Internacional
Yihadistas infiltrados como inmigrantes
LR.- Varios grupos yihadistas que operan en el Sahel tienen entre sus planes inmediatos el envío de «moujaidines» (combatientes) a Europa camuflados entre los inmigrantes que utilizan pateras para llegar a la costa española o saltan los vallados de las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, según han informado fuentes antiterroristas.
La vía de la inmigración ilegal, ya ha sido utilizada por el Estado Islámico a través de Grecia. Francia, que desarrolla en la zona, principalmente en Mali, la operación «Barkhane» (antes «Serval») contra el terrorismo, cuenta con buena información al respecto y transmite las alertas correspondientes a los aliados occidentales. Dichas informaciones son incorporadas a las investigaciones en marcha para evitar la infiltración yihadista en Occidente.
En los últimos tiempos, los agentes encargados de combatir la inmigración ilegal han observado que entre las personas provenientes del Sahel hay individuos que por su corpulencia, agilidad, manejo de objetos contundentes o improvisación de dispositivos de ataque a las Fuerzas de Seguridad, han tenido entrenamiento de tipo militar o «guerrillero». No son cosas que se puedan aprender en internet sino que demuestran que existe un aprendizaje que sólo puede tener la finalidad de cometer actos ilícitos, entre ellos los de carácter terrorista.
El cabecilla de uno de los últimos saltos al vallado de Ceuta, en los que se registraron actos de gran violencia contra los agentes de la Guardia Civil, era un «militar» experto en guerrilla que venía desde Togo.
No se le pudieron probar conexiones con el yihadismo pero su sola presencia como cabecilla del salto fue considerado como un hecho «inquietante».
Fue detenido junto con los que protagonizaron los actos más violentos contra los agentes de la Benemérita y puesto en libertad bajo fianza. Los citados expertos subrayan que en el viaje a través de África se produce, por la dureza del trayecto, una «selección» natural que sólo superan los más fuertes y preparados físicamente, precisamente por haber tenido el entrenamiento adecuado.
En los últimos tiempos no han sido detectados, que se sepa, elementos yihadistas entre los inmigrantes (aunque algunos de los que en el pasado protagonizaron atentados o intentos de organizar redes terroristas habían llegado ilegalmente a España y otros paises de Europa a través del Estrecho de Gibraltar).
Ahora, las informaciones que se poseen indican que las bandas yihadistas incluyen esta vía para introducir a sus «moujaidines» en «los territorios de los infieles», como ellos dicen.
Las bandas islamistas que están detrás de estos planes son las siguientes: «Jamaat Nasr Al Islam wa al mouminin» (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (GSIM), que se formó en marzo del año pasado por la unión de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), de Abdelkader Droukdel; Al Mouraboutine, de Mokhtar Belmokhtar; la Katiba Macina y Ansar Eddine. El cabecilla de este último grupo, Iyad Ag Ghali, es el que lidera el GSIM. Se trata de un antiguo líder del movimiento tuareg de Malí al que Estados Unidos ha puesto en la lista de los terroristas más buscados y a su organización entre las más peligrosas a efectos de adoptar medidas contra ella. El Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS), cuyo jefe es Abu Walid Al-Sahraoui que, en su momento, militó en el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (Mujao). Es un grupo emergente que choca con la dificultad de la fuerza que la «marca» rival, Al Qaeda, tiene en la zona.
Y Boko Haram, la banda yihadista tristemente famosa por el secuestro de niñas y que lidera un sujeto despiadado y peligroso donde los haya llamado Abubakar Shekau.
En África hay otros grupos yihadistas que en algún momento podrían intentar utilizar la vía de Ceuta y Melilla y la costa mediterránea de Marruecos para llegar a España y, por ende, al resto de Europa.
Los cabecillas de Al Qaeda y del Estado Islámico no cesan de animar a sus «combatientes» para que cometan atentados en esta parte del mundo. En su último mensaje, Abu Bark Bagdhadi, del Estado Islámico, lo expresaba de una manera contundente: una acción en Occidente vale por mil que podamos cometer en nuestro territorio.
No le falta razón al dirigente terrorista. El año pasado, las bandas yihadistas causaron casi 20 víctimas mortales en todo el mundo y una cifra similar de heridos. Pero sólo tienen eco en los medios de comunicación y, por lo tanto, en la opinión pública las que tocan de cerca a los occidentales. Las demás, se ven como algo lejano.
Se trata, añaden las referidas fuentes, de un asunto que debe ser tenido en cuenta ya que la peligrosidad de estas bandas es evidente y su intención de atacar Occidente, manifestada en repetidas ocasiones por Droukdel (AQMI), no ofrece dudas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
