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Cartas del Director

¿Por que las mafias progresistas se alarman porque crece Vox y no por las causas que provocan su crecimiento?

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Ingenuamente alcanzamos a creer en la sinceridad de los fedatarios de los valores democráticos cuando machaconamente defendían la infabilidad de los votantes. “El pueblo siempre tiene razón”, sentenciaban los trápalas con clamor de jeremías. Ahora se ha visto que no, que también en eso nos engañaron, que lo que quisieron decir es que hay votos buenos y votos malos, votantes con y sin pedigrí democrático, que solo votando lo que ellos quieren se tiene derecho a gozar de la respetabilidad cívica que se concede, por ejemplo, a los votantes de partidos que promueven la insurrección golpista o cuyos dirigentes han vivido durante años en permanente roce con el terrorismo.

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Ahora ya sabemos que el concepto que estos prendas tienen de la democracia española es bastante restrictivo. Más de tres millones de españoles han votado a Vox en las elecciones generales del pasado domingo. Si nos atenemos al diagnóstico que hace la izquierda, nos encontramos ante una masa de gente enajenada que delira cuando vota y que necesita ser guiada y conducida al redil de los ciudadanos ejemplares.

Si aceptamos la lógica democrática como la mejor de cuantas han sido creadas por el hombre para regirse políticamente, o la menos mala, no debería ser un buen negocio criminalizar a los votantes ni establecer que hay asuntos de la vida pública que no pueden ser discutidos ni aún menos cuestionados.

Lo que hacen estos días las mafias progresistas es convertir en anatema las consecuencias y no las causas por las que millones de españoles huyen de las ofertas políticas tradicionales para echarse en los brazos de Vox.

Aún aceptando que el voto a Vox sea contrario a la institucionalidad democrática (que no lo es), deberían preguntarse por qué tanta gente ha buscado refugio electoral en dichas siglas. Estas podrían ser algunas de las razones:

Cuando la izquierda radical predica austeridad pero se compra un chalé de 2000 metros cuadrados, no se tiene demasiada autoridad para aleccionar a un español que vive con menos de mil euros al mes y en medio de una imposible convivencia multicultural

Cuando el representante del Estado en Cataluña se suma al corte de carreteras y promueve el sabotaje de infraestructuras de transporte, tampoco se tiene mucha autoridad para reconvenir a millones de españoles sobre su voto a una opción que para ellos representa sobre todo el orden y el principio de autoridad perdidos.

Cuando barrios que han votado siempre a la izquierda, como en el caso de Málaga la Palmilla, con una población en paro abrumadoramente mayoritaria, se decantan ahora mayoritariamente por Vox, ¿se habrá debido tal vez a la escasa o nula visibilidad que sus problemas han tenido durante años.

Cuando el Rey tiene que visitar Cataluña ocultando sus movimientos, por miedo a los violentos, ¿debería extrañarnos que muchos españoles consideren que hemos llegado a una situación límite?

Cuando no puedes exhibir una bandera española en espacios públicos de Cataluña y Vascongadas, porque corres el riesgo de que te agredan, o de que te maten, ¿no es comprensible que muchos votantes culpen a éste y a los gobiernos anteriores de la desaparición del Estado en esas comunidades?

Cuando un hombre es detenido tras ser denunciado por un delito de maltrato que no ha cometido, o se le priva del derecho a estar con sus hijos, ¿es descabellado que los damnificados se decanten electoralmente por el partido que defiende la derogación de la infame ley de violencia de género?

Cuando desde las instituciones se enloda la memoria de muchos héroes españoles, y en cambio se ensalza la de Carrillo, o la de muchos pistoleros de ETA. O cuando se reescribe la historia de España sobre la base de los prejuicios ideológicos, convirtiendo a malos en buenos y a buenos en villanos, ¿no es comprensible que muchos españoles exijan que no se construya un cuadro idílico de la II República ni un relato sectario de la España transcurrida entre 1936 y 1975? No se puede dar lecciones de memoria histórica en una Barcelona que rememoró el año pasado el 90 aniversario de los bombardeos italianos, pero olvidó a la treintena de presos franquistas (casi todos catalanes) fusilados el 11 de agosto de aquel mismo año en el castillo de Montjuïc, un espacio -como la Modelo y pronto la comisaría de Vía Layetana- acaparado por la memoria oficial del nacional-populismo. Guste o no, esa es, también, memoria de todos. Lo demás son usos políticos de las ruinas o, directamente, perversión moral.

Cuando conviertes la profanación de Franco en espectáculo televisivo para solaz y consumo de tus supuestos votantes, ¿no es natural que esto terminase provocando un gran efecto emocional en los millones de españoles que se sienten agradecidos, aunque no lo manifiesten públicamente, al regimen que los hizo prosperar y les dio paz y seguridad.

Cuando saltas la valla fronteriza de Melilla e hieres gravemente a un guardia civil, logrando que el ministro Marlaska te proporcione refugio y acomodo legal, ¿nos podemos sorprender que muchos españoles voten para que nuestras fronteras sean tan seguras y estén tan vigiladas como el casoplón de Iglesias, rodeado por muros y protegido día y noche por guardias civiles para disuadir a los intrusos?

Cuando Pedro Sánchez se echa en manos de los separatistas para garantizar su futuro personal, al mismo tiempo que compromete el de España, ¿es ilógico que muchos españoles estén tan cabreados?

Cuando un andaluz no puede ser atendido en un centro sanitario de la Generalitat, porque le exigen la tarjeta sanitaria de aquella región, o porque no hable catalán, ¿es entendible que muchos quieran poner coto a las autonomías?

Cuando pueden condenarte por islamofobia si denuncias las tendencias violentas que existen en el islam, pero en cambio te protege el sacrosanto derecho a la libertad expresiva si afirmas que todos los curas son pederastas, ¿se puede reprochar a los españoles que hayan elegido la opción política que propone acabar con los delitos de odio?

Se nos dice por un lado que cualquier cosa considerada justa puede discutirse, defenderse o refutarse pacíficamente; que hasta la independencia de algunos territorios puede lograrse si es a través de los mecanismos que contempla la propia ley. Por otro lado, se criminaliza a Vox por mantener un punto de vista distinto al oficial sobre determinados temas de orden moral, que se consideran indiscutibles. Por una parte se acusa a Vox de ser un partido inconstitucional por pretender modificar, con arreglo a la norma, el artículo de la Carta Magna que consagra el sistema autonómico. Por la otra, se concede a Podemos todos los parabienes democráticos sin embargo su deseo de acabar con el artículo 56 de la Carta Magna, que califica al Rey como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. En un contexto tal de subverción moral y de ataque a la inteligencia de los españoles, ¿alguien puede extrañarse de que los votantes de Vox se reproduzcan como hongos?

Cuando en las aulas se obliga a los niños a estudiar temarios tendenciosos, ¿es lícito votar al partido que propone centralizar las competencias educativas?

Cuando el PSOE dice que la Gürtel estuvo mal pero que los ERE fueron una tontería, ¿estamos ante uno de esos casos de relativismo moral que tanto daño han causado a la credibilidad de la casta dirigente?

Cuando Pedro Sánchez sostiene que el problema en Cataluña es político, y no de oden público, ¿está contribuyendo o no a que cada vez más españoles perciban a sus dirigentes como parte del problema y no de la solución?

Cuando la izquierda desea la muerte del hijo que está gestando Inés Arrimadas, o Willy Toledo se caga en Dios y la mafia progresista le ríe la gracia, o se promueve con dinero público ataques contra los católicos, ¿se tiene legitimidad para hablar de respeto a la convivencia?

Cuando las movilizaciones violentas en Cataluña han sido convocadas por un sindicato liderado por un exterrorista de Terra Lliure que asesinó a nueve personas, ¿se tiene legitimidad para hablar de respeto a la democracia?

Cuando caretos tan feos como los de Elisa Beni, Angélica Rubio, Ana Pastor, Beatriz Talegón, Anabel Alonso… están todo el día dictando sentencia contra Vox, ¿no están provocando el efecto contrario que el que torpemente se proponen?

Si esta gente se atuviese a un diagnóstico real, si conectaran con la calle, si conocieran más el alma española, comprenderían que el voto a Vox ha sido sobre todo una OPA a todos ellos, a una forma de ser y de gobernar, de vivir y de hacer, de pensar y de alterar conciencias, que muchos electores han rechazado sin contemplaciones, con una patada directa y certera en el culo del sistema.

Ha sido un garrotazo directo a todos esos ministros y a todas esas ministras obstinados en reverdecer las políticas de odio que nos condujeron a la ya conocida contienda civil. Ha sido un forma de castigar la política hecha sevicia y todas esas normas concebidas para corromper lo mejor de nuestra condición humana y dividir a los españoles. Ha sido un crochet al mentón de los socialistas por tantas cosas que sería muy difícil enumerarlas todas juntas. Pero sobre todo, ha sido un voto de castigo por la forma que ha tenido el Gobierno de gestionar la crisis catalana más que por su existencia misma.

La democracia busca la participación de todos los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica –cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia , N.º 406–. No es fácil respetar y vivir esa democracia, sobre todo cuando políticos y periodistas se defican a criminalizar a quienes votan opciones distintas para hacer frente a problemas reales.

La democracia no es una concepción de la vida ajena a los valores, que son fundamentales y globales, y entrañan una fraternidad universal. Cuando esos valores se desintegran, la propia democracia entra en una profunda crisis de identidad. La Constitución de 1978, a diferencia de la norteamericana, se edificó sobre valores que fueron negociados y otros aún más genuinos que simplemente han sido desde entonces ignorados o relegados.

Una auténtica democracia, como la que el PSOE no quiso nunca defender, no es solo resultado de un respeto formal a las reglas, sino el fruto de una aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos: la dignidad de toda persona, el respeto de los derechos de cada español a proclamar y defender su identidad en cualquier parte de nuestro territorio nacional, la asunción del “bien común” como fin y criterio regulador de la vida política. Al faltar el consenso general de estos valores entre las mafias progresistas, España ha perdido el significado de la democracia y se ha llegado incluso a comprometer su estabilidad. Esa es la razón principal de que Vox, en menos de un año, haya pasado de ser una fuerza residual a ocupar 52 asientos en el Congreso.

Si quieren ser creíbles y no ser percibidos como una burda banda de farsantes, comiencen por combatir el virus mortífero y no al enfermo que padece sus consecuencias.


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Cartas del Director

Carta a la Comisión Europea: Dejen caer al Gobierno de Sánchez e Iglesias. Ni un euro para España

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AD.- «Algunos ven a las empresas privadas como un depredador que debe ser disparado, otros como una vaca que debe ser ordeñada, pero pocos son aquellos que las ven como un robusto caballo que tira de la carreta» (Winston Churchill)

 

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Es un principio comúnmente aceptado que hay que dejar que las cosas se deterioren del todo para emprender su reconstrucción. Sobre todo si el problema afecta a su estructura. Simplificar el problema estructural de un edificio ruinoso añadiendo más cemento a los pliegues de una fachada, no evita su progresivo deterioro. No reconocer que el problema de España está en la raíz de su modelo económico solo sirve para que el Gobierno gane tiempo. La Comisión Europea (CE) ha establecido un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 millones se darán en forma de subvenciones y 250.000 en forma de créditos.

Mal haría Europa en otorgar este pastizal previsto para que el Gobierno teje una amplia red de clientelismo electoral similar al que permitió a los socialistas gobernar en Andalucía, durante cuarenta años, gracias a las ayudas del PER (Plan de Empleo Rural). El resultado ha sido una región a la cola europea en número de parados y un amplio sector de la población dependiente de las ayudas y renuente a la cultura del trabajo.

Ahora se pretende hacer lo mismo con el Ingreso Mínimo Vital. ¿Debemos fiarnos de la gestión objetiva y real de ese dinero por parte de un Gobierno como este? ¿Cuántas horas tiene que trabajar un trabajador español para ganar 1.000 euros? La pregunta del millón: ¿esto se puede aguantar siempre? La pregunta estúpida: ¿esto quién lo paga?.

Un semanario holandés ha dibujado como “vagos” a españoles e italianos, representados por un hombre con bigote tomando vino y una mujer en bikini, mientras dos trajeados de pelo rubios holandeses trabajan moviendo la maquinaria financiera de la Unión Europea.

Con el titular “Ni un céntimo más al sur de Europa”, la revista explica “por qué el plan de Merkel y Macron de regalar 500.000 millones no es una buena idea”. La verdad no duele, duelen las consecuencias. La propuesta de la Comisión Europea es perversa porque pretende ser una donación incondicional a los países más afectados por la epidemia, lo que significa una transferencia de dinero del norte al sur de Europa.

Los hechos muestran que España no es pobre y tiene suficiente dinero o acceso al dinero. Solo hay que ver estos días las terrazas y los chiringuitos playeros repletos de gente ociosa. No hay dinero para las pymes pero sí para los actores, para las feministas, para los refugiados venezolanos o para mantener las pensiones no contributivas. Mientras la Europa del norte ha tenido que mejorar el poder adquisitivo de sus economías implementando duras reformas tras la crisis financiera de 2008, el Gobierno de España lo apuesta todo a las ayudas del continente. Lo que se debe exigir al Gobierno de España es responsabilidad. Eso o que sigamos siendo un pozo sin fondo que abusa de Europa en cada crisis financiera. Esto tiene que acabar.

Por otra parte, advertimos a la Comisión Europea acerca de la manipulación histórica de las cuentas nacionales de España. El PIB ‘oficial’ de España está sobrevalorado en un 16% con respecto al PIB ‘real’) y además destacando con anticipación que las reducciones de déficit prometidas por el gobierno español a la UE nunca se cumplirían.

Las ayudas previstas tendrían consecuencias de largo alcance en la magnitud del déficit público de España y en la sostenibilidad a largo plazo de su deuda. Como saben perfectamente, España depende completamente del programa de estímulo del BCE para no declararse en bancarrota. Sin embargo, la dinámica de incumplimiento de las reducciones de déficit prometidas por España parece no tener fin; Además, se ha acentuado en los últimos tiempos.

Hace dos semanas, el gobierno español presentó un Plan de Estabilidad para 2020-2021 a la Unión Europea; en él, se introdujo una caída del 9,2% en el PIB durante 2020 y una recuperación del 6,8% en 2021, más un déficit del 10,3% en 2020, cifras que son, por decir lo menos, pura ficción científica.

Comenzando con el PIB de España, nuestra estimación es una caída del 19,9%, basada en i) las cifras oficiales del primer trimestre (-5.2% o -20.8% aumentadas a la tasa anual), ii) los PMI para el segundo trimestre, con caídas a 7 y 8 en el sector de servicios (el peor de la historia), y iii) las previsiones para todo el año de las asociaciones de empleadores activas en los sectores más afectados (ver Anexo 1). Las industrias en el sector de servicios representan, con mucho, el componente más grande de la economía (alrededor del 68% del PIB y el 75% del empleo). Estas industrias son, en promedio, las más afectadas por la pandemia, y los ingresos perdidos desaparecen para siempre, no se difieren (menos consumidores que tienden a gastar menos). Por este motivo, no es posible una recuperación del 6,8% en 2021; Un crecimiento cero es nuestra estimación.

Anticipamos un aumento del 19,6% en el déficit de España a raíz de las necesidades financieras derivadas de la pandemia y un aumento brutal en los gastos corrientes propuestos por el gobierno español, que incluye un aumento gigantesco en el gasto en salarios públicos (6%). En resumen, un aumento sin precedentes en el tamaño del sector público español, que pasa del 41,9% al 51,5% del PIB de España. Además, el gobierno español considera que el interés de la deuda apenas aumentará de 25,000 a 29,000 millones de euros, en un contexto en el que se necesitarían al menos 380,000 millones de euros en realidad para la refinanciación y la nueva financiación.

Con respecto al empleo, se han perdido cerca de un millón de empleos entre el 12 de marzo y el 30 de abril, y además 3 millones de trabajadores están bajo un esquema de desempleo temporal («ERTE» en español). Teniendo en cuenta estos trabajadores desempleados temporales, España ha alcanzado un 34% de desempleo. Como se estima que uno de cada tres trabajadores temporales desempleados perderá su trabajo de forma permanente, podemos anticipar que el desempleo se estabilizará en un 24%. Las cifras de la Seguridad Social española también muestran que en un mes y medio 142,000 empresas han sido desmanteladas en España, y los trabajadores independientes han sufrido la mayor caída desde que se registran series estadísticas.

Finalmente, en la relación deuda / PIB, se realizan dos estimaciones, una con la deuda EDP y la otra con la deuda total, incluidos los pasivos no incluidos en la deuda EDP que ascienden a 350,000 millones de euros según el Banco de España. En resumen, la deuda EDP / PIB = 141% y la deuda total / PIB = 175%. Es imposible pagar esta deuda, por lo que España está obligada a suspender los pagos en 2021, y dado el tamaño de nuestra economía, 6.5 veces mayor que la de Grecia, España no puede ser rescatada. En nuestra opinión, la única opción realista para abordar este desafío es poner fin al modelo de regiones autónomas, que representa un desperdicio anual de aproximadamente 100.000 millones de euros.

Por esta razón, creemos que la financiación adicional requerida por España debe tener como condición «sine qua non»: el corte drástico en nuestro modelo administrativo regional que representa un desperdicio anual de alrededor del 10% del PIB. Solo las duplicaciones entre las Administraciones Públicas representan 36.000 millones de euros despilfarrados. En palabras del antiguo Ministerio de Finanzas: «dos millones de empleados públicos se han unido al servicio público a través de conexiones personales y no por méritos»,. Hay más de 3.000 empresas públicas en las administraciones de las regiones autónomas que son ineficaces. Asignar recursos adicionales a España sin condiciones implicaría la eventual salida del país del euro, y probablemente el fin del sistema del euro.

Por consiguiente, dejen caer al Gobierno de España aún cuando ello implique a corto plazo el progresivo deterioro de nuestras condiciones económicas. Sin la ética de la responsabilidad y el trabajo, España va a seguir siendo el Brasil del sur de Europa, una sociedad de festeros y parásitos al acecho siempre de las ayudas.

El futuro de España y el de la Eurozona está en peligro. No ayuden a consolidar una economía clientelar al servicio de los peores paradigmas de la sociedad, que es lo que conviene a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para consolidar su régimen bolivariano. Si les preocupa el futuro de España, dejen caer a Sánchez suspendiendo las ayudas previstas hasta la llegada de un nuevo Gobierno. Si comparten con nosotros la necesidad de que media España deje de parasitar a la otra media, entonces eviten que la reconstrucción económica española tenga que ser, una vez más, a costa del esfuerzo y el trabajo de millones de europeos.


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Cartas del Director

Armando Robles, en ‘Buenos días España’: «El Gobierno utiliza a la Policía para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen»

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Lo único que les preocupa a los militares es conservar sus prerrogativas económicas sin comprometerse con nada. Esto al menos es lo que ha opinado el director de AN, Armando Robles, en el programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española.

«Me sorprende que los mandos castrenses hablen de la defensa de nuestra Patria, estando como están a las órdenes de políticos traidores que están promoviendo la destrucción nacional», señaló Robles en el programa conducido y presentado por Santiago Fontenla.

«Cuando hablan de los enemigos de España, señalan Mogadiscio, Besmayah, Libreville y el Océano Índico. Y no es verdad. Los enemigos de nuestra Patria no están tan lejos. Los enemigos de España los tienen muy cerca y me extraña que no los hayan reconocido aún. En el Congreso de los diputados podrían reconocer a muchos de ellos. Están emparentados por línea consanguínea con aquel conde Don Julián que facilitó a los moros la invasión y destrucción de la España visigoda. Son los que no detectaron la supuesta malversación de fondos por parte de los procesados como líderes del golpe independentista en Cataluña. Son los que gobiernan gracias al apoyo de los separatistas que pretenden destruir nuestra Patria. Son los que visitaron al líder de Bildu, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre y que luego dan la espalda a las víctimas del terrorismo. Son los que pasan por alto el sufrimiento y la persecución que sufren los no nacionalistas, que esperaban de sus militares el mismo interés que estos demuestran en las operaciones de salvamento de ilegales en aguas del Mediterráneo. Son del mismo partido que ordena a la Policía identificar a los españoles que llevan la bandera nacional en su coche. Son los que han arruinado el prestigio de la Fiscalía General del Estado sometiéndola a la lógica de sus pactos políticos con los separatistas. Son los que están acercando a cárceles vascas a miembros de la banda terrorista ETA a cambio del apoyo parlamentario del PNV. Son los causantes de la muerte por coronavirus de miles de ancianos españoles, los que en esta crisis han antepuesto el interés partidario a la salud de los españoles, los que han sembrado España de cadáveres y pobres. Esos son los enemigos de nuestra Patria. han llevado a cabo una gestión negligente que ha llenado de muertos los hospitales. Los altos mandos militares solo creen en el dinero. Que nadie espere nada de ellos», manifestó Robles.

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Para Robles, la ampliación del estado de alarma tiene por objeto un cambio de régimen y lamentó que policías y guardias civiles hayan dado la espalda a los españoles al impedir las protestas y vigilar a los discrepantes en redes sociales, además de no perseguir las opiniones contrarias al Gobierno.

«El Gobierno utiliza a Policía y Guardia Civil para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen», apostilló.

TODO ESTO Y MUCHO MÁS, EN RADIO CADENA ESPAÑOLA:


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Cartas del Director

Armando Robles: “¿Por qué estoy harto de España y por qué preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de los españoles?”

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Excusen llamarme patriota. No lo soy. Para serlo tendría que amar y admirar a la población de la que emerge el concepto de España. Ni la amo ni la admiro. Digo más, preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de las personas con las que me cruzo a diario. De esta población, la derecha social me gusta todavía menos. Aceptaría encantado el pasaporte que me brindara un país como Estados Unidos. Incluso Corea del Norte. Allí al menos no ha llegado todavía el hedor de esta democracia herrumbrosa de quinquis, trileros, psicópatas y maleantes. Allí al menos se fusila bien. Reconozco que he llegado al límite estas semanas de coronavirus. La cobardía, la hediondez moral, la mediocridad, la materialidad, la incultura, la indignidad, la ridiculez, el poco o nulo vital de los españoles, puestos en evidencia las últimas semanas, han sido más que suficientes.

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Excepto por media docena vacaciones que he cogido en mi vida, no he dejado de trabajar duro desde que tenía veintipocos años. No recuerdo en todo este tiempo haber estado enfermo, y si lo estuve no recuerdo que ello me impidiera cumplir con un horario de trabajo, que nunca bajó de las 12 horas al día. Nunca nadie me regaló nada, y he tenido que trabajar siempre muy duro para al menos alcanzar la posición de escribir u opinar lo que me sale del nabo sin tener que depender de ningún editor garrulo .

Pero reconozco que empiezo a estar harto, muy harto de vivir en este país enfermo. Estoy harto de vivir a las órdenes de unos políticos que conforman el estadio moral más bajo de la sociedad.

Estoy harto de que estos días, la vida o la muerte, la salud o la enfermedad de miles de ciudadanos españoles dependa de unos dirigentes a quienes les ha importado más los cálculos electorales y los chanchullos de siempre que el interés colectivo.

Estoy harto de que ni aún cuando la salud de muchos dependiese de la llegada de material sanitario en buenas condiciones, nos hayamos librado de esa legión de pícaros, bribones, golfos, salteadores y corruptos que han sido y son el mejor exponente de los valores partitocrátios.

Estoy harto de esos españoles que han salido cada tarde a los balcones para bailar, cantar y batir palmas, mientras los tanatorios, los hospitales y las residencias se llenaban de cadáveres.

Estoy harto de que los españoles pasen de todo y traguen con todo. Por ejemplo, que los dirigentes añadan más incertidumbre al futuro poniendo al frente de la reconstrucción económica nada menos que a un socialista sin estudios que traduce en fracaso todo lo que toca, y a un líder comunista cuyo dato biográfico más sobresaliente es el de representante de la guerrilla de las FARC en las conversaciones de La Habana.

Estoy harto de un país que permite que haya test para los futbolistas y no para los sanitarios.

Estoy harto de que un vago o un ‘okupa’ tenga más derechos que las personas que aún conservan la ética de trabajo.

Estoy harto de una Policía que sanciona por llevar banderas españolas, que penetra en las iglesias interrumpiendo las homilías y desalojando a los fieles, que detiene a un pobre diablo por salir a la calle y permite a Pablo Iglesias saltarse la cuarentena. Estoy harto de esos patriotas de pacotilla a quienes el sueldo de esos policías les preocupa más que el de un trabajador del campo.

Estoy harto que se dé luz  verde a la ‘okupación’ ilegal de pisos mientras guardias civiles vigilan día y noche para que nadie entre en el chalecito del par de golfos de Galapagar.

Estoy harto de que mientras se prohíbe a los cristianos la entrada en los templos, el Gobierno autorice los desplazamientos fuera de sus localidades a las personas de religión musulmana con motivo del ramadán.

Estoy harto que cualquier ciudadano español vea cómo sus hijos, pese a prepararse concienzudamente, son incapaces de lograr un puesto de trabajo, mientras se permite que el más tonto de los españoles pueda ser elegido para gestionar y administrar el Tesoro o dirigir el destino de la nación.

Estoy harto la dictadura de género y la aberración del lenguaje inclusivo disfrazado de igualdad, que ha convertido el Parlamento español y el resto de administraciones públicas en una academia feminista de analfabetas funcionales.

Estoy harto de esa caterva de artistas progres subvencionados, y de esas continuas deposiciones cinematográficas al servicio de una sociedad partidaria, pornográfica y frentista.

Estoy harto de que la política tenga que salir al auxilio del arte, porque ese arte se ha prostituido tanto que es incapaz de vivir si no es a expensas de los políticos.

Estoy harto de que el ‘culebrón Merlos’ haya protagonizado más tertulias televisivas y más encendidos debates que la letalidad entre los mayores.

Estoy harto del poder que psicópatas y maricas ejercen sobre nuestras vidas. Estoy harto de que el futuro económico y la salud moral de nuestros hijos dependa de gente como ‘El Chepas’ y la cajera.

Estoy harto de que me digan que tengo que acoger y ayudar a los representantes de esos pueblos que comían larvas mientras aquí se construían catedrales.

Estoy harto de que me digan que debemos ganar menos para mantener a la legión de vagos, menesterosos, oenegeros, feministas y subvencionados de toda laya, con tal de que la izquierda no pierda su principal cantera de votos.

Pero sobre todo, estoy muy harto de la derecha social, porque debiendo tener conciencia de todas las cosas que provocan mi hartazgo, lo que hace es mirar para otro lado. Estoy harto de esa derechona friki y cobarde, cuyos confines ideológicos se limitan al ‘Viva España’ escobariano y al ‘Arriba España’ cuartelero. Estoy harto de esa derecha dominguera que no hace más que perder batallas, una tras otra. Estoy harto de esa derecha zafia, tópica, cainita, de argumentos epidérmicos y de andar con el pie cambiado. Estoy harto de esos patriotas postureros que exaltan a La Legión en su centenario y se olvidan de mencionar el nombre de su fundador.

Debo admitir que esa derecha, a trompicones entre el sainete y el Capitán Araña, vale menos que la izquierda, que ya es valer poco. La izquierda está ganando de calle la guerra que muchos creían haber ganado en el 39. Han conseguido sacar a Franco de su tumba, confinar la incorrección política  en el baúl del olvido, adoctrinar ideológicamente a la nación, introducirnos sus prejuicios, imponernos su visión maniquea de la historia, cambiar el nombre a nuestras calles, ideologizar la moral, pervertir el lenguaje, implementar la verdad oficial como un dogma de fe, oficializar sus preferencias éticas y estéticas, demonizar a nuestros héroes. Salvo este medio, ni siquiera se ha tenido el coraje de despedir a Billy el Niño con el respeto que ellos dispensaron al genocida Santiago Carrillo, enterrado en olor de multitudes. Por eso no distingo entre el PP y Vox, salvo en algunos detalles florales que en el fondo no alteran nada.

Un pueblo que ha perdido la dignidad hasta de pedir justicia para sus muertos, víctimas en muchos casos de la negligencia de este Gobierno, no merece ser reconocido como algo propio y cercano afectivamente. Pura razón natural tras 42 años de oligarquía partitocrática. Lo que tenemos es una masa adormecida, amorfa, hueca, vacía, grotesca, extremadamente manipulable… De ella no se podrá sacar nunca nada bueno, nada positivo. Al igual que otros europeos, pero en grado mucho mayor, los españoles han llegado al último capítulo de la decadencia y la degradación. Este es un organismo en putrefacción avanzado. La carne agusanada de este cuerpo es lo único que realmente se mueve y tiene vida.

Los representantes de ese pueblo son todavía peores. La Monarquía letiziana no sirve a los españoles. Los partidos sirven solo a sus dirigentes y financiadores. Las altas esferas judiciales sirven a los fuertes y se ensañan con los débiles. La cúpula de la Iglesia sirve a Satanás. Los medios de manipulación sirven al pesebre que les llena las alforjas con millones de euros. El sistema ha quebrado. El sistema es un inmenso campo moral de ruinas. Nos han arruinado y humillado, nos han dejado sin futuro. Las próximas generaciones de españoles pagarán dramáticamente los excesos de estos años.

Los españoles ya no sienten ni frío ni calor. Están tan cretinizados que admiten como corriente lo que en otra época habría provocado un levantamiento. Lo lamento, pero estoy harto, muy harto, de los españoles. Lo que me pide el cuerpo es otro pasaporte y mandar a la mierda el que ahora tengo.


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