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Qatar y Arabia Saudí financian la expansión del totalitarismo islámico por Europa

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Financiando mezquitas, promoviendo “universidades”, subvencionando variadas organizaciones, proporcionando recursos económicos a numerosas oenegés y sufragando también la actividad de personalidades afines. El Reino de Qatar, acusado reiteradamente de financiar el terrorismo islamista internacional, es también uno de los principales impulsores del islam político en Europa y, para ello, utiliza una presunta gran Organización No Gubernamental, denominada Qatar Charity (QC), con presencia directa o indirecta en prácticamente todo el continente. Solamente en 2014, esta máquina de poder y de influencia de Doha en Europa destinó más de 72 millones de euros a financiar 140 centros de culto musulmán, escuelas coránicas, liceos islámicos y asociaciones de musulmanes en 14 países del viejo continente.

Así se desprende de una investigación realizada por los periodistas franceses Christian Chesnot y Georges Malbrunot que han presentado en su libro “Qatar papers”, de reciente aparición en Francia. Chesnot y Malbrunot revelan en su trabajo que los cinco países más sensibles al proselitismo religioso sufragado desde Doha son Italia, Francia, España, Alemania y el Reino Unido.

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La ONG Qatar Charity, que comparte responsables con el Gobierno islamista catarí, ha financiado íntegramente proyectos de proselitismo religioso en lugares tan distantes y diferentes como Katowice (Polonia), Kiev (Ucrania), Berlín (Alemania), Saronno (Italia) o en ciudadades españolas como Valencia o Zaragoza. Y en otras capitales europeas, si no ha financiado proyectos islámicos en su totalidad lo ha hecho en montantes superiores al 70% de su coste definitivo. Así ha ocurrido, por ejemplo, en ciudades como Roterdam (Países Bajos), Budapest (Hungría) Barcelona, Nantes o Sheffield (Gran Bretaña).

Según demuestran Chesnot y Malbrunot en su libro, el largo brazo de la financiación catarí del islam europeo se extiende, incluso, a las remotas zonas del norte noruego, donde destinó 300.000 euros al presidente de la Liga Islámica de este país para la compra de una iglesia católica y su posterior transformación en una mezquita.

No menos impetuosa es la subvención global que Qatar ha destinado a impulsar el islam en un país de tan marcada tradición católica como Polonia. La Asociación Islámica para la Formación y la Cultura recibió, por ejemplo, 208.000 euros de ayuda para la puesta en marcha en Varsovia de un gran centro islámico, formado por una mezquita, una escuela musulmana, salas de conferencias y locales comerciales.

Tan expansiva y penetrante es la expansión islamista que Qatar está promoviendo en Europa que sus tentáculos han llegado hasta la ínfima isla anglo-normanda de Jersey, donde viven alrededor de 100.000 personas, de las cuales apenas 400 son musulmanes. Qatar Charity ha financiado totalmente con 720.000 euros la apertura de la primera mezquita de la isla. El centro islámico Al-Aziziyah se abrió, una vez más, en lo que era una antigua iglesia cristiana (en este caso, metodista) y dispone de una sala de oración para los hombres con una capacidad para más de 300 personas y otra sala de rezo para las mujeres (60 fieles), así como un centro de aprendizaje del Corán con disponibilidad para acoger a 70 alumnos.

La influencia de Qatar se extiende también más allá de Europa, y en ocasiones, además, se realiza de una forma notoriamente pública, como ocurrió en diciembre de 2018, cuando este país anunció haber alcanzado una serie de acuerdos con la ONU que suponen una inyección de 500 millones de dólares en diversos organismos del sistema en los próximos años, y que en palabras del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, conviertieron al país árabe en “socio estructural”.

Paralelamente, Qatar es en estos momentos el mayor donante extranjero para las universidades estadounidenses. Los fondos están destinados a la enseñanza del árabe y las lecciones sobre la cultura de Oriente Medio y su inclinación ideológica a veces se manifiestan sin ningún tipo de filtro, como en el plan de lecciones en las escuelas estadounidenses titulado “Expresa tu lealtad a Qatar”.

Mientras tanto, en Libia, Qatar, que se jacta de tener “magníficas relaciones con Occidente”, habría estado alimentando económicamente al movimiento yihadista Ansar al Sharia, al mismo tiempo que en Siria habría hecho lo mismo con Ahrar al Sham, los Hombres Libres de Siria, en su momento una organización terrorista clave en la transformación de las revueltas contra el régimen del presidente Bashar al Assad en sublevaciones islamistas.

Pero, además, Qatar también ha sido acusado de financiar a los terroristas del Estado Islámico (ISIS). El general Jonathan Shaw, ex jefe del Estado Mayor de Defensa en Gran Bretaña, declaró que Qatar y Arabia Saudita son responsables de la propagación del islam radical en Occidente. “Esta es una bomba de tiempo que, bajo el pretexto de la educación, el wahabí salafismo realmente se está incendiando en el mundo. Y se financia con dinero saudí y qatarí, y eso debe terminar”.

Según el presidente del Foro de Medio Oriente, Daniel Pipes , “Doha no depende solo de la diáspora islamista en Occidente para avanzar en su agenda; también trabaja para influir directamente en los políticos occidentales y el público”. Uno de los ejemplos más notables de esta afirmación: uno de los intelectuales musulmanes más queridos por la izquierda occidental, Tariq Ramadan, nieto de Hasan al-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana, a quien varias mujeres han acusado de violación y abuso sexual, ha estado recibiendo durante los últimos años 35.000 euros al mes de Qatar por sus labores de “asesor”.

Pipes explica, además, que “las estaciones (radio y televisión) cataríes en inglés producen una propaganda astuta contra los enemigos de Qatar, disfrazada de la retórica liberal occidental. La última aventura de Al Jazeera es su canal de medios sociales, AJ, que está dirigido a los jóvenes estadounidenses progresistas. Sus documentales sobre los males de Israel, Arabia Saudita y la administración de Trump, se encuentra entre la cobertura brillante de las campañas de derechos de los transexuales y los llamamientos emocionales por la difícil situación de los solicitantes de asilo en la frontera sur de Estados Unidos, temas aparentemente incongruentes para una emisora controlada por un régimen de ideología wahabí”.

El diputado alemán y experto en Oriente Medio, Rolf Mützenich, ya lo advirtió en 2016: “Desde hace bastante tiempo tenemos indicios y pruebas de que los salafistas alemanes están recibiendo ayuda, aprobada por los gobiernos de Arabia Saudita, Qatar y Kuwait, en forma de dinero, el envío de imanes y la construcción de escuelas y mezquitas coránicas”.

Como explica el analista Giulio Meotti, “a medida que el gasto ideológico de Qatar en Occidente avanza, muchos europeos, aparentemente perdidos detrás de una ceguera voluntaria, persiguen sus inútiles acusaciones de ‘discurso de odio’, ‘racismo’ e ‘islamofobia’, mientras que los musulmanes radicales se infiltran en sus democracias y continúan rodeándolos”.

Arabia Saudí

Pierre Conesa, un ex-alto funcionario del Ministerio de Defensa francés y hoy consultor en temas de terrorismo y geopolítica, no se cansa de repetir un mensaje: Arabia Saudí, el gran aliado de Occidente en Oriente Medio, lleva años exportando a todos los rincones del mundo su modelo de “wahabismo”, la versión más rigurosa e intolerante del Islam sunita, que inspira a los terroristas del autodenominado Estado Islámico y de Al Qaeda.

Pierre Conesa es el autor de una investigación apasionante y sin precedentes sobre esta diplomacia religiosa de Arabia Saudí que ha titulado “Dr. Saoud y Mr. Djihad”. El libro comienza explicando cómo el sistema proselitista que emplea Arabia Saudí es similar al poder blando característico de la diplomacia de Estados Unidos. “Para expandir su visión integrista y radical del Islam utilizan a una multiplicidad de actores, que pueden ser políticos, fundaciones o universidades islámicas”.

En opinión de Conesa, el hecho de que Arabia Saudí financie directa o indirectamente la comisión de atentados terroristas es una preocupación secundaria desde un punto de vista económico, porque en cantidades absolutas el gasto que supone cometer un atentado como los que el autodenominado Estado Islámico ha provocado en Europa a lo largo de los últimos meses es mínimo. “Lo que ha de preocuparnos es la ideología, y es esta ideología islamista, radical y violenta lo que Arabia Saudí transmite a los terroristas”.

Ademas, explica Pierre Conesa en una larga entrevista concedida al semanario francés “Le Point”, Arabia Saudí también tiene una actividad proselitista de tipo soviético. “Han formado a cerca de 25.000 personas en la Universidad Islámica de Medina que transmiten una ideología totalitaria como es el wahabismo o salafismo”. “Un teólogo musulmán francés me dijo en una ocasión que el wahabismo era la versión más sectaria, racista, antisemita, homofóbica y misógina del Islam. A diferencia de lo que ocurre en otras universidades islámicas del mundo, los estudiantes que obtienen becas de la Universidad de Medina se encuentran perfectamente alojados y mantenidos, y en condiciones magníficas para dedicarse a la predicación y la propaganda”.

En opinión de Pierre Conesa, alrededor de 30.000 personas habrán sido “formadas” en estas universidades islámicas de Arabia Saudí. “Son predicadores que luego encontramos en el Sahel, Malí, Níger o República Centroafricana. Cada año, los saudíes dedican 8.000 millones dólares a su diplomacia religiosa, que es tanto como lo que dedican a su Ministerio de Defensa”.

“Por otro lado, se encuentra la Liga Mundial Musulmana, fundada en la época de Nasser. Se trata de una organización no gubernamental, siempre dirigida por un saudí, que lleva la marca wahabí del Islam y cuya financiación es muy opaca. Bajo el pretexto de la defensa de los musulmanes y la construcción de mezquitas a lo largo y ancho del mundo, la Liga Musulmana Mundial, a menudo, ha sido punta de lanza de la presencia de Arabia Saudí en el extranjero”.

El autor de “Dr. Saoud y Mr. Djihad” considera que para explicar este comportamiento de Arabia Saudí hay que mirar a la historia y entender el pacto original que se estableció entre Muhammad Bin Saud, patriarca de la dinastía Saud que gobierna el país, y el clérigo ultraconservador Mohammed Abdelwahhab. Este acuerdo fue firmado en 1744 y es el origen de la primera Arabia. En ese momento, Abdelwahhab utilizó el término “yihad” para que Saud pudiera conquistar el territorio de Arabia guerreando contra otras tribus. El imán también llamó a la yihad para luchar contra el Imperio Otomano. “Por lo tanto, la yihad es constitutiva de la identidad nacional de Arabia. Desde el principio, Arabia Saudita es un sistema que se asienta sobre dos pilares: por un lado, la familia Saud, y por otra parte, el cuerpo de ulemas (teólogos), dirigido por la familia Al-Shaikh, es decir los descendientes de Abdelwahhab”.

“Los primeros representan al país aliado de Occidente desde la Guerra Fría mientras que los segundos se encargan de la dimensión integrista, con los asuntos religiosos y la educación en sus manos. Cada vez que los Saud necesitan de los occidentales”, explica Conesa, “tienen que dar explicaciones a los ulemas, que a cambio les piden más poder”.

Y cita tres ejemplos de este proceso:

  • En 1979, cuando los radicales toman la gran mezquita de La Meca y los Saud llaman a los policías franceses para liberarla, tienen que transferir más poder a los religiosos para compensar esta decisión. Se cierran todos los cines de Riad y se obliga a llevar velo a las mujeres extranjeras.

  • En 1991, cuando Bin Laden propone defender Arabia Saudí contra Sadam Husein y los Saud prefieren apelar a 100.000 soldados americanos, se producen los primeros atentados que muestran el desacuerdo con el llamamiento de ayuda realizado a los “infieles”.

  • El Estado Islámico es un producto del salafismo que contesta a Arabia Saudí y se pone por encima de ella. De esta forma, Arabia Saudí está siendo superada por los monstruos que creó.

Pierre Conesa niega rotundamente que Arabia Saudí haya creado al Estado Islámico. “Ha creado el salafismo, que es la ideología madre que alimenta al Estado Islámico, y compite con los terroristas en demostrar quiénes son los mejores defensores de la causa suní”.

El analista parisino considera que en Occidente existe una especie de tabú en lo que respecta a criticar a Arabia Saudí, ya que es “nuestro amigo y nuestro mejor cliente”. “Yo creo que nuestros intereses comerciales no deben poner en riesgo la seguridad de nuestros ciudadanos (…) En ocasiones, en Occidente, parece que tenemos problemas para definir quién es nuestro enemigo. Nuestro enemigo es el salafismo, del que el Estado Islámico es una aplicación práctica. Pero el padre de esto, el Dr. Frankenstein, es Arabia Saudí. Y estamos en una posición esquizofrénica en la que luchamos contra el terrorismo islamita al mismo tiempo que tratamos de proteger a su padre. Pero en la novela de Mary Shelley, el monstruo solamente desaparece junto a su creador”.

Artículo publicado originalmente en la Revista Naves en Llamas


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La determinación francesa para poner fin a la libertad de expresión

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Por medio de una nueva ley, el Gobierno francés ha decidido delegar la censura estatal en plataformas online como Facebook, Google, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat. De ahora en adelante, unas compañías privadas se verán obligadas a actuar como policía del pensamiento por cuenta del Estado francés so pena de fuertes multas.
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Por Judith Bergman.- El 13 de mayo, el Parlamento francés adoptó una ley que requiere a plataformas online como Facebook, Google, Twitter, YouTube, Instagram y Snapchat[1] que retiren el contenido reportado como «promotor del odio» en 24 horas y en una hora el reportado como «terrorista». De no hacerlo, podrían ser objeto de multas exorbitantes, de hasta 1,25 millones de dólares o del 4% de los ingresos globales de la plataforma en caso de que persista en su negativa.

Como es frecuente en las leyes europeas sobre los discursos de odio, el espectro del contenido online considerado «odioso» bajo la denominada Ley Avia (en referencia a la legisladora que la promovió) es muy amplio e incluye «la incitación al odio, o el insulto discriminatorio en función de la raza, la religión, la etnia, el género, la orientación sexual o la discapacidad».

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Esta norma francesa está directamente inspirada en la controvertida ley alemana NetzDG, adoptada en octubre de 2017 y explícitamente mencionada en el preámbulo de aquélla.

«Este proyecto de ley pretende combatir la difusión del discurso del odio en internet», se lee en la introducción de la Ley Avia.

Nadie puede discutir la exacerbación del discurso del odio en nuestra sociedad (…) los ataques al otro por lo que es, por sus orígenes, sus creencias religiosas, su sexo o su orientación sexual (…) remiten (…) [a] las épocas más oscuras de nuestra historia (…) la lucha contra el odio, el racismo y el antisemitismo en internet es un objetivo de interés público que justifica (…) provisiones efectivas y poderosas (…) esta herramienta de apertura al mundo, de acceso a la información, a la cultura, a la comunicación [está haciendo referencia a internet], puede convertirse en un auténtico infierno para quienes se convierten en objetivo de ‘haters’ o de acosadores ocultos tras las pantallas y los pseudónimos. Según una encuesta llevada a cabo en mayo de 2016, el 58% de nuestros conciudadanos consideran internet el nodo principal del discurso del odio. Más del 70% dicen habérselas visto con el discurso del odio en las redes sociales. El ciberacoso puede ser devastador, sobre todo para la gente joven (…) Sin embargo (…) se presentan pocas denuncias, pocas investigaciones concluyen exitosamente y se dictan pocas sentencias: todo esto crea un círculo vicioso (…)

Tras reconocer que el «odio» online es complicado de perseguir con la legislación existente, porque «se presentan pocas denuncias, pocas investigaciones concluyen exitosamente y se dictan pocas sentencias», pero aún así confiado en que la censura es la panacea para los problemas percibidos, el Gobierno francés decidió delegar la tarea de la censura estatal en las propias plataformas online. De ahora en adelante, unas empresas privadas se verán obligadas a actuar como policía del pensamiento por cuenta del Estado francés so pena de exponerse a fuertes multas. Como en Alemania, esa ley hará que las plataformas exhiban un celo desusado en la eliminación o bloqueo de todo lo que pueda ser percibido como odioso, para evitar las sanciones.

El propósito de la ley parece ser doble: a la censura efectiva mediante la eliminación o el bloqueo de comentarios hay que sumar las (inevitables) consecuencias de la censura sobre el debate online en general. «La gente se lo pensará dos veces antes de cruzar la línea roja si sabe que es muy probable que se le pidan cuentas», afirmó la ministra francesa de Justicia, Nicole Belloubet, en unas declaraciones que sonaron ominosas en boca de un miembro de un Gobierno de un país que aún se sigue proclamando democrático.

Desde el primer momento, cuando el presidente del país, Emmanuel Macron, encargó a un grupo liderado por Laetitia Avia que confeccionara la ley, ésta ha sido objeto de críticas. Así, la Comisión Consultiva Nacional de Derechos Humanos la criticó por incrementar el riesgo de censura, y la La Quadrature du Net, organización que lucha contra la censura y la vigilancia online, advirtió de que «los breves plazos para la retirada y las cuantiosas multas incentivarán a las plataformas a hiper-eliminar contenido». La organización en defensa de la libertad de expresión Article 19, con sede en Londres, afirmó que la ley representa una amenaza para la libertad de expresión en Francia. Gabrielle Guillemin, de dicha organización, sostiene:

La Ley Avia permitirá en la práctica al Estado francés delegar la censura online en las compañías tecnológicas dominantes, de las que se esperará que actúen como juez y parte a la hora de determinar qué es un contenido ‘manifiestamente ilegal’. La Ley atañe a una amplia gama de contenidos, así que no siempre tomarán la decisión correcta.

El Gobierno francés ha ignorado las preocupaciones manifestadas por grupos en defensa de la libertad de expresión y de los ciberderechos, y el efecto será demoledor para la libertad de expresión online en Francia.

Dados los plazos de que dispondrán las compañías para responder, hemos de esperar que pequen de exceso de precaución cuando tengan que decidir si un contenido es legal o no. Igualmente, habrán de emplear filtros que, inevitablemente, les llevarán a una sobre-retirada de contenido.

La ley también ha topado con rechazo en Francia. El 22 de mayo, Guillaume Roquette, director editorial de Le Figaro Magazine, escribió:

«Con el pretexto de combatir el contenido ‘odioso’ en internet, [la Ley Avia] implanta un sistema de censura que es tan eficaz como peligroso (…) el ‘odio’ es el pretexto al que recurren sistemáticamente quienes quieren silenciar las opiniones disidentes.

Este texto [la ley] es peligroso porque, según el abogado François Sureau, «introduce la penalización criminal de… la conciencia». Es peligroso (…) porque delega la regulación del debate público (…) en internet en multinacionales norteamericanas (…) Una democracia digna de tal nombre debería aceptar la libertad de expresión».

Jean Yves Camus, de Charlie Hebdo, ha dicho que se trata de «un placebo para combatir el odio» y señalado que «hiperenfocarse en el odio online» enmascara el auténtico peligro:

«No fue el odio online lo que mató a Ilan Halimi, Sarah Halimi, Mireille Knoll, las víctimas de Bataclan, el Hyper Cacher y Charlie; fue una ideología denominada antisemitismo y/o islamismo (…) ¿Quién determina qué es odio y qué es crítica? Acaban de abrir la caja de Pandora (…) Hay un riesgo de una lenta pero inexorable marcha hacia un lenguaje digital hiperregulado por la corrección política, tal y como la definen minorías activas».

«¿Qué es el odio?», se pregunta retóricamente el escritor francés Éric Zemmour. «¡No sabemos! Tienes el derecho a no amar… tienes el derecho a amar, tienes el derecho a odiar. Es un sentimiento… No puede judicializarse, legislarse».

Pues bien, eso es lo que las leyes sobre el discurso del odio hacen, ya sea en la web o en el mundo no digital. Exigir a compañías privadas –o al Gobierno–que actúen como una policía del pensamiento no es propio de un Estado que dice conducirse según el imperio democrático de la ley.

Por desgracia, la pregunta no es si Francia será el último país europeo en introducir leyes así de censoras, sino cuáles le seguirán.

[1] Así como otras plataformas online y motores de búsqueda que alcancen un cierto nivel de actividad en Francia (nivel que será especificado en un decreto posterior).

(Gatestone)


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(VÍDEO BRUTAL) “¡Pedazo de mierda! ¡Vete a tu país! ¡Que vergüenza! ¡Que le estás haciendo a la criatura!”

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… En estos términos, y otros varios, se expresa en el siguiente vídeo la indignada ciudadana italiana que grita valientemente al hombre negro que, en medio de la calle de una ciudad anónima, -por lo que hemos entendido, cerca de una estación- está nada menos que desollando a un gato encima de un improvisado montón de leña para cocinarlo y, suponemos, comérselo después.

La señora, con mascarilla, repite que es una vergüenza, y que se vaya a su país, cosa que nos tememos que no hará.

Bienvenidos todos ustedes a la “Nueva Normalidad”

Disfruten lo votado.

Gato desollado. Italia

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Europa

La izquierda pedófila y su Nuevo Orden Pederasta: Abusos infantiles masivos en Alemania: políticos y psicólogos de izquierdas daban la custodia de niños a pedófilos

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Este miércoles, el Partido Verde de Berlín pidió que se abra una investigación sobre un escándalo de abusos infantiles masivos que durante más de tres décadas, hasta 2003, involucró a niños adoptivos cuya custodia fue concedida a pedófilos con el conocimiento de las autoridades.

Según un nuevo informe publicado el lunes, las autoridades de educación y el Senado de Berlín occidental estaban al tanto de esa práctica, que fue «aceptada, apoyada y defendida» por políticos y académicos de izquierdas a lo largo de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado.

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«Había y hay redes», dijo la política Marianne Burkert-Eulitz a Berliner Zeitung, que pide al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y al Partido Democrático Libre (FDP) que se responsabilicen del escándalo.

En uno de los casos, entre los años 1970 y 2003 las autoridades de bienestar infantil de la ciudad en repetidas ocasiones concedieron la custodia de niños al pedófilo Fritz H., que vivía solo, pese a sus antecedentes penales. Los niños, algunos de apenas seis años, sufrieron horrores indescriptibles, violaciones y maltratos. Un niño discapacitado incluso murió estando bajo la custodia de Fritz.

Dos de las víctimas del hombre han demandado al Estado por el trauma que vivieron, pero el Senado de Berlín hasta ahora les ha negado un juicio, argumentando que los delitos habrían prescrito.

«Una red entre instituciones educativas»

Fritz no fue el único pedófilo al que le fue confiado el cuidado de niños. El informe, compilado por investigadores de la Universidad de Hildesheim, descubrió que al menos tres pedófilos más recibieron la custodia de menores, mientras que una red de miembros de alto rango del Instituto Max Planck, la Universidad Libre de Berlín y la escuela Odenwald en Hesse supervisó el programa.

Los investigadores describieron el esquema como una «red entre instituciones educativas». Todavía se desconoce el número exacto de víctimas, y muchos archivos relacionados con la red siguen clasificados por las autoridades municipales y estatales, pero los investigadores afirman que los servicios sociales permitieron a los pedófilos ‘cazar’ con impunidad «en toda Alemania».

 

Un psicólogo que abogaba por la pedosexualidad


El psicólogo Helmut Kentler, cuyo Centro Pedagógico de Berlín se encargaba de buscar padres adoptivos para los niños, se encuentra en el centro del escándalo. La institución de Kentler fue apoyada a finales de la década de 1960 por el alcalde Willy Brandt, miembro del SPD. En sus cartas al Senado, Kentler avaló a Fritz como un «experto» en el cuidado de niños. El psicólogo también visitaba regularmente a los menores a los que cuidaban Fritz y otros pedófilos.

Sin embargo, Kentler difícilmente puede ser acusado de engañar a los políticos. El psicólogo fue un defensor abierto de la «pedosexualidad», y durante toda su carrera profesional abogó por la normalización del sexo con niños. En 1999 declaró que la pedofilia «puede tener un efecto muy positivo en el desarrollo de la personalidad de un niño».

Además, Kentler sabía que los padres adoptivos pedófilos probablemente tenían «una relación sexual» con los niños cuya custodia les encargaba, declarando explícitamente este hecho en un informe al Senado. Sus declaraciones al respecto no fueron cuestionadas por otros políticos. Los políticos que apoyaron a Kentler y a su institución podrían haber puesto fin a esta horrible práctica en cualquier momento, pero en lugar de ello la apoyaron, la promovieron y la defendieron.

Tanto Kentler como Fritz, así como los políticos que los apoyaron, ya murieron. Los documentos que detallan el alcance total de los abusos todavía están bajo llave en el archivo del Departamento de Educación de Berlín. Los legisladores verdes exigen que sean revelados y que el escándalo de abusos se haga público en toda su depravación.


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