duden ustedes de la existencia de una mayoría silenciosa, en Estados Unidos fuertemente armada, que terminará rompiendo todas las espitas de la corrección política para que el caudal de su inmensa indignación anegue a sus causantes. A la “cruzada” planetaria contra Trump, se han unido, cómo no, los representantes de esa Iglesia tan jacarandosa y progresista que lidera Francisco I. Cuando leemos a muchos purpurados arremeter contra Trump por su anuncio de levantar un muro con México, nos preguntamos por qué el Vaticano no predica con el ejemplo y deja que en sus amplísimos y vacíos aposentos hallen acomodo al menos una parte de los “sin techo” y pobres de solemnidad que salpican las calles de Roma. ¿Por qué se opone la oficialidad de la jerarquía católica a que un país como Estados Unidos decida defender sus fronteras y también quiénes deben entrar y quiénes no? Si tan ardorosamente defienden el derecho de cualquiera a vivir dónde y cómo les plazca, por qué no comienzan predicando con el ejemplo y abren sus palacios episcopales, sus desocupados seminarios, sus colegios elitistas y sus iglesias, a toda esa legión de yonquis, desahuciados, sin papeles y menesterosos que tienen que dormir al raso en nuestras ciudades.

Si la Iglesia quiere apadrinar la invasión mexicana de Estados Unidos, como ha apadrinado la invasión islámica de Europa, que no se refugie por más tiempo en circunloquios tan falsos como la falsa caridad que predica. La jesuítica sabiduría del papa Francisco debería conocer que hay un tiempo para sembrar y otro para recoger. Que hay un tiempo para construir puentes y otro para levantar muros, sobre todo cuando la Civilización es amenazada por los nuevos bárbaros.

Su jesuítica sabiduría olvida los “silencios sangrantes” de sus admirados Juan XXIII y Pablo VI ante los muros- con “vopos” incluidos- que los regímenes marxistas levantaron por doquier para evitar que sus ciudadanos huyesen del terror rojo. Seguro que el papa habría dicho eso “de no soy yo nadie para juzgar” a los marxistas; esos que masacraban cristianos igual que ahora hacen los musulmanes, sus indignos herederos.

Sí. Cuando una Civilización es fuerte puede prescindir de muros, pues su misma fortaleza le garantiza la seguridad y la inviolabilidad de sus fronteras, ya que que nadie osaría cruzar sus límites de manera ilegal. Una Civilización que tenga la suficiente fortaleza para garantizar que sus fronteras no serán violadas por terroristas fanáticos, criminales, violadores, narcotraficantes, maras, asesinos y toda la amplísima gama de indeseables pretendiendo imponer su salvaje y anticristiana vida.

Nuestra Civilización ha sido debilitada por el buenismo, el relativismo, la apostasía y la cobardía más extrema. Debilitada porque el enemigo no solo viene de fuera, sino porque también está dentro, comenzando por estos pastores cristianos tan modernos, que profesan la religión de lo “políticamente correcto”, para escándalo y confusión de sus cada vez más escasos fieles. Se han empeñado en convertir la Iglesia en una sucursal filantrópica de la masonería, en una “onejeta” de bazar de caridad, ignorando a propósito la salvación de las almas, y sin otro propósito que alimentar los cuerpos de los que quieren exterminarnos, como ya ocurre en los países donde son mayoría.

La jesuítica sabiduría del papa nunca alcanzó a condenar el apoyo de la Administración de Obama al aborto. O cómo subvencionaba las trituradoras de vidas inocentes en otros países. Nunca.
Raperos contra Trump.

Más clamoroso es su jesuítico silencio ante la política pro-vida del Presidente Trump, lo que desboca los planes mundialistas para el recambio poblacional en los países de mayoría cristiana y de etnia blanca.

La jesuítica sabiduría de Francisco debería comprender la utilidad del principio cristiano de la “legítima defensa”, que no solo es un derecho, sino un deber y no un capricho de los estados soberanos, en tanto garantes de la seguridad de sus ciudadanos. Todo sea por contentar a los amos del momento, ¿verdad, Santo Padre?

En resumen, cada vez estamos más convencidos de que la llegada de Trump al poder no ha sido un capricho de la Historia, sino el regalo providencial que la sobrenaturalidad ha querido hacer al país más importante del Occidente cristiano, acaso como nuestra última oportunidad de cristalizar en un nuevo y operante orden moral lo que hoy se halla difuso y gaseoso. Defender la obra de Donald Trump es no sólo nuestro deber, sino un imperativo moral que da sentido al esfuerzo y el sacrificio de nuestros antepasados. Nosotros somos la única razón de que hayan existido.


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